Parte 2 El otro battusai

 

 

 

<Un año después, en Júpiter>

Una suntuosa carroza con la insignia del gobierno de la Luna andaba por los caminos de Júpiter, obviamente en dirección al palacio. Dentro, se encontraba uno de los heraldos más importantes de Serenity, un hombre joven de pelo largo y blanco llamado Artemis. Sólo había que firmar unos papeles y pronto lograrían una relación más abierta con el gigante Júpiter. Un triunfo más para el nuevo gobierno.

El sendero al palacio de Júpiter estaba franqueado por enormes arboles, los cuales oscurecían un poco el lugar. Claro, sin mencionar que Júpiter era un planeta muy frío, pero... por las ventanas se veía más niebla de la normal, incluso se sentía más frío... ¿Qué pasaba? Artemis tenía un mal presentimiento.

De pronto, la carroza se detuvo, escuchó como algo abultado caía al suelo, después, absoluto silencio...

- ¡Chofer!... ¿Qué pasa?... ¿Chofer?

Nadie contestó.

- Creo que su chofer se está tomando un descanso – dijo una voz aterciopelada a su lado.

Volteó rápido. Una joven estaba sentado junto a él... ¿Cómo entró a la carroza sin que se diera cuenta? Era una chica de pelo corto y azul, ojos igualmente azules y una sonrisa adornaba su rostro; pero, contrario a su inocente belleza, tenía una daga ensangrentada en la mano derecha, dándole un aspecto sádico a su tranquila mirada.

- Usted también se va a tomar un descanso – volvió a decir, mientras miraba el asombrado rostro de Artemis.

- ¿Cómo entraste?... ¿Qué piensas hacer?

- Adivine...

La joven sonrió...

- ¡AAAHHHHHHHH!

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<Dos días después, en la Luna>

- ¡¿Artemis fue asesinado?! – gritó la reina, aterrada.

- ¡No, no puede ser! – lloró el otro heraldo de la reina, Luna, la esposa de Artemis.

- Nos dijeron que encontraron su carroza en las afueras del palacio de Júpiter – explicó el mensajero – El chofer fue degollado, y el señor Artemis fue apuñalado en el corazón.

- No, Artemis, no...

- En verdad lo siento... Nadie supo quién fue, no hubo testigos.

- Por favor, pídale a los reyes de Júpiter que investiguen – rogó Serenity – Tenemos que encontrar al culpable... Por favor...

- A la orden, Alteza...

El mensajero se retiró. Serenity y Luna se quedaron en el salón principal.

- Alteza, ¿quién cree que haya sido?

- No lo sé, Luna, no lo sé. Pero prometo que lo encontraremos.

La reina miró con un poco de pena a su consejera, pero recordó que ella iría a Marte al día siguiente para reunirse con el Rey Ares. Tuvo miedo de que Luna también estuviese en peligro.

- Voy a cancelar tu viaje a Marte, Luna, no quiero arriesgarte.

- De acuerdo, Alteza, como desee.

- ¿Quién más está de viaje diplomático?

- Uh... si mal no recuerdo, el señor Tomoe está camino a Mercurio... Salió hace unas horas, estará en Mercurio mañana por la mañana.

- Dioses... Espero que no le pase nada...

- Yo también, Alteza.

Pero no estaba tan bien como pensaban... El señor Tomoe transportaba una nave real. Hacía poco que había pasado la Tierra, adentrándose en la zona espacial de Venus. Se encontraba en su camarote revisando los documentos que el rey Hermes debía firmar.

- Qué raro, la nave está muy callada – pensó el hombre, extrañado.

Al abrir la puerta de su camarote, un bulto cayó sobre él. Era el cuerpo de un guardia sin vida. Aterrado y sin habla, hizo el cuerpo a un lado. Una joven apareció en el umbral de la puerta, impidiéndole cualquier escape, a primera vista resaltaba su largo cabello negro y sus ojos azabache. Una maligna sonrisa se dibujaba en sus labios.

- Si no me equivoco, usted debe ser Sinichi Tomoe, un enviado de Serenity – dijo, acorralando al hombre en una esquina de la habitación.

- ¿Qué quieres de mí? – preguntó, totalmente aterrorizado.

- Sólo si vida, no se preocupe... Esta nave se estrellara de un momento a otro con un cometa.

- No... No, por favor...

