Fantasmas del olvido 2 Veneno
- Makoto... – murmuró Neflyte con gesto incrédulo.
- Vete de aquí – dijo de forma cortante – Aléjate de mi vista.
Le dio la espalda y caminó en dirección contraria a él, con la clara intención de irse. Neflyte seguía paralizado, no esperaba que ella reaccionara de esa manera... pero Makoto no podía irse así como así... ninguna mujer se le había escapado antes, y Makoto no sería la excepción.
Corrió hasta ella barajando su última jugada...
La guerrera sintió que él le jalaba bruscamente del brazo y le obligaba a voltear. Por la sorpresa, Makoto apenas si se percató cuando el rostro de Neflyte quedó frente al suyo. Por fortuna, alcanzó a reaccionar antes de que los labios de Neflyte tocaran los suyos.
- ¿Mmm? – se separó de la boca de Makoto, molesto - ¿Pero qué... – al descubrir que había escondido sus labios instantes previos al contacto. Ella lucía muy enojada... enfurecida...
- ¡¿Cómo te atreviste?! – le gritó con los ojos encendidos de furia, antes de soltarle tremenda bofetada que lo tiró sobre la arena.
Makoto alzó la mirada al sentir un dulce aroma femenino en el aire. Volteó de inmediato, asustada, y apenas vio una mata de pelo dorado alejarse... Oh, no... Minako los había visto...
- Oh, diablos... – masculló, todavía más enfurecida con ese Neflyte.
- Ugh... Makoto – murmuró, tratando de ponerse de pie, pero no lo logró, aquel golpe le fue propinado por una de las personas más poderosas del Milenio de Plata - ¿Es que hay alguien más?
- Sí – respondió – alguien a quien amo demasiado y que jamás jugaría conmigo – explicó un tanto alterada. Tenía que alcanzar a Minako y aclarar las cosas.
No esperó por ninguna reacción y corrió para alcanzar a Mina, que seguramente estaba destrozada por la confusión.
- ¡Makoto, espera!
Pero no le hizo caso y se perdió en la espesura. El rastro de perfume era su mejor pista para encontrar a Minako, sólo esperaba que ella se prestara a platicar, era demasiado sensible; y nunca habían estado en una situación así. Por suerte no se encontraba tan lejos de ella, la alcanzaría en un par de minutos.
- Voy a matar a ese idiota – murmuraba con molestia – Primero debo encontrar a Minako.
No tardó en verla, llorando, recargada en el tronco de un árbol. Lanzó un silencioso suspiro y se acercó a ella, sin hacer el más mínimo ruido. Le acarició el cabello, haciéndola saltar de sorpresa. Minako de inmediato dio media vuelta. Lucía entre triste, molesta y desilusionada. No hizo ningún intento por escapar ni nada por el estilo, sólo bajó sus ojos llorosos y de nuevo le dio la espalda, secándose las lágrimas de paso.
- Minako... no es lo que piensas – le dijo, tratando de encontrar las palabras correctas.
- Entonces... ¿qué fue todo eso, eh? – le preguntó con tono desilusionado.
- Por favor, vamos a casa y déjame explicarte todo.
- Makoto... te estabas besando con ese tipo... no hay nada qué explicar – refutó con enojo.
- No lo besé – aclaró, seria y molesta – Él quiso besarme, yo no lo dejé... escondí mis labios antes de que los tocara.
La aclaración pareció tranquilizar a Minako, que por fin dejó de llorar y se volvió hacia Makoto, comprendiendo que todo eso había sido una simple confusión circunstancial, que Makoto era inocente de ese asunto.
- ¿Nos vamos? – le preguntó, abrazándola – Perdóname, por favor, no fue mi intención lastimarte así... debí haberle roto la cara antes de que se me acercara.
- Es difícil enojarse contigo, sabes – dijo dulcemente, regresando el abrazo – Fue mi culpa por haber venido así nada más.
