Hija de la Luna 2 La verdad

 

 

 

- ¿Y esto con qué se come?

- Rei...

- Yo sólo preguntaba... ¿uh?... ¡Oye, no la cargues!

- ¿Porqué no?... Es sólo un bebé.

- Eres demasiado confiada, Ami.

La peliazul negó con la cabeza, un poco exasperada y sacó al infante del cráter. Rei fue tras ella, bastante malhumorada por la extraña situación. Regresaron a su campamento y Ami cubrió al bebé con una de las mantas.

- ¿Cómo demonios llegó aquí? – se preguntó la chica de fuego, observando al bebé como si fuera una cosa de lo más extraña.

- Creo que alguien quería que se perdiera...

- ¿Sus padres?

- Tal vez... pero... siento que ya antes he visto esos ojos... ¿tú no?

- Si, pero no recuerdo dónde.

- Ni yo.

De pronto, el bebé comenzó a llorar sin motivo aparente.

- Rayos... ¿cómo hacemos para que deje de llorar?

- Yo... creo que tiene hambre, Rei.

- ¿Hambre? No hay problema, deja ver qué tenemos aquí...

- No, Rei, necesita leche.

- ¿Leche?... ¡¿De dónde demonios vamos a sacar leche?!

Ante el grito de la chica de fuego, el bebé lloró más fuerte. Ami le mandó una reprobatoria mirada a su compañera y meció suavemente al bebé, tratando de tranquilizarlo. Rei miró la escena con unos celos que jamás había sentido. Se cruzó de brazos y desvió su mirada a un grupo de arboles, molesta. Pero no tardó en volver sus ojos oscuros hacia su compañera, que tarareaba una melodía cual canción de cuna; lo que por fin calló al infante.

Rei conocía esa canción...

... era la misma que ella le cantaba a Ami cuando eran niñas y vivían en Marte, antes de conocer a su maestro Tenou...

Cielo por tu luz, por esa caricia

Yo sería capaz de rendir mi ser

Ya no tiene caso mirar hacia otro lado

Todo lo que quiero lo encuentro en ti

Era esa canción.

La que le cantaba al oído mientras le abrazaba, después de la cruel jornada del día. Dormían bajo un árbol, dándose calor entre sí. Ami lloraba por semejante vida que sufría, pero Rei se negaba a llorar y abrazaba a Ami más fuerte, para consolarla con esa canción.

- Ami... – murmuró Rei, con el sentimiento ahogándola.

Su amiga le miró, mostrándole una nostálgica sonrisa. Al parecer, Ami también recordó todo lo que significaba esa canción para ellas. Depositó al bebé en el suelo y se acercó a Rei para abrazarla. La chica de fuego correspondió el gesto.

- Funcionaba conmigo – le dijo al oído, para después preguntarle – ¿Estas celosa?

- Sólo un poco... – respondió con un murmuro.

- Rei, éste bebé nos necesita. No podemos dejarlo a su suerte.

- Lo sé. Es sólo que no me gusta que me ignores.

- Jamás lo haría.

Rei se sonrojó al sentir un beso en su mejilla, que no tardó en buscar su boca.

- ¿Ami? – alcanzó a decir, antes de ser callada por un dulce y corto beso de Ami.

Para cuando la peliazul se separó de Rei, la chica de fuego estaba completamente ruborizada. Ami sonrió con timidez, pero no dejó de abrazarla, al contrario, la abrazó apretó más fuerte contra sí. Rei le besó de nuevo, emocionada, pero su beso fue más largo que el primero que le diera Ami. Ahora ansiosa, se recostó sobre su compañera y profundizó el beso... cuando un llanto del bebé les interrumpió.

Con gesto molesto, Rei se incorporó y le ayudó a Ami a levantarse. Ami cargó al bebé, de nuevo, y le sonrió a su pareja.

- Rei...

- ¿Qué?

- ¿Podrías conseguir algo de leche?

- ¡¿Qué!?... ¡¿Y cómo voy a hacer eso?!

- Por favor... – le suplicó y, para completar, le besó con todo lo que tenía por un rato – ¿Sí?

Rei se recuperó del beso con un suspiro. Miró a Ami, malhumorada, y se agachó para buscar una botella vacía en su mochila. Quién sabe qué tanto murmuraba, lo que hizo vivir a Ami.

- Chantajista... me las van a pagar tú y esa cosa – les amenazó, perdiéndose en la oscuridad de la noche.

Ami sólo sonrió y lanzó un enamorado suspiro. Se sentó junto a la fogata, tratando de analizar los rasgos del bebé; de verdad le resultaban muy familiares sus ojos. Le quitó los estropajos que traía como ropa y descubrió que era una niña; aunque ya lo había sospechado al ver su singular peinado. Su cabello corto era rubio, un tono bastante brillante; lo que le hizo pensar que era hija de noble cuna, amarrado en dos graciosas coletas. Parecían las orejas de un conejo.

- ¿Un conejo? – pensó, divertida.

Continuó su análisis. Sus grandes ojos eran azules y rebozaban de vida.

En tanto, la bebé parecía bastante entretenida tratando de agarrar el visor de Ami. Hacía pucheros al no lograrlo, mas no se rendía y seguía intentándolo. Entre su interés por el visor, también jalaba la ropa de Ami, mientras balbuceaba cosas ininteligibles. La joven le calculó caso un año de vida, pues gateaba bastante bien, lo supo al dejarla en el suelo un rato; cuando la curiosa niña iba en dirección a unos arbustos.

Tal vez en la cápsula encontrarían más pistas sobre la identidad del bebé.

