Parte 5

 

 

Rei entreabrió los ojos y, lo primero que vio, fue a Haruka y Michiru tiradas, inconscientes y heridas; a un lado suyo. Plut no estaba muy lejos de ahí, en las mismas condiciones. Más allá, podía apreciarse la batalla entre el vampiro, Makoto y Minako. A primera vista, el enemigo llevaba la ventaja.

- ¡Cadena de amor de Venus!

La guerrera del amor logró atrapar a Ami con su arma, pero la chica genio congeló las cadenas al instante y las rompió con un simple movimiento de brazos.

- ¡Trueno relampagueante de Júpiter!

El ataque dio justo en el blanco, pero no pareció afectarle a Ami. Makoto resolvió que una pelea cuerpo a cuerpo sería más efectiva, ya que, después de todo, la protegida de Mercurio nunca fue muy fuerte físicamente. Confiada, se lanzó contra el vampiro y le soltó un par de puñetazos, sin embargo, su oponente esquivó los ataques con gran facilidad.

- Ah, Makoto, crees que los puños lo pueden todo- suspiró el vampiro con tono burlón- ¿Y qué decir de Mina? Siempre actúa como si lo pudiera hacer todo. No son más que unas ignorantes. El verdadero poder lo tiene ésta guerrera... les mostraré lo que puede hacer...

El vampiro juntó las manos e hizo que el signo de Mercurio brillara con una luz casi negra, señal de que aún no se apoderaba del cuerpo de Ami.

- ¡Tromba de Mercurio!

Unas nubes negras se aglomeraron en el cielo. El viento sopló con furia. Entonces, un remolino, una mole de agua bajo de las alturas y aplastó a ambas guerreras con una violencia tremenda.

- ¡Mako, Mina... No!- gritó Usagui, aterrada.

Pronto, el agua desveló los cuerpos inmóviles de Venus y Jupiter. Por suerte, su aura indicó que ambas seguían vivas, eso sí, muy débiles. El vampiro sonrió y se acercó a los futuros reyes. El símbolo de Mercurio ya casi llegaba al negro total, una mínima fracción aún conservaba el azul.

- Sólo quedan dos...

- No te atrevas- le encaró Mamoru, cubriendo a Usagui.

- Ami, no dejes que te controle... ¡Lucha!

- Ahórrense sus palabras, ella ya no les escuchará. No tardará en desaparecer y su cuerpo será todo mío.

- ¡Ella es mi amiga, no dejaré que hagas tal cosa!- exclamó la princesa sacando su cristal de plata- ¡Acabaré contigo y la recuperaré!

El cristal brilló de una forma maravillosa, casi celestial, pero el vampiro ni siquiera se mostró sorprendido. La luz del cristal aumentó aún más, agotando poco a poco la energía de Usagui, sin embargo, no había ningún cambio en el demonio; sólo se notaba levemente deslumbrado.

- Estoy protegido con su aura... ¿Qué les hace pensar que su cristal afectará a una de sus guerreras?

La luz se apagó lentamente, Usagui cayó agotada, había desperdiciado demasiada energía. Mamoru la sostuvo, pero mantenía su atención en el vampiro, que comenzó a acercarse a ellos.

- ¿Sabe, alteza? Tanto ejercicio me ha causado hambre... y, aquí, hay muchos platos servidos. Será difícil elegir cuál será el primero.

- Eres un maldito...

- Tranquilícese, ya le llegará el turno- dijo, sonriendo- Creo que comenzaré con la princesa.

El vampiro dio un par de pasos hacía la pareja, pero...

- ¡¿Tan pronto te olvidaste de mí?!- exclamó una voz a su espalda, tomándolo por sorpresa.

Con un firme abrazo, Sailor Mars atrapó al vampiro, sin darle tiempo de reaccionar, ya que usó un ataque del cuál no tenía mucha memoria, pero sabía que era terrible...

- ¡Erupción del Monte Olimpo!

Un violento remolino de fuego, que surgió del suelo, rodeó a ambas chicas. Se escuchó un alarido de dolor. Era del vampiro. El demonio, con mucho trabajo, logró escabullirse de los brazos de la guerrera convirtiéndose en agua, antes de que terminara hecho cenizas.

El daño contra su enemigo fue considerable, estuvo consciente de ello antes de desmayarse de cansancio.

- ¡Rei!

- ¡Sailor Mars!

Usagui y Mamoru corrieron hacia su amiga, que yacía sin sentido en el suelo. Por suerte, estaba bien, al igual que sus compañeras. Usagui tuvo que esforzarse un poco más para revitalizar a las chicas con la energía del cristal de plata.

- Demonios... Dejen que la encuentre y le daré una paliza- murmuró Haruka, molesta.

