Fantasmas del olvido 1
Eso que ya no era
Fue una mañana muy lluviosa aquella, tanto, que la arena de la playa se había transformado en arena movediza. No pudieron salir ese día, pero no fue tan malo, contemplar las gotas de lluvia por la ventana, desde la comodidad de los brazos de Makoto, bastó para pasar una agradable tarde.
Ya casi se cumplían dos años de su estancia en la Tierra y aún no planeaban nada para celebrar su tercer aniversario. Minako recordaba, con inmensa felicidad, que en su primer año, poco antes de pelear contra Haruka Tenou, Makoto le había preparado un enorme banquete. Ahí fue donde descubrió por primera vez la excelente cocinera que era Makoto. El año pasado, entre las dos planearon una romántica cena y un baile en la ciudad que se encontraba a un par de horas en bote. Suspiró al recordar que esa misma noche hicieron el amor en un bello claro de la isla que no habían descubierto antes, al aire libre y con la luna y las estrellas como único cobijo.
¿Qué sería bueno éste año? Sólo faltaban un par de semanas y aún no hablaban del asunto.
Makoto, igualmente perdida en sus pensamientos y el calor que emanaba del cuerpo de Mina, recordaba otras cosas... su natal Júpiter, su maestro y a alguien más... hacía años que no pensaba sobre eso... ¿porqué de repente llegaron a su mente? Era raro.
- ¿Qué piensas, Makoto? – preguntó Minako, frotando el cabello de su frente contra el mentón de la alta chica – Has estado muy callada.
- Tú también – reprochó con una sonrisa – ¿Qué tanto has estado pensando, eh?
Tomándola por sorpresa, Minako se giró para quedar frente a frente con Makoto, le acarició los labios con sus dedos y se acercó tentativamente a su rostro.
- ¿Tú qué crees? – respondió con un tono sensual.
Sin decir nada más, Makoto se levantó, cerró la ventana y cargó a Minako hasta su cama...
***** ***** *****
Siguió los rumores y las noticias que corrían por el palacio de la Luna, sobornó a algunos soldados y espió varias pláticas que hubo entre la reina Serenity y la capitana Meiou. Hasta que, por fin, dio con ella, por fin supo dónde se encontraba después de ocho largos años de no verla... incluso la creyó muerta, pero felizmente descubrió que no. Tenía muchas cosas que hablar con ella.
Se trataba de un joven alto, de piel canela, ojos azules como el hielo y cabello largo, ondulado y castaño oscuro. Sus vestimentas claramente indicaban que era un guerrero.
Aún se encontraba en la Luna, contemplando la Tierra desde la ventana de su cuarto de hotel, bebiendo algo de sake mientras comía.
Suspiró, dejó su bebida y se paró en la ventana, sonriendo al azulado planeta.
- Pronto nos veremos, mi querida Makoto – susurró el extraño de cabello castaño al viento que entraba por la ventana.
***** ***** *****
El amanecer sí estuvo claro y soleado, no como el día anterior. Abrió los ojos y se encontró sola en la cama, seguramente, Makoto estaba entrenando en el patio trasero. Sonrió tontamente y suspiró, recreando dentro de su mente la noche que pasó. Ah, Makoto... era maravillosa... Se levantó de la cama, se cubrió con una sábana y salió de la casa. Encontró a Makoto lanzando poderosos golpes, patadas y todo tipo de ataques al aire. Su frente empapada de sudor y su gesto fiero todavía era lo más atractivo y provocador que había visto en ella. Agarró una piedra y se la lanzó con todas sus fuerzas... y, tal como lo esperaba, Makoto la hizo trizas con un solo golpe y sin mirarla siquiera.
- ¿Crees que puedes tomarme por sorpresa? – preguntó, aún sin voltear.
Minako sonrió traviesamente y dejó que el aire la despojara de la sábana.
- Claro – respondió, altiva.
- ¿De verdad lo crees?
Makoto se giró para mirarla y se sorprendió de verla desnuda. Perdió el equilibrio y cayó sentada, mientras su cara se ponía de un color rojo muy intenso. Más que la sorpresa, una visión tan maravillosa como aquella fue la que la sacó de sus cabales. La vio sonreír antes de volver a cubrirse con la casi transparente sábana.
- Siempre lo hago – murmuró, lanzándole un beso mientras le guiñaba un ojo.
Minako volvió a la casa, feliz, para buscar una ropa adecuada que mantuviera... distraída a Makoto... eso, además de fácil, era divertido. Ver su cara roja y su boca abierta era gracioso.
En tanto, Makoto trataba de volver a sus ejercicios, pero esa maravillosa visión se negaba a salir de su mente. Tuvo que sacudir su cabeza un par de veces para tranquilizarse y recuperar la respiración. Cinco minutos más tarde, pudo regresar a su entrenamiento matutino. Una hora después, al terminar, Makoto se disponía a entrar a la casa cuando... un repentino aroma masculino que flotaba en el aire, y que le era muy familiar, la hizo pararse en seco. Ya sabía de quién era ese aroma, sintió que su corazón se volcaba de angustia. Miró al horizonte y presintió que algo no muy agradable estaba a punto de suceder.
- Neflyte... – murmuró inteligiblemente y regresó a la casa.
Al entrar, un par de delgados brazos rodearon su cintura por la espalda. Sonrió, haciendo a un lado la angustia para mirar a su diosa de ojos azules... que vestía un sensual uniforme ninja con el escote hasta el ombligo... volvió a sonrojarse con fuerza. Mientras, Mina le sonreía pícaramente, feliz de ver que su plan fue un éxito... como siempre.
