Fantasmas del olvido 3 Siempre te protegeré

 

 

 

- ¿Qué me respondes? – preguntó Minako, furiosa como nunca antes lo había estado – ¿Tu vida por el antídoto?... ¿O te mato y de todos modos me quedo con él?

Neflyte no creía que ella hubiera reaccionado así... En lugar de ceder, como lo tenía planeado, estaba dispuesta a luchar por Makoto. No sólo era eso, su aura era extremadamente fuerte. Se puso nervioso, no esperaba que la pareja de Makoto fuera una chica... y menos una tan brava. Pero no podía mostrarse intimidado ante ella.

- Makoto morirá en una hora – dijo a manera de amenaza – Vete de aquí y yo la curaré.

- Puedo escoltarte hasta el infierno en dos minutos – respondió Mina, sin sentirse amedrentada por las palabras de su rival – Uno, si me haces enojar.

- Si es eso lo que deseas, adelante – respondió Neflyte, decidido a deshacerse de la chica.

- Tú lo has dicho – finalizó Minako, incorporándose lentamente.

Neflyte se había atrevido a lastimar a Makoto, y eso nunca se lo perdonaría. En una hora ya no quedaría nada de él, ni siquiera el recuerdo de su pusilánime presencia. En silencio, le indicó que su pelea sería afuera. Ambos salieron a la playa.

Frente a frente, a una distancia considerable uno del otro, se encararon. El aura de Minako crecía conforme miraba más a Neflyte. Ese tipo era un verdadero enfermo. Le pareció abominable que envenenara a Makoto sólo para saciar su orgullo... y después botarla, de nuevo. No podía permitir que semejante parodia de hombre anduviera libremente por ahí. Estaba segura de que Neflyte había jugado con muchas otras mujeres durante esos largos años... pero Makoto no sería su víctima de nuevo, primero tendría que matarla para poder llegar a Makoto.

Neflyte, asombrado por el tamaño del aura de Mina y la furia en su rostro, pensaba en cómo pelear con ella. En la Luna únicamente le mencionaron que, cuando Makoto fue a pelear contra Haruka Tenou, acompañada de la capitana Meiou y su discípula Tomoe; una ninja se le había unido en el último momento. Seguramente esa ninja era la chica frente a él. Lo que nunca le mencionaron, era que la ninja fuera su novia o algo por el estilo. Tal vez una agresión psicológica serviría...

- ¿Makoto nunca te dijo que la hice mía antes de que me fuera? – le preguntó, por demás confiado y sonriente con su mentira.

La pregunta hizo enfurecer más a Minako, pero su rostro no tardó en tornarse burlón.

- No, por que eso no es cierto. Ella no diría eso ni de broma – respondió, adivinando de inmediato el plan de su contrincante – Makoto es mía... y sólo ha sido mía... eso lo sé muy bien. ¡Tus mentiras no van a tomarme por sorpresa!

Hecha la advertencia, y precedida por el furioso choque de una ola contra un risco, se lanzó sobre el atrevido, dándole un certero golpe en el estómago y otro en el rostro... antes de que él tuviera tiempo de parpadear.

Neflyte fue a parar a diez metros de su sitio original, sin aire y con la nariz rota. Mina no era tan fuerte como Makoto, pero sí lo suficiente como para mandar a volar a ese sujeto. Ese pobre diablo no le serviría ni para el arranque. No era más que un perfecto fanfarrón.

Con la furia encendida, Minako se encaminó lentamente a Neflyte, quien seguía retorciéndose en la arena. Lo pateó con todas sus fuerzas, haciéndolo rodar una buena distancia.

- Yo me encargaré de que no vuelvas a jugar con ninguna otra chica- dijo con voz amenazante, asestándole otra fuerte patada en el costado – Ahora entiendo porqué Makoto no quería verte ni en pintura... eres una maldita sabandija...

Entre insultos y golpes acabó con Neflyte, sin que éste pudiera defenderse ni meter las manos.

Aprovechando que seguía tirado, encontró el antídoto entre sus ropas. Era un pequeño frasco con líquido transparente, apenas suficiente para un trago. Guardó el frasco en una bolsa de ropa y continuó apaleando a Neflyte. Si, tan siquiera, le hubiera dado pelea, no se sentiría tan enojada como lo estaba en ese momento.

