Urano.
La espada.
Marte estaba con los ojos desorbitados por la sorpresa, la sangre aún escurría de su boca y de otras heridas en su cuerpo, temblaba, seguía de rodillas sobre el suelo y apretaba los puños con coraje. Hacía unos minutos que Urano y Neptuno se habían retirado del anfiteatro, pero ella seguía ahí...
Recordó que Urano llegó puntual al lugar acordado para el duelo, venía sola, pues Mercurio no se veía por ningún lado. Notó la extraña reacción de Neptuno al ver a Urano y la extraña mirada con la que ésta veía a su Prometida. Ahí había algo extraño...
En el inicio del duelo, Urano se mostró veloz, certero en sus golpes y ataques, con decisión... Otra cosa brillaba en Urano, pero no sabía que podía ser, era extraño... Ella comenzó a superarla con golpes y puñetazos, incluso logró asestarle algunos, claro, nada como para derribarla, pero peligrosos... Decidió usar uno de sus ataques especiales, el "Puño fantasma", un certero ataque que afectaba el sistema nervioso central y dejaba al adversario en estado catatónico...
El ataque había sido un éxito, pero, cuando iba a rematar a Urano con su "Mándala ardiente", Neptuno, su Prometida, se lanzó sobre Urano, salvándola del ataque...
- ¡¿Qué rayos crees que haces?! – gritó Marte, aún sin poder creer lo que Neptuno hizo.
Neptuno puso la mano sobre el pecho de Urano y algo comenzó a brillar y después a salir... era una espada corta con forma de media luna...
Ella conocía esa espada...
Para sorpresa suya, Urano recuperó la consciencia y volvió a enfrentarla, ésta vez empuñando la espada. Neptuno ahora estaba detrás de Urano, la había abandonado por Urano... No podía creerlo...
Lo que siguió fue rápido. Urano blandió su espada, como cortando el aire, para después crear un remolino que termino de derribarla... el viento la venció... Urano la había vencido usando al viento y le había quitado a la prometida...
Ya no vio cuando se retiraron, sólo escuchó cuando Urano le dijo que lo mismo pasaría con el resto del Consorcio si le ponían un dedo encima a Neptuno...
Llevaban un buen rato caminando, pero no se habían dicho ninguna palabra durante el trayecto. Neptuno escuchó algo así como ‘te llevaré a mi casa, sígueme’ y Urano pareció oír un ‘de acuerdo’. Al parecer, no era necesario hablar, Neptuno se sentía igual que la primera vez que la vio en el bar, pero ahora, la tranquilidad y la paz eran completas, puras...
¿Cómo explicarlo?...
Se sorprendió muchísimo cuando descubrió que Haruka era Urano, la elegida que faltaba, pero, al mismo, sintió una enorme alegría por eso mismo; alegría que aumentó cuando vio a su hermana sana y salva con ella la noche anterior. Y se sorprendió aún más cuando la salvó del ataque de su dueña, recordó que lo hizo sin siquiera pensarlo, fue un acto casi instintivo, automático...
Haruka miraba de reojo a Neptuno, seguía sin entender porqué se lanzó de esa manera durante la pelea... era verdad, estaba agradecida que lo haya hecho, pero, si su dueña era Marte, ¿porqué le dio la espalda de esa manera?... ¿y qué demonios era esa espada que salió de su pecho?... Había tantas cosas que no podía explicarse...
Pronto apareció al claro y el lago, la cabaña en la orilla y a alguien al lado de ésta... Era Mercurio, que no tardó en divisarlas entre los arboles...
- ¡Hermana! – gritó Mercurio al ver que ella llegaba junto con Urano.
- ¡Ami!
- Así que te llamas Ami – pensó Haruka para sí, mientras veía que ambas se abrazaban.
- Michiru, qué bueno que estas bien...
- ¿Michiru?... Qué nombre tan hermoso...
Haruka se sonrió y se acercó a ambas, pero Mercurio la interceptó primero con un fuerte abrazo.
- Cumpliste tu promesa... gracias...
- Bueno, no me gustó verte triste la otra vez, por eso me esforcé...
Neptuno se alegró ante la escena, pero no sabía por qué su hermana conocía a Haruka... Alguien le debía una larga, larga explicación...
- Oye... – dijo Neptuno interrumpiendo el abrazo – Gracias por ayudarme y por cuidar a mi hermana...
- No hay de qué, lo hice con gusto – respondió Haruka, sonriente.
El par siguió hablando, mejor dicho, tratando de hablar, pues no hacían más que tartamudear; era como si se provocaran nervios mutuamente... era gracioso... Mercurio trataba de contener la risa, cosa imposible, y solo logró sonrojar a la pareja...
- Ami... me debes una explicación, ahora... – reprochó Michiru, recuperando su color, para después dirigirse a Haruka -... y tú también...
Las tres entraron a la cabaña para conversar, una vez que decidieron llamarse por sus nombres de pila cuando estuvieran a solas.
Michiru pareció entender todo el asunto, cosa que la tranquilizó de sobremanera. Después, Haruka le contó a Ami lo del duelo, ésta última incluso sintió un poco de pena por Marte; pero, cuando le contó lo de la espada que le salió del pecho y desapareció cuando terminó la pelea, Ami casi se va de espaldas... ¡La descripción coincidía con lo que había visto en el altar!...
- ¿Qué pasa? – le preguntó Michiru, un poco preocupada.
- Eh... – rápido, decidió no contarles nada hasta investigar bien – no... es sólo que no me imagino una espada saliendo de su cuerpo...
- Es raro... lo digo yo... – continuó Haruka.
La noche llegó muy rápido, pero, después de cenar, Ami decidió regresar a su casa, alegando que, seguramente, ambas tenían muchas cosas de qué hablar.
- Debo investigar... – se dijo Ami, una vez que se alejó de la cabaña.
CONTINUARÁ...