- Primero báñate, para que podamos desayunar – le dijo, soltándola para alejarse, contoneándose de forma provocativa – Déjame tallarte la espalda... – pidió en voz baja, dirigiéndose al cuarto de baño, Makoto la siguió como autómata, con su cara todavía roja y su pulso acelerado.
***** ***** *****
Bien, ya estaba en la Tierra, ahora sólo debía localizar la isla que habitaba Makoto, no sería difícil, con que se concentrara para sentir su aura bastaría.
- Makoto, pronto nos veremos...
***** ***** *****
Todavía angustiada por la cercana presencia de... esa persona, tuvo que alejarse de Minako para no preocuparla. La rubia no encontró nada anormal en esa decisión, pues a veces solían separarse en la isla para entrenar de verdad. Silenciosamente acordaron darse cada quien su tiempo y espacio privados, ya que, al encontrarse, se sentían más enamoradas una de la otra. Makoto llevaba varios días en su lado de la isla, entrenando y pensando porqué en momentos como ese, él tenía que aparecerse de nuevo en su vida... incluso después de eso que le hizo muchos años atrás...
Era una tarde un tanto nublada cuando sintió con más claridad la presencia de Neflyte...
- Al fin nos encontramos, Makoto – dijo una ronca voz a sus espaldas.
Makoto volteó y se encontró de nuevo, después de ocho años, con el que fuera su compañero de entrenamiento y su primer amor.
- Neflyte...
***** ***** *****
Tiempo después de que Makoto fuese adoptada por el guerrero, un joven no más grande que ella, de ojos azules y cabellera castaña y ondulada; pidió al guerrero que lo aceptara como pupilo, éste estuvo de acuerdo y comenzó a entrenarlos a ambos.
Al principio, su relación era como la de dos hermanos, se llevaban bien y se tenían cariño mutuo. Cariño que con los años se transformó en amor. Por largos años fueron una romántica pareja, hasta que, unos días antes de que Makoto tomara la decisión de unirse al ejército de Serenity, Neflyte la dejó, alegando que ya no sentía nada por ella...
La noche de la despedida llovía gotas frías y dolorosas sobre el rostro lloroso de Makoto. Corrió tras él, que en ningún momento volteó a verla.
- ¡Por favor, no me dejes! – suplicaba Makoto entre lágrimas. Neflyte se detuvo y sólo la miró por encima de su hombro.
- Déjame en paz, niña tonta, ya te he dicho que no siento nada por ti – le dijo de forma cruel y cortante, mientras le miraba con un desprecio que jamás antes había visto en aquellos ojos azules.
Se fue, dejándole el corazón destrozado. Le tomó mucho tiempo olvidarlo.
***** ***** *****
Lo encaró, mirándole con desdén, mientras él le dirigía unos ojos dulces. El hombre se acercó, confiado, mientras Makoto sentía que su sangre hervía de coraje.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó con claro tono de molestia.
- Te he estado buscando desde hace mucho tiempo – contestó con su ronca voz, tratando, infructuosamente, pues Makoto lo evitó, de acariciarle la mejilla – Quiero que volvamos.
Ante tal propuesta, Makoto sólo atinó a enfurecerse más, pero su gesto no tardó en tornarse un poco burlón.
- ¿Qué te hace pensar que aceptaré eso? – preguntó con una cruel sonrisa.
- Aun me amas – respondió simplemente.
Makoto comenzó a reír, desconcertando a Neflyte, que abandonó su confiada actitud.
- Serás estúpido – murmuró Makoto entre dientes, dejando de reír - ¿Cómo te atreves a buscarme y a pedirme tal cosa después de que jugaste conmigo? He estado muy bien sin ti...
***** ***** *****
Tal vez no eran una pareja tan feliz...
Makoto era muy joven e ingenua, y Neflyte un perfecto abusivo. Varias veces intentó intimar con ella, pero algo siempre evitaba que se consumara el acto. Le fue infiel en muchas ocasiones. El problema, era que Makoto sí lo amaba demasiado, tanto, que su inexperiencia la había hecho pasar por alto esas cosas. Se dio cuenta de todo cuando él se fue. Cuando él le dijo que ya no sentía nada por ella... y supo porqué le dijo eso, porque no había conseguido nada con ella...
***** ***** *****
- Makoto... – murmuró Neflyte con gesto incrédulo.
- Vete de aquí – dijo de forma cortante – Aléjate de mi vista.
Le dio la espalda y caminó en dirección contraria a él, con la clara intención de irse. Neflyte seguía paralizado, no esperaba que ella reaccionara de esa manera... pero Makoto no se iría así como así... ninguna mujer se le había escapado antes, y Makoto no sería la excepción...
Corrió hacía ella, barajando su última mano...
***** ***** *****
Minako avanzaba a toda velocidad entre la verde naturaleza, emocionada, había descubierto una preciosa cueva submarina y no podía esperar a decírselo a Makoto. Hacía cuatro días que no la veía y la echaba tanto de menos...
Ya casi llegaba al área de entrenamiento de Makoto, estaba ansiosa de verla... cruzó las últimas barreras de ramas y hojas y la encontró a lo lejos... de pie en medio de la playa... besándose con un perfecto extraño...
Se cubrió la boca con sus manos, sintió que su corazón se rompía en mil pedazos; no pudo ver esa escena por más de un segundo, retrocedió, dejando que los arbustos cubrieran aquella pesadilla. Sus ojos azules de inmediato se llenaron de lágrimas y echó a correr tan rápido como daban sus piernas, en dirección a su lado de la isla...