El Viento.
Un nuevo reto.
¿Qué fue esa extraña energía que sintió en la madrugada?... No podía explicárselo, ni siquiera sabía a quién podía pertenecer, pero, de inmediato, supo que era la fuerza del viento que estaba furioso... ¿De quién podría tratarse? Hacía mucho tiempo que no percibía una fuerza de ese tamaño...
- ¿Te pasa algo, Marte? – le preguntó Venus, al ver que la chica estaba en completo silencio.
- No, no es nada...
- ¿Y cómo te fue con Neptuno? – volvió a preguntar.
- Desde que está conmigo parece tranquila, pero puedo sentir que está preocupada.
- Debe ser por Mercurio – intervino Júpiter – hace una semana que no sabemos nada de ella.
- ¿Estará muerta?
- No, sino, ya me habría dado cuenta – dijo Marte.
Permanecieron calladas unos segundos. Júpiter retomó la palabra.
- ¿Qué piensas de lo que te contamos, Marte?
- No se preocupen, me cercioraré de que nadie se le acerque a mi Prometida, y menos el tipo que me describiste.
- ¿Y porqué nunca traes a Neptuno contigo? – le preguntó Venus, curiosa.
- ¿Para qué?... de todos modos nunca escucha lo que decimos, siempre se queda afuera... Da lo mismo que la traiga a que la deje en casa.
- Buen punto.
Platicaron otro rato y después regresaron a sus hogares. Venus y Júpiter se fueron a parte para discutir otra cosa...
- ¿Y si buscamos a Mercurio? – le propuso Venus.
- No sería mala idea... tengo la sensación de que planea algo...
- ¿Sabes dónde vive?
- No... ¿y tú?
- Tampoco...
- ¡Fantástico!... ¿cómo vamos a encontrarla?
- Ya pensaremos en algo.
En tanto, Marte acababa de llegar a su casa. Neptuno estaba tocando el violín en su dormitorio. Sonrió, no había sido mala idea comprarle el instrumento a su Prometida, eso parecía hacerla feliz. En toda esa semana, Marte no había hecho el intento de acercársele siquiera. Si apresuraba las cosas, sólo lograría asustarla. Neptuno estaba aparentemente tranquila, sabía que la preocupación por su hermana la tenía un tanto nerviosa, pero si encontraba a Mercurio, lograría calmarla por completo y tenerla a su disposición.
Tocó la puerta del dormitorio, escuchó que Neptuno dejó de tocar para abrirle.
- Llegaste temprano – dijo Neptuno.
- Un poco, la junta no duró mucho.
- ¿Cenamos?
- Sí.
Durante la cena, Marte se mantuvo en silencio, pensando de nuevo en la energía que sintió durante la madrugada... ¿porqué tenía un mal presentimiento?...
Neptuno notó algo extraño en su dueña, pero no se atrevió a preguntarle nada, Marte siempre le había provocado algo de temor... No obstante, era una persona tranquila, de carácter cambiante y un tanto visceral, también explosiva, pero capaz de decir todo con una mirada... Era tan diferente a Júpiter y Venus... Además, ella era la única que toleraba a Mercurio...
- ¿Quieres saber dónde anda tu hermana, verdad? – preguntó Marte de repente.
- ¿Eh?
- No te preocupes por ella, está bien... puedo sentir su energía cerca de aquí... no sé dónde se pueda encontrar, pero está bien... te lo aseguro...
- Gracias...
Marte volvió a sonreír, ya se había ganado a Neptuno. Pensó que esa noche sería buena para iniciar la unión. Terminaron de cenar y Marte, indirectamente, guió a Neptuno a su dormitorio. Con discreción la acorraló contra la pared y, aprovechando el silencio, se acercó al rostro de su Prometida para besarla. Neptuno no se resistió, no quería ver molesta a Marte.
- No... no puede ser... – pensó Marte, molesta, al sentir que una extraña energía le impedía tocar los labios de Neptuno.
Por su parte, la Prometida estaba extrañada... de nuevo pasaba lo mismo...
De pronto, un fuerte viento azotó la casa, abriendo violentamente las ventanas del dormitorio, la presencia que Marte había sentido se encontraba frente a su casa. Molesta, le ordenó a Neptuno que se refugiara en su dormitorio, para después encarar al dueño de la energía. Salió de la casa y se encontró frente a frente con Haruka, Urano, controlando el viento a su total antojo. No tardó en notar que esa persona no sólo era el tipo que sus compañeras le habían descrito como el forastero, también se dio cuenta que tenía en anillo de Urano en su mano izquierda...
- ¿Puedo saber quién eres y cómo es que tienes ese anillo? – le preguntó Marte en pose ofensiva.
- Soy Urano, una de las elegidas, y he venido a retarte a duelo por la Prometida.
Marte estaba confundida, en primer lugar, el forastero no era él, sino ella; y en segundo, ¿cómo demonios se apoderó del anillo y supo de la Prometida?... No obstante, no tardó en descubrir a Mercurio tras un árbol, escondida, y más o menos se dio una idea de lo que pasaba.
- Acepto tu reto – respondió Marte con firmeza.
Por su lado, Urano estaba sin habla, Marte se veía más impresionante de frente, pero, no le temía, confiaba en su poder e iba a vencerla como fuera.
- ¡Neptuno, ven aquí! – exclamó Marte.
La Prometida salió rápidamente y su sorpresa sería grande al encontrarse con Haruka... retando a Marte... ¿Qué pasaba ahí?... Vio que Haruka tenía el anillo de Urano en su posesión, y eso la confundió más...
- ¡Y tú, traidora cobarde, sal de ahí! – volvió a gritar, pero refiriéndose a Mercurio.
Mercurio abandonó su escondite y encaró a Marte y a su hermana, quién parecía feliz de verla.
- Te espero mañana a medio día en el anfiteatro – continuó Marte, sujetando a Neptuno por la cintura -... Mercurio te llevará... ¡Ahora, lárguense!...
Urano apretó los dientes, miró a la Prometida y se retiró. Mercurio se tomó más tiempo observando a su hermana. Pero Marte le miraba con enojo...
- Pagarás por esto, Mercurio – susurró.
- Hermana... ¿qué has hecho?...
CONTINUARÁ...