Parte 4 Mi buen amor
"Mi buen amor" (Gloria Esteban)
Hay amores que se esfuman con los años,
hay amores que su llama sigue viva,
los inciertos que son rosa y son espina,
y hay amores de los buenos, como tú.
Hay amores que se siembran y florecen,
hay amores que se olvidan enseguida,
los que traen desengaños en la vida
y hay amores de los buenos, como tú...
Mi amor, mi buen amor, mi delirio,
no pretendas que te olvide así nomás.
Que tu amor fue mar, cuando sedienta
me arrimé a tu puerto a descansar.
*** *** *** *** *** ***
En un par de horas iba a anochecer... ¿Qué tan lejos pudo haber ido?... Desde hacía rato que había perdido el rastro de perfume y llevaba largo rato caminando sin dirección ni sentido. Tenía un terrible nudo en la garganta que apenas si la dejaba respirar. Si se encontraba con Minako, ¿qué iba a decirle?... No tenía idea...
De pronto, escuchó una especie de sollozo no muy lejos de ahí. Volvió a percibir el aroma a perfume de su amiga. No quería que se escapara de nuevo, así que se acercó con cuidado. No tardó en ver a Minako sentada en la orilla de un lago. Sus hombros temblaban, clara señal de que lloraba. Quedó a espaldas de la ninja y ésta ni siquiera pareció percatarse de su presencia. Al verla así, su corazón comenzó a acelerarse... era raro... como si tuviera miedo de hablarle o tocarla... nunca se había sentido así antes. Reunió algo de valor y le tocó el hombro.
- Mina...
La ninja dio un pequeño salto de sorpresa y volteó a verla.
- Escúchame,... tenemos que hablar...
Minako le miró con molestia, pero ya no intentó huir. Algo en su interior le decía que sin importar qué tan lejos fuera, Makoto siempre la iba a encontrar.
- Mina... contéstame, por favor... ¿qué no ves que me estás matando con tu indiferencia? – rogó Makoto, arrodillándose y recargando su frente en la espalda de su amiga.
- ¿Porqué – murmuró Minako, tomando la mano que tocaba su hombro.
- ¿Uh?
- Sé que una vez te dije que no me importaba tu pasado... y sigo con esa idea... pero, dime, ¿porqué me duele tanto pensar que vas a irte?
Makoto no supo qué contestar, de hecho, pensaba que Mina estaba enojada por haberle ocultado su identidad de battusai. Jamás creyó que ella se sintiera así. En un movimiento casi mágico, su amiga volteó para abrazarla con fuerza. Makoto correspondió el gesto, tratando de no llorar.
- No puedo mentirte – susurró a su oído – Al principio me molesté por que tú eras uno de los battusai, pero... de sólo imaginar que vas a dejarme para pelear con ese Tenou me siento muy mal... No quiero que te vayas.
- Mina...
- No quiero que me dejes... Eres lo más importante que tengo en la vida... Entiende que Tenou es muy fuerte y puede matarte... Si tú mueres, no sé que voy a hacer... no quiero perderte.
¿Qué le podía decir?... Miles de cosas pasaban por su mente, pero ninguna iba a su boca. La única idea que tenía clara, era que Mina también era lo más importante en su vida y que tampoco quería perderla... La abrazó más fuerte y trató de ordenar sus pensamientos... El Milenio de Plata y todos sus habitantes estaban en peligro de que bajo las garras de Tenou, y Minako era uno de esos habitantes. No podía permitir que Mina sufriera esos tiempos...
- ¿No me dices nada, Makoto? – le dijo con dulce y tierna voz, mientras las lágrimas seguían surcando sus mejillas.
Makoto ya sabía que hacer, no necesitó pensarlo más.
- Vamos a casa – susurró la alta chica, poniéndose de pie.
- Pero, Mako...
- Shhhh... no hables... sólo vamos a casa...
Minako quiso decir algo más, pero Makoto le cerró los labios con su dedo índice. Le ayudó a ponerse de pie y secó sus lágrimas. Mina sonrió unos segundos después, sin comprender muy bien el plan de su amiga, pero le siguió el juego. De la mano, ambas se dirigieron a su casa en completo silencio. Su hogar no era más que una pequeña cabaña al lado de un río.
