Te esperaré a la orilla del mar

 

 

 

Por: Escarlata

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PARTE 5 ( parte final)

 

 

 

Llegaron a las montañosas tierras de Urano, ricas en vegetación, minerales, metales y piedras preciosas. Había largos ríos donde, según la gente, el oro nacía junto con los peces. Explotaban sus recursos de manera racional, de manera que a la naturaleza le diera tiempo recuperarse. No eran ambiciosos en esas tierras, pero otros reinos veían una nada rechazable mina de riquezas... ¿Cómo podían darse el lujo de no tratar de apoderarse de ese reino?

 

Ya habían rechazado otros intentos de conquista por parte de los vecinos, pero el nuevo enemigo era un verdadero imperio que se dedicaba a devorar a los reinos más pequeños y hacerlos colonias suyas. Era un secreto a voces la tiranía y la esclavitud que ejercían sobre las tierras conquistadas.

 

Todos sabían que las tierras que eran conquistadas por ese imperio quedaban muertas en cuestión de pocos años.

 

Muchos, al siquiera escuchar rumores de que sus hogares eran blancos del imperio, huían a reinos vecinos junto con sus familias. Pero otros eran atacados por sorpresa...

 

La mayoría de los pobladores eran vendidos a traficantes de esclavos, otros eran convertidos en servidores de los conquistadores. Las mujeres y los niños eran asesinados para evitar que la descendencia se vengara de alguna forma. Devoraban las tierras cual plaga y después buscaban otras.

 

... y era el turno del reino de Urano.

 

El rey Urano decidió oponer una atrevida resistencia al imperio y mostrarle que aún los lugares más pequeños podían serle un dolor de cabeza, incluso una amenaza. Pero su ejército era todo menos amenazante o fuerte. No tenía con qué defenderse del sádico ejército del imperio, razón por la cuál decidió pedir una alianza con otros reinos y así darle juntos una lección.

 

Pero todos se negaron a ayudar a Urano, para no ganarse el descontento del imperio y ser sus siguientes víctimas.

 

Se decía que un grupo rebelde planeaba matar al dirigente del imperio, pero no eran más que rumores que no preocupaban en lo mínimo a dicho dirigente, en cambio deseaba tener en sus manos el reino de Urano y apoderarse de todas las riquezas para acrecentar aún más su ejército y sus propiedades.

 

Él nunca pensó (ni pensaría) en apoderarse del reino de Neptuno, pues todos sabían que esa gente era protegida por el viejo dios de los mares y que, además, tenía un ejército tan fuerte que el suyo a su lado parecía un montón de bebés. Eso sí, el de Neptuno no era el único reino a su alrededor, por lo que no se preocuparía por él.

 

Cuando Urano escuchó la noticia de que Neptuno había aceptado la alianza, confió en repeler la amenaza. Pensó en mantener el asunto en secreto para tomar por sorpresa al enemigo y usar ese factor para vencerlos rápidamente. No podía fallar su plan y, sin embargo, ordenó la evacuación de todos los pobladores a los reinos vecinos y a las montañas.

 

En cuatro días llegaría el ejército enemigo, pero sus mensajeros ya estaban ahí con la mitad del apoyo.

 

Haruka sería ascendido a general y Makoto a capitán por su formidable labor de conseguir tan extraordinaria ayuda.

 

Ahora, sólo hacía falta esperar.

 

 

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                “Capitán Tenou, ¿ya están en sus posiciones todos los hombres?”

                “Sí, Alteza, el resto espera en las cuevas de las montañas para el apoyo”

                “Bien... sólo nos queda esperar”

 

El maduro rey Urano tomó asiento ante la solemne mirada del capitán de su ejército. Lucía cansado... era demasiada presión para un rey que no pasaba de los treinta años.

 

               “Capitán, ¿qué ha escuchado sobre los rumores de los rebeldes?”

                “Al parecer, planean asaltar el castillo del emperador y asesinarlo... pero él no está ni siquiera preocupado por eso”

                “Está más interesado en nosotros”

                “Tanto, que ha mandado a todos sus hombres hacia acá”

                “Eso puede resultarnos ventajoso”

                “Lo sé, Alteza”

                “Acabaremos con toda su fuerza y quedará debilitado”

 

El rey suspiró y volvió a ponerse de pie. Parecía que había recuperado sus ánimos. Caminó hacia el capitán y le palmeó el hombro. Le sonrió. Haruka correspondió el gesto y bajó solemnemente su cabeza unos segundos.

 

                “Hizo un excelente trabajo, capitán... usted y su teniente”

                “Sólo cumplimos con nuestro deber, Alteza”

                “Dígame una manera en que puedo pagarles todo lo que hicieron... lo que sea, lo cumpliré sin dudarlo”

 

Haruka miró a su rey con ojos serios y se inclinó ante él.

 

                “Entonces le pido nos releve de nuestros cargos” dijo humildemente.

 

Tal petición dejó perplejo al rey y lo demostró con un sorprendido gesto. Con una seña le indicó a Haruka que se pusiera de pie.

 

               “¿Porqué, capitán?”

                “Por que... bueno...”

 

Un fugaz rubor en su rostro la delató por completo delante de su rey.

 

                “No se preocupe, capitán, cumpliré sus deseos” dijo, por fin, comprensivo.

