Venus.
El fin.
Habían entrado al palacio, escuchando a lo lejos, la batalla que sostenía Ami con Júpiter y Marte. Confiaban en ella, así que se concentraron en llegar a la escalera. Venus no se había aparecido hasta entonces, pero sospechaban que pronto lo haría. Encontraron la puerta y entraron, pero Venus les esperaba, recargada en la entrada al altar. Tenía los brazos cruzados y un gesto que preocupó a Urano y asustó a Neptuno.
- Al fin nos conocemos, Urano – dijo Venus, seria – Siempre quise saber que clase de persona podría derrotar a Marte y dejar a Júpiter como estropajo... además de robarle el corazón a la Prometida... Debes ser muy fuerte... Pero no me vencerás...
- No entiendo por qué quieres pelear – comentó Urano – Ustedes querían la revolución... ¿Porqué no nos dejan llevarla a cabo?
- Ya lo has dicho, nosotras la queríamos... aún la queremos... pero no permitiré que tú lo hagas... Mejor peleemos... Yo, Venus, te reto a un duelo por la Prometida, la espada y el espejo; aquí y ahora...
- Acepto.
Neptuno dio comienzo al duelo, un poco asustada, pues era la primera vez que veía a Venus así. Urano abrió su ataque con una lluvia de golpes, Venus los esquivó todos con increíble facilidad, mientras aparecía su cadena dorada. Urano comenzaba a preocuparse de verdad, Venus era demasiado diferente a las otras dos. Su velocidad sobrepasaba por mucho la de Marte, seguramente no era tan fuerte como Júpiter, pero esa cadena debía ser peligrosa.
Y lo era. Esquivando un puñetazo de Urano, Venus quedó detrás de ésta y rodeó su cuello con la cadena para asfixiarla. Urano cayó de rodillas mientras Venus apretaba el nudo. Venus era increíble, por algo era líder del Consorcio de Plata. Usando mucha fuerza, Urano logró romper las cadenas. Pero Venus se movió rápido y la pateó por la espalda.
- Rompiste mi cadena – murmuró Venus, sonriendo – Eres fuerte...
- Y aún no has visto nada – respondió Urano.
- Tú tampoco...
Venus concentró su aura y su cadena volvió a crecer. Urano también concentró su energía, planeando un buen movimiento contra ella. Venus le lanzó la cadena, pero Urano logró atraparla, lastimándose las manos de paso, y, con un gran salto, logró que la cadena quedara alrededor del cuello de Venus. Apenas comenzó a apretar la cadena, cuando ésta desapareció con una orden de su dueña.
- ¿Crees poder usar mis armas en mi contra?... Intenta algo mejor...
- ¡Tierra, tiembla!
La esfera salió de la tierra, directo a Venus, pero ésta la esquivó. Aprovechando que Venus seguía en el aire, Urano se acercó a Neptuno para que le sacara la espada del pecho. Logró hacerlo antes de que Venus aterrizara.
- ¿Esa es la espada? – Venus parecía maravillada – Será mía...
- Olvídalo.
Urano se lanzó sobre Venus, mandándole estocadas a diestra y siniestra, pero Venus era ágil y flexible y las evitó todas. Urano ahora sí estaba asustada, ya que Venus aún no la atacaba de verdad, y no tardaría en hacerlo.
- ¡Me toca! – exclamó Venus, concentrando de nuevo su energía - ¡Rayo creciente!
Un certero disparo que salió de su dedo índice atravesó el hombro de Urano, sin darle tiempo de esquivarlo. Venus repitió el golpe varias veces, hasta dejar malherida a su adversaria.
- ¿Lista para mi mejor técnica? – le preguntó, sonriente.
Urano estaba sin habla, Venus pensaba aplicarle aquella técnica de la que le habló Neptuno. La chica comenzó a reunir un aura naranja en su mano izquierda, Urano poco a poco empezó a perder el control de su cuerpo, ya no podía moverse.
Neptuno, que hasta entonces seguía en su papel de arbitro y espectadora, se aterró de lo estaba pasando y decidió actuar. También concentró su energía e hizo aparecer el espejo de su cuerpo. Venus no parecía haberse percatado del movimiento, eso era bueno. Corrió hacía Urano, al ver que Venus soltaba el ataque, e interpuso el espejo entre Haruka y el rayo psíquico de Venus, reflejando y regresando el rayo a ésta última.
Venus no se esperaba algo así, el rayo le dio de lleno y cayó al suelo, inconsciente.
La habían derrotado entre las dos. Urano abrazó a Neptuno y le besó la frente. Era la segunda vez que Michiru se arriesgaba de esa manera para salvarla de una derrota segura, primero fue con Marte, ahora con Venus. La única forma sincera que encontró para agradecérselo fue con ese beso.
- Creo que si se podía usar una de tus armas en tu contra – dijo Urano, esperando que Venus pudiera escucharla.
Neptuno le ayudó a levantarse y ambas entraron a la puerta que Venus había custodiado. Ahí estaba el famoso altar.
Contemplaron los fragmentos del cristal que ya estaban ahí, vieron los huecos correspondientes a los fragmentos que ellas poseían y se acercaron. El altar brilló de forma increíble, mientras una luz levantaba la espada y el espejo que ellas tenían en sus manos.
Se escuchó una suave voz desde el altar, Haruka la reconoció... ¡Era la voz del ser de luz!
- Gracias por cumplir tu promesa, me has despertado.
- ¡Eres tú! – exclamó Haruka, contenta.
- Gracias por proteger a Michiru y por resistir todo lo que les he impuesto.
Michiru estaba confundida y maravillada a la vez. El ser de luz tomó la forma de una hermosa mujer con cabellos de plata y ojos azules. De los cuatro fragmentos nació el cristal plateado y se posó en la manos de la mujer.
- Todas habrán de tener su recompensa – dijo la mujer – especialmente ustedes... Aún después de la revolución, su amor se conservará y durará hasta el fin de los tiempos.
- ¿De qué se trata la revolución? – le preguntó Michiru.
- Ya lo verán.
El cristal brilló con una cegadora luz y comenzó a cubrir todo el palacio, levitando los cuerpos de Haruka y Michiru, al igual que los de Venus, Mercurio, Marte y Júpiter. La pareja sintió una increíble calidez y un inmenso amor en toda esa luz, un súbito sentimiento las obligó a besarse, mientras la luz se extendía no sólo en la Luna, sino en todo el sistema solar.
¿FIN?