Capítulo 1 Una pareja extraña

 

 

 

Era una cálida mañana en Venus, un planeta repleto de prados y bosques, donde la gente había recibido muy bien el cambio de gobierno.

Una joven rubia de diecisiete años se paseaba por los frondosos bosques. A pesar de su edad, era toda una ninja, y una ladrona... Hacía varios días que no tenía una víctima, el dinero estaba a punto de acabársele, así que necesitaba encontrar a alguien rico o moriría de hambre. Por lo general, sus víctimas eran hombres, no acostumbraba a asaltar a miembros de su propio sexo. Cabe decir que la chica era muy hermosa, sus ojos eran dos trozos de cielo claro, su piel se parecía a la nieve y era tan suave como la seda, cabello largo y rubio, casi blanco; no era muy alta, pero estaba muy bien proporcionada: esbelta, piernas largas y fuertes, brazos delgados, curvas definidas... Muy hermosa, nadie podía negarlo.

Su belleza era el anzuelo perfecto para los hombres ricos. Una vez engatusados, los golpeaba y les quitaba todo.

Su nombre: Minako Aino, perteneciente al Clan Aino, una familia de poderosos ninjas de buena reputación... Claro, Minako era la oveja negra de la familia. Su carácter independiente y liberal no cuadraba con el estilo conservador del clan, así que huyó de su casa en cuanto terminó el entrenamiento básico, más o menos a los quince años. En cuestión de meses se volvió más hábil y fuerte, se dedicó a viajar por su planeta para satisfacer su alma inquieta.

Su viaje llevaba poco más de dos años, estaba pensando en visitar otros planetas, tal vez Mercurio o la Tierra. Claro, si juntaba suficiente dinero para pagar el pasaje.

- ¿Pero qué veo? – se dijo, sonriendo.

Una carroza se acercaba a donde estaba ella. Por el lujo de los caballos (animales traídos de la Tierra) y la carrocería, pudo adivinar que los pasajeros gozaban de una posición social y económica muy alta. Como mandado a pedir... Era perfecto.

Se escondió en un árbol al ver que la carroza tenía escolta personal: un grupo de seis hombres a caballo y armados con sables. Sería muy fácil deshacerse de esa escolta si empezaba a atacarlos desde atrás.

Sin querer, recordó el duro entrenamiento del que había sido víctima. Su madre no se tentó el corazón a la hora de enseñarle cómo esfumarse entre las sombras o moverse con sigilo en las casas y castillos, era muy ruda y exigente, y muchas veces la pobre Mina terminó llorando de dolor por las noches. Su padre fue tanto o más cruel que su madre, él le enseñó la técnica de pelea cuerpo a cuerpo; se tomaba tan enserio su papel de maestro, que olvidaba que a la persona que masacraba todas las mañanas era su hija. No obstante, agradecía a los dioses el haberle dado tan buenos maestros, y que no precisamente fueron unos buenos padres...

En fin, gracias a ellos era una hábil ninja.

La carroza ya estaba debajo de sus pies, sólo esperó el momento preciso para empezar su ataque. Sería tan sencillo...

*****************************

"Tras la tormenta" (Willie Colón y Rubén Blades)

Sé lo difícil que es vencer al silencio

y enfrentar al pasado con sus errores,

lo fácil que es olvidar en ejemplo bueno,

lo duro que es admitir equivocaciones.

Pero los golpes son los que nos enseñan,

Que nunca aprende el que a la emergencia le sale huyendo...

*** *** *** *** *** ***

Por fin había llegado a Venus.

Cuando estuvo en Marte, escuchó que en Venus habían recibido muy bien al gobierno de Serenity. Era un lugar muy tranquilo y bueno para vivir. Pensó que ahí podría terminar su largo viaje de cinco años, ahí podría quedarse y descansar...

Necesitaba descansar, su cuerpo estaba tan agotado... su alma también... y su corazón.

Caminaba tranquilamente por uno de los frondosos bosques del planeta. El viento ondeaba suavemente su cabello café, que estaba atado como si fuera la cola de un caballo. Sus ojos parecían un par de esmeraldas, brillaban un poco gracias a la luz del sol, que ocupaba una considerable parte del cielo. Si piel era ligeramente bronceada, producto de su viaje. Su altura era bastante y de inmediato llamó la atención de más de una persona en la ciudad, por eso prefirió ir por el bosque.

En cierta forma, el estar entre la naturaleza le producía cierta tranquilidad, pero sólo una poco. Su pasado le seguía a donde quiera que fuera, no le dejaba en paz; le torturaba en sueños, cuando estaba en silencio, cuando veía a la gente caminar... No podía alejarse de él por más que lo deseara... no podía. Era tan cruel y doloroso que varias veces había pensado en suicidarse y acabar con todo eso, pero había jurado pagar toda la sangre que derramó protegiendo a las personas; usar sus puños para salvar a los débiles era la única forma de saldar su deuda...

