Capítulo 1
Era una apacible noche de verano, Usagui y sus amigas estaban en casa de Makoto disfrutando de unos bocadillos y una buena charla. La rubia de las coletas era la glotonería en persona, seguida muy de cerca por Minako, claro. Rei les miraba con disgusto, Makoto con resignación y Ami con nerviosismo.
En pocas palabras era una tarde normal, ó, al menos lo fue hasta que Rei sintió unas extrañas y malignas presencias no muy lejos de ahí.
- Ustedes quédense aquí- dijo la sacerdotisa, poniéndose de pie- Iré a ver qué es.
- Voy contigo- se ofreció Ami- tal vez mi visor sirva de algo.
- Yo también quiero ir.
- No, Makoto. Tú y Mina quédense a cuidar de Usagui.
- De acuerdo, Ami.
Ambas chicas se transformaron y salieron a toda velocidad en dirección al parque No. 10, ya que el instinto de Rei y la computadora de Ami así lo indicaban.
- Sólo son dos- dijo Mercury, después de varios minutos de estar en silencio, tecleando su computadora de bolsillo.
- Y se han separado- agregó Mars, sombría.
- Deberíamos hacer lo mismo, así no se escapará ninguno.
- De acuerdo.
Mercury estaba a punto de irse cuando la cálida mano de Rei la retuvo suavemente por la espalda. Ami volteó, un poco sorprendida, Mars le miraba con seriedad.
- Cuídate, tengo una mal presentimiento de todo esto.
- No te preocupes- sonrió la azulada chica, poniendo su mano sobre la de Rei- Estaré bien...
La protegida de Mercurio emprendió su marcha cuando sus aparatos le indicaron que una de las presencias se movía. Mars la vio alejarse, y nuevamente sintió esa horrible pesadumbre en su pecho, como si algo le fuera a pasar a su amiga. Apretó los puños en señal de frustración y siguió al otro ser maligno que rondaba por los alrededores.
A pesar de que la obscuridad de la noche le impedía ver con claridad entre los árboles, su desarrollado sexto sentido y sus poderes le ayudaron a localizar a la extraña presencia detrás de unos arbustos a diez metros de ella. Al parecer, el ente también había sentido la cercanía de la guerrera de fuego.
La luna llena, que estuvo oculta tras una nubes, pronto iluminó la noche. Mars alcanzó a ver que el ser escapaba y no tardó en perseguirlo y acorralarlo contra una roca.
- Muestra tu rostro- demandó la chica, no sin cierta frialdad, ya que las sombras le impedían reconocer a su adversario.
El ser maligno obedeció de inmediato. Para asombró de Rei, él tenía el aspecto de un hombre común y corriente, pero decidió no confiarse, ya que seguía destilando aquella energía negativa.
- ¿Quién eres?
- ¿En verdad quieres saberlo?- preguntó el hombre con una macabra sonrisa- De acuerdo...
De repente, un par de largos y afilados colmillos le aparecieron en la boca, al mismo tiempo que su rostro sufría un espantoso cambio, confiriéndole un aspecto francamente aterrador. Pero, a pesar de todo, el demonio se mostraba nervioso, incluso algo asustado ante ella.
- ¿Qué diablos eres?- le preguntó, alarmada.
- ¿Qué no es obvio?
- Un... ¿vampiro?
Acertó.
El vampiro se lanzó contra la guerrera del fuego con una agilidad increíble, mandando varios golpes, que Rei apenas pudo esquivar.
- Hora de cenar... – murmuró el malvado, dando a entender que su contrincante sería su almuerzo.
Rei tenía todo, menos miedo. Con un rápido movimiento invocó su "Fuego de Marte", notando que el vampiro se había asustado bastante con eso. Lo cierto es que su adversario esquivo la enorme llamarada por escasos centímetros.
- Te tengo, maldito... – susurró Sailor Mars, bastante confiada.
Después de pelear cuerpo a cuerpo contra el vampiro, la guerrera logró deshacerse de él con su "Mándala ardiente". Un cuerpo carbonizado fue lo único que Rei pudo apreciar, ya que un grito de Mercury la obligó a irse de ahí.
