Te esperaré a la orilla del mar

 

 

 

Por: Escarlata

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PARTE 3

 

 

 

                “¡Suélteme, capitán, ya le he dicho que no hice nada!”

                “¡Crees que no sé que hiciste algo con la princesa Ami!... ¡Confiesa, soldado!... ¡Te pregunté de qué estuvieron hablando mientras no estábamos y te pusiste roja!... ¡Esa es una prueba irrefutable en tú contra!”

                “¡Capitán, déjeme!”

                “¡No hasta que confieses todo!”

 

Haruka sonreía maliciosamente, mientras tenía a Makoto bajo una fuerte y dolorosa llave. La teniente, aunque fuerte, no lograba liberarse de la trampa. Le daba pena contarle a Haruka lo que había pasado... pero, se dio cuenta de que, sino lo hacía, Haruka iba a romperle el cuello.

 

                “¡De acuerdo, confesaré, pero suélteme!”

                “Buena elección” murmuró Haruka, dejándola libre.

 

Makoto se sobó el cuello, adolorida, y miró a su capitán con un enorme sonrojo. ¿Cómo comenzar a contarle todo? No sabía por dónde empezar. Haruka también la observaba, sonriente... Makoto no sabía mentir, y esa era una cualidad que siempre la delataba. Sabía lo apenada que estaba Makoto, por eso no la presionó (más) para hablar sobre el asunto.

 

                “Nos... ella y yo nos...” balbuceó Makoto, roja a más no poder.

                “Ella y tú se...”

                “Nos... dimos un beso...” finalizó casi sin voz.

                “¡¿Que hicieron qué?!”

 

Haruka se fue de espaldas sobre el suelo. Makoto escondió su rostro ruborizado entre sus brazos. Haruka ciertamente esperaba algo así, pero creyó que podría soportar la noticia... creyó... Cuando logró incorporarse, miró fijamente a Makoto. La teniente seguía escondida en sí misma. Haruka no tardó en recuperarse de la sorpresa y pronto puso un gesto de contento, antes de abrazar a Makoto.

 

                “¡Lo hiciste, Makoto, lo hiciste, te felicito!” le dijo su capitán alegremente. “Tienes muy buen gusto, la princesa Ami es muy hermosa”

                “Capitán...” murmuró Makoto, tomando un gesto de igual contento. “¿Y cómo le fue con la princesa Michiru?”

 

Ante la pregunta, Haruka se sonrojó con fuerza, cosa que Makoto notó de inmediato. Sonrió con malicia y comenzó a reír con ligereza.

 

                “Supongo que le fue igual de bien que a mí, capitán” comentó Makoto con tono malvado, lo que le ganó un golpe en el hombro por parte de Haruka.

 

Haruka no quiso decírselo, pero también había besado a Michiru...

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

Ami, si bien estaba nerviosa por lo que había hecho con Makoto, supo disimular delante de su hermana. Pero, notó que ésta estaba un tanto... distraída... era raro en ella...

 

De pronto, su imaginación comenzó a soltarse... ¿acaso su hermana y el capitán Tenou...?

 

                “Dioses” pensó con inmensa sorpresa de sólo imaginar lo que Michiru pudo haber hecho con el superior de Makoto.

 

Ya estaban por acostarse en su dormitorio del palacio, después de que la fiesta terminara a altas horas de la madrugada. Incluso ya casi amanecía... Pero ser princesas tenía sus ventajas, podían levantarse a la hora que quisiesen. 

 

Le dio pena preguntarle qué tal le había ido con el capitán Tenou, pero temió que después ella le preguntase cómo había pasado el rato con Makoto. Prefirió guardar silencio y no comentar nada.

 

Michiru también estaba bastante extrañada del silencio de Ami, pero no dijo nada sobre el asunto, no cuando su mente estaba perdida en el recuerdo de un delicioso beso que le diera el capitán Tenou hacía poco rato...