- ¿Puedo saber qué pretendes? – le preguntó a su amiga, mientras ésta ponía el pequeño lugar a oscuras.
- Mina, tú eres lo mejor que ha pasado en mi vida – dijo en voz baja.
- Mako...
- Antes de conocerte mi existencia era vacía y sin sentido... eres muy importante para mí.
- Digo lo mismo de ti – susurró Mina.
- Aún no acabo...
- ¿Qué más vas a decirme?
Pero Makoto ya no dijo más, abrazó de nuevo a Minako y acarició su largo y suave cabello rubio. Un tanto extrañada, la ninja correspondió el gesto con la misma ternura... Se quedaron así lo que pareció una eternidad.
- Makoto...
- ¿Sí?
- Te amo...
Makoto la abrazó más fuerte y comenzó a llorar. Más que sorprendida, la guerrera estaba feliz, conmovida, contenta... Naturalmente el sentimiento era mutuo, todo ese cariño y afecto era amor. Amor del bueno, del puro, del desinteresado...
- Yo también te amo, mi querida Minako... Te amo tanto...
Como acto de magia, ambas quedaron cara a cara y se dieron un suave y tierno beso. Era su primer beso de amor, uno que las unió hasta el alma y las volvió un solo corazón. Se acariciaron el rostro y el beso subió a un nivel más apasionado, casi mezclando sus cuerpos en ese acto. Minutos después se dieron un respiro, sin soltarse ni separar sus cuerpos.
- No... amor, no quiero que te vayas...
- Shhhh... no, no hables... este es nuestro momento... solo tú y yo...
Volvió a sellar su boca con un desesperado beso que Mina correspondió. Las caricias aumentaron y Makoto condujo a Mina a la cama, recostándola suavemente sobre el colchón con su cuerpo. Mina sólo se dejó llevar.
Entre besos, Makoto comenzó a desarmar aquella armadura de tela que cubría la piel de Minako. Sus labios llegaron al delgado cuello de su amada y lo besó, dejando libre la boca de la ninja.
- Makoto... te amo... te amo tanto...
La guerrera sonrió y volvió a los labios de Mina.
- Y yo a ti... – respondió entre besos.
Definitivamente, esa era su noche...
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"Mi buen amor" (Camilo Cesto)
De espaldas al mundo, de cara al amor, desafiando al peligro
Entre beso y beso una hiedra de amor nos abraza hasta unirnos
Viviendo momentos que no puedo explicar
Bellos momentos que ya son eternos como el verbo amar
Deseada ternura, deseada locura de juegos prohibidos
Desatando placeres, descubriendo como eres a solas conmigo
Estrechamente enlazados y llenos de paz
Sintiendo por dentro una luz interior que sólo tú me das
Mi buen amor, del mundo yo me río
Por hacer tu cuerpo mío, vale la pena vivir
Mi buen amor, mi buen amor
Por alguien como tú, vale la pena vivir
*** *** *** *** *** ***
- ¿Puedo saber porqué Setsuna Meiou y Hotaru Tomoe no están muertas? – preguntó Tenou a través del comunicador.
Ami y Rei se habían puesto en contacto con su maestro, aún a riesgo de saber que se enfadaría. Las dos estaban en una pequeña, pero veloz, nave espacial; surcado el territorio espacial de la Tierra, donde los radares no podían localizarlas.
- Dos personas interfirieron con nuestra misión – explicó Ami.
- ¿Si tú y Rei han acabado con decenas de soldados, porqué iban a ser un problema dos personas?
- Bueno... es que Meiou y Tomoe planeaban reunirse con una de esas personas... una tal Makoto Kino.
Haruka quedó sorprendido de oír aquel nombre después de tantos años, incluso la creía muerta. Seguramente, Serenity quería que Kino le ayudara a detenerle... Hasta ahora se enteraba que su viejo compañero era mujer, recordó que lo único que podía ver de Kino eran sus ojos esmeralda a través de una máscara de tela negra que le cubría el rostro.
