Parte 5 Decisiones
Abrió los ojos con pereza, se sentía un poco desorientada y no recordaba mucho de lo que pasó en la madrugada. Se levantó de golpe al recordar algo...
- ¡Mako! – dijo, aterrada, corriendo desnuda por toda la cabaña.
No estaba.
Se cubrió con una sábana de la cama y salió de la casa. Por la posición del sol se dio cuenta de que ya pasaba de mediodía. Ya no sentía la presencia de Makoto por ningún lado. Abatida y triste, regresó a la cabaña con el rostro bajo. Se echó a llorar al pie de la cama sin saber muy bien qué hacer.
Makoto sí se había ido con Meiou y con Tomoe a la Luna, iba a pelear contra Tenou... ¿Porqué?
- Soy una inútil – se decía entre lágrimas – Soy una torpe, una tonta... Sólo le estorbo...
Recordó la facilidad con la que la chica de cabello azul la mandó a volar y se dio cuenta de que su nivel de pelea era obsoleto e inútil... Así, jamás podría ayudar a Makoto... Si quería estar con ella y luchar a su lado debía hacerse más fuerte... Tal vez...
- ¡Eso es! – exclamó, recuperando el ánimo.
Se vistió lo más rápido que pudo, comió algo y corrió en dirección a la ciudad. Tenía un plan que no podía fallar, claro, si la pelea de su amada Makoto se posponía el tiempo suficiente. Al llegar a la ciudad buscó a un adinerado comerciante de Mercurio al que una vez había salvado, necesitaba algo de él: su vehículo terrestre sin ruedas, sólo con eso llegaría rápido a... ese lugar.
Consiguió el vehículo sin problema y partió de inmediato.
- ¡Makoto, soy capaz de seguirte hasta el mismísimo infierno!... ¡Espérame!
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Demonios, sólo había podido dormir tres horas, por lo menos ya no estaba cansada, aunque hubiera deseado quedarse así hasta llegar a la Luna. No se levantó de su cama, prefirió estar acostada... La imagen de Minako en sus brazos la hizo estremecerse por completo. Pensar en ella la hacía más fácil estar dentro de aquella nave que le causaba claustrofobia.
- ¿Uh?
La nave estaba muy silenciosa... tal vez demasiado...
De inmediato se puso de pie al sentir algo raro y frío en el aire... ¿Qué era?... Tenía un mal presentimiento de todo eso. Antes de abrir la puerta, se percató de que una niebla helada se colaba por debajo de ésta. Al salir de su camarote se encontró con un jardín de cuerpos fríos e inconscientes, la niebla flotaba al nivel de suelo y, aparentemente, ella era la única persona que estaba de pie en toda la nave.
- Nos encontramos de nuevo, Srita. Kino – dijo una suave voz que le resultó familiar.
Una figura femenina apareció frente a ella, era Ami, pero no venía sola. Otra joven de la misma edad, con largo cabello negro y ojos de fuego, se situó junto a la peliazul. Seguramente era la otra discípula de Tenou, Rei.
- Es todo un placer conocerla, Makoto Kino – le saludó Rei con voz profunda.
- ¿Qué quieren? – les preguntó Makoto en pose ofensiva.
- Sólo traemos un mensaje del amo Tenou – respondió Ami.
- Nuestro maestro quiere que se una a él – continuó Rei – Es un desperdicio de energía y talento que usted siga a Serenity.
- Entre los dos podrían conquistar todo el Milenio de Plata... ¿Qué responde, Srita. Kino?
Los ojos de Makoto se encendieron de furia, apretó los puños y abandonó su pose ofensiva.
- Díganle a Tenou que prefiero morir a pelear a su lado – contestó entre dientes.
Ami y Rei se miraron entre sí, bastante extrañadas por la respuesta. Haruka no les dijo qué hacer si ella se rehusaba. Aún en silencio, al par comenzó a deliberar telepáticamente lo que podría hacer. Makoto estaba preocupada de verlas muy calladas.
- ¿Está segura? – volvió a preguntarle Rei.
- Es definitivo. No me uniré a Tenou, ese loco hará una masacre con tal de conseguir el poder... Al contrario, voy a detenerlo con mis propios puños.
- Es una verdadera lástima – dijo Ami – Será mejor que se lo comuniquemos al amo, Rei.
- Vámonos, ya no tenemos nada que hacer aquí.
