Te esperaré a la orilla del mar

 

 

 

Por: Escarlata

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PARTE 1

 

 

 

Se dice que, de todos los reinos de ese mundo, el que era gobernado por el rey Neptuno era el más tranquilo y pacífico; una enorme isla rodeada por hermosos mares, con un gran y poderoso ejército capaz de repeler cualquier indicio de conquista por parte de otros reinos, y con gran estabilidad económica y social. Neptuno estaba casado con una bella mujer llamada Tetis, y con ella tuvo muchos hijos e hijas.

 

Nuestra historia se centra en las dos hijas más jóvenes de Neptuno y Tetis: Michiru, de 18 años, y Ami, de 16. Ninguna de ellas casada o comprometida, y ambas las más asediadas por los cortesanos y militares del reino por ser las únicas hijas solteras de los reyes. Pero ellas no mostraban interés alguno en sus pretendientes, Ami era muy tímida y callada, sin contar que prefería nadar y leer un libro a hacerle caso a un muchacho; y Michiru estaba más concentrada en sus pinturas y su violín que en encontrar pareja. Éstas dos hermanas eran muy unidas y casi siempre estaban juntas, apartadas del resto de su familia y los cortesanos que no les dejaban en paz.

 

Días antes de una fiesta en honor a la boda de uno de los príncipes, dos soldados forasteros se presentaron en el palacio. Soldados que venían en misión diplomática por parte de un lejano reino, en busca de una alianza con Neptuno.

 

“Alteza, sería un gran honor para nuestro reino que usted nos prestara su ayuda” dijo uno de los soldados, un joven alto y galante de cabello rubio cenizo y ojos verdes, uno que parecía ser de mayor rango que su acompañante.

                “Una guerra amenaza a nuestro hogar” continuó el otro soldado, una joven igualmente alta y de ojos verdes, pero en tono esmeralda, de cabello largo y castaño amarrado en una cola de caballo. “Nuestro ejército no es suficiente para resistir al enemigo, es muy joven, por eso pedimos humildemente su ayuda, Majestad”

                “Los otros reinos nos la han negado, por eso, usted es nuestra última esperanza”

 

Neptuno les miró con seriedad, callado, pensativo... Los soldados seguían de rodillas ante él, con la cabeza baja y en silencio.

 

                “Capitán Tenou” dijo el rey, refiriéndose al rubio; éste levantó el rostro, expectante “dígale al rey  Urano que cuenta con mi apoyo incondicional, que mi ejército estará a su disposición cuando lo necesite”

 

La pareja se miró entre sí y se sonrió mutuamente.

 

                “Muchas gracias, Alteza” dijo el capitán solemnemente, volviendo a inclinar su cabeza “Le aseguro que nuestro rey le devolverá el favor con creces”

                “Capitán, usted y su teniente están cordialmente invitados a una fiesta que celebraremos en honor a la boda de uno de mis hijos, será en dos días” propuso el rey, notando que iban a negarse “Y no aceptaré un ‘no’ por respuesta. Deben estar agotados después de viajar por tantos días, les ofrezco hospitalidad hasta que hayan descansado; mientras, prepararé a parte de mi ejército para que les acompañe de regreso a su reino”

                “Muchas gracias, Alteza, será un honor quedarnos” respondió el capitán.

 

Unos sirvientes llevaron a los soldados a una habitación junto con su poco equipaje.

 

                “Capitán, ¿no es maravilloso que el rey Neptuno nos haya dado su apoyo?” preguntó la teniente.

                “Así es... no pudimos haber encontrado mejor ayuda, Kino”

                “Qué bueno que guardamos nuestros mejores atuendos para la fiesta”

                “Oye, no pensarás que algún chico va a acercársete con semejante ropa... ¿ó sí?”

                “¡Capitán, no diga eso!” reprochó la teniente, sonrojada.

                “Makoto... prácticamente irás vestida como varón, igual que yo, dudo mucho que un chico se te acerque... ¿no has pensado en mejor buscar a una chica? Tal vez tengas mejor suerte”

 

Makoto le miró con supuesto enojo, pero lo que le dijo era verdad, tenía una suerte terrible para entablar relaciones amorosas con hombres.

 

                “Puede que tenga razón, capitán” respondió.

 

Su capitán, Haruka Tenou, también era una mujer, pero con un aspecto más masculino, fácilmente podía hacerse pasar por un hombre sin levantar sospecha alguna. En su reino natal, Haruka tenía decenas de enamoradas, chicas que no sabían de su verdadera identidad y con las que Haruka se divertía de lo lindo. No se llevaban más que por dos años, Haruka tenía 20 y Makoto 18. Ambas soldados de gran categoría en su reino, fuertes y valientes como nadie y de corazón puro y alma limpia.