- ¿Amo, me escucha? – le llamó Ami.
- Ami, ¿sabes qué pasó con Kino?
- No, pero puedo investigar.
- Mis niñas, les tengo una noticia: Makoto Kino es el otro battusai del que les conté hace tiempo.
- Oh, no puedo creerlo – exclamó Rei - ¿Y qué quiere qué hagamos?
- No me importa lo que Meiou le haya dicho a Kino, ustedes sólo encuéntrenla y denle un mensaje... por ahora esa será su misión.
La repentina aparición de su ex –compañera le daba un interesante matiz a la situación. Si Kino recibía el mensaje, y lo aceptaba, entonces derrocaría para siempre a esa inútil de Serenity. Conocía muy bien la verdadera fuerza de Kino, era un auténtico demonio a la hora de pelear, no se rendía ante nada ni le temía a nadie. Sería un excelente apoyo que Kino se le uniera. Pero, si no aceptaba, entonces tendría que matarla y ya no habría nada que se le opusiese en su camino al poder...
Una suave mano en su cuello le sacó de sus pensamientos. Volteó, sólo para encontrarse con un par de pupilas marinas que le miraban con inmensa pasión. Desnuda hasta el alma, Michiru se dejó llevar por aquellos terribles y a la vez dulces brazos. Su boca se unió a la de Haruka y se fundieron en un embriagador beso repleto de deseo.
Haruka accedió a las silenciosas peticiones de su pareja y la condujo a la cama. Michiru era, quizá, el único punto débil de tan sanguinario guerrero... La amaba como a nunca nadie había amado antes, por ella era capaz de conquistar el universo entero y más allá si era posible. El tener a Michiru a su lado era lo único que agradecía a los crueles dioses, pero no dudaría en revelarse ante ellos si pretendieran arrebatársela.
Aún recordaba la primera vez que la conoció...
<Fue en un viaje que hizo a Neptuno con sus recién adoptadas discípulas. No muy lejos del palacio tenía una casa escondida en una pequeña isla, ahí pretendía entrenar a Ami y a Rei. Una noche, después de terminar su estricta sesión de entrenamiento, dejó a las niñas en casa y decidió ir al palacio que, esa misma noche, tenía una fiesta de antifaz en honor al compromiso del príncipe del planeta con una princesa local. Cambió sus ropas de guerrero por un elegante traje negro y un antifaz que encontró entre sus cosas.
Vestido como iba, no le costó trabajo entrar al palacio. Los reyes realmente habían tirado la casa por la ventana, la fiesta era lujosa a más no poder, la comida y la bebida se desparramaban por las hermosamente adornadas mesas, el interior del lugar estaba bellamente adornado y la suave música de orquesta coronaba aquel cortejo.
De pronto, su mirada coincidió con la de una dama de la corte, una hermosa joven de cabellos marinos que estaba de pie junto a un pilar, bebiendo vino. Parecía una sirena, era muy bella. No dudó en acercarse a ella y entablar una agradable charla. No sólo era hermosa, también era elegante, refinada, talentosa, inteligente... Estaba maravillado de haberse encontrado con alguien así... Bailaron toda la noche, bebieron, conversaron... Era la primera vez en muchos años que pasaba tan placentera velada. Aquella sirena de ojos marinos le había clavado algo en el corazón.
Se siguieron frecuentando días después, el amor surgió como algo natural y ya predestinado, pero ella seguía sin saber la identidad de aquel fascinante caballero de ojos verdes.
Una ocasión, se decidió a confesarle todo y, para sorpresa suya, a Michiru no le importó en lo absoluto que su amado fuera el battusai Haruka Tenou; es más, ese mismo día, Michiru le pidió que la llevara con él a donde fuera. A partir de ese día, Michiru se quedó con él en la isla, donde descubrió sus secretos más íntimos, y le ayudó a educar a Ami y a Rei, con quienes se encariñó mucho. Desde ese momento sintió que ellas eran su familia. >
- Haruka, te amo...
