La Revolución del Mundo.
El Milenio de Plata.
Epílogo.
La reina Serenity contemplaba, orgullosa, como su enorme imperio, el Milenio de Plata, crecía y se desarrollaba como ningún otro reino en el universo. Hacía unas horas que acababa de recibir a las futuras guardianas de su hija, también llamada Serenity. Eran ocho jóvenes adolescentes, provenientes de los planetas aliados al Milenio de Plata: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Apenas estaba en pláticas con la Tierra para unirlo a la alianza.
Las princesas de Urano y Neptuno fueron las primeras en llegar y presentarse ante la reina. Haruka, de Urano, y Michiru, de Neptuno. No sólo habían llegado en la misma nave, también comenzaban a trabar amistad, se veían tan bien juntas. Atrás de ellas, llegaron juntas las princesas de Mercurio (Ami), Marte (Rei), Venus (Minako) y Júpiter (Makoto); todas de la misma edad. Un poco más tarde, llegaron las princesas Setsuna y Hotaru, de Plutón y Saturno respectivamente.
Con su hija, era la sexta generación que gobernaba el Milenio de Plata.
Infinitamente satisfecha, Serenity se dedicó a pasear por los pasillos del palacio, llegando a uno casi escondido en el ala sur. Ahí había una enorme galería de pinturas que hablaba de una vieja leyenda que contaba sobre el Consorcio de Plata, la Prometida y la Elegida que lograron despertar el Milenio de Plata, después de que éste casi desaparece. En los libros casi no se hablaba de esa leyenda, la única huella de aquel momento en el tiempo, era esa serie de pinturas.
Agradeció mentalmente a las protagonistas del ese momento y volvió a su paseo.
Tenía un reino que gobernar...
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