- ¿Y a qué venías, eh? – volvió a preguntarle, inclinándose para besarle la mejilla; ya más tranquila al ver que ya no habría ningún problema con su bella diosa de ojos azules.
- Encontré un bellísimo lugar no muy lejos de aquí, vine por que quería mostrártelo...
Makoto sonrió, tomó el rostro de Minako y la besó con inmensa pasión. Abrió su boca y, con su lengua, logró que Mina le abriera paso a través de sus labios. Tocó su lengua con la suya, dejando que se rozaran y mezclaran, casi hasta fundirse. La rubia correspondió ese hambriento beso, feliz de que Makoto seguía siendo SU Makoto. Su boca tenía su sabor, lo que quería decir que lo que Makoto le dijo era verdad, él no la había besado en serio.
La alta chica sintió que el deseo le llenaba la sangre conforme el beso se prolongaba. Poco a poco, su mente borró momentáneamente a Neflyte, concentrándose sólo en su verdadero amor: Minako. La cargó por la cintura y la recargó contra el tronco del árbol, sintiendo que las piernas de Mina le rodeaban la cintura.
- No sabes cuánto te deseo, mi amada Minako – le susurró, con sus ojos chispeando de pasión – Tú eres la única para mí... te amo más que a nada en este mundo. Y no te cambiaría por nada ni por nadie.
- Sí, lo sé – respondió ella, apenada – No sé cómo pude dudar de ti... Discúlpame...
- No, eso ya no importa... sólo dime dónde está ese lugar, ¿sí?
Minako le besó una vez más, antes de responderle.
- Claro – contestó, también poseída por el deseo – Bájame y te llevo.
Makoto cumplió la petición y dejó a Mina en el suelo, pero sin dejar de abrazarla y robándole besos cada cinco o diez metros camino a ese lugar.
- Así sí vamos a llegar – bromeó Minako.
- No hay prisa...
***** ***** *****
Neflyte apenas se estaba recuperando de aquel golpe que le propinó Makoto. Había escuchado que Makoto era la persona más fuerte de todo el Milenio de Plata, pero no tenía idea de cuanto... incluso, su fama llegaba más allá de ese sistema solar...
Le tomó media hora tratar de levantarse.
Milagrosamente no lo mató con ese golpe, que ni siquiera fue un golpe, sino una simple bofetada de mujer despechada.
- Makoto... no me iré así como así – dijo entre sus pensamientos, aún sorprendido.
Por alguna razón, creyó que Makoto seguía siendo la niña ingenua a la que dejó hacía tantos años... pero no... Ahora era más grande, fuerte y lista... Y ya tenía a quién amar.
No...
No se iría así nada más, derrotado. Tenía que saber quién le había arrebatado el corazón de Makoto... vencería a ese alguien y le demostraría a Makoto quién era el mejor.
Y, así, seguramente, ella regresaría a su lado...
... no podía fallar...
Aún mareado por la bofetada, caminó por la playa en busca de un lugar para quedarse esa noche. Al amanecer tenía planeado recuperar a Makoto y encargarse de esa persona.
***** ***** *****
- Así que, ¿es tu ex–novio?
- Sí... No sé cómo me encontró... No es más que un perfecto desgraciado...
Minako sonrió y besó el mentón de Makoto en un afán de tranquilizarla. La chica estaba furiosa. Desde que salió el sol, hacía una hora, había dicho más de veinte palabras insultantes contra Neflyte, veintiuno con ese último "desgraciado". La abrazó y acarició su rostro, dedicándole una dulce mirada.
- ¿Crees que ya se haya ido? – le preguntó.
- Lo dudo. Es un tipo obstinado y no se irá así nada más.
- Bueno... ¿porqué habría de quedarse, si sabe que ya no tiene ninguna oportunidad contigo?
- No sé, pero, puedo asegurarte que seguiremos viéndolo. Temo que nos cause problemas.
- Oh, no, eso no... Eres mi chica y no dejaré que ese vago te moleste. Por algo soy la gran Minako Aino.
