Hija de la Luna 3 Adiós
La pareja corría por el bosque a toda velocidad, después de encargarse del grupo que les disparó en los arboles. Sabían que pronto les perseguirían más, así que tenían que llegar lo antes posible a un escondite que tenían no muy lejos de ahí. Ya sabían qué era lo que pasaba...
"Ellos fueron los que metieron a Usagui a la cápsula" le dijo Ami a Rei, telepáticamente.
"Cierto. Y, ahora, quieren matarla"
"¿Némesis no es el planeta que más allá de los límites del Milenio de Plata?"
"Sí. Escuché que querían aliarse con este sistema solar, pero Serenity y Endymion se negaron a aceptarlos. Escuché rumores en la ciudad, que decían que en Centaury tampoco querían a ese planeta"
"¿Porqué?"
"Por ser muy agresivos"
Veloces como eran, no tardaron en llegar a su escondite: una cueva subterránea con entrada en un árbol hueco.
Ami, que traía a Usagui atada a su espalda, respiraba dificultosamente. Dejó a la bebé en el suelo y se sujetó el pecho. Su corazón apenas si pudo soportar la carrera, latía demasiado rápido, y le produjo un agudo dolor en todo el tórax. Mas no se quejó, no era la hora ni el lugar para mostrar debilidad, no cuando tenían la vida de un bebé en sus manos.
La condición de Rei no era uy diferente a la de su compañera. Su rodilla la estaba matando. Mientras corrían, claramente sintió cómo tronó algo dentro de su hueso. Por fuera no se veía nada, pero por dentro podía estar deshecho. Dudaba que pudiera hacer otra carrera de esas, sintió que ya no podría ponerse de nuevo de pie; pero no pensaba rendirse.
- No podemos quedarnos aquí – dijo Ami, en cuanto recuperó la respiración.
- Lo sé – respondió su compañera, vendándose la rodilla con un trozo de tela de sus propias ropas.
Usagui, como si comprendiera la situación en la estaba envuelta, mantenía el más perfecto silencio. Se limitaba a mirar a la pareja y jugar con su cobija. Por suerte, estuvo tranquila mientras corrían.
- De nada nos serviría matarlos a todos – comentó Rei – Mandarían tantos que no podríamos con todos.
- Además, tienen armas de fuego... incluso unas que jamás he visto.
- Sólo nos queda llevar a la coneja a la Luna y regresarla con su madre.
- ¡Ya sé!... Robemos una nave de esos soldados, no deben estar muy lejos de aquí.
Ami parecía entusiasmada con su plan. Rei sonrió a los pocos segundos, con ánimos recuperados, y asintió. Acordaron ir con más sigilo para no ser descubiertas y tener que huir otra vez. Sería cosa de niños robarse una nave, pero sus condiciones no era las adecuadas como para andar confiadas.
Se quedarían ahí hasta el anochecer, les sería más fácil actuar en la oscuridad y acabar con los guardias que se cruzaran en su camino...
Como en los viejos tiempos.
La única diferencia, es que ahora lo hacían por salvar una vida.
Rei tuvo que hacer uso de un fuerte té que actuaría como anestesia para su rodilla lesionada. Ami sólo tuvo que dormir un par de horas, con la bebé en sus brazos, para recuperar energías. Aún tenían suficientes mantas y comida para Usagui. Así que, por ella, no habría problema.
Después de comer y descansar, salieron de su escondite al meterse el sol.
Ami sujetó a Usagui fuertemente de su espalda, no quería perderla. Rei iba en la retaguardia, para evitar que nada ni nadie las sorprendiera. Sus molestias físicas eran mínimas en esos momentos, lo único que necesitaron fue algo de reposo: sólo esperaban llevarse una nave sin causar tanto escándalo o tendrían que hacer otra carrera... y, quizá, no resistirían de nuevo...
Con sus aparatos funcionando al cien por ciento, Ami exploraba los alrededores en busca de las naves de Némesis y de posibles peligros. No tardó en encontrar una docena de vehículos estacionados a un kilómetros de donde estaban. El problema era que, en su camino, había un centenar de guardias fuertemente armados. Muchas de esas armas le eran desconocidas, así que buscó una buena ruta que les alejara lo suficiente de los guardias.
