Parte 2
Ami estaba acurrucada en una esquina de su habitación, temblando, y con la vista perdida. En su rostro se dibujaba el más puro terror. Sus ojos azules, casi desorbitados por la sorpresa, no podían creer lo que habían visto hacía un buen rato. Su dormitorio era un desastre. A su lado, estaban tirados unos instrumentos médicos, entre ellos, un filoso bisturí.
Una hora antes había tratado de escuchar el latido de su corazón, pero no hubo ni un sonido, ni una señal de movimiento. Asustada, se tomó la temperatura... 5° C. La respuesta con su presión sanguínea fue nula y, ya al borde de la desesperación, buscó un bisturí y se cortó las venas de la mano izquierda... ni una gota de sangre, es más, para terminar de enloquecerla, la herida que ella misma se hizo, se cerró casi de inmediato, como por arte de magia.
Llevaba dos horas en ese estado ausente, tratando de darle explicación a tan extraño fenómeno; hasta que llegó a su mente una posible razón: la pelea que había tenido con el vampiro... Él la había mordido... ¡Era eso!
No podía equivocarse... Ahora era un vampiro...
... Mucho peor...
Por fin halló una respuesta, pero no le gustó en lo absoluto. Resistió las ganas de llorar y pensó en pedirle ayuda alguien. No quería que sus amigas del alma corrieran algún riesgo, así que decidió llamar a alguien más fuerte, y que pudiera mantener ese asunto en secreto. Tampoco quería arriesgar a su madre, cuando ésta llegara del trabajo, así que tuvo que irse de ahí. Empacó unas cosas en una mochila y se fue.
- ¿Qué pasará cuando me transforme?- se preguntó, mientras contemplaba la ciudad desde un mirador de la autopista principal.
El viento mecía suavemente su cabello, sus ojos lucían tristes, vacíos, y sin el brillo que su juventud le confería. La molesta y dolorosa sensación de hambre seguía presente, aunque trataba de ignorarla, cosa difícil, manteniendo su atención en la ciudad en movimiento.
- Ya estoy aquí, Ami- sonó una profunda voz a sus espaldas.
- Setsuna...
La chica genio corrió hasta los brazos de la recién llegada y, por fin, lloró, totalmente desconsolada, asustada, triste, confundida...
- ¿Qué voy a hacer?- se preguntaba una y otra vez entre lágrimas- Dímelo, por favor...
- Ami... tranquila... veré cómo podemos ayudarte... tranquila.
La joven se calmó unos minutos después y Setsuna pudo hablar...
- Tu caso es difícil.
- Lo sé.
- Podríamos decir que ya estas muerta. Lo que me sorprende es que tu estado no es el de... un vampiro normal.
- ¿Qué quieres decir?...
- El sol no te hace nada, quizá se deba a tu condición de guerrera.
- Lo único que no puedo soportar es el hambre. ¿Qué haré cuando ya no pueda soportarla y tenga que atacar a alguien?
- Antes que nada debes alimentarte, o sucederá lo que tanto temes.
Dicho esto, la protegida de Plutón sacó una pequeña bolsa repleta de sangre y se la dio. La chica la bebió casi de inmediato, sintiendo una enorme satisfacción en su cuerpo, acabándosela por completo. Setsuna solo la observaba, no sin cierta preocupación, ya que en los ojos de la guerrera de Mercurio ya no chispeaba la vida, si no que estaban invadidos por las tinieblas. No sabía qué podía resultar de la unión de un vampiro y una sailor, pero, seguramente, no sería nada bueno.
Le pareció más sensato llevarla a casa con las otras y guardar el asunto en secreto, a manera de no poner a la princesa en peligro.
- ¿Crees que sea peligrosa?- le preguntó Michiru a su compañera, mientras Ami dormía en uno de los sillones de la sala.
- No estoy segura, pero puedo sentir una presencia maligna dentro de su cuerpo.
- No debemos arriesgarnos- dijo Haruka con cierta frialdad y mirando a la chica genio con ojos inexpresivos.
- Haruka... – murmuró la guerrera los mares, preocupada.
Conocía a Haruka muy bien, y sabía con exactitud lo que pasaba por su mente en ese momento. Le tenía mucho afecto a Ami, como si fuera su hermana menor, a su propia hija. Sabía que Haruka ya tenía una solución sencilla y eficaz rondando por su cabeza, pero que no podría llevar a cabo por lo dolorosa que podría ser. Matarla. Así de fácil, y así de difícil. Quizá, si hubiera tenido que hacer eso cuando apenas conocieron a las chicas, no lo habría dudado ni un segundo; pero, ahora...
