Te esperaré a la orilla del mar

 

 

 

Por: Escarlata

***** ***** ***** ***** *****

 

PARTE 4

 

 

 

                “Ami...”

                “¿Qué pasa Makoto?”

                “Quiero que tomes esto como un recuerdo mío”

 

Makoto le entregó a la chica su presente envuelto en papel brillante y amarrado con un pequeño listón azul. Ami miró a Makoto, agradecida, y abrió el regalo con inmenso cuidado. Sus ojos brillaron de felicidad cuando descubrió una pequeña pulsera; hecha por Makoto, indudablemente. De inmediato se la puso, mientras Makoto le observaba de forma expectante.

 

                “Está preciosa, Makoto, muchas gracias” murmuró Ami, tomando a Makoto de las manos y apretándolas contra su pecho.

                “Me alegra que te haya gustado” respondió la chica, ligeramente sonrojada y enormemente feliz.

                “Pero me gustas más tú” agregó la princesa, haciendo que esas palabras tiñeran de rojo brillante sus mejillas.

                “Y tú a mí”

 

Makoto se inclinó y depositó un breve beso en los labios de la princesa. Pero Ami se abrazó al fuerte cuello de la teniente y profundizó el beso a extremos apasionados. Makoto simplemente correspondió el gesto y abrazó a su ángel por la cintura.

 

De pronto, Makoto escuchó un sollozo y sintió algo húmedo correr por sus mejillas...

 

Ami lloraba.

 

No pudo evitar llorar también y abrazar a su chica con todas sus fuerzas, rompiendo el beso y dejando que el rostro de Ami descansara en su hombro derecho. Lloraron largo rato, hasta que Makoto logró controlarse y tomar el rostro de Ami entre sus manos. La princesa trató de contener las lágrimas también, lo cuál logró perdiéndose en los verdes ojos de Makoto.

 

                “Prométeme que regresarás” murmuró Ami, abrazándose con desesperación al torso de Makoto, “Prométemelo”

                “Lo juro por mi vida” respondió entre sollozos. “Volveré por ti. Te mostraré todos los reinos que he visitado... Lo juro, Ami”

 

Ami asintió y volvió a rendirse ante el llanto, al igual que Makoto.

 

                “Te amo, Makoto”

                “Y yo a ti, Ami”

                “Voy a esperarte hasta que vuelvas... te esperaré en la playa”

                “Y yo haré hasta lo imposible por regresar... Lo juro, Ami, te lo juro”

 

Volvieron a besarse y a llorar, abrazándose y estrechándose con fuerza y prometiéndose el reencuentro. Ninguna podía creer que tendrían que separarse.

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

                “¿Era de tu madre?”

                “Aja”

                “Entonces, no creo merecerlo, Haruka... es demasiado especial y valioso... mejor consérvalo tú”

 

Michiru le extendió el anillo para regresárselo, pero Haruka tomó la blanca mano de la princesa y la cerró, con el anillo dentro de ella.

 

                “Por lo mismo que es especial para mí, quiero que te lo quedes” alegó la rubia, bastante sonriente. “Por lo menos dime que te gustó” reprochó, riendo.

 

Michiru rió con bastante ligereza, después de un intento de encerrar las lágrimas. Se puso el anillo, descubriendo con tremenda felicidad que le venía muy bien el accesorio. Era justo a su medida. Miró a Haruka, agradecida, y le dio un beso en la mejilla que le hizo sonrojar.

 

                “De acuerdo, lo conservaré” dijo finalmente.

                “Gracias”

                “Gracias a ti por dármelo, prometo cuidarlo siempre”

 

Se sonrieron.

 

Pero la luna llena iluminando la cara de Michiru fue demasiada tentación para Haruka. La capitana envolvió el delgado cuerpo de la sirena con sus largos y fuertes brazos. La princesa sólo se dejó llevar por el abrazo, sintiendo la increíble calidez que salía de cada poro de Haruka. Pero no sólo calidez, también una frescura que sentía le despeinaba el alma.

 

Cada una se hundió en los ojos de la otra... y sintieron la necesidad de estar más cerca...

 

Un parpadeo y sus labios ya estaban unidos por un tendido y profundo beso. Otro parpadeo y sus brazos ya estaban en la espalda de la otra. Un suspiro y ya estaban llorando...

 

Interrumpiendo momentáneamente el beso, Haruka tomó a Michiru por las manos y le levantó el rostro con su nariz. Dedicándole una brillante sonrisa, besó la punta de la nariz de su princesa y después sus manos. Michiru por fin sonrió, aunque aún lloraba.

 

                “Regresaré” dijo Haruka después de tragarse un par de lágrimas para poder hablar.

                “Lo sé” respondió la sirena, sonriendo alegremente.

                “¿Entonces porqué lloras?”

                “Lo mismo te pregunto a ti...”

 

Rieron entre lágrimas y tímidas sonrisas. Se abrazaron fuertemente y reanudaron el beso un par de segundos. Apenas trataban de sopesar la despedida y el hecho de que no se verían dentro de quién sabe cuánto tiempo... era duro después de que apenas comenzaban a conocerse y a quererse más.

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

Ya había amanecido en el reino de Neptuno.

 

Decenas de trompetas despedían a la parte del ejército que partiría junto con el capitán Tenou y la teniente Kino. El resto, tal como lo planeado anteriormente, partiría con un día de distancia y esperaría en la frontera a manera de refuerzo. El reino de Urano estaba a cuatro días de camino, por lo que la otra mitad de soldados partirían al día siguiente. Aún no se escuchaba ninguna noticia de guerra por allá, por lo que iban con buen tiempo.

 

Los reyes se despidieron de la pareja de soldados en el puerto, después de permitirles subir a la nave que les conduciría por mar hasta sus tierras.