                “Muchas gracias, Alteza, prometo que daremos nuestro mejor esfuerzo en la batalla”

                “Sé que lo harán...” respondió bastante sonriente, “por lo menos dígame por ella vale la pena abandonar su hogar”

                “Eso y más, Alteza...” musitó, “eso y más”

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

El enemigo atacó antes de lo esperado, pero no tomaron por sorpresa a los hombres de Urano... en cambio, ellos recibieron la sorpresa al descubrir el estandarte del rey Neptuno en una impresionante cantidad de hombres fuertemente armados.

 

La batalla, aunque fiera, era controlada por los locales. Por cada hombre de Urano morían cinco del emperador. Y eso que el ejército del emperador tenía fama de sádico asesino.

 

Haruka y Makoto se hallaban a la cabeza del ataque. Acabando con enemigos a diestra y siniestra sin piedad alguna. Sus miradas brillaban con el fuego de la lucha y el sentimiento de la promesa hecha a sus amadas. Esos soldados no serían ningún obstáculo para cumplir esa promesa.

 

Un poco más lejos del campo de batalla, fuerzas extras del emperador traían inmensos cañones y planeaban apuntar al sitio de la pelea... sin importarles acabar con propios y extraños a la vez. Estaban en la cima de unas pequeñas montañas con sus cañones de largo alcance.

 

Abajo sólo pudieron escuchar dos descargas consecutivas.

 

Dos montones de hombres cayeron al instante. Mitad de ellos de Urano, mitad de ellos del emperador.

 

Iban a dar una tercera descarga cuando la reserva de Neptuno les llegó por la espalda y les acabó con un fulminante ataque... a ellos y a la caballería que iba en refuerzo de sus compañeros.

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

Ese mismo día fue derrotado el ejército más poderoso de la historia de ese mundo...

 

Ese mismo día fue asesinado el malvado emperador, y toda su venenosa prole, por un pequeño grupo de rebeldes que aprovechó la excesiva confianza de éste y la ausencia de su ejército.

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

Al día siguiente, el rey felicitaba y apoyaba a los sobrevivientes y heridos. Le habían muerto pocos hombres, y eso le tenía muy aliviado. La mayoría del ejército de Neptuno había sobrevivido... y con eso comprobó la bravura de esos nobles hombres.

 

Lo único que le tenía apurado era no recibir noticias de su capitán y su teniente...

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

Lo único que Haruka escuchó fue la primera descarga del cañón... cerró los ojos un momento y al abrirlos se vio a sí misma bañada en sangre... Se le había reventado un oído por el estruendoso ruido de la explosión. Tosía, asfixiada por el polvo y el humo, cuando de repente se acordó de Makoto.

 

Intentó incorporarse, pero sentía el cuerpo de gelatina y no lograba moverse sin sentir un intenso dolor.

 

Arrastrándose, descubrió el cuerpo de Makoto a pocos metros de donde ella estaba. La chica estaba bocabajo y su cabeza era una mole de sangre y tierra.

 

                “¡¡¡Makoto!!!” gritó con una voz que no era suya y literalmente corrió hasta el cuerpo de su amiga

 

Makoto apenas si abrió los ojos y distinguió a su superior.

 

                “Ca... pi... tán...”

                “No hables o vas a debilitarte más” le dijo tiernamente, improvisando una venda con un jirón de su uniforme. “Resiste, soldado, estarás bien”

 

Sentía una horrible punzada en su oído derecho que apenas si le permitió escuchar la voz de su teniente. Makoto lucía muy mal... y eso le hizo temblar el corazón... Una gran cantidad de sangre brotaba de muchos lugares de su cuerpo y se sentía desmayar mientras vendaba la cabeza de Makoto.

 

                “Perdóneme, capitán” murmuró la chica, tomando las manos de Haruka. “Rompí mi promesa... ya no podré volver con Ami”

                “¡Deja de decir tonterías!” le gritó hecha un mar de lágrimas. “¡Vamos a sobrevivir y regresaremos con ellas!... ¡Lo juramos, Makoto, tienes que vivir!

                “Lo siento” lloró la chica con sus ojos casi nublados. “Siento que mis entrañas explotaron y ya no puedo más..”

                “Makoto... aguanta”

                “Perdóneme... y dígale a Ami que la amo, capi... ¡ACK!”

 

La teniente lanzó una bocanada de sangre y dejó de respirar.

 

                “¿Makoto?... ¡Con un demonio, despierta!... ¡¡¡MAKOTOOOOOOOOO!!!”

 

Lloró inconsolablemente sobre el cuerpo de su amiga...

 

Lloró ya sin importarle la batalla a su alrededor...

 

Lloró por el ángel y también por su sirena...

 

Lloró hasta dejar de respirar...

 

... hasta morir también...

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

                “¿Ami?” preguntó Michiru, preocupada por ver que su hermana se había echado a llorar de manera sorpresiva. “¿Qué sucede Ami-chan, porqué lloras?”

                “Lo  siento, de repente sentí una punzada en mi corazón”

 

Michiru no quiso decírselo, pero sintió lo mismo que ella.

 

                “¿Crees que Makoto y el capitán tarden más en volver?” preguntó de repente.

                “Ami-chan, ellas volverán, recuerda que lo prometieron”

                “Cierto”

                “Tú tranquila, que tienen que estar aquí uno de estos días”

                “Sí, hermana”

                “Bien, así me gusta que estés, contenta”

 

Se abrazaron fuertemente y regresaron la atención a sus instrumentos musicales. Estaban aún en la playa, en la orilla del mar, esperando a sus amores... y esperarían por siempre...

 

 

FIN

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