- Mañana pensaremos qué hacer, vayamos a dormir- fue lo último que dijo Haruka antes de retirarse a su dormitorio.
Michiru y Setsuna se miraron una a la otra, y después a Ami, que seguía dormida.
La doctora Mizuno corrió hasta la recepción del hospital, donde le esperaba una llamada telefónica. Era algo inusual que recibiera llamadas, ya que su hija siempre se comunicaba con ella por el celular.
- Hola, habla la doctora Mizuno.
- Hola, señora, soy Usagui.
- Ah, Usagui, ¿puedo ayudarte en algo?
- Sólo quería saber cómo se encuentra Ami.
- ¿Ami?... ¿Qué no estaba con ustedes?
Al otro lado de la línea, Usagui se quedó paralizada de miedo...
- En la mañana se sentía un poco mal, y dijo que iría con usted para que la revisara...
- Oh, por Dios...
- ¿Señora Mizuno?... ¿Sigue ahí?
- ...
No lo soportó. Tomó su bolso y salió corriendo del hospital, pensando que su hija tal vez estaría en casa. En tanto, Usagui, alterada, le comunicó a las chicas que Ami no se encontraba con su madre.
- Vayamos a buscarla- ordenó Mina, mientras Makoto trataba de tranquilizar a Usagui.
- ¡Voy a su departamento!- exclamó Rei, yéndose de inmediato.
- Makoto, tú y Usagui vayan al centro, yo buscaré en el parque.
- De acuerdo- respondió Makoto- vamos, Usagui...
La doctora Mizuno y Rei coincidieron en la entrada del edificio departamental. Al llegar al apartamento no encontraron a nadie, menos en el dormitorio de Ami.
- No se preocupe, la encontraremos- dijo Rei, tratando de tranquilizar a la madre.
- Pero está enferma, pudo haberle pasado algo- sollozó la doctora.
- Mejor regrese al hospital. Si alguien la encuentra en mal estado, lo más seguro es que la lleven con usted.
- No puedo que darme así, debo buscarla.
La mujer salió corriendo, y Rei iba a seguirla de no ser por la energía maligna que flotaba en el apartamento. Cerró los ojos y se concentró, encontrando que antes ya había sentido aquella presencia, que, definitivamente, no era de Ami.
Ya casi eran las once de la noche. Las chicas se reunieron en el hospital, donde una madre preocupada les esperaba.
- Muchas gracias por ayudarme, yo seguiré mañana.
- ¡Le ayudaremos, Ami es nuestra amiga!- dijo Makoto, tratando de darle ánimos a la doctora.
- Vayan a casa y descansen, sus padres deben estar preocupados.
- Esta bien.
Las cuatro se fueron a sus respectivas casas. Mina se quedaría con Makoto y Rei acompañaría a Usagui para que no se fuera sola. En el camino, la sacerdotisa se mostraba callada y molesta, cosa que la rubia notó de inmediato.
- Estoy segura de que la encontraremos- dijo Usagui, pero Rei pareció no escucharla.
- Fue mi culpa, debí acompañarla...
- No, Rei, no es tu culpa, ni tuya ni de nadie... no debes sentirte así.
- ¡Tu no entiendes!... ¡Es mi deber protegerla!
- Rei...
Usagui vio que Rei se iba a desmoronar de un momento a otro, no pensó que ella sintiera tanto afecto por Ami. Usagui, como las demás, estaba preocupada por su amiga pero, se dio cuenta, que su preocupación no se comparaba con la de Rei.
Cuando llegaron a casa de la rubia princesa la pareja se despidió.
- Te prometo que la encontraremos- dijo Usagui, antes de entrar- Así ya no estarás triste.
- Usagui... gracias- murmuró la chica de fuego, en voz baja, y siguió su camino.
En tanto, al otro lado de la ciudad, Ami, que estaba sentada en el techo de la casa de sus otras amigas, miraba la luna con cierta tristeza. Ya se imaginaba la cara de su madre y de las chicas al saber que no estaba en su apartamento. Pero no quería ponerlas en peligro.
- Mamá... amigas...
De repente, un rostro moreno llegó a su mente.
- Rei...
Sonrió al pensar en ella, y eso la puso más triste.
- Debe estar muy enojada conmigo.
