Me nace del corazón 2 ¡Por fin!

 

 

 

Hotaru no podía creer lo que veía por su ventana. Otro poco y llora, agradeciendo a los dioses tal milagro... ¡Setsuna y su padre se estaban besando!... ¡Por fin!... Ya podía imaginarse la boda y la felicidad que les esperaba como una familia con todas las de la ley.

Se había levantado para ir por un vaso con agua cuando, por una extraña inclinación, se asomó a la ventana y los vio. Apenas abrazados, a la orilla del lago y con la luz del sol tras ellos; dándole a la escena un toque mágico y empalagosamente romántico. Y, de nuevo, llegó a su mente el deseo de querer encontrar a alguien que le abrazara por la cintura y depositara un dulce y cálido beso en los labios.

- Ya encontraré a alguien – murmuró con inmensa felicidad y se retiró de la ventana, devolviéndola la privacidad a la pareja.

Camino a la cocina, recordando el verdadero motivo por el que se había levantado, no pudo evitar abrazar a una sirvienta que pasó junto a ella. En lugar de agua, prefirió brindar por tan emotivo momento con un buen vaso de sake refinado.

*** *** *** *** ***

- ¿Sinichi? – alcanzó a preguntar la capitana, con su cara tan roja como sus ojos.

Su gesto denotaba una inmensa sorpresa, también nerviosismo, pero se podía adivinar un destello de felicidad en su mirar carmín. Por su parte, Sinichi parecía satisfecho consigo mismo y con la reacción de Setsuna. Aún la tenía sujeta de la cintura, pero, para finalizar su declaración amorosa, cerró el cálido abrazo que ella correspondió sin pensarlo siquiera.

- Te amo, Sinichi – le confesó Setsuna al oído, sintiendo que se quitaba una enorme carga de encima después de pronunciar tan sencilla frase.

- Y yo a ti, Setsuna – continuó él, dándole un pequeño beso en la mejilla que, al fin, la hizo sonreír.

Segundos después de eso, Sinichi se inclinó frente a ella, colocando una rodilla en el suelo, y le extendió una pequeña caja negra que previamente sacara de su bolsillo. Setsuna palideció al adivinar qué era. Si piel canela se tornó blanca por unos segundos, mientras él abría la caja, descubriendo un modesto anillo de oro y plata... un anillo de matrimonio.

- Setsuna Meiou, ¿quieres casarte conmigo? – le preguntó solemne y respetuosamente, contemplando el asombrado rostro de Setsuna...

*** *** *** *** ***

Una mañana, después de que Setsuna se levantara de la cama, le sorprendió ver a Hotaru sola en la cocina.

- Buenos días, Setsuna – le saludó, mientras degustaba un vaso con jugo y algo de pan.

- Buenos días, Hotaru – respondió, sin poder ocultar su extrañeza.

Era usual que Hotaru y su padre desayunaran juntos, por lo que no podía quitar su gesto de extrañeza al notar la ausencia de Sinichi. Tomó asiento al lado de Hotaru y se sirvió jugo. La joven de ojos violeta sonrió, adivinando la pregunta mental de Setsuna y respondiéndola sin necesidad de que ella la dijera.

- Papá salió de compras a la ciudad – dijo Hotaru de forma graciosa, notando un sonrojo en su superior.

- Ah.

- Él quería que lo acompañaras, pero seguías dormida y no quiso despertarte – comentó Hotaru con cierta malicia, provocando que Setsuna se sonrojara más.

Al no escuchar ninguna respuesta por parte de ella, Hotaru negó con la cabeza, ligeramente exasperada por la tímida actitud de su superior. Era peor que una adolescente, casi una niña, a la hora de enamorarse. ¿Pues tan malo era sentir amor por alguien?... ¿Qué tan difícil era enamorarse?... ¿O la extraña era Setsuna?...

La capitana simplemente no lograba hilar sus ideas cuando Sinichi era el tema de conversación, o cuando el mismo Sinichi la iniciaba. ¿Cómo era posible eso, eh?

Pensándolo mejor, se preguntó qué había ido a comprar Sinichi. Los sirvientes se encargaban de traer víveres y todo aquello que se llegara a necesitar. El científico no acostumbraba a salir, lo normal era que diera paseos con Hotaru y con ella. Simplemente no se explicaba qué había ido a comprar.

*** *** *** *** ***

Era eso lo que había comprado... el anillo de matrimonio...

No pudo abrir la boca por un buen rato. Había soñado muchas veces con ese momento, mentalmente practicado su reacción y su respuesta... pero no podía decir ni pio, la lengua la tenía pegada al paladar... Sus ojos contemplaban el anillo y la mirada de Sinichi al mismo tiempo, cosa que la ponía aún más nerviosa de lo que ya estaba.

El científico esperaba pacientemente a que Setsuna pudiera hablar. Conocía muy bien su tímida actitud, por lo que no hizo nada por presionarla ni nada parecido.

Otra eternidad más tarde, Setsuna pudo hablar, dando la respuesta que Sinichi ya sabía...

- Sí, acepto – contestó con un hilo de voz, soltando un par de lágrimas de felicidad.

Sinichi le puso al anillo en su mano izquierda y se incorporó, abrazando nuevamente a Setsuna. La capitana correspondió el abrazo, feliz. Estaba muy contenta. Tenía que contárselo todo a Serenity cuanto antes, seguramente le agradaría saberlo... después de todo, era su reina y su mejor amiga.

Alzó el rostro, encarando a Sinichi y, por primera vez, desde que se enamoró de Sinichi, tuvo el valor de tomar la iniciativa. Lo sujetó de la mejilla y le dio un beso en los labios, beso que él regresó de inmediato.

- Gracias – murmuró el científico.

- No tienes nada que agradecer, Sinichi, soy yo la que debería decir eso – respondió con una sonrisa.

Mientras sus labios se buscaban para otro beso, un extraño ruido en unos arbustos cercanos les interrumpieron. Voltearon de inmediato, sólo para encontrarse con Hotaru, que se había atorado dentro de su escondite mientras les espiaba...

- Este... yo... – murmuró con gesto tan gracioso que fue difícil enojarse con ella.

- Ven acá – dijo Sinichi, invitándola a formar parte de tan emotivo momento.

Hotaru salió de su incómodo escondite y corrió hacia la pareja, con quienes se unió en un fuerte y amoroso abrazo... preludio del inicio de su feliz vida como familia.

 

 

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