El par se retiró a paso fantasmal. Makoto intentó seguirlas, pero éstas desaparecieron al doblar en un pasillo. La niebla se esfumó por completo y algunos de los tripulantes comenzaron a recuperar la consciencia. Por fortuna, no hubo ningún muerto o herido. Entre los inconscientes estaban Setsuna y Hotaru.
- Tuvieron suerte de que ese par no viniera en plan de matarlas – les dijo Makoto – No puedo creer que entraran a la nave sin ser detectadas por las alarmas.
- ¿Qué querían, Kino? – le preguntó Setsuna.
- Tenou quiere que me una a él, pero me negué, claro.
- ¿Cómo fue que supo de ti? – volvió a preguntar – No me lo explico.
- No te lo dije, pero me presenté con Ami la primera vez que nos encontramos.
- Demonios... Tenou debe estar planeando algo.
Makoto sonrió y se retiró del lugar.
- ¿Adónde vas, Kino?
- Lo que sea que Tenou esté planeando no me importa, sólo pelearé con él y ya... Es más, el que sepa que lo estoy buscando hará más fácil mi trabajo.
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- ¿Se negó?... Es una verdadera lástima – murmuró Haruka a través del comunicador.
- ¿Ahora qué hacemos, maestro? – le preguntó Rei.
- Bueno...
Estaba a punto de ordenar que explotaran la nave antes de que llegara a la Luna, pero un gesto de Michiru le contuvo.
- ¿En qué piensas, Michiru?
- Matar a Kino sería un buen punto a tu favor, pero no así como lo planeas, no sería divertido ni llamaría la atención de los otros reyes.
- ¿Entonces?
- ¿Qué tal un duelo contra Kino, Meiou y otros que pretendan detenerte?... Te será más fácil, hasta Ami y Rei tendrían la oportunidad de pelear... Cuando los demás reinos se den cuenta de que nadie puede oponérsete, se rendirán ante ti sin oponer resistencia.
- Es una excelente idea, Michiru... ¿La oyeron, niñas?... ¿Qué dicen?
- Me gusta – respondió Rei.
- A mí también – dijo Ami - ¿Cuándo quiere que sea el duelo, maestro?
- En veinte días estará bien, así tendrán tiempo de reunir a su gente fuerte en la Luna... Obvio que no podrán ganarnos, mis queridas niñas.
- ¿Le parece bien que le demos el mensaje en persona a Serenity? – le preguntó Rei.
- Hagan lo que les plazca, las espero aquí en tres días. Diviértanse por ahí.
- Sí, maestro.
- Nos vemos en tres días.
La comunicación terminó. Ami y Rei planearon seguir a Kino y compañía hasta que se reunieran con la reina. Les darían un buen susto, sería divertido.
- ¿Quieres ir a algún lugar después de esto? – le preguntó Ami a su compañera.
- ¿Qué tal a la Tierra, ó Venus?
- Ya veremos... Necesitamos descansar antes de regresar a Urano.
- Seguramente el maestro nos pondrá a entrenar hasta el cansancio.
- Lo conoces, le gusta estar seguro de lo que hace, no permite errores.
- De todos modos, será fácil deshacernos de todos esos estorbos.
El par guardó silencio. Les agradaba estar así, calladas, disfrutando el paisaje. Se conocían de toda la vida y no necesitaban hablar mucho.
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Ya casi llegaba. Qué ironía, vivía muy cerca de ese lugar al que nunca pensó regresar. Oh, sí, podía sentir un aroma muy familiar en el aire.
- Cielos, me muero por llegar – se dijo sarcásticamente.
Sí, iba de regreso a la fortaleza del Clan Aino... Por supuesto, no esperaba recibir un abrazo y un beso de su amada madre, a más, y si le iba bien, la darían una paliza y una regañada de años. No podía esperar a verlos de nuevo... a todos sus primos y primas y tíos y tías y abuelos... era una familia muy numerosa.
Sintió decenas de presencias a su alrededor. Sonrió. Eran sus primas.
Antes de llegar a la entrada principal, sus seguidoras le bloquearon el paso. Eran veinte chicas vestidas de negro, con una variedad de armas y demás trucos entre sus ropas... Sería muy divertido.
- No saben cuánto las extrañé – murmuró, bajándose del vehículo.
Sintió las gélidas miradas de las ninjas y les sonrió, burlona.
- ¿Qué?... ¿No vienen a abrazarme? – les preguntó con sarcasmo.