- Lo siento, son ordenes del amo Tenou, y él ha ordenado que todos los mensajeros de Serenity mueran.

- ¿Tenou?

El corazón del hombre se encogió de terror... La persona a la que la chica mencionaba con tan profunda voz era ni más ni menos que el famoso Haruka Tenou... Pero era imposible, Haruka Tenou había sido asesinado hace seis años... No podía estar vivo... No era verdad... No...

- Mejor me voy, el impacto será en unos minutos... Adiós...

La chica desapareció, no sin antes atorar la puerta para impedir que el hombre escapara. Fuera de control, el Sr. Tomoe comenzó a golpear la puerta, pero sólo logró hacerse daño... Por una ventana de su camarote pudo ver el enorme cuerpo espacial que se dirigía directo a la nave...

... un último grito de auxilio antecedió el choque entre la nave y el cometa.

... hubo una tremenda explosión, después, basura y chatarra que cayeron en Venus, atrapados por el campo gravitacional del mismo planeta...

Tres días después, todo el sistema solar se enteró de los asesinatos de Artemis y el Sr. Tomoe. La reina Serenity canceló todos los viajes del resto de sus cancilleres, no podía arriesgarlos. Dobló la seguridad del palacio y pidió a los demás planetas que extremaran precauciones.

- Luna, tengo un mal presentimiento de todo esto – murmuró Serenity, nerviosa.

- Majestad...

- Siento que esto sólo es el principio...

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"El héroe de leyenda" (Los Héroes del Silencio)

Siempre en la obscuridad, la voz no tiene sentido

El silencio lo es todo, pero en su propio olvido

En sus ojos apagados hay un eterno castigo

El héroe de leyenda pertenece al sueño de un destino.

*** *** *** *** *** ***

<Algún lugar de Urano>

- Las felicito, mis pequeñas, lo han hecho muy bien – dijo una grave voz desde el rincón obscuro de un cuarto.

- Gracias, amo – respondió la voz aterciopelada.

- Sólo hicimos lo que usted ordenó – continuó la voz profunda.

Eran las jóvenes asesinas, la de ojos azules y la de largo cabello negro. Amabas rondaban por los quince o dieciséis años, pero eran unas asesinas completas. Su amo, la persona entre las sombras, estaba sentado sobre un cojín púrpura, una chica estaba a su lado, abrazándolo, más tampoco se le veía el rostro.

- Ami, Rei... Serenity ha encerrado a toda su gente en el palacio, ¿no es maravilloso?

- Podemos matarlos en el mismo palacio, será muy fácil – dijo Rei, la joven de largo pelo negro – Si quiere, también nos podemos encargar de Serenity.

- No, yo quiero matarla personalmente... Pero, primero debemos debilitarla.

- Por eso no se preocupe, amo – intervino Ami, la chica de pelo azul – Después de los embajadores, seguirán sus generales y el resto de su gente con poder.

- Y, por último, los reyes de los demás planetas se entregarán – finalizó Rei.

La persona entre las sombras sonrió, al igual que su compañera.

- Serenity va a pagar lo que me hizo... Yo, Haruka Tenou, tendré el completo control del Milenio de Plata... Sólo así aprenderá que nunca debió meterse conmigo...

- Mejor váyanse de una vez, o Serenity pondrá tantos guardias que no podrán pasar con tanta facilidad.

- Tiene razón, Srita. Michiru, partiremos de inmediato – respondió Ami.

- Juro que regresaremos con buenas noticias

El par se retiró como por arte de magia, dejando a solas a la otra pareja. Haruka Tenou lucía infinitamente satisfecho, clavó sus ojos verdes en su compañera y la besó. Michiru Kaiou era la amada de Haruka, era una joven de la misma edad que él, sólo veintiún años, con cabellos y ojos marinos y una piel de fina y blanca arena.

Haruka Tenou era de varonil presencia, ojos verdes que asemejaban esas hermosas praderas de la Tierra, pelo rubio en tono cenizo, alto y delgado, pero infinitamente fuerte y poderoso. Una espada blanca con forma de media luna colgaba de su cinturón, era algo corta, pero eso no parecía afectar en nada su mortal trabajo. Milagrosamente había logrado sobrevivir al atentado de Serenity, fue gracias al viento que logró resistir las extremas condiciones del espacio exterior. Se encerró en una esfera de aire hasta que cayó en Marte, donde tuvo que esperar durante muchos días hasta curarse por completo.