Sí.

Ella era Makoto Kino...

Era uno de los battusai...

Una chica de veinte años era la temida battusai, capaz de abrir las rocas con sus puños y de controlar los rayos y los truenos. Era ella.

Makoto Kino era nativa de Júpiter. Huérfana y sin más familia a la cuál acudir. Un poderoso guerrero la adoptó y le enseñó sus secretos de combate. A los catorce años se alistó en el ejército de Serenity, pues la gente de Beryl era muy cruel con los ciudadanos de Júpiter. Quería proteger a esos ciudadanos con sus puños. Su maestro desaprobó su decisión... ahí fue donde ambos se separaron para siempre. Makoto rápidamente sobresalió por su gran fuerza, el capitán del ejército reconoció su talento y, en cuestión de tiempo, ya era una de los battusai a las ordenes de Serenity...

Estuvo en la Luna cuando Serenity desterró a Beryl del Milenio de Plata, ella misma le abrió el camino a Serenity en el palacio de la Luna, asesinó a decenas de personas, sino es que a centenares, para que el nuevo gobierno derrocara al de antaño.

Ella y Tenou estuvieron ahí...

Abrió los ojos cuando todo eso terminó, cuando se dio cuenta de que no era una heroína, ni la salvadora que pretendía ser al principio, sino una perfecta asesina...

Era una asesina...

En todo ese tiempo no había salvado a nadie, no había protegido a nadie... únicamente había matado a personas, a muchas personas...

No lo soportó. Huyó de la Luna antes de que Serenity tomara la corona, huyó para no volver jamás.

Después, supo que Haruka Tenou, su compañero battusai, había sido asesinado por el nuevo gobierno. Tenou quiso traicionar a Serenity, pero Serenity se adelantó a sus planes y le mató primero. Según los rumores, lanzaron a Tenou al Cinturón de Asteroides desde una nave, sin protección; por lo que, seguramente, murió en cuestión de segundos por la falta de aire y la presión del espacio. Una forma horrible de terminar sus días.

Los siguientes años se dedicó a vagar. Primero en Júpiter, su planeta natal, donde nadie parecía recordarla. Salvó personas durante una temporada, hasta que la misma gente comenzó a sospechar que ella era battusai. Se fue a Saturno, donde permaneció más de un año. Urano fue su siguiente parada, después Neptuno y por último Plutón.

Cinco años pasaron con la lentitud de la eternidad.

Dejó los planetas exteriores y se instaló en Marte, donde escuchó que el lugar más estable y pacifico para vivir en esos momentos era Venus. Decidió ir ahí...

Y, ahora, se encontraba caminando en los bosques de Venus, donde las ninfas hechizaban a los varones y se los llevaban con ellas. Donde estaban las mujeres más bellas de todo el Sistema Solar, dignas hijas de Afrodita, diosa del planeta.

Sintió que Venus era una nueva puerta, un nuevo comienzo...

*****************************

"Uno" (Benny)

Fue en la calle mientras tu vida pasaba,

inmediatamente el aire me faltó,

si es verdad que tengo yo un alma gemela

eres tú lo más cercano a ese rumor.

Porque puedo ver en tus ojos

que en mi pasado y mi presente estas tú.

Fue en la calle mientras mi vida tiraba

que el destino entre los dos se atravesó,

fue un instante mientras me recuperaba

que encontré valor y descubrí el amor.

*** *** *** *** *** ***

Escuchó unos sablazos, acompañados de unos gritos de pelea, no muy lejos de donde se encontraba. Corrió en dirección a la pelea y se encontró con un escenario muy gracioso, lejos de la terrible masacre que se imaginaba: una ninja, seguramente desertora, asaltaba una de esas carrozas millonarias que había visto en la ciudad. No pudo reprimir una sonrisa, era gracioso, la ninja había noqueado a cuatro soldados, y ahora se batía con los restantes. Pero no los atacaba de verdad, sólo jugaba con ellos, los cansaba, los sacaba de quicio para después humillarlos y derrotarlos... La ninja se divertía de lo lindo... Y Makoto se divertía viéndola.

En cuanto terminó con la escolta, Minako se acercó a la carroza. Un hombre gordo salió de ahí, temblando.

- Por favor, no me haga daño – rogó el hombre, hincándose ante la rubia ninja.

- Bueno... entrégueme todo el oro que tenga y podrá irse.

- ¡Sí, sí, aquí está, pero déjeme ir!