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

“¡Princesa, por favor, perdóneme!” exclamaba Haruka con un gesto aterrorizado.

 

Michiru estaba sonrojada hasta el extremo, más no se atrevió a decir nada por algunos segundos...

 

Haruka se había inclinado sobre ella y propinado un fugaz beso en los labios. La rubia no tenía ni idea de por qué había hecho tal cosa, sólo sintió el repentino deseo de hacerlo... Y lo hizo sin siquiera pensarlo...

 

“¡Por favor, perdóneme!” exclamó de nuevo y dio media vuelta, con la clara intención de echarse a correr.

 

Antes de que Haruka tuviera oportunidad de huir, Michiru le sujetó de la manga de su uniforme militar con fuerza, amenazando con romper la fina tela oscura. Haruka, aunque deseaba escapar de ahí, o mínimo que la tierra se la tragara; se detuvo, mas no se atrevió a voltear.

 

“Haruka... no se vaya” murmuró la princesa, abrazándose del fuerte y delgado brazo de la chica rubia.

“Lo siento, princesa, no era mi intención ofenderla” dijo en voz baja.

“No me ha ofendido, capitán... al contrario...” respondió con inmensa timidez y un tono de voz que no sabía que tenía.

 

Haruka volteó de golpe y encaró a la princesa. En el rostro de la rubia estaba pegada la más pura sorpresa... Sorpresa por lo que había hecho, lo que estaba pasando y lo que iba a suceder a continuación...

 

“Michiru...”

“Haruka, no me has ofendido” repitió amablemente “eso puedo jurártelo.”

 

La rubia sólo pudo mirar los marinos ojos de la joven princesa. Sus manos cobraron vida propia y tomaron a la sirena por el rostro con un delicado y suave toque. La princesa simplemente se dejó hacer, mientras observaba con infantil fascinación los ojos verdes de Haruka.

 

“Michiru...” logró murmurar con un respiro, antes de colocar sus labios de nueva cuenta sobre los de la princesa.

 

Ese beso era lo mejor que había sentido Michiru en su vida. Era tan suave, tan dulce, tan sensual... Sin duda alguna eran labios que sabían lo que hacían, pero no quiso arruinar el momento pensando en el número de chicas que Haruka ya había besado para llegar a ese grado de experiencia. Sólo se dejó llevar por el beso unos segundos, antes de devolvérselo.

 

La pasaron así hasta que el oxígeno fue necesario, alrededor de cinco minutos después.

 

Al separarse, Michiru podría jurar que las estrellas eran más brillantes que hacía unos minutos, y Haruka por fin había encontrado otra razón para vivir además del bienestar de su reino y su querida amiga Makoto. Sólo que, ahora Michiru, ocupaba gran parte de sus pensamientos. Le hizo olvidar todas sus preocupaciones y miedos y demás pesadumbres que le aquejaban el corazón.

 

“Gracias, mi princesa” dijo Haruka en un galante tono que demostraba lo que feliz que se encontraba en ese momento.

“Gracias a ti, soldado” respondió Michiru, acariciando la suave mejilla del capitán.

“¿Está bien si regresamos ahora con Makoto y su hermana?”

“No hay prisa...” ronroneó de forma traviesa, abrazando lentamente la espalda de Haruka.

“Cierto...”

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

Los siguientes días, mientras el ejército se preparaba para partir al reino de Urano, Haruka y Makoto la pasaban de maravilla con las princesas en un callado romance que era un secreto a voces entre ellas cuatro.

 

El rey Neptuno naturalmente se percató de lo que pasaba entre sus hijas y esos soldados, mas no dijo nada, no cuando pudo ver en los ojos de ellas lo feliz que estaban al lado de aquellos forasteros de buen corazón. Pero lamentaba mucho que tuvieran que irse en unos cuantos días de regreso a su reino. Tendrían que partir una semana antes de que se cumpliera el plazo de la invasión enemiga para llegar a tiempo y preparar todo.

