En el palacio.

El poder de Mercurio.

 

 

Ya había pasado una semana desde el duelo con Júpiter. Haruka, Michiru y Ami se dirigían al palacio.

Una noche antes, Ami les había explicado todo lo que había descubierto en el palacio, desde la galería de cuadros y los pergaminos, hasta el altar. De hecho, Michiru tampoco recordaba muchos detalles del altar. Habían quedado de ir al palacio a terminar con todo ese asunto de la revolución del mundo en cuanto amaneciera...

Ya estaban en camino...

- ¿Dices que es la puerta bajo la escalera? – le preguntó Haruka de nuevo, no debía haber errores.

- Si, se van a encontrar con otras dos puertas, la de la derecha va a las mazmorras y la de la izquierda va al altar.

Desde que Ami había recuperado el conocimiento, parecía normal. No les dijo nada de lo que había pasado a manos del Consorcio, tampoco le contó nada a Michiru sobre lo que Venus le confeso... No le diría nada... Parecía tranquila, pero no lo estaba del todo.

Recordó que, al despertar en las mazmorras, Marte estaba ahí, observándola desde una esquina.

- Veo que sigues viva – le dijo, acercándose a ella.

No pudo responder, la misma Marte le había destrozado la garganta con fuego. La chica la tomó del nuevo por el mentón y volvió a besarla, para después irse de ahí. Mercurio estaba un poco confundida por ese comportamiento, pero el dolor la regresó a la realidad... Seguía encadenada a la pared y sabía que no tardaría en dejar de respirar, a menos que recurriera a su anillo.

Se concentró, pero, en lugar del aura azul que siempre aparecía para curarla, sintió un frío en todo su cuerpo. Un tanto extrañada, siguió concentrándose y, de repente, los grilletes de sus muñecas se congelaron y rompieron al instante; lo mismo pasó con los que sujetaban sus tobillos... Había quedado libre, por fin... pero seguía con el cuerpo destrozado y no podía moverse, volvió a concentrarse y, ahora sí, apareció el aura azul. Se sintió cansada, sus ojos comenzaron a cerrarse, contra su voluntad, y cayó dormida. Al despertar, quién sabe cuánto tiempo después, descubrió que su curación estaba a la mitad, pero al menos podía caminar. Se levantó, pero la puerta de la mazmorra estaba cerrada con llave. De pronto, sus manos comenzaron a destilar vapor frío, congelando la puerta en cuestión de minutos. Usando sus puños, rompió el cerrojo y logró escapar. De algunas de sus heridas que aún no se cerraban escurría algo de sangre, pero no se preocupó por ello, sólo quería salir de ahí...

Por fin habían llegado al palacio, pero alguien les esperaba en la entrada: Marte y Júpiter, ésta última, totalmente recuperada de su batalla contra Urano.

- Tenías razón, Marte – dijo Júpiter – Ellas vendrían tarde o temprano.

- ¿A qué han venido aquí? – les preguntó Marte, dando un paso al frente.

- ¿Te suena la palabra "espejo"? – respondió Urano, sonriendo, al ver que ambas palidecían.

- Deberían estar contentas – intervino Mercurio – Ellas lograrán la revolución que ustedes han intentado por mucho tiempo...

- ¡No pasarán, por aquí! – exclamó Júpiter, cubriendo la entrada principal con su cuerpo.

- ¿Acaso quieren otra paliza? – les gritó Urano, en pose ofensiva.

- No te preocupes, yo me encargaré de ellas – dijo Mercurio, para sorpresa de todas – Ustedes vayan al altar.

- ¡No, deja que ella se encargue! – intervino Neptuno.

- Confíen en mí, ustedes váyanse.

- Pero...

- ¡Váyanse!

Aún sorprendidas, Urano y Neptuno obedecieron. Pero Marte y Júpiter no pretendían dejarlas pasar, no obstante, Urano las hizo a un lado usando el poder del viento. El par se disponía a seguirlas, pero Mercurio les cerró el paso.

- Dije que yo me encargaría de ustedes – repitió Mercurio, seria.

- ¿Tú? – se burló Júpiter – Por favor, no me hagas reír...

Marte continuó en silencio, Júpiter seguía con su sonrisa burlona y Mercurio les miraba con cierto rencor. Sin quitarles la vista de encima, Mercurio arrancó el anillo de su cadena y se lo puso. Un aura fría y azul la cubrió, una niebla igualmente fría comenzó a esparcirse por todo el lugar. Marte y Júpiter entendieron que Mercurio hablaba en serio y se pusieron en pose ofensiva.

- ¡Centella relampagueante!

La esfera de electricidad se dirigió a Mercurio, pero ella, tranquila, esquivó el ataque; al mismo, una especie de visor azul cubrió sus ojos. Marte también atacó.

- ¡Mándala ardiente!

Una enorme llamarada salió disparada hacía Mercurio, también la esquivó, pero Marte apareció detrás del fuego y le soltó un puñetazo a Mercurio... de nuevo lo esquivó. Júpiter reaccionó rápido y le mandó su otro poder.

- ¡Ataque de hojas de roble!

- ¡Puño fantasma!

Mercurio estaba en medio del fuego, pero le bastó saltar para que ambos ataques chocaran entre sí. Marte y Júpiter estaban sin habla, Mercurio era casi tan rápida como Urano, pero tenía mucha más agilidad que ésta. Era el turno de Mercurio para atacar. Con una mirada, dio a entender que Júpiter sería la primera. Juntó sus manos y unas palabras brotaron solas de su boca...

- ¡Niebla!

La niebla que flotaba en el suelo subió a la orden de Mercurio, impidiendo toda visibilidad. Hacía demasiado frío, los cuerpos de ambas comenzaron a entumirse. Júpiter estaba alerta, esperando que su oído fuera más rápido que Mercurio, de pronto, volvió a escuchar la voz de la chica...

- ¡Rapsodia acuática!

Un chorro de agua bañó a Júpiter, congelándola al instante en un cubo de hielo. La niebla desapareció, sólo para que Marte descubriera a su compañera como témpano.

- Eres increíble, Mercurio – dijo Marte, sonriendo - ¿Porqué no intentas congelarme a mí también?

- Lo haré... ¡Niebla!

Marte era otra cosa comparada con Júpiter, sus poderes telepáticos le ayudaban a descubrir la posición de Mercurio. Se concentró... Mercurio se acercaba por la izquierda...

- ¡Mándala ardiente!

- ¡Rapsodia acuática!

Ambos ataques chocaron, pero Mercurio no perdió el tiempo y corrió hacía Marte para congelarle las piernas. Con su adversaria inmóvil, Mercurio sólo atino a hacer una cosa. Desapareció la niebla y encaró a Marte.

- Me sigo congelando... – dijo Marte, seria - ¿Qué piensas hacer?

- ¿Porqué me besaste? – le preguntó, molesta.

No contestó. Sólo sonrió pérfidamente, mientras contemplaba cómo el hielo le tenía cubierta hasta el pecho y seguía subiendo. Mercurio se molestó más y abofeteó a Marte, para después darse media vuelta en dirección a la entrada del palacio.

- ¡Mercurio!

Ami volteó...

- ¡Puño fantasma!

... sólo para caer al suelo, en estado catatónico, mientras Marte terminaba de congelarse...

 

 

CONTINUARÁ...

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