Parte 7 Hacía Urano
- Hora de partir, llegaremos a Urano antes para prepararnos – comentó Setsuna.
- Pensé que saldríamos pasado mañana – dijo Makoto, extrañada.
- Mejor llegar con tiempo, además, últimamente han caído muchos asteroides en el parte externa del sistema solar, pueden retrasarnos. Saldremos ésta noche.
- O.K. Entonces descansaré un poco antes de irnos.
Makoto se dirigió a una de las habitaciones del palacio, se recostó en la suave cama y cerró los ojos. Probablemente, su batalla no sería nada sencilla, debía tener cuidado con Tenou. Además, no estaba muy segura de que Meiou y Hotaru pudieran contra esas jóvenes, Ami y Rei. A Rei no la había visto pelear, pero a Ami sí, y era de peligro. Además, Tenou tuvo seis años para perfeccionar sus técnicas, mientras que ella se dedicó a vagar, quizá, habría ciertas desventajas al pelear contra él.
Suspiró.
Comenzaba a dudar que pudiera regresar con vida de aquella batalla.
- No, no debo dudar, Mina me espera – se dijo mentalmente – Debo ganar... debo volver con ella... Tenou será muy cruel con la gente si se queda en el poder... Debo ganar a cualquier costo.
Se tranquilizó un poco y trató de dormir, pero no pudo. Se resignó y cerró los ojos, tal vez podría dormir si no se forzaba... Se dedicó a pensar en Minako y todo lo que pasado con ella en Venus, en el amor que nació en sus corazones, en la noche que pasaron juntas... deseaba que esa noche se volviera a repetir, para poder abrazar a Mina tan fuerte, que jamás la dejaría huir... Jamás...
- Mina...
Por fin se quedó dormida...
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- Setsuna, ¿crees que podamos ganarles a las discípulas de Tenou?
- Espero que sí... Ellas son muy fuertes...
- Prometo haré mi mejor esfuerzo – dijo Hotaru con cierta tristeza – Sólo así podré vengar la muerte de mi padre...
- Eh... Hotaru...
- ¿Qué pasa?
- Perdóname por no habértelo dicho antes, pero, no quería que ellas se enteraran; por eso mantuve el asunto en secreto.
- ¿De qué hablas?
- Hotaru... tu padre está vivo, sobrevivió a la explosión...
El rostro de Hotaru dibujó la más pura sorpresa. No podía creerlo, su padre estaba vivo. De inmediato entendió que el asunto se guardó en secreto para que las discípulas de Tenou no se dieran cuenta y, por ende, lo intentaran de nuevo. No se molestó en lo más mínimo, al contrario, estaba muy agradecida con Setsuna por cuidarla y protegerla de esa manera.
- Gracias – dijo Hotaru, abrazándola. La joven sonrió.
- Si quieres verlo antes de que nos vayamos, se encuentra en la sala subterránea del ala oeste.
- ¡Sí, iré a verlo!
Hotaru corrió al palacio, llena de felicidad. Setsuna mantuvo su sonrisa, viendo cómo se alejaba.
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Tenía más o menos la edad actual de Hotaru, dieciocho años, cuando la nombraron capitán de un ejército igual de joven que ella. Era la mejor amiga de Serenity, la única persona que se atrevió a retar a Beryl. A pesar de su edad, ya era toda una persona seria y de confianza, razón por la cuál, Serenity la consideraba su mano derecha. Ella fue quien descubrió a Makoto Kino y a Haruka Tenou entre sus filas, ella fue quien le recomendó a Serenity recurrir a la sobrenatural fuerza de éstas dos personas, y ella fue quien se encargó de ejecutar, fallidamente, a Haruka Tenou cuando quiso traicionarlas.
En esos años, conoció a un hombre viudo, maduro, con una hija más joven que ella. Sinichi Tomoe, un inteligente científico de Saturno que se unió a la rebelión de Serenity, después de que los hombres de Beryl asesinaran a su esposa.
De inmediato trabó amistad con aquel hombre, enamorándose de él, a pesar de saber que era mucho mayor que ella y que aún amaba el recuerdo de su difunta esposa. Sabía que tal vez su amor no sería correspondido, pero se conformaba con estar junto a él. Al principio, Hotaru, la hija de Sinichi, no le quería nada, pero logró ganarse el cariño de la joven al entrenarla como guerrera.