Rei, que iba sujeta del cinturón de Ami, no necesitaba sus ojos para saber que había demasiados tipos en su camino, podía sentir sus presencias con toda claridad, saber por dónde se movían y leer cada uno de sus pensamientos. Tal como lo escuchó en la ciudad, ellos eran gente con sangre belicosa y altanera. No le sorprendió que no les importase matar a un inocente con tal de conseguir sus propósitos... Primero que tendrían que verla de frente y platicar con sus puños, antes de tocar a su Ami o a la coneja.
De pronto, ambas descubrieron que un grupo de guardias se acercaba.
"Yo me encargo, Rei, no es necesario hacer tanto escándalo"
"¿Me estás llamando escandalosa?"
"No precisamente"
Ami, por demás sonriente y con recobrada confianza, concentró su aura helada en su mano derecha. Tal acto no le robaba su energía corporal, no requería de gran esfuerzo crear una niebla. El vapor helado pronto comenzó a destilarse por su palma e inundar poco a poco el ambiente nocturno. Rei también encendió su aura roja para evitar que ella y la coneja, que dormía plácidamente, se congelaran.
En cuestión de minutos, un área de dos kilómetros a la redonda quedó totalmente cubierta con la niebla, impidiendo la visibilidad del grupo de guardias que se acercaba.
"¿Nos vamos?" le preguntó Ami a Rei, tomándole de la mano para guiarle por el bosque.
"A la hora que quieras" respondió, dejando que el aura de Ami cubriera la suya propia, para poder pasar aún más desapercibidas entre los guardias.
Mientras caminaban, no tardaron en tropezarse con decenas de cuerpos congelados. Ami aprovechó para echar un vistazo a las armas de los soldados de Némesis. Aunque complejas en su estructura, el brillante cerebro de la chica no tardó en entender su funcionamiento y uso... y grado de peligrosidad...
Ágilmente avanzaron entre la niebla y los arboles. Según los aparatos de Ami y el poder mental de Rei, no había ningún enemigo que les obstruyera el camino. En menos de tres minutos, llegaron a un enorme claro, donde estaban estacionadas una docena de naves compactas.
Ahora fue Rei quien concentró su aura cálida en esa zona en especifico para poder apreciar mejor las naves. En cuanto una parte de la niebla desapareció, encontraron una nave que ya estaba abierta y funcionando. Quizá estuvo a punto de despegar. Era perfecta.
La pareja se miró entre sí y sonrió.
Ya sin ningún apuro, se encaminaron a la nave...
Entonces, de pronto y sin previo aviso, sonaron una serie de descargas de un arma de fuego... un soldado había logrado despertar y, al ver al bebé que habían estado buscando, en la espalda de una de esas jóvenes, no dudó en disparar.
Después de las descargas del arma, sonó un fiero ataque de Rei, que mató al soldado y despedazo un buen trozo de bosque...
Rei cayó de rodillas, mientras una bocanada de sangre era expulsada de su garganta. Entre convulsiones de dolor, alcanzó a ver a Ami, que estaba tirada boca abajo en un naciente charco de sangre. Usagui lloraba. Rei fue consciente de que habían recibido la descarga de frente... Ella misma se colocó frente a Ami al escuchar unos ruidos, los trozos de plomo atravesaron su cuerpo y también dieron en el de Ami; quien, a su vez, hizo lo posible por cubrir a Usagui. La bebé estaba intacta.
La chica de fuego soltó unas lágrimas y comprobó que Ami estaba muerta... y sabía que no tardaría en ir tras ella. En otras circunstancias, hubiera estado feliz de morir a su lado, pero temía por Usagui. Tomó a la bebé en sus brazos y la meció con gentileza, hasta que dejó de llorar.
- Coneja, perdónanos, no pudimos llevarte con tu madre – le susurró con dulzura – Lo siento, ya no podremos proteger...