El hombre le dio una bolsa repleta de dinero y se echó a correr junto con su escolta. Mina todavía tuvo el cinismo de decirles adiós.

- ¡Ja, ja, ja! – rió Mina, jugueteando con la bolsa – Fue fácil.

- Oye, deberías saber que robar es contra la ley.

- ¡¿Quién dijo eso?!

Una alta chica salió de entre los arboles. Traía una enorme sonrisa en su rostro y le miraba con gesto divertido. Mina estaba sorprendida... ¿Cómo es que no pudo sentir su presencia?...

- ¿Qué quieres? – le preguntó, molesta.

- No es bueno robar, lo sabes – dijo de nuevo, acercándose.

- ¡No te entrometas!

- O.K. No volveré a molestarte... pero debes dejar de hacer eso.

- Diablos... ¡Déjame en paz!

Minako, molesta, comenzó a alejarse. Pero volteó casi de inmediato, encarando a la alta chica.

- Tú debes tener algo de valor – murmuró en peligrosa pose de ataque – Si no quieres que te haga daño, dame lo que tengas.

- No tengo nada – se disculpó Makoto – Vengo de otro planeta, acabo de llegar a Venus... No tengo nada... ni siquiera sé donde voy a pasar la noche...

- ¿Nada?

Ella volvió a negar...

- Eres patética... Mejor me voy.

La ninja desapareció entre los arboles. Makoto se limitó a sonreír y continuó su camino por el bosque. Lo que dijo era verdad, no tenía ni un doblón de oro en la bolsa... Tendría que dormir al aire libre. Tenía algo de hambre, pero se conformaría con lo que llegara a encontrar. Suspiró. La noche se acercaba. Afortunadamente, Venus era un planeta cálido, con una fogata bastaría para pasar la noche.

Encontró algunos frutos silvestres y pudo pescar unos cuantos peces en un pequeño arroyo. Improvisó un campamento al lado del arroyo. Tuvo una cena tranquila y se recostó en la hierba.

Mercurio podía verse de un lado del cielo, la Tierra del otro extremo y millones de estrellas salpicadas en todo el firmamento. Era una vista hermosa... Venus era un planeta hermoso... Seguramente podría llevar una vida tranquila ahí.

De pronto escuchó unos pasos acercarse a ella. Alarmada, se levantó. Vio un grupo de antorchas entre los arboles y de inmediato supo que era una especie de patrulla o algo así. Un grupo como de diez guardias se detuvo ante ella. Sintió que al verla, el grupo pareció molesto.

- ¿Quién eres? – le preguntó el capitán.

- Soy una viajera, acabo de llegar de Marte.

- ¿De casualidad no viste a una ninja rubia por aquí?

- ¿Una ninja?

- Sí. Acaba de asaltar a un enviado de la reina Serenity, huyó en ésta dirección, ¿no la viste?

Así que esa pequeña ladrona estaba en líos. Una cosa era robar a gente rica, pero otra a gente importante. No quería imaginarse lo que pasaría si la atrapaban. Aunque hubiera deseado delatarla, cosa que jamás haría, no podía hacerlo... no sabía hacía donde pudo haber ido.

- Lo siento, no he visto a nadie por aquí... pero si llego a saber algo se los diré de inmediato.

La respuesta pareció satisfacer al grupo. El capitán le dio una pequeña bolsa de dinero y le pidió que le informara si llegaba a verla. La patrulla se retiró. Makoto volvió a recostarse y se sonrió. Contempló la bolsa con oro, para después guardarla en su mochila. Vaya cosas. Si llegaba a ver a esa ninja, la daría una buena regañada... Claro, si la volvía a encontrar.

Sintió algo extraño en el aire, un leve aroma delicado y femenino, y una suave presencia... No podía equivocarse... Era ella...

... no imaginó encontrarla tan pronto...

- Anda, sal de ahí... ya se han ido – dijo Makoto, sin inmutarse ni moverse.

La chica apareció de entre las sombras y se sentó junto al fuego, a un lado de Makoto.

- ¿Cómo supiste que estaba cerca de ti? – le preguntó la chica, sorprendida - ¿Eres una guerrera?

- Bueno... – balbuceó, nerviosa -... algo así...

Mina desvió su atención unos momentos para contemplar los pescados que aún se asaban en el fuego. Su estómago pidió alimento con extraños sonidos. La alta chica se percató del ruido y le ofreció la comida que quedaba.

- Anda, come, la huida debió causarte hambre – le sonrió la chica, sentándose.

- Gracias... estaba en la cuidad y no me dio tiempo de cenar...

- Supongo que te reconocieron como la asaltante de ese mensajero de la Luna y tuviste que correr.

