Parte 6 (El Final)

 

 

Tenía ese frágil y delgado cuerpo entre sus brazos. Casi no pesaba. Acarició esa blanca frente y le echó unos mechones de pelo hacía atrás. La tomó del rostro con una mano y la acercó a su cara. Aprovechando que seguía inconsciente, la dio un pequeño beso en los labios. Volvió a unir sus frentes y nuevamente ambos símbolos brillaron, pero el de Mercurio ahora sí lo hacía con una luz negra; detalle del que Rei no se percató.

Otra vez se encontraba en ese paraíso azul, con la diferencia que ahora estaba lleno de tinieblas y energía negativa. Caminó hasta el punto negro que podía verse en el fondo y, por fin, encontró el ataúd, con el vampiro dentro. Él estaba tanto o más débil que Ami.

Sin perder el tiempo, creó de nueva cuenta un arco y una flecha de fuego y la apuntó al pecho del vampiro.

- Es demasiado tarde... – dijo el vampiro, abriendo los ojos.

Mars se detuvo unos segundos, temiendo lo peor.

- Adelante, mátame, pero ya no podrás salvar a tu amiga. He asesinado su alma, ha muerto definitivamente.

Rei estaba aterrada, con la incredulidad en su rostro y un temblor incontrolable en su cuerpo. No, ella no pudo haber muerto, eso no podía ser posible...

- ¡Cállate, maldito, Ami no ha muerto!- le gritó, apretando los ojos para no llorar y disparándole su saeta.

El vampiro comenzó a quemarse entre alaridos de agonía. Su cuerpo no tardo en consumirse con las llamas y volverse cenizas. Casi de inmediato, las tinieblas y la energía negativa desaparecieron del paraíso azul.

- No... no puede ser... no... – murmuró Rei al no sentir el aura de Ami por ningún lado.

El paraíso azul ya no tenía aquella tranquilidad y esa paz que había percibido la primera vez que entró. Sólo era un lugar frío, en eso se había transformado. Hasta ese momento creyó que lo que el vampiro le había dicho era verdad. Ella estaba muerta.

Aterrada, comenzó a correr por todo el lugar, con la seguridad de que encontraría algo. Y no se equivocó. En algo que asemejaba un pequeño estanque estaba ¿el cuerpo de Ami? No. Era su alma, una figura desnuda que flotaba en el agua; inmóvil, más blanca que la nieve y sin un gesto en el rostro.

Preocupada, se metió al agua y ésta hizo que su uniforme desapareciera, dejándola con el alma desnuda. El liquido le llegaba más arriba de las rodillas, pero, lo extraño, es que el agua era imperturbable, no había ninguna señal de movimiento, ni ondas ni pequeñas olas... nada; como si fuera una simple ilusión.

Un poco confundida, se acercó a Ami y la llevó hasta la orilla; donde la tomó en sus brazos con la intención de reanimarla.

- Anda, despierta, ya acabó todo- dijo tiernamente, mientras palmeaba sus mejillas- Maté al vampiro, ya lo maté...

Lágrimas comenzaron a surcar su rostro, su voz se quebraba a cada momento y la desesperación amenazaba con invadirla. No quería creer que ella estaba muerta.

La tomó por los hombros y, con violencia, empezó a sacudirla, a la vez que su llanto se hacía más ruidoso y desgarrador.

- ¡Con un demonio, qué despiertes!- le gritó, totalmente fuera de control- ¡No me dejes!... ¡Te necesito!... ¡¡¡¡AMI!!!!...

La abrazó con fuerza y dejó que sus lágrimas bañaran su rostro y el de su amada.

- No me dejes, por favor... no me abandones... – rogaba, acariciando sus mejillas con ternura- Tengo que decirte muchas cosas... aún debes ayudarnos a proteger a nuestra princesa... ¿Qué va a ser del equipo sin ti?... ¿Qué va a ser de mí si no te tengo?... Por favor, abre los ojos.

No había ninguna respuesta, en cambio, el paraíso azul se volvía más frío. Señal de que ya no había esperanza alguna de recuperarla. Había fallado.

La chica de fuego se dio por vencida. Completamente destrozada, Rei se acercó al blanco rostro y volvió a besarlo en los labios. Las lágrimas se mezclaron en sus bocas, dándole un sabor salado al beso. Conforme el contacto se prolongaba, el signo de Marte comenzó a brillar con fuerza. Sin darse cuenta, el signo de Mercurio empezó a dar señales de vida, la piel de Ami poco a poco recuperaba su color y el frío del lugar disminuía de manera casi imperceptible.

De repente, y con sorpresa, Rei sintió cómo su beso era ligeramente correspondido por la joven que ya daba por muerta.