- Yo también te amo, mi querida Michiru...
Un ardiente beso sólo fue el comienzo de aquella noche en Urano...
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"El amor de mi vida" (Camilo Cesto)
Me duele más dejarte a ti que dejar de vivir
Me duele más tu adiós que el peor castigo que me imponga Dios
No puedo ni te quiero olvidar y a nadie me pienso entregar
Sería inútil tratar de huir por que a donde voy te llevo dentro de mí
El amor de mi vida haz sido tú
Mi mundo era ciego hasta encontrar tu luz
Hice míos tus gestos, tu risa y tu voz
Tus palabras, tu vida y tu corazón
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Era de madrugada, Minako estaba acostada sobre ella, profundamente dormida, pero Makoto no había podido pegar los ojos en todo ese tiempo. Acariciaba el rubio cabello de su amante y de vez en cuando le besaba la cabeza. Mina tenía una sonrisa en sus labios, estaba feliz. En cambio, Makoto sentía cómo un dolor oprimía su pecho y le lastimaba el corazón. Ya había tomado una decisión, pero el haberse entregado por completo a Minako clavó una duda en su cabeza. Ahora, más que nunca deseaba estar con ella, pero su deber seguía picándole la consciencia.
Cerró los ojos y aspiró en perfume que emanaba del cuerpo de Minako, se concentró en el calor de aquella piel y recordó que hacía unos momentos se había fundido con Minako en el acto del amor.
No...
No podía perder... no debía perder ante Haruka Tenou, sólo así volvería a ver a Mina.
Con un suave beso en los labios de su amada, le juró y se juró a sí misma que vencería a Tenou y regresaría con ella. Se levantó con cuidado de la cama, tratando de no despertarla, y comenzó a prepararse un té. Minako entreabrió los ojos al no sentir a Makoto a su lado, para alivio suyo, vio que bebía un poco de té, de pie, frente a la ventana. Se levantó también y la abrazó por la espalda.
- ¿Qué haces despierta? – le preguntó en voz baja.
- Sólo contemplo la Tierra... se ve muy hermosa desde aquí.
- ¿Prometes que algún día me llevarás ahí?... Dicen que ese lugar es muy bonito.
- Lo prometo.
Minako cerró los ojos y acarició la suave piel del torso de Makoto, ésta sólo suspiró, echando su cabeza hacía atrás. El aroma del té confundió un poco a Minako, ese olor no le era conocido.
- ¿De qué es tu té?
- De una planta que sólo crece en Júpiter, se llama Flor de Volcán.
- ¿Me das?... se ve delicioso – dijo de forma sugerente, colocándose frente a ella.
Makoto sonrió y tomó una buena cantidad de té, sin pasárselo, se acercó a Mina y le dio el dulce líquido en un suave beso. Se volvieron a abrazar. No tardaron en regresar a la cama y volver a enredar sus cuerpos en placenteras caricias. Pero, de pronto, Mina se sintió un poco mareada y cansada, sus energías se desvanecieron por completo y, contra su voluntad, se quedó dormida en los brazos de Makoto.
- Lo siento – murmuró Makoto, acariciándole las mejillas.
En realidad, esa planta contenía un fuerte somnífero, Makoto había desarrollado una increíble resistencia contra en efecto del té, por eso adivinó que Minako no sospecharía nada. Su rubia amante despertaría en doce horas más. No importando que estuviera dormida, siguió tocándola con ternura... Deseaba que todos sus sentidos aprendieran de memoria el sabor, el aroma y la textura de aquella piel.
Deseaba conocer cada detalle de su mirada, sus mejillas, sus pechos, su cintura... quería explorar con calma y dedicación cada milímetro del cuerpo de Minako.
- Voy a regresar a ti – le decía al oído – Lo juro, volveré con vida.
Ya tenía planeado lo que iba a hacer: terminaría ese trabajo para Serenity, el cuál sería el último, regresaría a Venus para recoger a Mina y se irían para la Tierra, donde vivirían tranquilas el resto de su vida. Ni la muerte ni la derrota estaban en sus planes.