- Ay, me duele mucho... – lloriqueó Mina, refiriéndose a su cuerpo.

- ¿Dónde creen que pueda estar el vampiro?- preguntó Makoto, que estaba descansando en la puerta que daba al patio trasero.

- No lo sé... su aura está tan débil que mi espejo no la percibe- dijo Michiru, no sin cierta resignación- Tal vez la flama si pueda.

Todas miraron a Rei, que estaba sentada frente a la flama, mirando el fuego. No había dicho palabra alguna desde que llegaron al templo. Preocupadas, trataban de adivinar qué era lo que tenía, pero nadie se atrevía a preguntárselo.

- Iré a buscarla en cuanto amanezca- dijo, por fin, en voz muy baja y sin dirigirles la mirada.

- Y nosotras te ayudaremos- exclamó Usagui de buen ánimo, pero Rei reaccionó de mala manera.

- ¡No!... ¡Ninguna de ustedes me ayudará!

- Oye, no tienes por que ponerte así- le reclamó Mina, ligeramente molesta- Ami también es nuestra amiga y queremos recuperarla.

- Olvídalo. Yo soy la única que puede traerla de regreso.

- Pero tenemos que estar ahí por si algo pasa- alegó Makoto, seria.

- La última vez que estuvieron ahí, echaron todo a perder... Es más, por poco y la mato...

Todas se quedaron en silencio unos segundos, hasta que Haruka tomó la palabra.

- Rei tiene razón, ella puede hacerlo sola.

- Su poder fue el único que afectó al vampiro- siguió Michiru- Nosotras no le hicimos ni cosquillas.

- Si volvemos a pelear con él, alguna puede morir... no debemos arriesgarnos- finalizó Setsuna con su habitual calma- Dejemos que Rei se encargue de esto, confiemos en ella.

Asintieron, sin hablar, y un rato después, cada quien regresó a su casa.

- Ahora sí, maldito, ahora sí te voy a matar. Voy a recuperarla, así me cueste la vida- murmuró Rei, aún sentada frente al fuego.

Juntó sus manos y comenzó a concentrarse. Tenía que localizar el aura del vampiro lo más pronto posible o éste se recuperaría de la batalla anterior. Lo peor de todo, es que ese demonio ya casi tenía el control completo del cuerpo de Ami. Si demoraba mucho en encontrarlo, sería demasiado tarde y lo único que podría hacer sería matarlo.

- Por favor, Ami, aguanta un poco más. Voy a ayudarte...

Estaba completamente bañada en sudor y en quemaduras. Le dolía el cuerpo con sólo respirar y llevaba largo rato sin mover un músculo. A pesar de que el vampiro le había dotado con la habilidad de autorecuperarse, éste era un proceso largo y demasiado doloroso. Se sentía muy débil y el hambre la mataba. El vampiro tampoco tenía mucha energía, así que su única opción era quedarse ahí hasta que su cuerpo se curara.

Aún recordaba el tremendo ataque del que había sido víctima. Recordaba que el vampiro se había escondido en cuanto sintió el fuego, y, también, que la que huyó de ahí fue ella, no el vampiro. Tuvo miedo de morir en aquel instante, a pesar de que, anteriormente, gustosa se habría dejado matar. ¿Por qué se había acobardado en ese momento?

- Nunca, en lo que me queda de vida, voy a hacer enojar a Rei- pensó Ami, divertida, mientras una pequeña lágrima se escapaba de sus ojos.

No tenía ni idea de dónde se encontraba. Al parecer era el techo de algún edificio, uno muy alto. Era de noche. Las estrellas brillaban y la luna se veía grande, enorme, como si fuera a chocar con la Tierra de un momento a otro. Al contemplar el firmamento, sentía como si el dolor se alejara un poco.

Dolor, era lo único que había sufrido desde que el vampiro la mordió; ya casi se acostumbraba a él. El hambre era otra cosa. Siempre que la sensación de vacío se presentaba en su estómago, daba la impresión de que no había comido en días. Ahora, eran las quemaduras las que la torturaban; calculó que, incluso, habría algunas de tercer grado.

Sin querer, recordó el beso que Rei le había dado y se ruborizó. Pensar en el calor de aquel cuerpo la hizo estremecerse toda. ¿De verdad sentía lo mismo hacía Rei? Si ella había entrado en su corazón con esa facilidad, probablemente sí. Tenía ganas de verla y hablar con ella, pero, en ese momento, eso estaba fuera de lugar. Debía pensar cómo hacerle para resolver ese lío.

- Hola, guerrera, ¿te sientes igual de machacada que yo?- sonó una voz en su interior.

Era el vampiro, al fin podía hablar con él, pero lo sentía tan débil como ella.