Todas las ninjas se lanzaron sobre Minako, quien las esperaba con una sonrisa. Gracias a Makoto se había hecho más fuerte... esas chicas no serían ningún obstáculo.
Minako planeaba aprender las técnicas secretas de la familia Aino: el Crescent Beam, un certero rayo de luz, y la cadena dorada, un arma creada con energía capaz de hacer cosas increíbles. Se fue antes de que se las enseñaran, jamás pensó que fuera a usarlas... se arrepintió de haber pensado así... Pero era demasiado tarde como para lamentarse... Aprendería esas técnicas a cualquier costo... tenía que ayudar a Makoto...
Se deshizo de las ninjas y entró a la fortaleza. Pudo sentir más miradas sobre ella, pero adivinó que no pelearían, sólo la vigilaban. Al penetrar en la sala principal, encontró a su padre en el asiento del líder, su madre estaba al su lado, y ambos la miraban con desdén.
- ¿A qué has venido aquí, desertora? – le preguntó el hombre con lo que pareció un rugido.
- Quiero que me enseñen el Crescent Beam y la cadena dorada.
La pareja se echó a reír.
- ¿Para qué?... ¿Para asaltar a la gente?... Olvídalo – respondió la mujer.
- Por favor, enséñenme esas técnicas, necesito aprenderlas.
- ¿Porqué estás tan decidida a aprenderlas, Minako?
Mina bajó el rostro y se acordó de su amada Makoto. Seguramente, a esas horas ya estaba en la Luna. Una corazonada le decía que, si se apuraba, podría estar a su lado a la hora de la batalla.
- Hace un año conocí a una persona que cambió por completo mi vida – explicó Minako, sin alzar el rostro – Dentro de pocos días, va a pelear contra un enemigo poderoso y yo quiero ayudarle. El enemigo es muy superior, ésta persona podría morir... y yo no deseo que muera... Prefiero luchar y morir a su lado... ¡Por eso necesito aprender esas técnicas!
Sus padres se quedaron en silencio, mirándola. Notaron que ella lloraba, pero no era ninguna actuación, ella decía la verdad. Adivinaron que su hija amaba con todo su corazón a ésta persona.
- Minako – habló su padre – La deserción es una de las formas de traición más grave dentro de ésta familia, y su único castigo es la muerte. Tu abuelo, que en paz descanse, hizo una excepción contigo. Dejó dicho que se te perdonara la vida por ser una primogénita, siempre y cuando no volvieras aquí. Pero haz vuelto y eso te ha condenado de nuevo...
- Pero...
- Si la muerte te rechaza, ve a vernos a la sala de entrenamiento.
Minako no lo entendió muy bien, pero, al ver que sus padres se retiraban, sintió unas poderosas presencias. Eran más ninjas del clan. De inmediato se dio cuenta de que planeaban asesinarla. Su padre le estaba dando una segunda oportunidad, claro, si se deshacía de sus verdugos. Ésta vez no sería tan fácil, éstos ninjas eran más poderosos que las de la entrada. Mantuvo la respiración al sentir por lo menos treinta miradas sobre ella.
- Makoto... mi amor... Voy a alcanzarte – susurró para darse fuerza – Espérame.
En ese momento, una docena de sombras se lanzaron sobre Mina. La rubia apretó sus puños y se preparó para contraatacar.
- ¡Makoto!
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Los padres de Minako estaban sentados en la sala de entrenamiento, que era una lugar al aire libre. Casi era medianoche y la Tierra y Mercurio podían verse perfectamente bien desde ahí.
Recordaban que, desde pequeña, Minako siempre había sido independiente, siempre había sido terca, necia y muy decidida. Cuando quería algo, no se rendía hasta conseguirlo. Era apasionada, dedicada, capaz de todo por sus sueños.
Ella quiso ser libre, y se liberó.
Ella quiso viajar, y viajó.
Ella quería conocer el amor, y se enamoró.
Ahora luchaba por ese amor. Si en verdad amaba a esa persona, entonces era capaz de hacer cualquier cosa; cualquier cosa. De inmediato adivinaron que su hija se había entregado por completo a esa persona.