Si bien era cierto que Tenou era poderoso, eso no quería decir que fuese invencible. Ella y Tenou tenían el mismo nivel de poder... Tenou... aún podía recordarlo... Fue increíble verlo pelear en el palacio de la Luna: veloz, preciso, sin escrúpulos a la hora de matar. Toda la gente de servía a Serenity concordaba en lo mismo: Ella y Tenou le habían dado la victoria a la reina.
Ya casi amanecía. Había acomodado a Mina en la cama y arreglado la casa. Su piel aún tenía el aroma de Minako, por lo que no se dio su acostumbrado chapuzón en el río. Lo único que dejó como despedida fue una nota sobre la almohada que decía: "Juro que regresaré con vida. Te amo"
Se vistió con su viejo traje de guerra: un traje ajustado de color negro, capaz de resistir cualquier choque, impacto o corte; encima de éste traje, una ropa igualmente negra más holgada y, por último, un peto que le cubría el torso. Esta vez no se puso la capucha oscura que solía cubrirle el rostro en el pasado.
El sol salió. Contempló a su amada Minako una última vez y se fue de la cabaña a paso rápido. No quiso imaginarse la cara de Mina al despertar y no encontrarla, pero era lo mejor... Si quería que ella tuviera una vida tranquila a su lado, debía terminar con todo eso para siempre. Jamás volvería a estar a las órdenes de Serenity, jamás... En cuanto acabara ese trabajo, el diablo podía llevarse a la reina y a todos sus servidores y no le importaría.
El puerto estaba a cuatro horas de camino, debía tomar un carruaje en la ciudad para llegar a tiempo, ni corriendo llegaría a la hora acordada.
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Ya casi era mediodía, Setsuna estaba sentada tranquilamente tomando el sol. Hotaru se acercó a su superior, lucía preocupada.
- La nave ya está lista, Setsuna, debemos irnos.
- Aún no llega Kino.
- ¿Crees que venga? Ayer no la vi muy convencida.
- Vendrá... Dejé una carroza para que la esperara.
Setsuna seguía tranquila, Hotaru estaba desesperándose.
- ¿Cómo reaccionó la reina cuándo le dijiste que Kino nos ayudaría? – le preguntó enseguida.
- Suspiró de alivio – rió Hotaru, divertida.
- Oye, no me dijiste qué pasó mientras peleabas con esa tal Ami... ¿cómo era ella?
- Muy rápida... quizá no era tan fuerte, pero era muy precisa a la hora de atacar... Además, me di cuenta de que ella era la que controlaba la niebla. Hasta Kino se sorprendió... ¿Qué me dices de Rei?
- Bueno, si Ami es veloz, Rei es fuerte y agresiva... otro poco y me vence...
Setsuna guardó silencio unos segundos.
- Odio admitirlo, pero Tenou hizo un excelente trabajo con esas chicas. Son muy jóvenes y ya son unas armas de guerra.
De pronto, escucharon que una carroza se acercaba se acercaba a gran velocidad. Ambas sonrieron, era Kino... La alta chica salió de la carroza y se dirigió directo a la nave, mirando de reojo a Hotaru y a Setsuna.
- ¿Nos vamos ó qué? – les gritó desde la nave.
El enorme transporte despegó en dirección a la Luna. Kino se veía molesta. Setsuna se acercó y se sentó frente a ella.
- Gracias por ayudarnos, la reina Serenity estará contenta.
- Esto será lo último, Meiou. Cuando terminé esto me iré para siempre... y si vuelvo a verte a ti, a Hotaru u otro mensajero de Serenity, no me tentaré el corazón para acabarlas.
- Cuando termines, por mí puedes irte al infierno – sonrió Setsuna.
- Kino, no debes tomar esto a la ligera – intervino Hotaru – Tenou es muy peligroso.
- Lo sé... yo también lo soy...
Makoto se puso de pie y se dirigió a un camarote para dormir, pues toda la noche estuvo despierta y se sentía cansada. Al cerrar los ojos, un rostro alegre de ojos azules se dibujó en su mente...
- Mina... regresaré...
Continuará...