Música.

El primer encuentro.

Infortunado.

 

 

De nueva cuenta se dirigía a la posada del hombre, a hablar lo del asunto de conseguirle un trabajo. Lo bueno, es que podía laborar en cualquier lado, pero prefería algo tranquilo, aun que no le pagaran mucho. Después de todo, el dinero le era poco importante. El hombre rápido le dio una lista de lugares a los cuales podía ir: varias tiendas, el puerto (obvio), otras posadas, etc. Pero, el único sitio que le llamó la atención, fue un pequeño bar en el límite norte del pueblo. El trayecto al bar fue bastante corto. Para su sorpresa, era un lugar bohemio con músicos y todo, de agradable ambiente y un ligero aroma a incienso que perfumaba el aire. Habló con el dueño, que era un señor maduro de bigote, y éste le dio trabajo como pianista y mesero, claro, cuando no tocara.

Sí, Haruka sabía tocar el piano.

Era un poco temprano, así que no había gente. El dueño le dejó familiarizarse con el instrumento, el cuál estaba en el fondo del bar, sobre un pequeño escenario. Le rodeaban otros instrumentos musicales: violines, una vieja batería, trompetas, saxofones, flautas...

En cuestión de minutos, el lugar fue invadido por una suave melodía de piano. Entre las dulces notas, sentía que sus sentidos flotaban al igual que la música, suaves, ligeros como plumas... era tan agradable estar así...

- Oye, ven conmigo – le dijo el dueño después de un rato de no aparecerse – Te llevaré a conocer el resto del bar.

- Está bien.

Ambos abandonaron el escenario y recorrieron todo el establecimiento. Entonces, otro de los trabajadores llamó al dueño, le susurró algo al oído y éste le pidió a Haruka que regresara en la noche para iniciar su trabajo. Un tanto extrañada por la repentina actitud del dueño, se fue. Antes de abandonar la calle, vio que una pareja de chicas entraba al bar, escoltada por el dueño. Una era alta, de cabello café amarrado en una cola de caballo; la otra era un poco más baja, de cabellos ondulados en tonos marinos; y caminaba tras la primera, con el rostro bajo.

Miró con curiosidad al par, en especial a la chica de cabellos marinos, que le resultó particularmente llamativa. Las contempló hasta que entraron al bar. Casi al instante, el dueño también salió del bar... ¿Porqué tanto misterio?... Presa de la curiosidad, regresó al establecimiento y se coló por la puerta de servicio, que seguramente alguien dejó sin pasador, pues no le costó trabajo entrar.

Escuchó el dulce sonido de un violín resonando en cada esquina del bar. Asomó medio ojo al escenario y vio que la chica de cabellos marinos era la violinista, la chica alta hacía las veces de público.

A pesar de la bella melodía que emanaba de su instrumento, la chica marina se notaba triste, cosa que sus espectadoras no dejaron de notar. A mitad de acto se detuvo, cosa que la chica alta le reprochó, molesta.

- ¿Qué pasa?... ¿Por qué has dejado de tocar?

- Lo siento... no me siento de humor como para tocar...

- ¡Oye, te he traído para que toques, no para oír tus quejas!... – gritó, levantándose bruscamente y sujetando a la chica del brazo - ¡Si sigues con esa actitud te daré una lección que jamás olvidaras!

- Perdóname... – sollozó.

- Está bien – respondió, soltándola y retirándose a la salida – Regresaré por ti en una hora, así que aprovecha el tiempo.

La chica alta salió, la de cabellos marinos se echó a llorar sobre suelo y Haruka ya no resistió acercarse a la joven. De hecho, fue un verdadero milagro que no se lanzara a defenderla cuando vio que la chica alta la lastimaba. Caminó en completo silencio hasta quedar a su lado. Ella no parecía haberse percatado de su presencia.

- ¿Oye, estás bien? – le preguntó poniendo una mano en su hombro.

Neptuno brincó del susto y volteó de inmediato, sólo para encontrarse con un par de ojos verdes que la miraban con preocupación. Todavía sorprendida, se puso de pie y se limpió las lágrimas. Por su parte, Haruka contemplaba a la joven, era más bella de cerca; su piel era como de porcelana, sus ojos tenían el mismo tono que sus cabellos y su figura era grácil y delicada... Una chica en verdad bella... Una chica que no le permitía ver otra cosa que no fuera ella...

- Estoy bien, gracias – respondió en voz baja.

- Disculpa si me entrometo, pero la persona con la que venías no era muy amable que digamos... – comentó.

