La captura.

Cara a cara.

 

 

Ya era de noche, Haruka estaba un poco preocupada por Ami, se supone que iría por las cosas de su hermana, pero aún no regresaba, temía que el Consorcio le hubiera hecho algo. De pronto, vio un objeto flotando en el lago, no quería mojarse, así que jaló el objeto con una vara larga. Era una caja grande.

- ¿Qué es eso? – le preguntó Michiru, una vez que metió la caja a la casa.

- No lo sé... abrámoslo.

Eran las pertenencias de Michiru y una nota de Ami.

"Hola. No se preocupen por mí, tengo un par de cosas que hacer... no sé cuando voy a regresar, pero prometo cuidarme. Ah, Haruka, cuida a mi hermana y, Michiru, no hagas enojar a Haruka. Bueno, nos vemos después... Ami."

...

Lo había hecho de nuevo...

- Espero que esté bien... Venus y las demás no se quedarán con los brazos cruzados – dijo Michiru con cierto temor.

- No te preocupes, ella sabrá cuidarse, sólo confía.

- Está bien.

Pero Michiru seguía asustada... Y su preocupación no era de más, pues, en otro lugar, el Consorcio se dedicaba a peinar el bosque, siguiendo el rastro de energía de Mercurio. Ella se escondía, pero el trío siempre estaba pisándole los talones.

Pasaron siete agotadores días, el Consorcio no se rendía, Mercurio tampoco, pero las fuerzas de ésta última disminuían rápidamente. Estaba refugiada en un montón de arbustos, Júpiter rondaba a su izquierda, Marte a su derecha y Venus quién sabe dónde... Estaba atrapada, ya no tenía energías para correr, pues no había comido ni bebido lo suficiente en esos siete días. De pronto, sintió que la tierra se movía bajo sus pies, la vista se le nubló y no tardó en perder la consciencia...

... Se había desmayado...

- ¡Hey, miren lo que he encontrado! – gritó Júpiter a sus compañeras.

Las dos se acercaron al lugar donde estaba Júpiter y, entre los arbustos, estaba lo que tanto habían buscado por muchos días: Mercurio... Al fin...

Júpiter la cargó, no muy delicadamente, claro, y la llevó con ellas al palacio. Marte y Venus sonreían malévolamente, pensando qué hacer con ella cuando despertara. Sospechaban que Mercurio no soltaría la información así como así, de modo que planeaban tener una noche muy divertida con ella.

¿Dónde estaba?... Sentía un ligero dolor en las muñecas, seguía mareada y tenía la boca seca. Abrió los ojos con algo de trabajo, pero, sintió que el terror la invadía por completo al encontrarse frente a frente con el Consorcio. Estaba en las mazmorras del palacio, encadenada de manos y pies a la pared. Seguramente la atraparon cuando se desmayó... ¿Y ahora que iba a ser?... Estaba indefensa y no podía ponerse su anillo en esa posición... Su miedo aumentó cuando Venus se le acercó y la tomó del mentón para mirarla directo a los ojos.

- ¿Estas asustada, Mercurio? – le preguntó, burlona – Pues prepárate, por que pronto sabrás lo que es el verdadero miedo...

- Claro, a menos que nos quieras decir dónde están Urano y la Prometida... – continuó Júpiter, acercándose también.

- ... Además queremos preguntarte otras cosas... Nos vas a contestar todo, ¿verdad?... – finalizó Marte, situándose al otro lado de Venus.

Mercurio temblaba, pero trataba de no ceder ante ellas.

- No hablaré... ya deberían de saberlo... ¿Porqué mejor no nos ahorramos palabras y hacen lo que veo que desean hacer?... – respondió con el tono más irónico posible.

- Vaya, Mercurio juega a la niña valiente... – dijo Venus con una sádica sonrisa y soltando su rostro – Veamos si después de esto sigues tan valiente... Marte

- ¿Sí?

- Creo que querías arreglar algo con Mercurio... es toda tuya...

Venus cedió su lugar a Marte y se sentó con Júpiter en unas viejas sillas de metal. Marte acarició el rostro de su víctima con suavidad, pero Mercurio sintió las manos de Marte como brazas. Se negaba a gritar, no quería darles ese placer, apretó los ojos y los dientes para mitigar el dolor; pero la temperatura de Marte subía más y más.

- Oh, veo que no te gusta – le susurró al oído, mientras la tomaba por las mejillas – quizá esto sí...

Acercó su rostro al suyo y la besó de forma cruel y apasionada, Mercurio gritó dentro de la boca de Marte... ¡la estaba quemando por dentro!... El fuego penetraba por su boca, claramente sentía que su interior ardía en llamas... El beso duró lo que pareció una eternidad... Mercurio aún temblaba por el dolor cuando Marte dejó de besarla.

- ¿Dónde están Urano y la Prometida? – le preguntó, poniendo sus ardientes manos sobre la blanca piel de Mercurio.

Ahogó un grito y negó con la cabeza. Marte sonrió y continuó con sus eróticos juegos, quemando la piel de la chica, pero sin dejar marcas; rasgándole la ropa para tener más espacio y complaciéndose con los gritos que Mercurio a veces dejaba escapar.

Para cuando terminó de divertirse con ella, su víctima estaba en estado de shock.

- Pues no habló – dijo Marte, señalando con un gesto que era el turno de Júpiter.

- Déjamela a mí – respondió la alta chica acercándose a Mercurio.

- Marte...

- Dime, Venus...

- Eres una depravada.

Marte se limitó a sonreír, para dedicarse a observar a Júpiter. Si ella era una depravada, Júpiter era una bestia, lo supo cuando vio que su compañera le propinaba terribles golpes a Mercurio en todo el cuerpo. Al parecer, Júpiter había esperado ese momento por mucho tiempo. No obstante, Mercurio seguía sin hablar, a pesar de la golpiza que Júpiter le estaba dando.

Llegó el turno de Venus, pero ella pensaba hacer otra cosa. Concentró su energía y se conectó con el corazón de Mercurio.

- ¿Sabes lo que hago, verdad? – le preguntó – Pues habla, o aplastaré tu corazón con mis propias manos.

- ...

- ¿Sin respuesta?... – sonrió – lo tomaré como un "no".

Venus apretó sus puños, Mercurio sintió un impresionante dolor en el pecho y no pudo contener el grito.

- ¡¡¡¡AAAAHHHHHH!!!!

 

 

CONTINUARÁ...

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