 

Haruka y Makoto estaban conscientes de ello, pero les dolía mucho tener de despedirse de su sirena y su ángel. Las princesas también estaban al tanto de la situación, pero acordaron disfrutar lo más posible el tiempo que les quedara al lado de ellas.

 

Sin embargo, a pesar de que el amor les hacía eternas las tardes compartidas, los días pasaron demasiado rápido... y, pronto, llegó el momento de que la pareja de soldados partiera.

 

Las cuatro lo sabían.

 

Era de noche. Al amanecer iban a partir de regreso a su hogar...

 

Las princesas se encontraban en su dormitorio, tratando de sacar algo de fuerza de voluntad para ir a buscar a sus parejas y despedirse de ellas... Ami estaba sentada en su cama, intentando contener las lágrimas mientras pensaba en las palabras adecuadas qué decirle a Makoto al encontrarse con ella. Michiru miraba por el balcón que daba su vista al mar, igualmente triste y dejando que el aire salado le evitara el escape a las lágrimas.

 

                “Sino salimos ahora, se hará más tarde” murmuró Ami, mirando fijamente a su hermana mayor.

 

Michiru no contestó, no volteó, no se movió. Ami repitió lo dicho y de nuevo su hermana no pareció escucharla. Estaba perdida en sus pensamientos.

 

                “Michiru... por favor, vamos” insistió Ami, levantándose y tomando a Michiru por el brazo.

 

Pero la sirena se deshizo del toque de forma violenta. Ami se sorprendió, pero obligó a su hermana a mirarla a los ojos... sólo para descubrir, con aún más sorpresa, que Michiru lloraba silenciosamente. El sentimiento también se apoderó de Ami y lloró, abrazándose con fuerza a su hermana.

 

                “No creo poder hacerlo, Ami” sollozó Michiru.

                “Ni yo, pero no puedo dejar que se vaya sin decirle lo que en verdad siento” dijo el ángel, tomando a la sirena por las manos. “Makoto me importa demasiado y no puedo darme el lujo de no despedirme de ella... y estoy segura de que piensas lo mismo que yo con respecto al Capitán Tenou”

 

Michiru sólo pudo murmurar un ‘cierto’, mientras se sonrojaba profundamente. Ami sonrió y apretó con más fuerza las manos de Michiru entre las suyas.

 

                “Vámonos, deben estar esperándonos en el escondite” dijo Ami de forma dulce.

                “Está bien, vamos”

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

                “¿Es eso lo que le vas a dar a Ami?”

                “Si, capitán... ¿cree que le guste?”

                “Claro”

 

Makoto le mostraba a su capitán, con inmenso entusiasmo, una pequeña cadena que había hecho con una diminuta y brillante concha marina que hacía unos días había encontrado. Era muy hermosa.

 

                “Yo también pensaba darle algo a Michiru” murmuró Haruka, enrojeciendo levemente y sacando una pequeña caja de un bolsillo de su pantalón. “Mira”

 

Dicho eso, le mostró un minúsculo y brillante anillo de oro con una diminuta piedra incrustada.

 

                “Es hermoso” musitó Makoto, maravillada. “Estoy segura de que le va a encantar, capitán”

                “Eso mismo quiero pensar... era el anillo que me dio mi madre entes de morir. Es mi tesoro y quiero que ella lo tenga”

 

La pareja estaba en el escondite de las princesas, esperando a que éstas llegaran y despedirse de ellas. Iban a salir en cuanto el sol se asomara por el horizonte y deseaban pasar esa última noche al lado de las princesas que tanto amaban.

 

                “Ya no han de tardar en llegar” murmuró Makoto después de pasar unos minutos en silencio observando el regalo que le tenía a su ángel.

                “Lo sé...”

 

No esperaron más de diez minutos, pues sus princesas no tardaron en hacer acto de aparición en el escondite.

 

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