La persecución.

 

 

- ¡¡¿¿QUÉ DICES??!!... ¡¡¿¿QUÉ TE HAN GANADO A LA PROMETIDA??!!

La voz de Venus se escuchó en todo el palacio, su rostro estaba igual de sorprendido que el de Júpiter. La furia de Marte era visible, no estaba nada contenta; su cuerpo aún tenía las marcas de la batalla que tuvo con Urano. Era la primera vez que Júpiter y Venus veían a Marte de ese humor, casi a punto de estallar.

- Si nos hubieras dicho todo, antes de pelear con Urano, seguramente habríamos evitado esto – le regañó Júpiter -... ¡Maldición!... De haber sabido, la hubiera matado en el bar...

- Pero... ¿Cómo fue que consiguió el anillo?... – le preguntó Venus, notando que la furia de Marte subía más.

- Esa maldita... Mercurio... no sé cómo lo hizo, pero ella le dio el anillo... – masculló entre dientes – Ella tiene gran parte de la culpa... dejen que la encuentre...

Venus puso sus manos sobre los hombros de Marte, tratando de tranquilizarla.

- La encontraremos, no te preocupes... pero te recomiendo no matarla... necesitamos la ubicación de la casa Urano, Mercurio debe saberlo.

- Después de que nos lo diga podrás matarla – continuó Júpiter con una sonrisa maligna en los labios -... yo te ayudaré con mucho gusto...

- Pero... hay algo que no les he contado...

- ¿Qué?

- Urano posee la espada de media luna... yo vi cuando Neptuno la sacó de su cuerpo...

- No puede ser... – murmuró Venus, preocupada.

- Se la quitaremos... le quitaremos la espada, también a la Prometida... después de hacerla pedazos – dijo Júpiter, molesta – de eso me encargo yo...

Se quedaron calladas un buen rato, cada cual pensaba cosas diferentes, pero su fin era el mismo: recuperar lo que Urano les había quitado. Marte se puso de pie y miró a sus compañeras.

- Primero busquemos a Mercurio... podré localizarla si uso la flama sagrada que esta en mi casa.

- De acuerdo, vamos – respondió Venus.

Las tres salieron en dirección a la casa de Marte, que no estaba muy lejos de ahí. Su sorpresa sería grande al encontrar un verdadero desastre en la casa, ya no estaban las pertenencias de Neptuno... Marte estaba furiosa, podía sentir los restos de la presencia de Mercurio en el aire.

- Fue Mercurio... acaba de irse – advirtió.

- ¡Maldición!... ¿Crees que podamos alcanzarla? – le preguntó Júpiter.

- No lo sé... espera...

Marte corrió en dirección al cuarto de meditación. Las llamas de la flama sagrada se levantaban con violencia, como reflejando la furia de su maestra. Marte se hincó ante el fuego y comenzó a rezar, Venus y Júpiter la miraban desde la entrada, pues la habitación ardía de calor, era imposible entrar a ella.

- Se ha detenido – dijo Marte, concentrada en las llamas – está cerca de aquí, está en...

Venus y Júpiter pusieron atención, ansiosas.

- ¡Está en la cascada! – exclamó Marte, poniéndose de pie.

- ¡Vamos!

Las tres de nuevo corrieron, ésta vez en dirección a la cascada.

En tanto, Mercurio envolvía las pertenencias de Michiru en una caja impermeable para poder soltarla en el agua. Se había asegurado que el paquete llegara al lago, sin desviarse. Dejó que la corriente se llevara la caja. Apenas iba a entrar a su casa cuando tuvo un extraño presentimiento, una corazonada... algo malo iba a ocurrir...

- ¡Ahí estás, maldita traidora! – escuchó que le gritaban. Era el Consorcio, con Venus a la cabeza - ¡Atrápenla!

Marte y Júpiter corrieron hacía la chica, el río no fue ningún obstáculo, un salto fue suficiente para quedar frente a Mercurio. La chica estaba confundida, pero no tardó en huir al ver las malas intenciones en el par de miradas que la perseguían. Venus no tardó en unirse a la cacería, dando alcance a sus veloces compañeras... a la que no parecían darle alcance era a Mercurio, que corría como alma que lleva el diablo, era más rápida que la última vez que la vieron.

Mercurio decidió internarse en el bosque, ahí podría perderlas, pero Venus adivinó su plan y se adelantó un poco.

- ¡No escaparás! – gritó, apareciendo una cadena dorada y lanzándola con fuerza en dirección a su presa.

La atrapó, atándola del cuello.

Mercurio cayó al suelo, asfixiada por la cadena de Venus, pero, antes de que el trío pudiera acercarse, una fría niebla, que salió de quién sabe dónde, cubrió el área. No podían ver nada, ni a Mercurio, ni a ellas mismas. La niebla tardó en desaparecer y, cuando lo hizo, descubrieron que Mercurio se había escapado de nuevo.

- ¡Maldición! – gritó Júpiter, golpeando un árbol a su lado.

- No se preocupen – dijo Marte, tranquila – Puedo encontrarla cuando quiera, su aura es fácil de localizar, sólo tendremos que ser más listas para atraparla... a la que no podré encontrar es a Neptuno...

- ¿Porqué? – preguntó Venus

- El aura de la Prometida es diferente, no sé explicárselos, pero su aura repele mis telequinesis.

- ¿Y qué hay con la energía de Urano?

- Está protegida por la de Neptuno...

Venus les indicó que regresaran al palacio, debían armar un plan para atrapar a Mercurio, sabían que era una chica inteligente y rápida.

En tanto, Mercurio descansaba en una pequeña cueva que encontró en medio del bosque. No tenía idea de cómo la habían encontrado, pero sospechaba que Marte era la culpable y temía que volviera a hacerlo. No podía ir a casa con Haruka y Michiru, las pondría en peligro... Haruka era fuerte, pero tres contra una era cosa de pensarse. Si volvía a su casa en la cascada prácticamente se estaría entregando a ellas, así que debía moverse para que no la atraparan.

- Rayos... – masculló la chica con coraje, estaba acorralada y no podía hacer otra cosa más que huir.

De pronto pensó en aquella niebla que la ayudó a escapar. La niebla había salido de su cuerpo... poco a poco descubría sus poderes y esa niebla era otra muestra... Recordó que su entrenamiento con Haruka lo hizo sin el anillo puesto, y sin él, sus poderes surgían solos. Cuando llegara su turno de pelear, no sabía muy bien que esperarse... no conocía sus propios límites...

 

 

CONTINUARÁ...

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