Duelo contra Júpiter.

Dos y falta una.

 

 

Neptuno se levantó de repente, había sentido algo extraño entre sueños, una corazonada, una punzada en el pecho que le dolió hasta el fondo del alma... ¿Qué era?... Una fugaz imagen de Ami pasó por su mente y de inmediato supo que algo malo le había pasado a su hermana, un súbito llanto la invadió y escondió su cara entre sus rodillas.

Haruka también despertó, sólo para ver a Michiru ahogada en lágrimas.

- ¿Qué tienes? – le preguntó, asustada, y la tomó por los hombros.

- Ami... le ha pasado algo... puedo sentirlo... está en peligro... – sollozó, abrazándose de Haruka.

Michiru siguió llorando, Haruka no sabía muy bien qué hacer.

- ¿Sabes dónde vive? – le preguntó.

- Sí.

- En una hora saldrá el sol... Iré a buscarla y la traeré conmigo... No te preocupes...

- Está bien...

Haruka le dio un beso en la frente y la recostó. Se levantó de la cama y se arregló un poco, mientras Michiru le daba la ubicación de la casa de Ami. Salió de la casa minutos antes de que saliera el sol, esperando que Ami se encontrara bien, ya comenzaba a preocuparse. El ver a Michiru así le había roto el corazón en pedazos, no quería que Michiru estuviera triste, de alguna manera, su felicidad ahora dependía de ella... y si ella estaba triste, su corazón también... A Ami igualmente la quería, deseaba que la corazonada de Michiru fuera equivocada y que Ami estuviera bien...

Ya casi llegaba a la cascada, de pronto...

- Venus tenía razón, tarde o temprano tenías que venir aquí...

Haruka volteó en dirección a la voz. Era Júpiter, saliendo de entre unos arboles.

- ¿Puedo saber qué haces por estos lares, Urano? – le preguntó, burlona – Pensaba ir a tu casa, pero llegaste primero...

- ¿Dónde esta Mercurio?... he venido por ella – dijo, mirándola con furia.

- Mercurio está con nosotras... ¿Sabes?... Fue muy valiente anoche, lástima que no aguantara los ataques de Venus... iba tan bien... no había dicho nada, pero no resistió mucho...

- Malditas... ¿Qué le hicieron?

- Te lo diré, si me vences... Yo, Júpiter, te reto a un duelo por la prometida.

Urano apretó los dientes, molesta, y aceptó el duelo.

- Recuerda las reglas, la Prometida debe estar presente en la pelea... te espero a mediodía en la plataforma... Supongo que ya sabes el camino.

- Ahí estaré.

Júpiter le dio la espalda y comenzó a caminar.

- Sólo espero que Mercurio aún viva para cuando lleguen... – dijo en voz alta, mirando a Urano de reojo.

Urano se quedó temblando de coraje. Como si resintiera el estado de ánimo de su dueña, el viento sopló con furia por varios minutos. Haruka regresó a su casa, esperando que Michiru no se pusiera mal después de escuchar todo. Pero, su Prometida reaccionó contrario a como temía que reaccionaría... No se alteró, ni le dio un ataque de nervios... sólo se sentó en la cama y lloró silenciosamente, rogando a los dioses que su hermana resistiera hasta que ellas llegaran...

Haruka de nuevo sintió que se le rompía el corazón de verla así...

La abrazó con fuerza y la pegó a su pecho... Michiru se dejó llevar por el gesto, lo correspondió, rodeando la cintura de Haruka con sus brazos y tratando de reprimir el llanto. Se quedaron así un buen rato. Michiru sintió que una inmensa paz la cubría de pies a cabeza, una paz y una tranquilidad que Haruka le transmitía a través de sus brazos... se sentía tan segura a su lado...

Pronto dejó de llorar y miró a Haruka a los ojos...

Haruka sintió un extraño hormigueo en el estómago, la sangre comenzó a quemarle las mejillas y no podía apartar su mirada de la de Michiru... El hormigueo se extendió por todo su cuerpo y no resistió la intensidad de aquella mirada marina...

Júpiter esperaba con toda la paciencia posible, ya casi era mediodía. Sabía que Marte y Venus la observaban desde un palco, escondidas. Tenía ganas de probar la fuerza de Urano... si había vencido a Marte fácilmente, entonces Urano debía ser muy fuerte, ya que Marte no era cualquier cosa...

- Aquí estamos – exclamó una voz, era Urano y la Prometida.

- Llegaste puntual – dijo Júpiter, sonriendo - ¿Estas lista?

- Cuando quieras...

Ambas se colocaron en medio de la plataforma, Neptuno dio comienzo a la pelea y rápido se quitó de ahí... sería una pelea terrible...

- Ahora sí voy a hacer lo que debí haber hecho en el bar – exclamó Júpiter, lanzando peligrosos golpes a su adversaria.

Urano se dio cuenta de la magnitud de los ataques de Júpiter, pero, gracias a su velocidad, podía esquivarlos fácilmente. Por su parte, Júpiter comenzaba a enfurecerse, Urano era mucho más rápida que Mercurio y ninguno de sus golpes siquiera la había rozado... Eso era una mala señal...

- ¡Es mi turno de atacar! – advirtió Urano, lanzándose sobre la alta chica.

Varios de los ataques de Urano sí la tocaron, cosa que enfureció aún más a Júpiter... Decidió usar sus otras técnicas o perdería ante ella.

- ¡Centella relampagueante!

Una esfera de electricidad salió disparada de las manos de Júpiter, Urano logró esquivarla, pero ella le tenía otra sorpresa...

- ¡Ataque de hojas de roble!

Filosas hojas se arremolinaron alrededor de Urano, provocándole cortadas. Júpiter aprovechó para atacarla de nuevo con su "Centella relampagueante"... le dio de lleno...

Ya estaba cantado victoria, cuando vio que Urano se levantaba de nuevo...

Una extraña aura rodeaba a Urano, Neptuno se acercó a ella y puso su mano sobre el pecho de su dueña, la espada de media luna salió de ahí, brillante. Júpiter estaba sin habla, al igual que Venus, que seguía en el palco junto a Marte. Urano tomó la espada y de inmediato atacó a Júpiter, causándole numerosas heridas. De pronto, Urano sintió que unas palabras salían de su boca, como si tuvieran vida propia... Sus movimientos también fueron automáticos, inclinándose un poco, golpeó el suelo con su puño libre...

- ¡Tierra, tiembla!

Una poderosa esfera se impactó contra Júpiter, derribándola por completo. Venus y Marte estaban sin habla al ver la derrota de su compañera, simplemente no podían creerlo. Una extraña energía proveniente del palacio llamó la atención de Marte, que se esfumó del palco sin que Venus se diera cuenta. En tanto, Urano se acercó a Júpiter y la tomó por el cuello de su ropa.

- Sólo lo preguntaré una vez... ¿Dónde está Mercurio? – susurró Urano, furiosa.

- En las mazmorras del palacio.

- ¿Qué fue lo que le hicieron?

Júpiter sonrió, a pesar de que la sangre adornaba su rostro. Urano se enojó aún más, de pronto...

- Mejor suéltala – dijo una voz, entrando al anfiteatro, era Marte – Mercurio a huido, ya no está en las mazmorras...

 

 

CONTINUARÁ...

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