Escucharon que la puerta se abrió. Al voltear, descubrieron a Minako. Estaba toda aporreada, pero viva. Había vencido a todos esos ninjas que tenían órdenes de matarla sin contemplación alguna. Era algo increíble hasta para ella, aquellos ninjas supuestamente tenían un rango mucho mayor al de Mina, debieron haberla acabado en cuestión de segundos. Sin embargo, desde pequeña, Minako siempre había sido muy superior y hábil en batalla, por algo era la primogénita de su generación.
- Aquí estoy – dijo Mina entre jadeos de cansancio - ¿Para qué querían verme?
- Acércate – le ordenó su padre.
La rubia obedeció y se sentó en el suelo, frente a ellos.
- Dinos, ¿ésta persona es tan importante, como para venir aquí a costa de tu vida?
- Sí.
- ¿Estas dispuesta a hacer lo que sea por ayudarle?
- Lo que sea.
- Mina, estas técnicas que quieres aprender se dominan después de dos o tres años de entrenamiento, no creo que tengas tanto tiempo.
- Es verdad, mi tiempo es limitado, por eso... voy a aprenderlas en diez días...
- ¡¿Diez días?!
Sus padres no podían creerlo, eso era demasiado... Si bien era cierto que Mina tenía un talento natural para la pelea, era imposible que aprendiera unas técnicas tan complejas en tan poco tiempo.
- Debo alcanzar a ésta persona en la Luna, por eso debo dominarlas a cualquier costo.
- ¿Estas segura, Minako? – le preguntó su madre.
- Si para el amanecer del décimo día, no he dominado ambas técnicas a la perfección, dejaré que ustedes mismos me quiten la vida.
- De acuerdo – respondió su padre, poniéndose de pie – En cuanto amanezca comenzaremos a entrenar... ahora descansa.
La pareja se retiró. Minako se recostó en el suelo y cerró los ojos. El rostro de su amada Makoto de inmediato llegó a su mente y se sonrió. Por ella sería capaz de entrar al mismísimo sol y salir con vida de ahí. Le quedaban un par de horas de sueño antes de que amaneciera, así que se durmió así como estaba. Serían los diez días más difíciles de su vida, pero iba a esforzarse, así su cuerpo comenzara a caerse a pedazos.
- Makoto... voy a alcanzarte, ya lo verás...
De inmediato se quedó dormida. Sus padres le observaban desde una ventana.
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Un sirviente corrió hasta donde se encontraba Serenity.
- ¡Alteza, la Srita. Meiou ha regresado!
- Excelente, vamos.
Una escolta acompañó a Serenity hasta el puerto espacial privado del palacio. La nave apenas estaba aterrizando. La primera en salir fue Setsuna, seguida de cerca por Hotaru. Al último, salió una joven vestida de negro, su rostro no le era familiar, pero de inmediato recordó ese par de ojos esmeralda. Era Kino. Era la primera vez que veía su cara.
- Kino, me alegra que hayas venido.
- Alteza, quisiera hablar con usted a solas.
- De acuerdo.
Entraron a un hangar vacío. La reina notó que ella estaba un poco molesta. Se puso seria y esperó pacientemente a que Kino comenzara a hablar.
- Alteza, esto será lo último que haré por usted. Renunció. Ya no quiero pelear más, ya no deseo matar...
- De acuerdo, Kino, concederé esa petición. No volveré a molestarte.
- Gracias, majestad. Prometo que venceré a Tenou.
- Te lo agradezco mucho, Kino.
De pronto, una niebla cubrió todo el puerto. Makoto sujetó a la reina, presintiendo que era algo malo, y trató de sacarla de ahí, pero alguien jaló a Makoto a un pequeño cuarto junto con la reina. El cuarto estaba a oscuras, pero la luz se prendió. Tanto la reina, como Makoto, quedaron sin habla al encontrarse cara a cara con Ami y Rei.
- Esperamos que disculpen esta intromisión – dijo Ami – No se asusten, sólo traemos un mensaje de nuestro amo.
- ¿Qué quiere? – preguntó la reina, tratando de no mostrar temor.
- El amo espera a Kino, a Meiou y a otros que quieran retarlo. Será un duelo en veinte días, en nuestra base de Urano – explicó Rei - ¿Qué dicen?
- De acuerdo – respondió Makoto - ¡Ahora, lárguense!
Las dos salieron del cuarto, desapareciendo de inmediato junto con la niebla. En el suelo, Makoto encontró un mapa con la ubicación de la base de Haruka Tenou.
- Tenou, pronto nos veremos – murmuró Makoto, mirando al horizonte.
Continuará...