Por:
Escarlata
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El
ángel se escondía tras la sirena, un poco asustada, mientras ésta última
encaraba a los espías, sosteniendo el violín como si fuera un garrote.
“¿Quién está ahí?” preguntó
Michiru en voz alta, empuñando su... peligrosa arma.
No
tuvieron más remedio que salir ante ellas, antes de ganarse un buen golpe. Las
jóvenes se sorprendieron al ver a dos soldados desconocidos. Pero Michiru no
bajó su arma y les miró con desdén.
“¿Quiénes son ustedes?” volvió a
preguntar.
“Por favor, discúlpennos, no era
nuestra intención asustarlas” dijo Haruka, haciendo un ademán con sus manos
para que la sirena dejara el violín.
“Es sólo que tocaron una hermosa
melodía y no pudimos evitar seguirlas, perdón” continuó Makoto, apenada, al ver
el gesto asustado del ángel.
Michiru
lentamente bajó el violín y suavizó su gesto, pero sin dejar de cubrir a Ami
con su cuerpo.
“Aún no me dicen quienes son”
dijo, ya más tranquila.
“Somos del reino de Urano, soy
el capitán Haruka Tenou, y ella es mi teniente, Makoto Kino” respondió Haruka,
haciendo una galante reverencia que Makoto imitó.
“Es todo un honor conocerlas”
continuó la teniente educadamente.
La
primera en responder el saludo fue Michiru.
“Me llamo Michiru y ella es Ami,
somos hijas de Neptuno” contestó, inclinando su cabeza.
La
pareja se sorprendió, esas eran las hijas rebeldes de Neptuno, vaya sorpresa...
Una repentina sonrisa salió de las cuatro bocas, ya menos incómodas por la
situación tan embarazosa. A lo lejos, se escuchaba una pieza orquestal
proveniente del palacio, la primera en moverse fue Haruka, que caminó directo a
Michiru.
“Ahora que ya nos conocemos, ¿me
concedería ésta pieza, princesa? – dijo Haruka galantemente, ofreciéndole su
mano a Michiru.
Michiru
le miró unos segundos, divertida, y le sonrió de forma graciosa, tomando su
mano enguantada.
“Estaré encantada, soldado”
respondió, iniciando el delicado baile.
Ami
estaba sorprendida, Makoto no tanto; por lo general, Michiru se las arreglaba
para repeler a los pretendientes, y Haruka siempre se salía con la suya...
Makoto miró a Ami unos segundos, hasta que sus ojos se encontraron. Ami lucía
nerviosa, pero se tranquilizó un poco cuando la alta chica le sonrió y le
ofreció su mano.
“¿Qué dice, princesa, bailamos?”
le preguntó con una enorme sonrisa.
Ami
abrió la boca para decir algo, pero de inmediato la cerró, tartamudeó algo
ininteligible antes de tomar la mano de Makoto y devolverle la sonrisa.
“Gracias” dijo Makoto en voz
baja al darse cuenta de la enorme timidez de la chica, ésta sólo asintió con la
cabeza y comenzó a bailar.
En
total fueron seis piezas las que bailaron entre silencios y sonrisas.
Ami
y Makoto apenas si se percataron cuando la otra pareja desapareció entre los
árboles. Se soltaron, algo incómodas por la repentina privacidad que les
regalaron. De nuevo, Makoto fue la primera en sonreírle para tranquilizarla.
“Si gusta, me retiro” dijo Makoto,
inclinándose educadamente.
Ami
otra vez titubeó para contestar, pero al final logró articular unas palabras.
“No, no es necesario que se
vaya, teniente” respondió con un hilo de voz, agregando en voz más baja “Me
encantaría que se quedara conmigo”
Ami
se sonrojó con fuerza, sorprendida de sus propias palabras. Makoto sólo sonrió.
Se sentó en una piedra y contempló las estrellas, Ami le siguió a los pocos
segundos, pero manteniendo cierta distancia.
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*** *** *** ***
En
tanto, Michiru no podía creer lo bien que la estaba pasando con el capitán
Tenou. Naturalmente, ya se había dado cuenta de que el capitán era mujer, pero,
¿acaso eso importaba?... Además parecía agradarle que la trataran como hombre,
¿porqué no darle ese gusto?... Aparte, ya podía imaginarse la cara de Ami, y lo
que le haría, después de dejarla a solas con la teniente Kino.