Confundida, Rei se separó un poco del rostro de Ami y, con inmensa felicidad, vio como la chica acuática abría los ojos con algo de dificultad. La protegida de Mercurio sonrió, mientras acariciaba con debilidad el rostro de su salvadora.

En ese momento, el alma de Ami se volvió agua y regresó al estanque que, por fin, mostró algo de movimiento. Contenta como nunca, Rei se puso de pie y contempló como su alma desaparecía entre grandes llamas para regresar a su cuerpo. Lo último que sintió dentro del paraíso azul, fue que éste recuperaba la armonía y la tranquilidad que hacía poco se pensaban perdidas.

Lentamente abrió los ojos. De nuevo se encontró en el cuarto de intendencia. Estaba tirada con Ami en sus brazos. Se incorporó y revisó a su compañera. Aún tenía las quemaduras, pero había recuperado su color y sus signos vitales, presentaba algo de fiebre y cansancio, pero de ahí en fuera todo estaba bien.

Volvió a besarla con recobrada alegría y la cargó para llevarla al hospital con su madre. Ya tenía una excusa perfecta que darle a la doctora. Tomó su comunicador y llamó a las demás.

- Rei, ¿qué pasó?- le preguntó Mina, que fue la primera en contestarle, con tono expectante.

- No se preocupen, ella está bien. Díganle a la doctora que ya encontramos a su hija.

Un grito de felicidad no se hizo esperar de las chicas. Rei había recuperado a Ami. Contentas, se abrazaron unas a las otras, estaban ansiosas de ver de nuevo a su amiga. La reacción de la doctora no fue muy diferente; derramando lágrimas de felicidad, la mujer mandó una ambulancia por su hija.

Rei le explicó a la madre de Ami que la había encontrado tirada en un callejón. Dejó a su amada en el hospital y regresó al templo, donde sus amigas la esperaban. Apenas llegó, Usagui y las otras la abrazaron y le dieron las gracias por recuperar a Ami. Obvio que no dio muchos detalles de lo que sucedió.

- Debemos pensar cómo sellar los poderes de Ami- dijo Setsuna, cambiando un poco el tema.

- Eso no será necesario- respondió Usagui, tranquila- Ella usará su nuevo poder para protegernos, de eso estoy segura.

- ¿Esos son sus verdaderos ataques?- preguntó Haruka, un poco seria, a la protegida de Plutón.

- Pues... sí. Puede transformarse en agua y usar la "Tromba de Mercurio" y la "Maldición de agua"- la táctica que usó para regresar el "Grito Mortal" de Setsuna- Además, poco a poco irá adquiriendo más velocidad y agilidad, aunque su fuerza seguirá siendo la misma.

Usagui se acercó a las guerreras externas y, con dulce gesto, les aseguró que Ami no volvería a ser controlada por nadie, ya que su alma se había hecho un poco más fuerte y, además, ya tenía quién cuidara de ella. Ninguna captó muy bien esto último, a excepción de la aludida, Rei, que se sonrojó un poco mientras desviaba su mirada a otro lado.

Más tarde, en el hospital, Ami ya había recuperado la consciencia. No recordaba mucho de lo que lo que pasó después de su encuentro con Rei en el parque No. 10. Apenas si se paseaban por su mente unos cuantas imágenes: su conversación con el vampiro y, cómo éste había asesinado su alma entre sueños con la poca energía que había reunido. No podía creer que estuviera viva, ni siquiera sabía como había llegado al hospital. Su madre no tenía mucho de haberse ido de la habitación, después de una reunión muy emotiva con ella. Lo que no podía dudar, es que Rei tenía un papel muy importante en todo eso.

Alguien tocó la puerta del cuarto. No necesitó adivinar que se trataba de sus amigas, era obvio por el escándalo que se escuchaba. Nuevamente hubo otra feliz reunión, pero faltaba alguien.

- ¿Dónde está Rei?- preguntó, en cuanto se acabaron los abrazos efusivos y las lágrimas.

- Está descansando en el templo- respondió Makoto- Quedó muy débil después de salvarte.

- ¿Está bien?

- Sí, sólo un poco agotada. Nada que unas horas de sueño no arreglen.

Cada que recordaba a Rei, un escalofrío recorría todo su cuerpo, a la vez que una placentera sensación se presentaba en sus labios. ¿Por qué no podía recordar nada de lo que había pasado?

Las chicas le explicaron la situación de sus nuevos poderes, a lo que Ami juró que sólo los usaría para protegerlas. Un rato después, una enfermera les indicó que la hora de visita ya había terminado y que debían dejar descansar a la paciente. Se despidieron y cada quien regresó a su casa.

- Has estado muy callada desde que salimos del hospital- dijo Haruka a su compañera- ¿Te pasa algo?