Sabía que morir era la única forma de solucionar ese problema, pero tenía miedo de hacerlo. Ella quería vivir, seguir al lado de las personas que amaba, cumplir su sueño de ser una doctora y proteger a su princesa en el futuro. Tenía tanto por hacer aún, que no podía renunciar a la existencia.
Se preocupó al sentir que la sensación de hambre regresaba, y que lo único que hacía era que su cuerpo le hormigueara de ansias. Algo dentro de ella se revolvía, luchaba por salir, y le costaba mucho trabajo mantenerlo quieto. Estaba segura que era el vampiro que quería apoderarse del control. Hasta ahora lo había reprimido, pero no sabía cuanto más aguantaría.
De pronto, un horrible dolor de cabeza la hizo caer del techo y retorcerse en el suelo tan pronto aterrizó. Sintió que la conciencia y los ojos se le nublaban segundo a segundo. Era el vampiro tratando de salir.
Se levantó como pudo y se echó a correr, ya que Haruka y las otras estaban dormidas, y eso las hacía un blanco fácil. Minutos después, cayó semiconsciente en un húmedo y oscuro callejón. El dolor seguía ahí, pero ahora era general.
- Vaya, ¿qué tenemos aquí?- sonó una voz cerca de ella.
- Parece que alguien no está en casa con su mamá- dijo alguien más, con tono burlón.
- Eso se merece un buen castigo- se escuchó una tercera persona.
Ami alzó la mirada y alcanzó a distinguir a tres siluetas, hombres, y seguramente con no muy buenas intenciones. Lo último que alcanzó a sentir, antes de perder el conocimiento, fue cómo era levantada de forma brusca.
- Se desmayó, así no será divertido.
- No importa.
Uno de ellos sacó una navaja y cortó la chamarra que la cubría. En tanto, el frío comenzó a aumentar de forma drástica mientras una blanca y helada niebla se elevaba del suelo.
- Vámonos a otro lado- se quejó uno, titiritando.
- Sí, hace mucho frío- apoyó el que sostenía a Ami.
- Está bien, vámonos de aquí.
Quisieron caminar, pero sus pies estaban literalmente congelados. De pronto, Ami se liberó de los brazos del rufián y se alejó un poco. Volteó a verlos, pero no parecía ser la misma chica dulce y amable de siempre. La maldad se asomaba en su pálido rostro.
Sus ojos estaban totalmente en blanco, cosa que asustó de sobremanera al trío de jóvenes. Una parte de la niebla se arremolinó alrededor de ella y, cuando desapareció, mostró a una Ami transformada. Un traje de cuero azul la cubría de los pies al cuello, no tenía mangas. Traía puesto su visor y el signo de Mercurio brillaba en su frente, pero con una luz entre azul y negra.
Una malévola sonrisa se dibujó en sus labios. Abrió un poco la boca y, por fin, se vieron el par de afilados y puntiagudos colmillos. Comenzó a acercarse a ellos.
- ¡NO, POR FAVOR!
- ¡VETE!
- ¡AUXILIO!
Haruka y Michiru, transformadas en Sailor Uranus y Sailor Neptune respectivamente, saltaban de techo en techo en busca de Ami. La protegida de Urano se había percatado de la ausencia de su invitada una hora antes, cuando se había levantado a tomar un vaso con agua.
- ¿Segura que es por aquí?- preguntó Uranus a su compañera.
- Eso dice el espejo.
- Más le vale que diga la verdad.
Neptune sonrió. Volvió a consultar su espejo y en cuestión de minutos dieron con el callejón.
Las paredes estaban totalmente congeladas y embarradas de sangre y vísceras; un espectáculo digno de la cámara de los horrores. Un nauseabundo olor les revolvió el estómago. La pareja se acercó un poco más, descubriendo los masacrados cuerpos de tres adolescentes. Uranus se animó a revisarlos y encontró en los tres las marcas de dos colmillos en sus cuellos.
- Fue ella, ¿verdad?- preguntó Michiru, aterrada ante semejante carnicería.
- Sí, y debemos encontrarla.
De pronto, el frío aumentó y la niebla volvió a subir, cubriéndolas hasta la cintura.
- ¡Maldición!- exclamó Uranus al sentir que no podía mover sus piernas.
- Se acerca, puedo sentirla.
- Yo también.
De repente, algo saltó de entre la niebla y tomó a la guerrera del viento por la espalda...
- ¡Haruka, cuidado!...