 

                “Kino, ¿cómo crees que esté nuestro reino?” preguntó Haruka de repente, mientras su rostro adquiría un toque de tristeza.

                “Capitán, no se preocupe, los enemigos avisaron que si no nos rendíamos en un mes, atacarían, sólo has pasado diez días desde el aviso, los mismos que llevamos viajando” dijo Makoto tratando de tranquilizarla “Pronto regresaremos junto con el ejército del rey Neptuno, así no podrán tomar nuestro hogar”

                “Tienes razón, soldado, ahora descansemos, el rey Neptuno nos prometió un tour por el palacio. También nos ayudará a planear una buena estrategia contra nuestros enemigos”

                “A la orden, capitán” respondió Makoto graciosamente, haciendo sonreír a Haruka.

 

Se cambiaron de ropa en silencio, pero éste no era total en el ambiente, casi al fondo del escándalo de las gaviotas y el cercano choque de las olas, podía oírse un precioso sonido de... ¿un violín?... Era un violín acompañado por otro instrumento, pero se escuchaba algo lejano y no era fácil distinguirlo.

 

                “Capitán, ¿lo oye?”

                “Sí, es precioso... creo que dormiremos bien ésta noche, Kino”

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

La dulce melodía arrulló a todos en el palacio y un poco más lejos. El violín era de Michiru, y el otro instrumento que le acompañaba era un arpa, tocada por Ami. Ambas seguían en su escondite, esa noche planeaban dormir ahí, como a veces solían hacerlo.

 

Michiru se encontraba sentada en la orilla del lago, con sus pies dentro del agua, totalmente concentrada en la melodía de su instrumento. Ami, en cambio, se las arregló para trepar a un árbol, no muy alto, y tocar su arpa desde la comodidad de una rama gruesa. Llevaban horas improvisando nuevas melodías que la hermana más joven se aprendía de memoria para después transcribirlas a notas. La melodía que tocaban en ese momento era una muy suave y romántica, a la que llamaron “La caricia del viento”... planeaban tocarla en la boda de su hermano, a manera de presente.

 

Nadie dudaba que ellas eran las más talentosas de toda la estirpe de Neptuno.

 

Para la música y cosas artísticas, Michiru era la mejor; en cuanto a conocimiento en ciencias era Ami la dotada, aunque eso no quería decir que no supiera entender el arte.

 

                “Ami-chan, ¿qué tal si, acabando de tocar en la fiesta, nos escapamos a la playa?” propuso Michiru sin dejar de tocar su violín “No creo poder soportar tanto tiempo ahí adentro”

                “Ni yo” respondió Ami, sonriente, sin abandonar tampoco su instrumento “Podrás darme la revancha, hermana, la última vez me ganaste”

                “¿Crees vencerme ésta vez?”

                “Claro”

 

La competencia a la que se referían era a una carrera de nado a lo largo de la costa, carrera que Michiru casi siempre ganaba.

 

Terminaron su concierto cuando la luna estaba en lo alto del cielo nocturno y se decidieron a dormir. El ambiente era cálido, por lo que bastó con que se acostaran una al lado de la otra.

 

 

*** *** *** *** ***

 

 

Al amanecer, el capitán Tenou y la teniente Kino se reunieron con el rey para hablar de los detalles de su alianza. Neptuno era un magnífico estratega, cosa que sorprendió a los soldados, ahora entendían por qué ese reino era tan estable y tranquilo.

 

                “Capitán, ¿le parece que la mitad del ejército les acompañe hasta su reino, y la otra mitad espere en los límites a manera de refuerzo?”

                “Excelente plan, Alteza, estoy totalmente de acuerdo” respondió “Nosotros nos encargaremos de acomodar a los hombres en lugares estratégicos” 

                “Le aseguro, capitán, que mis hombres son muy fuertes y disciplinados, le obedecerán en lo que sea a usted y a su teniente”

 

Neptuno les llevó ante el ejército para presentarlos. Después de eso, el rey y su esposa les mostraron todo el castillo y les presentaron a todos sus hijos... doce, contaron los soldados... y faltaban dos todavía... las dos más jóvenes, según les dijeron, que siempre estaban de un lado para otro y que no acostumbraban a salir en público.

 

                “Ay, esas niñas no entienden” murmuró el rey “nunca están cuando las necesito”

                “No se preocupe, Alteza, nos las podrá presentar después”

                “Está bien, sigamos con el recorrido, amigos”

 

El castillo era enorme y hermoso, y los alrededores también. La ciudad, aunque relativamente pequeña (por estar en una isla) era colorida, acogedora y alegre. Ya en la tarde terminaron el recorrido y el rey dejó a los soldados en sus habitaciones para supervisar los últimos arreglos de la fiesta de su hijo.

