Te esperaré a la orilla del mar

 

 

 

Por: Escarlata

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PARTE 2

 

 

 

El ángel se escondía tras la sirena, un poco asustada, mientras ésta última encaraba a los espías, sosteniendo el violín como si fuera un garrote.

 

                “¿Quién está ahí?” preguntó Michiru en voz alta, empuñando su... peligrosa arma.

 

No tuvieron más remedio que salir ante ellas, antes de ganarse un buen golpe. Las jóvenes se sorprendieron al ver a dos soldados desconocidos. Pero Michiru no bajó su arma y les miró con desdén.

 

                “¿Quiénes son ustedes?” volvió a preguntar.

                “Por favor, discúlpennos, no era nuestra intención asustarlas” dijo Haruka, haciendo un ademán con sus manos para que la sirena dejara el violín.

                “Es sólo que tocaron una hermosa melodía y no pudimos evitar seguirlas, perdón” continuó Makoto, apenada, al ver el gesto asustado del ángel.

 

Michiru lentamente bajó el violín y suavizó su gesto, pero sin dejar de cubrir a Ami con su cuerpo.

 

                “Aún no me dicen quienes son” dijo, ya más tranquila.

                “Somos del reino de Urano, soy el capitán Haruka Tenou, y ella es mi teniente, Makoto Kino” respondió Haruka, haciendo una galante reverencia que Makoto imitó.

                “Es todo un honor conocerlas” continuó la teniente educadamente.

 

La primera en responder el saludo fue Michiru.

 

                “Me llamo Michiru y ella es Ami, somos hijas de Neptuno” contestó, inclinando su cabeza.

 

La pareja se sorprendió, esas eran las hijas rebeldes de Neptuno, vaya sorpresa... Una repentina sonrisa salió de las cuatro bocas, ya menos incómodas por la situación tan embarazosa. A lo lejos, se escuchaba una pieza orquestal proveniente del palacio, la primera en moverse fue Haruka, que caminó directo a Michiru.

 

                “Ahora que ya nos conocemos, ¿me concedería ésta pieza, princesa? – dijo Haruka galantemente, ofreciéndole su mano a Michiru.

 

Michiru le miró unos segundos, divertida, y le sonrió de forma graciosa, tomando su mano enguantada.

 

                “Estaré encantada, soldado” respondió, iniciando el delicado baile.

 

Ami estaba sorprendida, Makoto no tanto; por lo general, Michiru se las arreglaba para repeler a los pretendientes, y Haruka siempre se salía con la suya... Makoto miró a Ami unos segundos, hasta que sus ojos se encontraron. Ami lucía nerviosa, pero se tranquilizó un poco cuando la alta chica le sonrió y le ofreció su mano.

 

                “¿Qué dice, princesa, bailamos?” le preguntó con una enorme sonrisa.

 

Ami abrió la boca para decir algo, pero de inmediato la cerró, tartamudeó algo ininteligible antes de tomar la mano de Makoto y devolverle la sonrisa.

 

                “Gracias” dijo Makoto en voz baja al darse cuenta de la enorme timidez de la chica, ésta sólo asintió con la cabeza y comenzó a bailar.

 

En total fueron seis piezas las que bailaron entre silencios y sonrisas.

 

Ami y Makoto apenas si se percataron cuando la otra pareja desapareció entre los árboles. Se soltaron, algo incómodas por la repentina privacidad que les regalaron. De nuevo, Makoto fue la primera en sonreírle para tranquilizarla.

 

                “Si gusta, me retiro” dijo Makoto, inclinándose educadamente.

 

Ami otra vez titubeó para contestar, pero al final logró articular unas palabras.

 

                “No, no es necesario que se vaya, teniente” respondió con un hilo de voz, agregando en voz más baja “Me encantaría que se quedara conmigo”

 

Ami se sonrojó con fuerza, sorprendida de sus propias palabras. Makoto sólo sonrió. Se sentó en una piedra y contempló las estrellas, Ami le siguió a los pocos segundos, pero manteniendo cierta distancia.

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

En tanto, Michiru no podía creer lo bien que la estaba pasando con el capitán Tenou. Naturalmente, ya se había dado cuenta de que el capitán era mujer, pero, ¿acaso eso importaba?... Además parecía agradarle que la trataran como hombre, ¿porqué no darle ese gusto?... Aparte, ya podía imaginarse la cara de Ami, y lo que le haría, después de dejarla a solas con la teniente Kino.