 

Justo antes de partir, dejaron que sus hijas se despidieran de la pareja...

 

Estaban en el camarote principal.

 

                “Regresaremos” dijo Makoto, despidiéndose de su querida Ami y después de Michiru.

                “De eso estoy segura” murmuró Michiru, besando la mejilla de Makoto y abrazándola con fuerza. “Cuídense, por favor”

                “Lo haremos, princesa” respondió Makoto, correspondiendo el abrazo.

                “Y usted, ángel, cuide bien a mi sirena” le dijo Haruka a Ami, rodeándola con sus brazos y cargándola como si de una niña pequeña se tratase. “¿De acuerdo?”

                “Claro” contestó Ami, dándole un beso a Haruka en la mejilla. “Y usted cuide de Makoto, capitán, no deje que se meta en problemas”

                “Eso tenlo por seguro, pequeña”

 

Michiru se alejó un poco de Makoto y abrazó al capitán, antes de besarla. Makoto hizo lo propio con su princesa y, después, el par de hermanas salió del camarote a paso rápido para evitar mostrar lágrimas ante sus valientes soldados.

 

No querían que se fueran tristes o preocupadas. Debían estar con la mente fría para poder enfrentar a sus enemigos sin distracción alguna.

 

Y estaban seguras de que regresarían a su lado.

 

                “¡Leven anclas!” gritó Haruka a la tripulación. “¡Suelten las velas!”

 

Las velas se extendieron y el viento impulsó al navío, empujándolo mar adentro a buena velocidad. Las trompetas y la gente despedía a los soldados con gritos de emoción y exclamaciones de ánimo. Y la pareja extranjera miraba fijamente a sus princesas, y las princesas a ésta... hasta que se perdieron de vista en el horizonte.

 

Haruka simplemente caminó al camarote con una extraña expresión en el rostro. Makoto la notó de inmediato y no se atrevió a cruzar palabras con su capitán. Makoto conocía a Haruka bastante bien y sabía que ahora quería estar a solas. Ella también necesitaba estar sola un momento para poder digerir lo que acababa de ocurrir.

 

Despedirse de su ángel fue muy duro, pero haría lo imposible por regresar a su lado y llevarla a conocer el mundo, pues Ami jamás había abandonado los límites de su reino. Quería estar por siempre al lado de esa chica y demostrarle todo el amor que sentía por ella. Conocerla más y mejor y mostrarle el interior de su ser.

 

Cerró los ojos y aspiró el aroma a mar. Dejó que el viento alborotara su cabello castaño y lo levantara a los cielos... y dejaba que se llevara las lágrimas que estaba derramando...

 

                “Ami... ángel... regresaré, lo juro” murmuró entre lágrimas que caían al mar.

 

Haruka estaba tumbada en su cama mirando el techo del camarote. A su lado estaban los mapas con los planes que había tramado con el rey Neptuno.

 

Pero ahora no pensaba en la guerra que le esperaba, tampoco en los valientes hombres que confiaban en su mando o en el rey que le recibió como amigo... su mente estaba perdida en el recuerdo de un par de ojos turquesa. Navegaba en un cuerpo de sirena y sus sentidos le engañaban diciéndole que ella aún estaba a su lado.

 

Sacudió su cabeza, pero la imagen de Michiru se negaba a abandonar su mente.

 

Pero, como capitán de un ejército, ya no podría permitirse debilidades ni distracciones al llegar a su tierra. Necesitaba su temple de acero y su corazón de piedra para poder guiar a sus hombres en la batalla y darle más confianza y seguridad a su teniente.

 

                “Por ti, Michiru, ganaremos ésta guerra” musitó antes de ponerse de pie y adoptar, después de mucho tiempo, su gesto frío y decidido, listo para el combate.

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

Las princesas estaban en una pequeña playa, aledaña al puerto donde había zarpado el barco con los soldados.

 

                “Desde aquí veremos cuando lleguen” exclamaba Ami con una inmensa sonrisa, admirando el horizonte marino con sus ojos zafiro.

                “Eso será después de mucho tiempo, Ami-chan” repuso la hermana mayor, seria. “Las invasiones no son cosas muy sencillas... esas peleas pueden durar meses o incluso años”

                “Lo sé, hermana” respondió, “pero aún así yo esperaré aquí a Makoto”

                “¿Vendrás diario o qué?” preguntó, ahora sonriente.

                “Sí... estaré aquí todos los días por la mañana, esperando a que llegue su barco”

                “Entonces esperaré contigo, podrías aburrirte aquí sola” respondió Michiru, riendo.

 

Ambas hermanas comenzaron a reír y, quitándose su calzado, entraron a jugar al mar y se salpicaban y mojaban entre risas y lágrimas cubiertas por al agua.

 

Después de un rato de juegos, se sentaron sobre la arena y, tomadas de las manos, miraban el radiante horizonte y esperaban a que las olas trajeran de regreso el barco con sus soldados. Esperarían el tiempo que fuese necesario, pues sabían que ellas cumplirían su promesa.

 

                “Apenas se fue y ya la extraño” murmuró Ami, abrazando sus rodillas y bajando su vista al suelo.

                “Y yo...”

 

Permanecieron calladas unos momentos y Michiru se puso de pie.

 

                “Nos aburriremos mucho si sólo nos quedamos sentadas” dijo, “iré por nuestros instrumentos y tocaremos”

                “Podríamos escribir una melodía para ellas”

                “Por supuesto”

 

Y desde ese día, ellas permanecieron ahí la mayor parte del día y de los días consiguientes. Como era la playa privada del castillo, nadie más a excepción de ellas dos se encontraba ahí.

 

Sólo se dedicaron a esperar...

 

*** *** *** *** ***

Hosted by www.Geocities.ws

1