 

La noche vino rápido, noche en la que también disfrutaron de otro concierto.

 

El jolgorio comenzó temprano, todo el reino celebraba, pues el rey mandó a poner grandes mesas con comida y bebida en las plazas principales. En el palacio, los cortesanos y familiares felicitaban a la pareja. La novia: una baronesa extranjera.

 

El baile comenzó al meterse el sol, cortejo que se abrió con el presente de bodas de las dos hermanas más jóvenes: una canción compuesta sólo para su hermano, “La caricia del viento”.

 

El par de soldados escucharon la melodía desde su dormitorio, pues Makoto aún no acababa de arreglarse y Haruka no encontraba su cinturón. Corrían de un lado para otro sin avanzar mucho en sus actividades. Después de cinco minutos de infructuosos apuros, se resignaron a llegar tarde.

 

                “Vayamos por partes” se dijo Haruka para tranquilizarse “¿Dónde puse mi endemoniado cinturón?”

                “¿Qué cinturón?”

                “El negro con la hebilla plateada”

                “¡Baka!... ¡No lo desempacaste, sigue en tu maleta!” le gritó Makoto, desesperada, pues no podía acomodarse las hombreras.

                “Rayos... es verdad, gracias, soldado... y cuida tus palabras la próxima vez” le advirtió en broma, ayudándole con sus rebeldes hombreras.

                “Lo siento, capitán, es que no estoy acostumbrada a llegar tarde”

                “Yo tampoco”

 

Se calmaron y, mientras terminaban de arreglarse, reconocieron la melodía que se tocaba en el salón de baile.

 

                “Es la misma canción de anoche, capitán”

                “Cierto, pero mejorada, es muy hermosa”

 

Para cuando bajaron, los músicos que tocaron aquella melodía ya no estaban, sólo quedaba la orquesta normal. Se lamentaron, querían felicitar personalmente a quienes tocaron esa bella canción. A mitad del baile, el rey anunció formalmente su alianza con el rey Urano y la ayuda que le daría en una guerra que se aproximaba.

 

Makoto y Haruka bebían tranquilamente algo de vino, cuando un grupo de chicas comenzó a acosar a Haruka.

 

                “Capitán, ni siquiera con las mujeres tengo suerte”

                “No, porque no te les acercas”

 

A fin de cuentas no bailaron con ninguna y salieron a tomar algo de aire a un balcón, pues el grupo de mujeres a su alrededor aumentaba peligrosamente, incluso algunas comenzaron a fijarse en Makoto. Ya en el balcón, la pareja contempló el hermoso cielo que cubría ese reino.

 

De pronto, unas voces femeninas entre la arboleda del jardín llamaron su atención. Descubrieron a un par de jóvenes corriendo entre los arboles, jugando tranquilamente. Parecían dos ninfas de bosque en pleno paseo.

 

Una de ellas, la más grande, tenía hermosos cabellos marinos y ojos turquesa, su piel parecía estar esculpida en arena fina y clara, y su cuerpo era la fiel copia de una sirena. La otra era la viva imagen de un ángel, su cuerpo era tan bello y sensual como el de su compañera de juegos, pero su rostro era la inocencia pura, ojos y cabello en tono celeste y acuático, y piel como de seda. Esas no eran ninfas, eran un ángel y una sirena.

 

Como hipnotizadas por aquellas sobrenaturales presencias, siguieron los delicados pasos de aquellas a través de los arboles. Llegaron a un claro, donde la sirena tomó un violín entre sus manos y el ángel un arpa.

 

                “¿Cómo comenzaba la melodía? La he olvidado” dijo la sirena con una gran sonrisa.

                “Pero si acabamos de tocarla” reprochó el ángel con sorpresa.

                “Ami-chan, no la pasamos a notas, al tocar te estuve siguiendo a ti” explicó “Tú sí te la aprendiste de memoria, yo no”

                “¿Por eso quieres tocarla otra vez?”

                “Sí, quiero aprendérmela, me gustó mucho esa melodía”

                “Está bien, sólo sígueme”

 

El ángel, después de pensar un poco y afinar su instrumento, inició con unas sencillas notas que siguió su compañera casi de inmediato. La melodía dio comienzo y se dispersó al viento. La pareja de soldados se maravilló al escuchar aquella hermosa canción tan de cerca.

 

Al terminar la melodía, Makoto, que estaba extasiada de oírlas, no pudo evitar aplaudir, asustando a las jóvenes y ganándose un codazo por parte de su superior.

 

                “¡Baka, nos han descubierto!” le reclamó Haruka, alarmada al ver que ellas se acercaban a su escondite.

 

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