- No- respondió la guerrera de los mares- Es sólo que encontré algo muy interesante.

- ¿Y puedo saber qué es?

Michiru sonrió de forma traviesa y le extendió su espejo para que viera lo que ahí se reflejaba. Con un pensamiento, la joven hizo aparecer una mano en la cristalina superficie, en ella se dibujaba el símbolo de planeta Marte.

- Esa es la mano derecha de Ami- explicó- en la palma tiene el signo de Rei.

Sorprendida, Haruka vio aparecer otra mano, pero ésta vez con el símbolo de Mercurio. No necesitó que Michiru le dijera que esa era la mano de Rei. Un poco confundida, la guerrera del viento pidió una explicación a su compañera con una sola mirada. En respuesta, la protegida de Neptuno tomó la mano derecha de Haruka y pasó sus dedos por su palma, provocándole un poco de cosquillas. En ese momento, para asombro de Haruka, el signo de Neptuno brilló en su mano, para después ver que en la de Michiru brillaba el signo de Urano.

No pidió más explicaciones, ya sabía de qué se trataba el asunto.

- El problema es- dijo Michiru- que aún no se dicen nada.

- ¿Crees que lo hagan?

- Si, puedo sentirlo.

Rei estaba en su dormitorio, ya no se sentía cansada, no tenía sueño, sólo un pesar en su corazón. Quería hablar con Ami para terminar con todo el lío que había armado. Tomó su pluma de transformación y salió del templo sin que su abuelo se diera cuenta. Como Sailor Mars, Rei tenía más velocidad, así que al hospital para encontrarse con Ami, no podía esperar más. Al llegar, se escabulló a la habitación donde descansaba la guerrera del agua.

La encontró dormida. Se quitó la transformación y se sentó al lado de la cama. Tal vez no había sido muy buena idea ir a esa hora (las dos de la mañana), ya que la chica parecía estar sedada. Arrepintiéndose, dio media vuelta con la clara intención de irse, pero algo la sujetó de la ropa.

- No te vayas- susurró una suave voz.

Rei volteó para descubrir que Ami había despertado. Se hincó junto a la cama y ambas se abrazaron con fuerza. La protegida de Mercurio le agradecía una y otra vez el haberla salvado, Rei no decía nada, la bastaba con tenerla entre sus brazos. Estuvieron así varios minutos.

- Ami... quiero disculparme... – murmuró, sin mirarla.

- ¿Por qué?

- Por lo que hice la otra vez. En realidad no quise... bueno, sí... digo...

Ya no supo qué decir, guardó silencio y parecía sollozar. Ami sonrió, al fin podía decirle lo que en realidad sentía por ella.

- No quiero perder lo único que tengo de ti- dijo entre lágrimas- Sé que no puedes corresponder mi amor. Pero quiero que no me quites tu amistad... lo siento...

Ami la tomó suavemente por las mejillas y la obligó a mirarla a los ojos

- Una disculpa no basta- dijo en voz baja, recordando el primer beso que había recibido de ella.

Sorprendida, Rei vio como Ami se acercaba a su rostro y depositaba un tierno beso en sus labios. No dudó en seguirle el juego, sintiendo que sus bocas se mezclaban con inmensa pasión. Volvieron a abrazarse, a la vez que Ami le abría paso a su lengua para jugar con la de Rei. La chica de fuego se sentía desmayar, jamás se hubiera esperado respuesta por parte de ella, pero no podía negar que estaba feliz.

Sin romper el contacto, Rei subió a la cama y se acostó junto a Ami.

- Te amo- dijo Ami en cuanto separaron sus labios.

- Y yo a ti.

Sentir sus alientos tan cerca las hacía estremecerse por completo. El calor de sus cuerpos iba en aumento y no podían despegar sus pupilas de la otra. Dejándose llevar por el momento, Rei volvió a besarla de forma casi desesperada, pero Ami logró calmar sus ansias acariciando su rostro con suavidad, dándole a entender con ese sencillo gesto que jamás se alejaría de su lado.

De pronto, unos pasos que hicieron eco en el pasillo interrumpieron el beso. Seguramente se trataba de la enfermera de turno. Con un poco de trabajo separaron sus cuerpos, Rei se transformó y salió por la ventana, no sin antes hablar un poco más con ella.

- ¿Cuándo saldrás del hospital?- le preguntó.

- Creo que pasado mañana.

- Entonces te esperaré en el templo.

- Iré, no te preocupes.

Guiñándole un ojo, Rei saltó antes de que la enfermera entrara a la habitación. Ami fingió dormir. Se sentían muy felices, no podían esperar a verse de nuevo. Sin darse cuenta, en sus manos brillaban, de forma muy tenue, sus símbolos; una prueba de su verdadero amor...

FIN.

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