- Diablos... – masculló la chica, sintiendo de nueva cuenta el dolor en su pecho- Que no le pase nada...
Ami tenía ciertos problemas con su vampiro, claro, después de descubrir que lo era. Numerosas heridas cubrían su cuerpo, pero, lo que la había hecho gritar, fue cuando el vampiro la sorprendió por la espalda y le mordió el cuello. Forcejeó con él un rato, aunque su fuerza física no le ayudó mucho y terminó contra el suelo, bocarriba, y con su enemigo encima. En un arranque de desesperación, Ami logró atravesar el pecho del vampiro con una estaca de hielo que hizo a toda velocidad.
Para cuando Rei llegó, el cuerpo del vampiro ya estaba hecho polvo y Ami estaba tirada de espaldas, totalmente bañada en sangre, y sin moverse. Aterrada, Mars corrió hasta su amiga. Para alivio suyo, la chica abrió los ojos y le regaló una apenada sonrisa.
- Creo que no lo hice nada bien... – se disculpo la chica genio- Tal vez a Makoto no le hubiera pasado esto.
- ¿Estás bien?- le preguntó, preocupada.
- Sí. Sólo tengo heridas superficiales... nada grave.
- ¿Y toda ésta sangre?
- Era de él.
Rei le ayudó a ponerse de pie, pero ya no lucía preocupada, sino molesta.
- ¡No vuelvas a asustarme de ésta forma!- le reclamó, furiosa.
Ami se mostró entre sorprendida y molesta, pero no se quedó callada...
- Yo puedo cuidarme sola, además, no me pasó nada...
- Cállate- ordenó con dureza y agregó, sin suavizar su tono- si algo malo te hubiera pasado, no me lo habría perdonado nunca.
- Rei...
La chica de fuego dio medio vuelta y comenzó a alejarse, dejando a Ami un poco confundida. Una extraña sensación se revolvía en el pecho de la protegida de Marte, pero ésta vez sí sabía de que se trataba... que lo que su corazón empezaba a sentir por su amiga no estaba bien...
Minutos después, ya estaban camino al departamento de Makoto, ya que las chicas podrían preocuparse ante la tardanza.
- ¡¿Ami qué te pasó!?- exclamaron sus amigas al ver el ensangrentado uniforme de Mercury.
- No es nada, no se preocupen... sólo son unos cuantos rasguños.
- ¿Rei, qué pasó allá afuera?- preguntó Minako, seria.
- Se trataba de dos vampiros...
- ¡¿Vampiros?!
- Ya los eliminamos- aclaró, para no alarmarlas- Además, ya no hay otros.
Ambas guerreras se quitaron sus transformaciones, mostrando que lo que Ami dijo era verdad, sólo eran unas cuantas heridas de poco cuidado.
- Por si acaso hay que investigar- dijo Ami, mientras Makoto la aplicaba algo de agua oxigenada.
- No creo que sea necesario... – dijo Usagui- Rei ya no siente a mas demonios... además... ¡Es hora de dormir!
Tendieron futones en el dormitorio de Makoto, la única que compartiría la cama con la alta chica sería Mina. Fue alrededor de la una de la mañana cuando conciliaron el sueño... aunque no todas...
Ami no estaba dormida, sentía un agudo dolor en todo su cuerpo, como si la hubieran molido a palos y roto hasta el último de sus huesos. La piel le ardía y podía jurar que su cabeza explotaría de un momento a otro. Le era imposible mantenerse quieta, pero el mover siquiera un dedo era una tortura.
Haciendo poco ruido y un esfuerzo sobrehumano, se puso de pie y fue a la cocina, a ver si un poco de té le amortiguaba el dolor. Pero apenas probó el caliente líquido, lo escupió, el té le sabía a rayos; intentó comer algo, pero pasó lo mismo. Imposible que la culpa la tuviera la comida o el té de Makoto. Fue a la sala y se recostó en el sillón, pero a cada minuto el dolor aumentaba, al grado de hacerla llorar. Ya no podía soportarlo, quería gritar, pedirle ayuda a sus amigas, pero ya no era capaz de moverse siquiera.