Rei desfalleció en el suelo, después de lanzar otra bocanada de sangre.
- Ami... – murmuró con un último aliento apagado.
Pasaron un par de minutos. Usagui trataba de reanimar a Rei, que aún le tenía entre sus brazos. Más no logró nada e intentó lo mismo con Ami, con igual resultado.
Comenzó a llorar de nuevo y se tiró sobre Ami, mientras un aura dorada, un poco débil al principio, emanaba de su cuerpo. El aura pronto cubrió a Ami y, segundos después, ésta abrió los... El aura se extendió aún más y también abarcó a Rei, quien igualmente comenzó a reaccionar.
Usagui las había revivido... y no sólo eso...
El visor de Ami se había despedazado con una descarga. Pero, la chica quedó anonadada al descubrir que había recuperado la vista por completo... y su brazo izquierdo... y, aunque no pudo verlo, también su corazón. Se incorporó, mientras Rei, igualmente sorprendida al sentir que la lesión que tenía en la rodilla estaba sanada, miraba a Usagui abrazarse de ella.
La pareja se miró por de más incrédula. Usagui tenía poderes sorprendentes. No tardaron en abrazarse, contentas y con Usagui entre ellas, y apresurarse a subir a la nave.
- Sigo sin creer esto – comentó Rei, que tenía a Usagui dormida en sus brazos – Es un milagro.
- Pienso lo mismo – respondió Ami, piloteando la nave con tremenda destreza – Estaremos en la Luna en veinticuatro horas, ésta nave es muy veloz.
- Bien.
Un prolongado silencio se hizo entre ellas, pero no fue incómodo en ningún momento... no cuando todo se lo decían con sencillos gestos o con el poder de su mente. Usagui quedó agotada después de resucitarlas, por lo que no despertó sino hasta varias horas después...
... sólo para pelear con Rei y hacer que Ami las regañara por no comportarse bien.
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Las fuerzas de Serenity y Endymion habían logrado repeler a la gente de Némesis en un par de días. Quizá, lo único que acongojaba a la pareja era el hecho de haber perdido a su primogénita. A su pequeña Serenity.
Era de noche en la Luna. Endymion estaba sólo en su estudio, demasiado deprimido como para querer ver a alguien más que a su esposa. Serenity estaba igual de ánimos que él, incluso peor. Se hallaba sentada en la cama de su dormitorio, abrazando contra su pecho una de las ropas de su hija. La habitación de la pequeña Serenity estaba adjunto al dormitorio real, su entrada no tenía puerta, por lo que se podía apreciar la soledad y el frío que se habían albergado ahí.
La reina ya no tenía más lágrimas y no podía seguir llorando.
Se levantó de la cama y entró el cuarto, quedándose de pie en el marco de la entrada. De pronto se mostró extrañada. La ventana que daba al balcón estaba abierta. Las cortinas de seda transparente se ondeaban con la fría brisa nocturna, formando extrañas figuras en su superficie.
Se disponía a cerrar la ventana, cuando un extraño balbuceo la hizo saltar de sorpresa. El sonido provenía de la cuna...
Con el corazón en la garganta, pensando que estaba enloqueciendo por la tristeza, se acercó a la cuna y, con ojos muy abiertos, descubrió lo que había dentro de ella... Su hija... sana y salva...
La pequeña río de contento y pidió los brazos a su madre, quien no acababa de creer lo que veía... Lloró de nuevo, ahora feliz, al cargar a su pequeña y comprobar que no era una alucinación.
- ¡Endymion, ven pronto! – gritó la reina llena de júbilo.
Pronto, todo el castillo celebraba la milagrosa aparición de la princesa.
Desde la ventana, la pareja de ex-asesinas contemplaba el escenario con inmensa satisfacción.
"¿Nos vamos?"
"A la hora que quieras, Ami"
Antes de irse, echaron un último vistazo al interior del palacio. Notaron que su pequeña Usagui les miraba y sonreía. Le sonrieron, también, y le dijeron adiós con una seña; antes de desaparecer con el viento...