A Hotaru comenzó a quererla como si se tratase de su propia hija, así que la nombró su ayudante. Desde entonces estuvieron juntas. Setsuna descubrió el enorme poder que Hotaru guardaba en su cuerpo, por lo que le enseñó a controlarlo.
Después de tantos años, aún tenía la esperanza de que Sinichi Tomoe se fijara en ella...
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- Hija, siento mucho haberte preocupado – dijo el hombre, aún débil, pero mucho mejor.
- No, papá, no digas eso, estoy muy feliz – sollozó Hotaru, abrazándose a su pecho – Me alegra que estés vivo...
Se quedaron abrazados un buen rato. Sinichi acariciaba el cabello de su hija con ternura, ella siempre había sido muy tierna y dulce. Era su tesoro...
- Supe que tú, Setsuna y Kino saldrán a Urano para pelear contra Tenou.
- Así es, partiremos ésta noche.
- Por favor, cuídate mucho, no quiero perderte a ti también.
- No te preocupes, papá, regresaré con vida, lo prometo... además, Setsuna me cuidará mucho...
- Lo sé... Confío en que las dos regresen sanas y salvas...
- Papá...
- ¿Podrías decirle a Setsuna que venga un momento?
- Claro, no tardo...
A los pocos minutos, Hotaru regresó con Setsuna, ésta última un tanto extrañada de estar ahí. Sinichi le pidió a su hija que les dejara solos unos momentos, cosa que puso un poco nerviosa a Setsuna. Hotaru obedeció y salió del cuarto. Una vez a solas, el hombre se puso serio. Setsuna se sentó al lado de la cama.
- Aún con Kino a su lado, Tenou será muy difícil de vencer – dijo Sinichi para iniciar la conversación.
- Cierto, pero ganaremos.
- Quiero pedirte que cuides a Hotaru... y tú también, no te arriesgues.
Setsuna se sonrojó un poco, pero trató de ocultarlo.
- Prometo que volveremos, confíe en nosotras.
- Te he dicho miles de veces que no me hables con tanto respeto, no me gusta... nos conocemos desde hace mucho tiempo...
La joven mujer bajó el rostro, sonrojándose aún más cuando Sinichi le tomó la mano.
- Tienes que regresar, Setsuna – dijo con voz baja, antes de besar caballerosamente su mano.
- Lo prometo – respondió en un susurro.
Se quedaron así unos segundos, hasta que el mismo Sinichi soltó su mano.
- Ya casi va a anochecer, supongo que aún deben preparar la nave – dijo Sinichi, sonriéndole – Cuídense...
Asintió con la cabeza y salió de ahí en silencio, pero feliz. Hotaru le esperaba en el pasillo, con una dulce sonrisa en su rostro.
- Ordenaré que comiencen a preparar la nave – dijo Setsuna, recuperando la compostura y su habitual máscara de seriedad – Ve por Kino y dile que saldremos en una hora.
- A la orden.
Hotaru obedeció y se dirigió a los dormitorios a toda velocidad. Setsuna le siguió con la mirada hasta que desapareció por el pasillo.
Sonrió una última vez antes de irse, también, de ahí...
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- Estoy segura de que ya vienen en camino – dijo Ami – estarán aquí a tiempo.
- Me alegra. Así, nadie va a oponérseme – rió Haruka – Ustedes dos sigan entrenando otros tres días, el resto sólo descansen.
- Si, amo, todo será como usted ordene – respondió Rei – Nos retiramos.
Ami y Rei salieron del salón para dedicarse a entrenar. Michiru abrazó a Haruka y se sentó a su lado.
- Michiru, ¿me podrías hacer un favor?
- Lo que quieras.
- ¿Podrías recibir a Kino y a las demás?
- ¿Quieres que las guíe por el laberinto?
- Si alguna se pierde ya no sería tan divertido... ¿qué dices?
- Claro que lo haré.
- Podría jurar que Meiou y Tomoe pelearán contra mis niñas, y Kino se enfrentará a mi.
- Entonces... ¿los duelos serán uno contra uno?
- Ajá...
- Suena divertido...