En Marte se encontró con una Ami huérfana y una Rei abandonada, las dos era unas niñas de nueve años. A ambas las entrenó y forjó a su antojo, haciéndolas unas mortales asesinas, Una año después de adoptar a las niñas, conoció a Michiru Kaiou, una joven dama de la corte del palacio de Neptuno. La tracción fue a primera vista y Michiru no dudó un segundo en seguirlo, enamorándose de él, a pesar de saber que lo que era en realidad. Michiru había visto el verdadero interior de Haruka, algo que ni sus discípulas habían descubierto. Ahora, Michiru era parte importante de la vida de Haruka, jamás lo abandonaría, ni él a ella...

El beso continuó, le siguió un abrazo y terminó en suaves caricias...

Haruka era tan diferente en la intimidad... Tan tierno, suave, cálido... como si fuera una ligera brisa jugando con ella...

Claro... Sólo era en la intimidad... ante el mundo, Haruka dejaba de ser su Haruka y se transformaba en el amo Tenou, el asesino, uno de los battusai... Una persona dura, fuerte, cruel...

- Haruka...

- ¿Qué pasa?

- Te amo.

- Y yo a ti.

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<La Luna>

La reina no podía creer lo que oía, era algo maravilloso. Cuando se lo dijeron creyó que era un sueño. Sinichi Tomoe estaba vivo, había sobrevivido al atentado en su contra, a la explosión. Una parte de la nave, la que albergaba los camarotes, había caído en Venus, casi intacta. Decidieron no hacer pública la información, si el asesino se enteraba, volvería a intentarlo.

Serenity y Luna se dirigían a un cuarto especial en el palacio, ahí se encontraba el Sr. Tomoe en cuidados intensivos; estaba delicado de salud.

- Alteza... – dijo el hombre con una hilo de voz.

- Me alegro que esté bien – respondió la reina, tomándole la mano – El doctor me ha dicho que sólo necesita descansar...

- Señor Tomoe – intervino Luna - ¿Sabe quién fue el autor de su atentado?... ¿Llegó a verlo?

- Sí...

- ¿Quién era?

- Una asesina enviada por... Haruka Tenou.

- ¡¿Haruka Tenou?!

La reina sintió un leve mareo, su corazón se aceleró al grado de producirle un dolor de cabeza. No era posible, Haruka Tenou estaba muerto, ella misma le mandó a matar... No... No podía ser...

- Yo también sigo sin creerlo, alteza – dijo, igualmente preocupado y asustado – Pero esa chica mencionó su nombre, y también que ha ordenado que todos sus mensajeros mueran.

- Ese maniático quiere apoderarse del Milenio de Plata – murmuró Luna - ¿Qué podemos hacer, majestad?

- No lo sé... Haruka Tenou es muy fuerte... Mi ejército no podría hacerle mucho...

- Alteza, ¿qué fue del otro battusai? – le preguntó Luna – Si mal no recuerdo, ambos tenían el mismo nivel de poder.

- Recuerda que desapareció hace seis años... Quizá ya haya muerto... y si estuviera con vida, buscarlo sería muy difícil, podría estar en cualquier lado... No tenemos tanto tiempo...

De pronto, sonó la alarma del palacio... Había un intruso.

Serenity y Luna salieron de la habitación para evitar que vieran al Señor Tomoe. Para sorpresa suya, una densa y fría niebla se levantaba en el palacio y sus alrededores. Podían oírse los gritos de batalla de los guardias, cosa que aterró a la reina... ¿Acaso un ejército de Tenou había invadido el palacio?... Era demasiado pronto.

A ciegas, llegaron al vestíbulo principal. Tropezaron con decenas de cuerpos sin vida, todos ellos guardias del palacio.

- Ya era hora de que diera la cara, su majestad – susurró una profunda voz entre la niebla.

- ¡¿Quién está ahí?!

- No se preocupe, alteza, no hemos venido por usted, aún no es su turno – continuó la voz – Pero sí el de ella...

¿Ella?... Oh, no...

- ¡ACK!

- ¡No, Luna!

La niebla desapareció. Serenity se encontró ante una masacre, pero, lo que la desplomó por completo, fue contemplar el cuerpo sin vida de su consejera y heraldo Luna. Alguien le había atravesado la garganta con algo filoso. La reina se soltó a llorar, abrazando el cuerpo de Luna.