- ¿Desde cuando estás aquí? – le preguntó, alarmada.

- Desde que entraron...

Neptuno bajó el rostro, ligeramente serio, le dio la espalda y se alejó un poco.

- Será mejor que te vayas – le dijo, aún seria, con tono duro – Te aconsejo que no te entrometas conmigo...

- Se oye serio – murmuró Haruka – pero, después de ver cómo te trataba, ¿crees que me iré así como así, fingiendo que no pasó nada?

- Eso sería lo más sensato que podrías hacer – respondió secamente.

- Pues no lo haré...

- ¡Ni siquiera me conoces! – exclamó, encarándola - ¡No quieras jugar al héroe!

Haruka le miró con seriedad, ella se veía mal, muy mal... sabía que lo mejor era no meterse en asuntos ajenos, tal como se lo dijo ella, pero aquellos ojos marinos pedían auxilio a gritos; eran gritos que podía escuchar a la perfección y que no podía ignorar.

- Discúlpame, prometeré no entrometerme más... con una condición... – dijo, sonriendo.

- ¿Cuál? – ahora Neptuno era la extrañada, no se esperaba esa respuesta.

- Toca conmigo.

Sorprendida, Neptuno aceptó. Haruka se sentó frente al piano, esperando a que ella se acomodara el violín en el hombro. Sus dedos se pasearon por las teclas, sacando dulces notas que pronto se vieron acompañadas por el violín de Neptuno. Rápido se sincronizaron, creando una hermosa melodía.

Por su lado, la chica marina se sentía un tanto extrañada, rara, ansiosa... ¿a qué se debía?... Miró de reojo al... a la pianista... Era mujer, aunque tardó un poco en notarlo debido a que se veía como todo un hombre... y muy apuesto...

- ¿Pero qué tanto pienso? – se regañó mentalmente.

Un súbito y extraño sentimiento la invadió cuando sus pupilas coincidieron con los ojos verdes de la pianista. Se sonrojo y volteó al frente, fingiendo molestia. Júpiter también tenía los ojos verdes, pero, a diferencia del tono esmeralda de los de su dueña, el de esa chica era más suave, más claro, más cálido, más... ¿cómo explicarlo?...

Haruka sonrió al ver que ella esquivó su mirada.

Siguieron tocando un largo rato, en completo silencio. Neptuno sentía una especie de paz y protección ahí donde estaba, algo que se acercaba a la tranquilidad... seguía extrañada por esa mezcla de sentimientos que la rodeaban y que nunca antes había sentido... ¿acaso se debía a aquella chica?... Varias veces la miró de reojo, asegurándose que no la viera.

- Lo menos que podrías hacer es decirme tu nombre – dijo Haruka, aprovechando unos segundos de silencio.

- Primero dime el tuyo – le respondió Neptuno, esbozando, sin querer, una sonrisa.

- Me llamo Haruka.

- Yo soy...

Dudó unos segundos, ¿cómo decirle su verdadero nombre a una completa extraña, cuando su dueña ni siquiera la llamaba por él?... En el Concilio de Plata estaba prohibido hablarse por sus nombres de pila, no sabía por qué, pero así era. Haruka se preocupó un poco al ver que ella tardaba en responder.

- ¡¡¿¿QUÉ RAYOS HACES CON ESE TIPO??!! – rugió una voz, que azotó la puerta con violencia al entrar al lugar.

Era Júpiter. Neptuno sintió que la sangre se le iba a los pies al ver el gesto encolerizado de su dueña.

Como fiera salvaje, la dueña de la Prometida se lanzó sobre Haruka y con un certero manotazo la lanzó contra la pared, antes de arrastrar a Neptuno a la salida. Haruka estaba sorprendida, esa chica tenía una fuerza sobrehumana. Cuando logró recuperar el aire buscó a la joven de cabellos marinos, pero ya no estaba; seguramente esa chica se la había llevado. Un poco tambaleante, se puso de pie. ¿Adónde habían ido?

Salió del bar y miró a todos lados, mas no las vio.

- Música... – escuchó una especie de susurro en el viento, era la suave voz del ser de luz – Música...

- ¿Música?

Sintió un pinchazo en el pecho al pensar en la joven de cabellos marinos... ¿acaso ella era una pista para cumplir su promesa?... ¿Fue la melodía que tocó con ella la señal que espero por años?... Sólo había una forma de saberlo... Confiando su camino al viento, corrió en dirección al bosque, esperando encontrarla...

 

 

 

CONTINUARÁ...

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