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La enorme nave despegó del puerto espacial a la hora señalada. Las tres combatientes ya estaban listas. Sería un viaje largo. La tripulación de la nave era sólo de diez personas, únicamente las de navegación, no querían poner en peligro a más gente.
- Todos los sistemas listos.
- Propulsores activados...
- Equipo asegurado...
- Sistemas de defensa, listos...
- ¡Vámonos! – ordenó Setsuna.
Hotaru afilaba y pulía su nueva arma, una larga guadaña negra. Makoto se recostó en uno de los asientos, tratando de volver a dormir. Setsuna estaba atenta al camino, esperando que no las atrapara la lluvia de asteroides que se había pronosticado.
Serían cuatro largos días...
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"No podrás escapar de mí" (Willie González)
Poder tocar tu mano, estar siempre a tu lado
Es importante, es importante para mí
Estar donde tú estas me hace feliz
Me gusta oírte hablar, me gusta desafiar tus ojos
No podrás escapar de mí
Donde vayas iré por ti
Será como el amor de una novela
Y no habrá fuerza ni razón que me detenga
*** *** *** *** *** ***
Maldición...
Había llegado un poco tarde.
En el palacio le dijeron que Kino y compañía habían partido a Urano dos noches antes. Bastó con que dijera que era amiga de Makoto para que le dieran un informe detallado de todo lo que había pasado. Por suerte, su pequeña nave era más veloz que cualquier otra que hubiera en la Luna, así que la alcanzaría en veinticuatro horas, antes de que llegara a Urano.
Cargó algo de agua, comida y combustible y de nuevo emprendió el viaje.
Su corazón no le había fallado, sí podría alcanzar a Makoto y pelear a su lado.
El clan Aino tenía un don muy especial: si un miembro se entregaba de corazón a otra persona, entonces sería capaz de encontrar y seguir a ésta persona sin importar donde estuviese. La unión era espiritual, así que un Aino siempre elegía bien a quién amar. Según la creencia popular, los Aino eran descendientes y guardianes de la diosa del amor, Afrodita. Sólo un Aino podía entregarse de esa manera tan especial.
Makoto era una persona con suerte.
- Qué sorpresa te vas a llevar cuando me veas, mi querida Makoto.
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- Capitán, un objeto volador no identificado se acerca a la nave – advirtió uno de los tripulantes a cargo del radar – Hará en impacto en dos minutos.
- Rayos... ¿es un cometa? – preguntó Setsuna.
- No lo parece, puede ser otra nave.
- Capitán, alguien quiere hacer contacto con nosotros.
- Muy bien, veamos de quién se trata, abre la pantalla y los altavoces.
- A la orden.
En la pantalla principal apareció un risueño rostro de ojos azules y de largo cabello rubio. Setsuna conocía ese rostro, era de la amiga de Kino, la ninja.
- ¡Hola, hola! – saludó la rubia a grandes voces.
- ¿Puedo saber qué diablos quieres? – preguntó Setsuna, entre sorprendida y molesta – Estamos en una misión muy importante, lo sabes.
- Vine a ayudarles.
- Mejor regresa a tu planeta y no estorbes, niñita.
- ¿Niñita? – se sintió ofendida - ¡Oye, más vale que llames a Makoto, estoy aquí para pelear con ustedes!... ¡Quiero ayudar!
- Ya te dije que no nos estorbes, mejor vete.
- ¡No me iré!
- ¡O te vas o embisto tu nave!
- ¡Si lo haces, explotaremos, traigo una gran carga de explosivos!... ¡Anda, inténtalo!
Setsuna apretó los puños. Esa rubia era muy desagradable y atrevida. Pero no podía arriesgarse a explotar en medio del espacio. Dio la orden de que abrieran la escotilla principal para dejar entrar a la nave.
La ninja no tardó en aparecer en la sala de control, escoltada por dos tripulantes.
- Escucha – dijo Setsuna – Carga tu nave y lárgate de aquí.
- Escucha tú, estoy aquí para ayudarles.
- ¿Tú?... por favor, no me hagas reír... Mejor vete, podrían matarte...
- ¡Oye, que yo muera o no, no es de tu incumbencia!... ¡Vine a ayudar a Makoto, eso es todo!