Apretó los párpados al sentir que el dolor llegaba a su límite. Estaba a punto de desmayarse cuando, repentinamente, el dolor se fue por completo. El sudor la bañaba toda, su respiración era profunda y algo agitada. Poco a poco se recuperó de aquella horrible tortura. Se levantó del sillón y, por la ventana, descubrió que ya casi amanecía.
- Cielos... – suspiró, cansada, y regresó al dormitorio, a ver si podía dormir por lo menos un par de horas claro, conociendo lo tarde que se levantaban sus amigas. Resolvió que lo mejor sería no contarle nada a las demás y que ella misma se encargaría, mas al rato, de investigar ese extraño dolor.
Eran más de las diez cuando Makoto despertó, con Mina encima suyo. Logró hacerla a un lado y se puso de pie. Las demás seguían dormidas, pero ya era un poco tarde como para seguir acostadas. Con poca delicadeza, destapó a Mina y la sacudió.
- ¡Holgazana, ya despierta!- le gritó al oído.
Con un pie meció a Rei y de un almohadazo logró que Usagui se moviera.
- No molestes... – murmuró Rei de mal humor.
- Cinco minutos más... – dijo Usagui, más dormida que despierta.
- Vamos, Ami, hora de levantarse- insistió Makoto.
La alta chica se dirigió a la cocina para preparar el almuerzo, mientras las demás trataban de quitarse el sueño de encima. La única que no mostraba señales de vida era Ami.
- Ami, despierta... – la llamó Mina, sacudiéndola.
- Déjala- intervino Rei, jalándola- Es la primera vez que se levanta tarde.
- Se puede malacostumbrar...
- Vámonos- exclamó Rei con dureza y se fue con la rubia, arrastrando, de paso, a Usagui.
- ¿Por qué a mí sí me despiertas?
- ¡Por que tú ya estas malacostumbrada!
Las cuatro desayunaban tranquilamente. A la media hora apareció Ami, pero lucía muy cansada, y más pálida de lo normal. A primera vista, no había dormido bien.
- Buenos días- saludó con voz apagada.
- No luces bien- dijo Usagui, preocupada.
- No me siento bien...
- Tal vez si comes algo... –insinuó Makoto, señalándole su plato servido.
- No tengo hambre, discúlpame.
Ami se siguió de largo al baño, dejando preocupadas a sus amigas, especialmente a Rei, que no dudo en seguirla. La encontró lavándose las manos y la cara.
- ¿De verdad te sientes mal? –le preguntó.
- No tanto... –dijo, mientras se secaba, para después dirigirle una sonrisa forzada – Iré a ver a mamá para que me revise.
- Te acompaño.
- No es necesario... tal vez sólo sea un resfriado.
- Ami...
La chica genio volvió a sonreírle y le acarició una mejilla.
- Estaré bien...
Ami salió del cuarto de baño, pero Rei se quedó ahí, petrificada de miedo. La mano de Ami estaba helada, y no era precisamente por que se hubiera lavado las manos. Fue un frío intenso, uno que le caló hasta los huesos y la hizo temblar.
- Lástima que no puedas ir con nosotras al parque- se lamentó Usagui.
- Lo siento, chicas. No me siento bien.
- Ve a descansar- le sonrió Mina.
- Y cuando te mejores, nos llamas- dijo Makoto.
- Gracias.
Rei permaneció callada. Ami le lanzó una fugaz mirada y se fue.
El sol le pegó de llenó en el rostro. Era un día soleado, despejado y, al parecer, muy caloroso; mucha gente andaba con ropa clara y ligera. Pero ella no podía percibir ese calor, al contrario, tenía algo de frío, y mucha hambre. Llegó a su casa y se dio un baño. A más sería mediodía. No estaba su madre, así que decidió examinarse ella misma...
... Pero lo que descubrió, la dejó totalmente aterrorizada...