La primera noche.
Sus ojos.
Esa pequeña dos caras se la iba a pagar... ni siquiera su anillo de Mercurio podría salvarla...
La dejó sola con Michiru, con la tonta excusa de que debía ir a casa de Marte por las pertenencias de su hermana...
... La hermana tampoco se veía muy feliz...
- Por favor, discúlpala... generalmente no se comporta así – dijo Michiru, rompiendo el silencio que había reinado por eternos minutos dentro de la cabaña.
- Eh... no, no te preocupes... no hay problema...
Silencio de nuevo...
- Oye... – susurró Michiru, sentándose en la cama, Haruka se sentó a su lado.
- Ajá.
- Sé que la primera vez que nos vimos, te pedí que no intervinieras... pero... me alegro de encontrarte de nuevo...
- Yo también...
- Jamás me imaginé que también fueras una elegida...
- Bueno... todavía no entiendo muy bien todo este asunto...
- Ni yo... y eso que soy La Prometida...
- ... Y, a todo esto... ¿Qué debemos hacer a partir de ahora?... Se supone que eres mía... pero, no sé que hacer... ¿Podrías decírmelo?
- ...
Michiru se sonrojó fuertemente, Haruka estaba algo confundida... ¿a qué se debía ese sonrojo?...
- Te escucho... – sonrió Haruka, mirando a su Prometida de forma traviesa.
- Bueno... primero... eh... debemos...
- Ajá...
- ... convivir...
- ¿Convivir?... ¿y qué más?...
-... y llevarnos bien...
Michiru ya no soportó esa mirada y volteó su cabeza a otro lado, igualmente sonrojada. Haruka sonrió, para después comenzar a reír.
- ¿Puedo saber qué es tan gracioso? – le preguntó Michiru, fingiendo molestia.
- Nada...
- ¿Nada?... ¿Porqué te reías?
- Es sólo que es la primera vez que veo a alguien tan nerviosa...
- Pues es la primera vez que me pongo nerviosa...
Esta vez fue el turno de Haruka para sonrojarse, Michiru sonrió, a pesar de darse cuenta de lo que había dicho, pero se alegró de su pequeña victoria ante esa chica. Se miraron largo rato, más ninguna cedía ante los ojos de la otra... era extraño... pero en lugar de retarse con la mirada, parecían conversar a través de ella...
- ¿Quieres cenar? – le preguntó Haruka, sin dejar de mirarla.
- Sí, gracias... ya tenía hambre.
Sirvió la comida y se sentaron en la mesa.
Desde que Ami se quedó con ella, la cabaña había sufrido algunos cambios, ahora era suficiente para dos personas... claro, con excepción de la cama... Con Mercurio no hubo ningún problema, era una niña, así que no le importó dormir con ella; pero con Michiru las cosas eran muy diferentes... No podía imaginarse acostada junto a Michiru...
Sólo esperaba que a ella no le importara mucho lo de la cama...
Michiru miraba de reojo a su nueva dueña... pero, curiosamente, no la veía como su dueña, sino que, parecía ser otra cosa, algo más... se sentía igual que la primera vez que se encontraron... en paz, tranquila, feliz... completa... a pesar de que esa mirada verde le provocaban nervios y escalofríos por lo intensa que era... sí, igual que la primera vez... Haruka era tan diferente a todas las personas que había conocido antes que no podía describirla... era extraña, pero sentía que la conocía de toda la vida... se sentía tan a gusto a su lado, que no le importaría u...
... Rayos...
No sabía como decirle que lo que debía hacer era... unirse con ella... sólo conocía una forma de unión, y era por medio de un beso... o, al menos, eso se imaginaba, pues el resto del Consorcio así lo dio a entender. Pero, no le importaba ‘unirse’ con ella...
- ¿Qué tanto pienso? – se regañó mentalmente y siguió comiendo.
Notó que Haruka también le miraba de reojo... le sonrió... ella correspondió el gesto y continuó cenando...
Permanecieron en silencio durante toda la cena. Llegó la noche, y por lo tanto, la hora de dormir. Haruka pensó que lo mejor sería ofrecerle la cama a Michiru, y, ya si ella le daba a entender que no le importaba compartirla, pues dormiría con ella.
- Anda, acuéstate, ya es tarde y debes descansar – dijo Haruka con total naturalidad.
- Gracias.
Michiru comenzó a quitarse el largo vestido marino que llevaba puesto. El rostro de Haruka enrojeció al verla, se volteó a otro lado, esperando que ella no notara nada. Pero Michiru se dio cuenta de todo y se sonrió... realmente no le molestaba que ella la viera... después de todo también era mujer, no había nada en su cuerpo que ella no conociera...
- ¿Tú no vas a cambiarte? – le preguntó, haciéndola brincar de sorpresa.
- Eh, sí, en un momento...
- Pero no te pongas así, que no me importa verte... ¿a ti sí?
No contestó. La sonrisa de Michiru se hizo más amplia y terminó en un delgado camisón de seda que le serviría como pijama. Se recostó del lado de la pared, dejando un espacio para Haruka, quien seguía mirándola de reojo.
Tratando de ignorar la burlona sonrisa de su Prometida, se quitó la ropa, quedando en boxer y playera... Cielos, hasta su ropa interior era de hombre.
Apagó las luces y, aún dudosa de las verdaderas intenciones de su Prometida, se acostó a su lado, quedando de frente con ella.
Michiru le miró a los ojos, encontrándose con un hermoso brillo en ellos. Si mirada era tan serena y tranquila, que pareció sentir una cálida brisa saliendo de ella. Pero, al mismo tiempo, era una mirada que doblegaba a cualquiera, dominante, fuerte...
Sintió como si ya hubiera visto esa mirada antes, quizá en otra vida, pues se sentía feliz de verla.
CONTINUARÁ...