Setsuna ladeó su cabeza de un lado a otro. Esa chica era muy testaruda. Suspiró con molestia y se rindió. Sintió que podría discutir con ella por horas y no llegar a ningún lado.
- De acuerdo, pero más vale que no nos estorbes – advirtió – Kino está en su camarote... ¡Y desaste de esos explosivos!
- ¿Qué explosivos? – le preguntó con gesto inocente, Setsuna sólo suspiró, molesta.
Minako sonrió y salió de la sala de control. Por fin vería a Makoto. Su intuición le indicó cuál era el camarote de su amada. Tocó la puerta, pero nadie le abrió.
- Kino está dormida – le dijo una voz.
- Nos volvemos a ver, Hotaru Tomoe.
- Lo mismo digo... pero, jamás pensé verte aquí.
- Bueno, vine a ayudar.
- Me alegra, toda ayuda contra Tenou es bien recibida.
- Gracias.
La joven se retiró. Ella era más agradable que esa cascarrabias de Setsuna Meiou.
*** *** *** *** *** ***
"No podrás escapar de mí" (Willie González)
Poder besar tus labios, decirte cuanto te amo
Es importante, es importante para mí
Estar donde tú estas me hace feliz
Me gusta oírte hablar, me gusta desafiar tus ojos
No podrás escapar de mí
No podría vivir sin ti
Tu amor se me ha subido a la cabeza
Y me controla el corazón y las ideas
*** *** *** *** *** ***
Entró al camarote y vio a su adorada Makoto recostada, profundamente dormida. Se acercó en completo silencio y la contempló. Parecía un bebé cuando estaba dormida. Le acarició el rostro y besó suavemente su boca.
Makoto despertó, sólo para encontrarse cara a cara con Minako. La sorpresa fue enorme y no supo que pensar en ese momento.
- Mina... que... ¿Qué haces aquí? – tartamudeó la guerrera.
- Vine a ayudarte.
En ese momento se molestó mucho. Presa de una ira desconocida, se levantó de golpe y abofeteó a Minako, mientras comenzaba a llorar. Mina se quedó en el suelo, sujetándose la mejilla lastimada.
- ¡Tonta! – le gritó - ¿Porqué has venido?
Minako reaccionó de manera inesperada. Con un veloz movimiento, logró conectarle un certero puñetazo a Makoto en la cara.
- ¡¿Qué no escuchaste?!... ¡Vine a ayudarte! – le gritó, igualmente molesta.
- ¡¿Y tú no te das cuenta de que pueden matarte?!
- ¡Escúchame bien, Makoto Kino, si no te amara tanto, no estaría aquí!... ¡¿o es que no confías en mi y piensas que soy un estorbo?!
Makoto no supo qué contestar. Mina también comenzó a llorar.
- Pensé que estarías feliz de verme – sollozó Minako, dándole la espalda.
La alta chica se dio por vencida a abrazó a Minako con gentileza.
- Perdóname... es sólo que no quiero que mueras.
- ¿Y crees que yo sí?... por eso entrené y te seguí.
- En verdad lo siento, estoy muy feliz de verte de nuevo.
- Por favor, confía en mi y déjame pelear a tu lado.
La rubia dio media vuelta y abrazó con fuerza a Makoto, ésta correspondió el gesto.
- Confío en ti... pelearemos juntas.
Tomó con delicadeza la barbilla de la ninja y la besó, mientras acariciaba la mejilla que ella misma había lastimado.
- Te amo, Minako.
- Y yo a ti.
- Perdóname por haberte golpeado.
- Yo también te pegué, estamos a mano.
Se sonrieron y volvieron a besarse. Makoto no se lo dijo, pero ese puñetazo le dolió mucho, se había vuelto muy fuerte. En tanto, Mina estaba feliz por haber cumplido su cometido, también estaba sorprendida, era la primera vez que Makoto le ponía un dedo encima.
- Mina, en doce horas estaremos en Urano, ¿estás lista para pelear?
- Por supuesto, me entrené muy duro. Vas a sorprenderte cuando veas todo lo que aprendí.
- Espero verlo...
- Mientras llegamos... ya sé qué podemos hacer...
Dijo esto último de forma sugerente, dedicándole una sensual mirada y abrazándose de su cuello. Makoto sonrió, antes de dejar a oscuras el camarote y cerrar la puerta.
Continuará...