Minako se sonrojó un poco y siguió comiendo.

- Soy Minako Aino, gusto en conocerte.

- Makoto Kino, el gusto es mío.

Afortunadamente, sólo unas cuantas personas del gobierno, incluyendo a Serenity, conocían su verdadero nombre. De los dos battusai, sólo era de conocimiento popular el nombre y el rostro de Haruka Tenou. Con ella no había ningún problema.

Se dieron la mano. Minako de inmediato sintió la enorme fuerza que poseía aquella chica con sólo tocar su mano. Makoto Kino lucía una enorme fortaleza física a primera vista. Seguramente era una especie de guerrera... sino... ¿Cómo pudo ocultar su presencia la vez que se encontraron? ¿Y cómo la sintió, si estaba bien escondida?... Debía ser una guerrera, no podía equivocarse.

¿Aino?... No podía creerlo... Esa chica era del Clan ninja Aino, una de las más famosas y honorables familias de Venus. Bueno, de inmediato se notaba su alma inquieta. De buena fuente sabía que el clan Aino era una escuela severa y disciplinada, además de ser exageradamente conservadora. Más o menos entendía el por qué esa chica había huido.

- Si mal no recuerdo – dijo Makoto para reiniciar la conversación – En la tarde te dije que robar estaba mal... ahora toda la guardia te persigue...

- Lo sé – respondió Mina, ligeramente seria – No pensaba asaltar a ese hombre, pero vi como maltrataba a unos mendigos que le pidieron limosna y me molesté. Entré al lugar donde se hospedaba y le quité lo que pude...

El gesto serio de Mina le dijo el resto de la historia: lo robado se lo dio a los mendigos y apenas si tuvo tiempo de huir de la ciudad. Sonrió. Esa chica era de buen corazón.

- ¿Te irás de la ciudad? – le preguntó Makoto, preocupada.

- Pues... sí... pero ya no tengo muchos lugares a donde ir... soy conocida en gran parte del planeta.

- Vaya...

- ¿Y tú, de dónde vienes?

- De Júpiter.

- Eso está muy lejos... ¿Qué haces aquí?

- Sólo viajo... me gusta viajar y siempre quise visitar Venus.

El resto de su plática fue agradable.

Makoto era una chica amable, podía verlo en sus ojos esmeralda y su sincera sonrisa. Por su lado, Makoto estaba encantada, Minako era una persona graciosa y divertida.

- ¿Te gustaría venir conmigo? – le preguntó la rubia ninja – Puedo mostrarte el lugar.

- Iré contigo si prometes que dejarás de robar – contestó Makoto, sonriendo.

Minako bajó el rostro, molesta, y guardó silencio. Tenía que pensarlo.

- ¿Y cómo piensas que sobreviviremos si no robo? – alegó Minako.

- Podemos trabajar.

- ¿Trabajar, yo?

- Bueno, sino quieres trabajar, todo lo que necesitamos está en la naturaleza... ¿Qué dices?

La ninja se encogió de hombros y clavó sus pupilas azules en los ojos de su nueva amiga. Makoto seguía sonriendo. Lanzó un suspiro y volvió a bajar el rostro, para después murmurar un "de acuerdo" apenas audible.

- ¿Cómo? – bromeó Makoto, acercándose un poco y fingiéndose sorda – No te escuché... ¿Podrías repetirlo?

- De acuerdo – susurró Minako en voz muy baja.

- ¿Uh?... No te escuchó...

- ¡Está bien!... ¡No volveré a robar!...¡¿Contenta?! – le gritó, molesta.

Makoto comenzó a reír y le palmeó la espalda. Minako sonrió por lo bajo. Nunca había conocido a una persona así, era tan amable y tan pacífica, podía verlo en sus ojos esmeralda. Se sentía tan a gusto a su lado, era la primera vez que alguien le sonreía con esa sinceridad. En tanto, Makoto estaba feliz, por fin tenía una amiga, sólo esperaba que ella no descubriera su secreto o la perdería para siempre.

- Mejor hay que dormir, mañana a primera debemos irnos – dijo Makoto, acostándose – Seguramente en la ciudad deben seguir buscándote.

- O.K. Ya sé a donde ir.

- ¿Adónde?

- En el sur del planeta aún no me conocen, podemos ir ahí. Esta a diez días de camino.

- De acuerdo... Buenas noches, Minako.

- Buenas noches, Makoto.

Por primera vez, después de cinco años, Makoto tenía un sueño tranquilo, ¿y cómo no?... Un ángel rubio dormía a su lado. Agradeció a los dioses el haberse encontrado a esa chica, su corazón ya se estaba endureciendo por la falta de compañía.

- Gracias, Minako...

 

 

Continuará...

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