Creyó que, por el hecho de haber entrenado al lado de Makoto, sería más fuerte; o por lo menos, mostrado una buena resistencia. Era increíble: fanfarrón, cobarde, mujeriego, abusivo, mentiroso, débil, dos caras... Se preguntaba cómo demonios había conquistado y engañado a tantas chicas (que podía jurar que lo había hecho)... y descubrió a qué se debía: su rostro. No podía negar que era guapo y de buen porte. Incluso ella, de estar en otras circunstancias, también habría caído en sus redes. Era una buena arma... y decidió quitársela.

Esperó pacientemente a que tratara de incorporarse. La espera duró varios minutos, por que el tipo no podía levantarse. Neflyte estaba tan golpeado que apenas si podía pensar con claridad. En ningún momento creyó que su rival fuera así de fuerte y hábil. El primer golpe ni siquiera lo vio llegar, los siguientes sólo pudo sentirlos. Lo único que le alegraba, era que su plan original había funcionado... la ninja ya no tendría a Makoto...

Logró incorporarse después de unos minutos y encaró a su rival, dispuesto a decirle que él había ganado la pelea.

- Yo vencí – murmuró, aún con la boca rota.

- ¿Uh?... ¿de qué diablos hablas? – preguntó, extrañada.

- ¿Recuerdas que te dije que Makoto moriría en una hora?

Minako asintió, con un mal presentimiento.

- Te engañé... en realidad, eran cinco minutos...

Ante esa confesión, Mina sintió que un sudor frío le recorría la espina dorsal. No pudo verse, pero supo que estaba pálida. Ya había transcurrido diez minutos, o más, desde que Makoto perdió el conocimiento. Ver el gesto triunfante de Neflyte la hizo enfurecer.

- ¡Maldito, nunca te lo perdonaré! – gritó Minako, llorando – ¡Golden Chain!

La cadena dorada fue directa a la cara de Neflyte, pero ya no tuvo tiempo de ver las consecuencias de su ataque... Corrió a su casa, aterrada. Makoto seguía tirada y su piel había perdido su tono tostado. Sus labios estaban azules.

- ¡Makoto! – lloró, abrazándola y agitándola, tratando de hacerla reaccionar.

Mas no hubo ninguna respuesta. Estaba algo fría.

- ¡No, Makoto!... ¡No mueras!

Sostuvo a Makoto con un brazo, y con el otro sacó el antídoto y lo destapó con los dientes.

Vertió un poco del líquido en sus labios, pero éste sólo escurrió. Se asustó, mas trató de mantener algo de calma. Bebió el líquido, sin pasárselo; con su mano libre abrió la boca de Makoto y se acercó a su rostro.

De boca a boca le dio a beber el antídoto. Con su aliento logró que pasara por su garganta. Mantuvo sus labios unidos a los de ella por un buen rato, hasta que, feliz, sintió que Makoto comenzaba a convulsionarse en busca de aire.

- Makoto...

La guerrea comenzó a toser. Minako la recostó y masajeó su pecho para ayudarle a respirar. No pudo evitar llorar de contento. Makoto era muy fuerte y un veneno no la tiraría tan fácilmente. Esperó a que ella comenzara a reaccionar, que fue después de unos minutos.

- ¿Makoto? – le llamó al oído, acariciando sus mejillas mientras, en las suyas, corrían decenas de lágrimas.

- ¿Mina? – murmuró la guerrera con algo de trabajo.

- Aquí estoy... No te preocupes, estarás bien. Ya me encargué de Neflyte – continuó Mina, besándole la frente.

- ¿Fue él? – le preguntó.

- Si, pero ya no tienes nada de qué apurarte, le di una lección.

- Bien hecho.

Makoto esbozó una sonrisa apenas perceptible. Sus mejillas, antes pálidas, poco a poco recuperaban su color original. Intentó levantarse, pero aún no tenía suficientes energías. Minako le sostuvo con firmeza y la llevó hasta la cama para que durmiera un poco y se repusiera.

- Descansa, Mako, yo iré a verificar que Neflyte ni siquiera pise el planeta Tierra en lo que le queda de vida.

La alta chica asintió débilmente con la cabeza y cerró los ojos. Confiaba en Minako. Su chica era muy fuerte y Neflyte no le haría nada. Podía apostar que ese canalla jamás olvidaría el rostro de Minako. Nunca. Volvió a sonreír al escuchar que Mina salía de la casa de nuevo. Mina se encargaría de todo, estaba segura.