Después de largo rato, escuchó unos furiosos pasos acercarse y supo que era Rei; que no tardó en aparecer en escena. La pobre estaba zarandeada, sucia, con ramas en el cabello, cansada y con cara de pocos amigos. Ami trató de contener la risa, para no hacerla enojar, pero la bebé le miró y comenzó a reír mientras aplaudía; cosa que enfureció a Rei.

- ¡Tienes tres segundos para esconder a esa cosa! – gritó, yéndose sobre la niña, pero Ami le retuvo suavemente por el pecho.

- Shhhh... tranquila...

Después de un resoplido, Rei pareció serenarse. Se sentó junto a Ami y le entregó la botella llena de leche tibia. Ami improviso un biberón, cubrió bien a la bebé y le dio la leche. Por fin, la bebé se quedó tranquila mientras disfrutaba su alimento.

- ¿Cómo la conseguiste?

- Sólo te diré dos cosas – respondió con apatía – Uno: nunca separes a un cervatillo de su madre cuando este comiendo... Dos: nunca separes a una cierva de su hijo cuando le esté dando de comer.

- Estás toda rasguñada.

- Y golpeada, mareada... ese endemoniado crío me dio de cabezazos hasta cansarse.

- Ven, deja te curo.

Le quitó la blusa y descubrió decenas de moretones en su espalda, costados y brazos. Rei se mantuvo quieta, de vez en cuando liberaba algún quejido cuando Ami le palpaba su espalda en busca de más heridas.

- ¿No te lastimaron las piernas? – le preguntó, colocando unas compresas frías sobre los moretones.

- No, ouch, no te preocupes.

- Bien...

Pasaron algunos minutos en silencio. De pronto, Rei se sobresaltó al sentir algo húmedo y tibio en su espalda. No pudo ver nada, pero adivinó qué era... la lengua de Ami, que lamía sus rasguños y las heridas que sangraban un poco. Cuando niñas, después de entrenar, o incluso antes, al terminar su trabajo en el campo, descubrieron que la saliva les ayudaba a curar sus heridas... así que no era raro que se curaran entre sí... pero hacía tanto tiempo que no lo hacían. Se estremeció un poco y lanzó un suspiro, mas no dijo nada.

Entonces, Ami abrazó por la espalda y le dio un beso en el cuello. Rei sonrió.

- ¿Qué te parece Usagui? – le preguntó al oído.

- ¿Uh?

- Podemos llamar Usagui a la bebé... parece un conejo.

Ami escuchó algo así como un gruñido... era un ‘sí’ de Rei.

- ¿Nos dormimos? – volvió a preguntarle – Ya es tarde.

- De acuerdo.

Se liberó del abrazo para ponerse su blusa, pero una sonrojada Ami se lo impidió. Rei comprendió el mensaje, igualmente ruborizada. Con lentitud, Rei acercó su rostro al de Ami, se abrazaron, y la chica de fuego completó el acto besando a Ami. Pero, como si de una maldición se tratase, algo las interrumpió... Una botella vacía voladora se estrelló contra la cabeza de Rei...

- ¡Ouch!

Volteó, sólo para ver que Usagui era la culpable, y que reía y sonreía por su gracia. Ami trató de contener la risa, mientras la furia de Rei crecía.

- ¡Ahora sí la mato! – gritó, lanzándose sobre la bebé, pero Ami se abalanzó contra Rei y la agarró por la cintura, impidiendo que despedazara al infante – ¡Suéltame!

Pero Ami logró prensarla entre sus brazos... Y así, entre peleas, apenas si pudieron dormir.

Al amanecer, levantaron el campamento y decidieron analizar la cápsula en la que Usagui había llegado. El material les era desconocido, por lo que dedujeron que no pertenecía al Milenio de Plata.

- Tal vez pueda saber de dónde despegó la cápsula – dijo Ami, preparando su visor y su computadora para el análisis – ¿Cuidarías de Usagui un rato, Rei?

- ¿Qué? – preguntó, molesta. Miró a la bebé con desprecio. Usagui tampoco parecía muy feliz con la idea - ¿Quieres que cuide de la coneja?

- Por favor, Rei – fue lo último que dijo, antes de plantarse junto a la cápsula y comenzar a trabajar.

La chica de fuego lanzó un largo suspiro e hizo caso a su compañera. Por una hora, ella y Usagui se la pasaron peleando. Rei insultaba a Usagui y Usagui le jalaba el cabello a Rei, le babeaba la cara y mordía las manos. Ami aunque estaba concentrada en su trabajo, mantenía cierta atención en lo que hacía ese par de locas, tenía que evitar que se mataran.

Entonces, después de dos horas de trabajo, supo qué secretos escondía la cápsula.

- Proviene de la Luna – dijo de repente, Rei dejó de pelear con Usagui – La cápsula despegó de la Luna.

- ¿Uh?... ¿Quieres decir que la coneja viene de la Luna? – preguntó con sorpresa. Ami asintió – ¿Qué más encontraste?

- Esto – respondió, mostrándole una pequeña cadena con una placa dorada – Debe ser de Usagui – lo supuso por el reducido tamaño del objeto – Y tiene la insignia de la familia real... Rei... Usagui debe ser la hija de Serenity.

- ¡¿Qué?!

De pronto, unos lejanos pasos que se acercaban las alertaron. Un grupo de personas estaba por llegar. Haciendo gala de sus habilidades, ambas se escondieron en la copa de un gran árbol frondoso. Ami cargó a Usagui, procurando que ésta mantuviera el más perfecto silencio. Cinco sujetos aparecieron en la zona del cráter.

- Está viva – dijo uno de ellos – Tenemos que encontrarla y matarla.

Al escuchar eso, se miraron entre sí, sorprendidas. Mentalmente planearon un escape, pero su idea se echó a perder cuando Usagui manoteó una de las ramas secas.

- ¡¿Quién está ahí?!

- ¡Disparen!

 

 

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