Ya
después buscaría una excusa para darle a Ami, ahora quería disfrutar ese
agradable rato al lado ‘del capitán’.
“¿Siempre coquetea así con las
chicas de su reino, capitán?” le preguntó Michiru de forma graciosa, haciéndola
sonreír.
“No siempre... sólo lo hago con
las chicas hermosas” respondió Haruka, aparentando una postura altiva y
orgullosa; pero, al mismo tiempo, mostrándose divertida por el sentido de la
plática.
“¿Y eso quiere decir que soy
hermosa, capitán?” continuó Michiru, provocando, ésta vez, un leve sonrojo en
la rubia figura a su lado.
Haruka
sintió el calor en sus mejillas...
Consciente
de su propio sonrojo, evadió aquella mirada marina, fingiendo contemplar algo
en el cielo. Simplemente, no respondió a la pregunta que le hiciera la
princesa. Por dentro le recorría un sentimiento de sorpresa... nunca antes
una chica le había hecho ruborizar así...
por lo general, era ella quien hacía sonrojar y apenarse a su víctima en
turno... Era cierto y no podía negarlo, era una coqueta sin remedio. Apenas una
chica linda le echaba el ojo, de inmediato de lanzaba sobre ella y le cortejaba
hasta hartarse.
Pero...
esa chica... esa princesa... la había hecho sonrojar sin querer.
Michiru
sólo sonrió...
De
alguna manera, no sabía cómo, le había ganado el primer duelo ‘al capitán’...
Buscaba cortejarla, y le tumbó la idea con tan inocente comentario... Se
admiraba a sí misma, nunca había hecho algo así con algún otro pretendiente.
Pero Haruka Tenou era tan... atractiva... mejor dicho, atrayente, que
simplemente no pudo rechazarla. La forma en que los mechones rubios le cubrían
la frente y los ojos la hacían ver como un niño travieso; su sonrisa suave,
apenas notable, era capaz de capturar su atención; y, quizá lo más llamativo de
ella, era la extraña atmósfera que se formaba a su alrededor... El viento se
volvía más fresco y juguetón, más delicioso al contacto de la piel...
“Aún no me responde nada, capitán”
insistió Michiru, tratando de contener una risa que le provocó verla más
ruborizada. “Y no es caballeroso no responderle a una princesa”
Haruka
se vio imposibilitada a abrir la boca.
¿Qué
demonios iba a responderle?... Ella y su bocota que tuvo que decir eso...
“Sí” contestó de forma
repentina, sin saber si fue ella o su corazón el que habló.
Ahora
fue Michiru la que se sonrojó con ligereza. Ese ‘sí’ era su respuesta a aquella
pregunta que le hizo...
...
y, después de eso, tampoco supo qué decir...
***
*** *** *** ***
“Aquella estrella... ¿puede
verla, teniente?”
“Sí. La brillante al lado de la
luna, ¿verdad?”
“Esa misma. Papá dice que nací
mientras esa estrella brillaba sobre mí. Esa es mi estrella”
Makoto
contemplaba a la susodicha estrella y a la princesa de forma alternada. Estaba
maravillada. La princesa Ami era muy inteligente, gentil y amable. No le tomó
mucho tiempo entablar conversación con ella, después de unos minutos de
silencio. Bastó un pequeño comentario para que la princesa continuara...
“Es una noche muy hermosa” había
dicho Makoto, admirando el ejército de estrellas que desfilaba en el cielo.
“¿Las noches siempre son así de bellas en éste reino, princesa?”
Le
vio sonreírle tímidamente, antes de contestar con inmenso entusiasmo la
pregunta. La teniente también le sonrió. Jamás había visto una sonrisa tan
hermosa como aquella, nunca... Simplemente le gustó la manera en que ella le
sonrió... Ami era una chica muy linda, un pudo evitar pensarlo... De pronto,
recordó aquel consejo que le diera su capitán... que, sino tenía suerte con los
chicos, que lo intentara con las chicas...
Se
sonrojó de repente y miró de reojo a la princesa, que seguía hablando y
hablando maravillas sobre la astronomía. Sólo sus oídos escuchaban a la
princesa, su mente no oía nada de lo que ella hablaba... sus ojos esmeralda
únicamente podían contemplar a la princesa y su preciosa mirada azulada.
“Hermosa” pensó para sí.
La
princesa señaló algo en el cielo y volteó a mirar a la teniente, sólo para
descubrir que le miraba fijamente...