- ¡Malditos cobardes, salgan! – gritó Serenity entre lágrimas - ¡No se escondan!

- El amo Tenou ha ordenado que todas las personas a su alrededor mueran – dijo una segunda voz, una muy suave.

- Esto es sólo el principio, el amo va a cobrarse lo que le hizo – continuó la otra voz, la que había escuchado al principio – Y tomará el poder de éste reino.

Jamás vio a los dueños de las voces, mejor dicho, dueñas, eran voces femeninas; sólo alcanzó a distinguir dos sombras en las penumbras de la entrada principal, que desaparecieron por arte de magia con el viento.

Los refuerzos llegaron, pero sólo para limpiar aquella carnicería. Ese par había acabado con más de cincuenta soldados fuertemente armados, ninguno tuvo oportunidad de defenderse. No podía creerlo, pero tampoco dudaba que fueran seguidoras de Tenou. Estaba aterrada y confundida, sin saber qué hacer.

- Me alegra que esté bien, Alteza.

- ¿Setsuna?

- Siento haber llegado tan tarde.

Una joven se acercó a la reina, era Setsuna Meiou, capitán del ejército imperial. A pesar de su edad, veintitrés años, tenía un cargo muy importante en la Luna; era alta y de piel morena, ojos de rubí y pelo largo en tono verde oscuro. Tenía una mirada serena y una imponente presencia.

- ¿Qué ha pasado aquí, Alteza? – le preguntó Setsuna en cuanto se apartaron a un salón de juntas del palacio.

- Dos discípulas de Haruka Tenou nos atacaron... y mataron a Luna y a todos esos guardias.

- Ya veo...

- Está vivo... y quiere apoderarse del Milenio de Plata.

- Lo sé, el Sr. Tomoe me lo ha contado todo hace unos minutos.

Setsuna dio un par de vueltas por el salón en completo silencio. La reina permaneció sentada.

- Tenou planea asesinar a toda mi gente antes que a mí... No sé que hacer.

- No se preocupe, su Majestad, creo saber quién puede ayudarnos.

- ¿Quién?

- Kino... Makoto Kino...

- ¿Kino?... Pero no hemos sabido nada de él durante estos seis años.

Setsuna se sentó frente a le reina.

- En Venus, se rumora sobre una chica que ha derrotado a maleantes y a asesinos desde hace un año. Según unos testigos, ella abre rocas con sus puños y tiene ojos esmeralda.

- ¿Makoto Kino es mujer?

- Sí. Por si fuera poco, esos mismos rumores han corrido en los planetas exteriores los últimos seis años... Al perecer, pasó una temporada en Marte, antes de quedarse en Venus.

- Debemos encontrarla, sólo ella tiene la capacidad de derrotar a Tenou.

- No se preocupe, he mandado a alguien a Venus para que comiencen a buscar.

- Te lo agradezco, Setsuna. Pero tú también debes cuidarte, las discípulas de Tenou pueden andar tras de ti.

- Yo estaré bien. Usted debe esconderse hasta que todo se calme.

- ¿A quién mandaste a Venus?

- A Hotaru.

- ¿Hotaru?

- Por ella no se preocupe, es muy fuerte y sabrá arreglárselas con esas chicas.

Serenity guardó silencio. Setsuna Meiou siempre había sido una excelente estratega, seguramente estaba planeando algo. Hotaru Tomoe contaba con escasos dieciocho años, pero si era la mano derecha de Setsuna por algo había de ser; sin contar que tenía un buen puesto en el gobierno.

- Confíe en mí, Alteza, convenceré a Kino como sea.

- Te lo encargo, Setsuna.

- Usted refúgiese en un lugar seguro.

- Hablaré con el rey de la Tierra para que me dé asilo.

Setsuna se inclinó educadamente antes de retirarse. Tenía que alcanzar a Hotaru en Venus para hablar con Makoto Kino lo antes posible. No obstante, temía que ella no aceptase ayudar de nuevo a Serenity, si había desaparecido, seguramente era por algo importante; pero debía convencerla, así tuviese que usar la fuerza.

- El destino de todo el Milenio de Plata está en tus manos, Kino, no podrás negar tu deber como battusai – murmuró Setsuna.

Salió del palacio en completo silencio.

 

 

Continuará...

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