- Sí, sí, como tú digas...
Bastante divertida, Makoto le besó la frente, pero no tardó en buscar sus labios. Minako accedió a la silenciosa petición y dejó que su boca se encontrara con la de Makoto.
Habían pasado la noche en la cueva que descubrió Minako, estaban recostadas en una enorme roca plana que les sirvió como cama, como sábanas usaron sus ropas y, como cobijo, sus propios cuerpos. Minako, recostada sobre Makoto, besó el cuello de ésta y, poco a poco, sus labios comenzaron a descender por esa cálida piel bronceada. La escuchó suspirar y sonrió en sus pensamientos. Detuvo sus besos y, de nueva cuenta, se colocó a la altura de Makoto.
- Lo digo en serio, Mako... Debo protegerte de ese tipo, tú, ya no te preocupes, ¿de acuerdo?
- De acuerdo, Mina. Haré lo que tú me pidas.
- Bien, así me gusta – dijo de forma graciosa.
- ¿Oh, sí?
- Sí... me gusta que me obedezcas...
- ¿Qué te obedezca?
- Y que me beses... y me abraces...
Después de una ligera risa, Makoto besó la frente de Mina y se giró sobre ella para poder levantarse. Minako hizo pucheros cual niña pequeña, pero se sonrió de inmediato al ver que Makoto se metía al agua y le invitaba a hacerle compañía con un sensual gesto.
- Bañémonos antes de regresar a casa – propuso Makoto.
- De acuerdo.
- Podemos desayunar en el camino.
- Me parece bien... ¡Oye, me tocaba hacer el desayuno!
- Lo sé.
- ¡Eres mala, no te gusta como cocino!... ¡Eres muy mala!
Makoto comenzó a reír de lo más divertida, mientras que Mina se cruzaba de brazos en señal de molestia. La alta chica abrazó a su novia, a pesar de que ésta, inútilmente, trató de negarse al gesto.
- Tienes razón, soy mala... ¿qué piensas hacer al respecto? – le preguntó con un insinuante tono de voz.
Minako captó el mensaje y le sonrió sensualmente.
Un par de horas después, la pareja salió de su nuevo escondite camino a su casa. Makoto parecía de mejor humor, y Minako la mujer más feliz de todo el mundo; al menos eso decían sus sonrisas. Se detuvieron a mitad del trayecto para recoger algo de fruta. Makoto cazó un par de aves. En cuestión de minutos estuvo listo el desayuno, el cuál Makoto preparó en su mayoría, lo que le ganó un par de besos de reproche por parte de Mina.
No tardaron en llegar a su casa.
Mientras Minako buscaba algo de ropa para cambiarse, Makoto abría la alacena para sacar su botella favorita de sake y un par de vasos. Sirvió la bebida y le dio su vaso a Mina, dándole un pequeño sorbo al suyo.
Aún indecisa sobre qué ponerse, Minako iba a beber de su vaso cuando un manotazo de Makoto le tiró la bebida. Sorprendida, miró a Makoto, que sudaba copiosamente y apretaba los dientes con fuerza. Un tambaleo suyo hizo que Mina se apresurara a sujetarla.
- ¿Makoto? – preguntó, asustada.
- Mina, por favor, no comas ni bebas nada que esté aquí... – le pidió con tono forzado, antes de desvanecerse en brazos de su novia.
- ¡Makoto! – gritó, ahora aterrada. La guerrera presentaba una fiebre altísima – ¡Makoto!
- ¿Así que fuiste tú quien me robó a Makoto? – preguntó una masculina voz desde la puerta. Era Neflyte.
- ¡Maldito, tú le hiciste esto a Makoto! – exclamó con furia, dejando a la guerrera en el suelo.
- Está envenenada – advirtió con tono sombrío – Sólo yo tengo el antídoto... o dejas a Makoto o ella muere...
- Tengo una mejor idea... Dame el antídoto y no te mataré – propuso, encendiendo su aura naranja.