El
choque de sus pupilas las puso nerviosas. Makoto fue la primera en desviar su
mirada, bastante apenada de que Ami le descubriera viéndola... ¿cómo iba a
explicarse ésta vez?. Ami bajó su rostro sonrojado, mientras su corazón seguía
bombeando sangre hacia sus mejillas a una velocidad sorprendente.
Nunca
había conocido a nadie como Makoto. Era grande, fuerte y encantadora... y
bastante atractiva...
“Teniente...” murmuró Ami,
notando de reojo el rubor en el rostro de Makoto.
“Perdóneme, princesa... yo...”
balbuceó Makoto, poniéndose de pie. “No era mi intención incomodarla. Mejor
regreso a la fiesta. Con su permiso”
Dio
media vuelta y, sin notar que Ami se levantó tras ella, se regañaba una y otra
vez por haber arruinado su oportunidad con la princesa. En verdad le atraía esa
joven, le... gustó desde que la vio jugar entre los árboles con su hermana,
desde que trató de descubrir qué instrumento era el que acompañaba al violín en
las noches de concierto... desde ahí supo que ella le gustaba...
...
Y todo en menos de un par de días... y eso que la conocía directamente desde
hacía algunas horas...
Mientras
se retiraba, sintió que una pequeña mano le retenía por el brazo. Volteó, para
encontrarse con un ruborizado gesto en la joven princesa, quien parecía decirle
con la mirada que no se fuera.
“Princesa...”
“Mi nombre es Ami, Makoto, no
‘princesa’...” respondió Ami, sonriéndole tímidamente.
Ami
recordó lo que uno de sus hermanos mayores le platicara... que, cuando encontrara
a la persona ideal, a la persona más importante de su vida, se sentiría como
nunca antes se había sentido... Y, en ese momento, se estaba sintiendo así...
Ver los ojos de Makoto simplemente le sacaba sonrisas y le obligaba a buscar
miradas en ella... Y, a pesar de conocerla poco, sentía que, quizá en otra
vida, quizá en otro lugar, ya había estado al lado de ella...
“Ami...” murmuró Makoto,
tratando de sopesar la sorpresa que le causó la reacción de la princesa. No se
lo esperaba, pero tampoco podía negar que le había agradado, de hecho, se puso
muy contenta en cuestión de segundos.
La
pequeña y blanca mano seguía sosteniéndole del brazo, y, al parecer, no tenía
la más mínima intención de dejarla ir. La teniente poco a poco sonrió, volvió
su cuerpo hacia la princesa, y tomó sus lindas manos entre las suyas,
estrechándolas gentilmente. Se sentía muy contenta de saber que le gustaba a la
princesa.
La
princesa le devolvió la sonrisa y, sonrojada hasta el extremo, no pudo atinar a
las palabras adecuadas para expresarle lo contenta que estaba de estar ahí, a
su lado.
“Tu nombre es hermoso” comentó
Makoto, sacando fuerzas para acariciarle una mejilla a su pequeña acompañante.
“Tú eres hermosa” continuó con un rubor más profundo.
En
respuesta a los elogios, Ami bajó el rostro, pero la enguantada mano que le
sujetaba la mejilla le obligó a mirar de nuevo a la chica más alta. La princesa
encontró sus ojos con los trozos esmeralda que adornaban la bronceada cara de
Makoto por encima de la nariz.
“Makoto...”
Una
fuerza desconocida e irresistible pareció tomar posesión del momento y de los
cuerpos de la princesa y la teniente, Makoto tomó el rostro de Ami con ambas
manos e, inclinándose ligeramente, acercó su rostro al de la princesa, buscando
sus labios con los suyos. Ami sólo cerró los ojos, mientras se sujetaba de la
ropa de la teniente en busca de soporte, pues sentía que no tardaría en
desvanecerse.
El
contacto de sus labios apenas si fue ligero y perceptible al principio, apenas
rozándose, apenas conociéndose... Pero Ami, ansiosa, se levantó sobre las
puntas de sus pies y entró en completo contacto con Makoto...
...
un contacto muy breve, pues unos pasos que se acercaban les interrumpieron...
Se
separaron abruptamente una de la otra, mientras, entre los árboles, hacían acto
de aparición Michiru y el capitán Tenou.
Makoto
y Ami estaban demasiados rojas y nerviosas como para hablar, pero, gracias a la
oscura noche, la otra pareja no notó nada extraño en ellas en ese momento.
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