- Esto es tu culpa... – pensó la joven, sabiendo que él la escucharía.

- La que huyó fuiste tú. Si te hubieras quedado ahí, ninguno de los dos estaríamos así... sólo muertos...

- La que iba a sufrir sería yo, no tu...

Ninguno habló por unos segundos.

- No te preocupes, en cuanto me recupere ya no sufrirás... por que voy a eliminarte. Te irás al cielo y yo me quedaré con tu cuerpo.

- ¿Y qué te hace pensar que aceptaré tal cosa?

- Ni siquiera puedes matarme... tu elemento no me hace nada.

- El mío no, pero el de Rei sí, y cuando me encuentre acabará contigo.

- ¿Te refieres a la guerrera de fuego, a la que te besó?

Ami se sonrojó, un poco apenada.

- Ah, vaya, parece que el amor no es tu fuerte.

- ¿Y tú qué vas a saber de eso?

- He vivido más que tú, niña, sé más cosas y conozco más cosas que tú. El que sea lo que soy no quiere decir que no sepa de este tema.

La protegida de Mercurio no pudo evitar la curiosidad, cosa que el vampiro notó.

- Hubo una época en la que te enamorabas de una persona por su forma de ser, por su personalidad, por lo que quieras... daba lo mismo si esa persona era hombre o mujer, lo que verdaderamente importaban eran los sentimientos. Pero, esa época se acabó.

- ¿Y a qué se debe ese comentario?

- No puedes mentirle a alguien que está viendo tus verdaderos sentimientos. Tú puedes decirme, y decirle a ella, que no hay amor, sólo amistad. Pero estoy viendo que en tu corazón existe un amor muy especial, y que es diferente al amor que sientes por tus amigas o por tu princesa...

Ami tenía que aceptar que él decía la verdad.

- Lástima que ya no podrás confesarle tu amor, por que voy a matarte.

Una hora después, Ami pudo conciliar el sueño, no sin antes meditar las últimas palabras del vampiro. En cuanto saliera de ese lío, tenía que confesarle sus verdaderos sentimientos a Rei.

Lo único que no podía sacarse de la cabeza era su madre. La pobre seguramente estaba muerta de la preocupación. No sabía qué decirle para no meterse en otro lío, tampoco podía decirle la verdad, o ahora sí, estaría en problemas...

- Mamá... – alcanzó a decir entre sueños, mientras el vampiro se preparaba para terminar de apoderarse del cuerpo.

Fue casi a la media noche cuando encontró una señal de su enemigo, una muy débil, pero le ayudaría a localizarlo. Ahora debía descansar y recargar energía para poder acabar con el vampiro, ya que, lo más probable, es que no lo agarraría desprevenido... aunque también podía ocurrir lo contrario.

También tenía que pensar cómo resolver su otro dilema. ¿Qué demonios iba a decirle a Ami para que la ignorara? Ya había perdido la esperanza de que su amor fuera correspondido, así que estaba pensando como hacer para no perder su amistad.

A su mente llegaron los dulces labios que había besado y sintió que ese sería su recuerdo hermoso.

Apenas se asomó el sol por el horizonte, Rei se puso en camino, guiada por sus instintos y segura de que por fin terminaría con todo ese problema. Esta vez, las chicas no iban a interrumpirla, y, lo más probable, es que el vampiro seguiría débil y no podría defenderse.

Llegó al centro, donde los altos edificios rozaban el cielo y podían provocar vértigo a cualquiera que los viera de frente y hacía arriba. Un edificio en especial llamó su atención, uno de oficinas de finanzas, era una de los más altos de esa zona y, justo ahí, se sentía más clara la presencia del demonio. Escondiéndose en un callejón se transformó y entró al lugar por la puerta trasera.

En tanto, en la cima del edificio, Ami seguía dormida, al igual que el vampiro. Sus heridas ya casi sanaban, únicamente quedaban las quemaduras de primer grado. El hambre era lo que la tenía tan débil. Estaba escondida en el cuarto de intendencia, entre escobas y cubetas. Conociendo su estado, no quiso comprobar si el sol terminaría el trabajo de la "Erupción del Monte Olimpo".

Rei había logrado escabullirse hasta el último piso. Desde ahí podía verse toda la cuidad. La presencia maligna estaba ahí. A un lado de donde estaba parada había un pequeño cuarto, no necesito sus poderes para saber que ella se encontraba dentro. Entró y, en una esquina, se hallaba Ami, profundamente dormida. A primera vista se notaba débil, aún tenía las heridas de su pelea anterior, su ropa sólo eran jirones de tela sucia y ni siquiera parecía haberse percatado de su presencia.

Cerró la puerta y se acercó a su amiga.

- No te perderé, lo juro... – murmuró, apretando los puños.

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