 

Ya después buscaría una excusa para darle a Ami, ahora quería disfrutar ese agradable rato al lado ‘del capitán’.

 

                “¿Siempre coquetea así con las chicas de su reino, capitán?” le preguntó Michiru de forma graciosa, haciéndola sonreír.

                “No siempre... sólo lo hago con las chicas hermosas” respondió Haruka, aparentando una postura altiva y orgullosa; pero, al mismo tiempo, mostrándose divertida por el sentido de la plática.

                “¿Y eso quiere decir que soy hermosa, capitán?” continuó Michiru, provocando, ésta vez, un leve sonrojo en la rubia figura a su lado.

 

Haruka sintió el calor en sus mejillas...

 

Consciente de su propio sonrojo, evadió aquella mirada marina, fingiendo contemplar algo en el cielo. Simplemente, no respondió a la pregunta que le hiciera la princesa. Por dentro le recorría un sentimiento de sorpresa... nunca antes una  chica le había hecho ruborizar así... por lo general, era ella quien hacía sonrojar y apenarse a su víctima en turno... Era cierto y no podía negarlo, era una coqueta sin remedio. Apenas una chica linda le echaba el ojo, de inmediato de lanzaba sobre ella y le cortejaba hasta hartarse.

 

Pero... esa chica... esa princesa... la había hecho sonrojar sin querer.

 

Michiru sólo sonrió...

 

De alguna manera, no sabía cómo, le había ganado el primer duelo ‘al capitán’... Buscaba cortejarla, y le tumbó la idea con tan inocente comentario... Se admiraba a sí misma, nunca había hecho algo así con algún otro pretendiente. Pero Haruka Tenou era tan... atractiva... mejor dicho, atrayente, que simplemente no pudo rechazarla. La forma en que los mechones rubios le cubrían la frente y los ojos la hacían ver como un niño travieso; su sonrisa suave, apenas notable, era capaz de capturar su atención; y, quizá lo más llamativo de ella, era la extraña atmósfera que se formaba a su alrededor... El viento se volvía más fresco y juguetón, más delicioso al contacto de la piel...

 

                “Aún no me responde nada, capitán” insistió Michiru, tratando de contener una risa que le provocó verla más ruborizada. “Y no es caballeroso no responderle a una princesa”

 

Haruka se vio imposibilitada a abrir la boca.

 

¿Qué demonios iba a responderle?... Ella y su bocota que tuvo que decir eso...

 

                “Sí” contestó de forma repentina, sin saber si fue ella o su corazón el que habló.

 

Ahora fue Michiru la que se sonrojó con ligereza. Ese ‘sí’ era su respuesta a aquella pregunta que le hizo...

 

... y, después de eso, tampoco supo qué decir...

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

                “Aquella estrella... ¿puede verla, teniente?”

                “Sí. La brillante al lado de la luna, ¿verdad?”

                “Esa misma. Papá dice que nací mientras esa estrella brillaba sobre mí. Esa es mi estrella”

 

Makoto contemplaba a la susodicha estrella y a la princesa de forma alternada. Estaba maravillada. La princesa Ami era muy inteligente, gentil y amable. No le tomó mucho tiempo entablar conversación con ella, después de unos minutos de silencio. Bastó un pequeño comentario para que la princesa continuara...

 

                “Es una noche muy hermosa” había dicho Makoto, admirando el ejército de estrellas que desfilaba en el cielo. “¿Las noches siempre son así de bellas en éste reino, princesa?”

 

Le vio sonreírle tímidamente, antes de contestar con inmenso entusiasmo la pregunta. La teniente también le sonrió. Jamás había visto una sonrisa tan hermosa como aquella, nunca... Simplemente le gustó la manera en que ella le sonrió... Ami era una chica muy linda, un pudo evitar pensarlo... De pronto, recordó aquel consejo que le diera su capitán... que, sino tenía suerte con los chicos, que lo intentara con las chicas...

 

Se sonrojó de repente y miró de reojo a la princesa, que seguía hablando y hablando maravillas sobre la astronomía. Sólo sus oídos escuchaban a la princesa, su mente no oía nada de lo que ella hablaba... sus ojos esmeralda únicamente podían contemplar a la princesa y su preciosa mirada azulada.

 

“Hermosa” pensó para sí.

 

La princesa señaló algo en el cielo y volteó a mirar a la teniente, sólo para descubrir que le miraba fijamente...