Sentía que sus músculos lentamente se relajaban y dejaban de doler. Nunca había probado un veneno tan potente como ese, podía apostar que no era del Milenio de Plata. Makoto podía presumir de conocer todos los venenos, antídotos y hierbas del sistema solar. Seguramente, provenía del reino vecino, últimamente muy mentado por sus pláticas de intercambio comercial con Serenity y Endymion. Lo que quería decir que Neflyte estuvo en Centaury.

Sus párpados comenzaron a transformarse en pesados lastres, impidiéndole mantener los ojos abiertos. No tardó en dormirse, mientras, afuera...

... Minako contemplaba un charco de sangre mezclado con arena, y un par de huellas de botas a lo largo de la playa.

Aquellos pasos bien pudieron haber sido los de un ebrio, pero la rubia sabía que eran del maltrecho Neflyte y, si bien no dejó ninguna en la arena, también de su inútil orgullo que llevaba a rastras.

- ¡Makoto está viva! – gritó en dirección de las huellas - ¡Está viva!

Ya no volvería a dar la cara ante nadie, eso era seguro... por que se encargó de marcársela para siempre...

La Cadena Dorada fue a dar a su rostro. Y, por lo poco que apreció del golpe, apostaría que le dejó tuerto, deforme y sin una oreja... De haberle dado de lleno, lo habría matado...

Pero esa no hubiera sido una buena opción. El malnacido ese tenía que pagar sus culpas con la humillación de verse como un monstruo...

Minako le sonrió al atardecer, el trabajo estaba hecho. Cumplió su promesa, y así lo haría hasta el día en que tuviera que dejar ese mundo: proteger a Makoto. Se lo había dicho antes y ahora lo reiteraba al atardecer: protegería y cuidaría de su amor, de Makoto.

Un destello proveniente de la arena le llamó la atención. Los rayos del sol chocaban contra algo metálico. Se acercó y descubrió un medallón de oro muy hermoso. Se sorprendió bastante al encontrar que tenía grabado el nombre de Makoto. Entonces, quería decir que lo tenía Neflyte... y lo tiró antes de irse. Tenía unas manchas de sangre, las cuales lavó con el agua del mar. Lo que jamás podría adivinar, era si se trató de un acto accidental o consciente.

Lo que fuera, le dijo que él jamás regresaría a molestarlas.

Conservó el medallón y regresó a casa; mientras la marea se llevaba, para siempre, la mancha que Neflyte había dejado en la arena. Al entrar, vio que Makoto dormía plácidamente. Ya había recuperado su color tostado del sol, sus labios de nuevo parecían fruta madura.

Sonrió. Se acostó junto a Makoto y la abrazó por la cintura.

Sonrió aún más al darse cuenta de que su aniversario sería en una semana... y ya tenía un regalo perfecto qué darle.

- Te amo – susurró tan bajo como pudo, tratando de no despertarla, pero...

- Yo también te amo, Mina – respondió Makoto, encarándola y correspondiendo el abrazo.

- ¿Mako?... Se supone que deberías estar durmiendo – le regañó, llorando, sin querer.

- No puedo dormir sino te tengo cerca – explicó cual niña pequeña, mirándole con ojos dulces.

- Mentirosa... – reprochó.

Makoto liberó una mano para secar el rostro de Mina, y volver a reanudar el abrazo. La cercanía le permitía percibir el aliento afiebrado de Makoto, buen signo de su recuperación. Se dieron un breve beso, antes de dormir.

Mañana, todo volvería a ser como antes, y aún mejor.

Y, mientras ellas dormían, una silueta, una especie de fantasma, caminaba lastimosamente por la espesura de la noche. Su vista, dividida por la mitad, apenas si podía evitar que chocara con un árbol. Una larga estaca le ayudaba a arrastrar sus pasos.

Nada pasaba por mente... nada por su corazón...

La sangre que escurría por su rostro se llevaba el orgullo... Había perdido... lo supo cuando escuchó que Makoto estaba viva.

Caminó por una hora hasta llegar a un claro donde estaba su fría y gris nave esperándole... Sintió que la nave le miraba con lástima, antes de burlarse de él y su penoso estado. Pateó al cuerpo metálico, antes de abordarlo. Ya nada tenía qué hacer ahí...

El motor rugió, haciendo despegar la nave.

Y pronto, esa silueta...

... ese fantasma...

... se perdió en el olvido para siempre...

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1