 

El choque de sus pupilas las puso nerviosas. Makoto fue la primera en desviar su mirada, bastante apenada de que Ami le descubriera viéndola... ¿cómo iba a explicarse ésta vez?. Ami bajó su rostro sonrojado, mientras su corazón seguía bombeando sangre hacia sus mejillas a una velocidad sorprendente.

 

Nunca había conocido a nadie como Makoto. Era grande, fuerte y encantadora... y bastante atractiva...

 

                “Teniente...” murmuró Ami, notando de reojo el rubor en el rostro de Makoto.

                “Perdóneme, princesa... yo...” balbuceó Makoto, poniéndose de pie. “No era mi intención incomodarla. Mejor regreso a la fiesta. Con su permiso”

 

Dio media vuelta y, sin notar que Ami se levantó tras ella, se regañaba una y otra vez por haber arruinado su oportunidad con la princesa. En verdad le atraía esa joven, le... gustó desde que la vio jugar entre los árboles con su hermana, desde que trató de descubrir qué instrumento era el que acompañaba al violín en las noches de concierto... desde ahí supo que ella le gustaba...

 

... Y todo en menos de un par de días... y eso que la conocía directamente desde hacía algunas horas...

 

Mientras se retiraba, sintió que una pequeña mano le retenía por el brazo. Volteó, para encontrarse con un ruborizado gesto en la joven princesa, quien parecía decirle con la mirada que no se fuera.

 

                “Princesa...”

                “Mi nombre es Ami, Makoto, no ‘princesa’...” respondió Ami, sonriéndole tímidamente.

 

Ami recordó lo que uno de sus hermanos mayores le platicara... que, cuando encontrara a la persona ideal, a la persona más importante de su vida, se sentiría como nunca antes se había sentido... Y, en ese momento, se estaba sintiendo así... Ver los ojos de Makoto simplemente le sacaba sonrisas y le obligaba a buscar miradas en ella... Y, a pesar de conocerla poco, sentía que, quizá en otra vida, quizá en otro lugar, ya había estado al lado de ella...

 

                “Ami...” murmuró Makoto, tratando de sopesar la sorpresa que le causó la reacción de la princesa. No se lo esperaba, pero tampoco podía negar que le había agradado, de hecho, se puso muy contenta en cuestión de segundos.

 

La pequeña y blanca mano seguía sosteniéndole del brazo, y, al parecer, no tenía la más mínima intención de dejarla ir. La teniente poco a poco sonrió, volvió su cuerpo hacia la princesa, y tomó sus lindas manos entre las suyas, estrechándolas gentilmente. Se sentía muy contenta de saber que le gustaba a la princesa.

 

La princesa le devolvió la sonrisa y, sonrojada hasta el extremo, no pudo atinar a las palabras adecuadas para expresarle lo contenta que estaba de estar ahí, a su lado.

 

                “Tu nombre es hermoso” comentó Makoto, sacando fuerzas para acariciarle una mejilla a su pequeña acompañante. “Tú eres hermosa” continuó con un rubor más profundo.

 

En respuesta a los elogios, Ami bajó el rostro, pero la enguantada mano que le sujetaba la mejilla le obligó a mirar de nuevo a la chica más alta. La princesa encontró sus ojos con los trozos esmeralda que adornaban la bronceada cara de Makoto por encima de la nariz.

 

                “Makoto...”

 

Una fuerza desconocida e irresistible pareció tomar posesión del momento y de los cuerpos de la princesa y la teniente, Makoto tomó el rostro de Ami con ambas manos e, inclinándose ligeramente, acercó su rostro al de la princesa, buscando sus labios con los suyos. Ami sólo cerró los ojos, mientras se sujetaba de la ropa de la teniente en busca de soporte, pues sentía que no tardaría en desvanecerse.

 

El contacto de sus labios apenas si fue ligero y perceptible al principio, apenas rozándose, apenas conociéndose... Pero Ami, ansiosa, se levantó sobre las puntas de sus pies y entró en completo contacto con Makoto...

 

... un contacto muy breve, pues unos pasos que se acercaban les interrumpieron...

 

Se separaron abruptamente una de la otra, mientras, entre los árboles, hacían acto de aparición Michiru y el capitán Tenou.

 

Makoto y Ami estaban demasiados rojas y nerviosas como para hablar, pero, gracias a la oscura noche, la otra pareja no notó nada extraño en ellas en ese momento.

 

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