NO SIN TI

 

 

Por: Escarlata

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Verla ahí tirada con un charco de sangre como cama y como vestimenta, sus ojos entrecerrados y carentes de luz, su piel blanca y ya fría... nunca esperó ver semejante cuadro, nunca en su vida, pese a saberse guerrera al igual que la chica de ropajes de sangre y tierra. Era una realidad que no lograba digerir ni con esas lágrimas que ya le bañaban hasta las rodillas. Tenía el peso de la culpa pese a no ser la culpable de la sangre regada a sus pies, ella misma vertía el líquido escarlata de las recientes heridas en su cuerpo; pero no parecía haberse percatado de ello, no cuando la persona que más amaba en ese mundo estaba tendida ante ella sin un soplo de vida en su cuerpo.

 

“Michiru... ¿Porqué eres tan mala?... ¿Porqué me dejaste?”

 

¿Porqué?... Esa era la pregunta. Maldito el destino que no les dejó morir en guerra, sino a mitad de la paz que todos esperaban. Hubiera preferido morir a manos de un enemigo junto con ella, a ser víctimas de un cuarteto de estúpidos que aparecieron de la nada, un cuarteto de hombres sin beneficio, egoístas, sin sentido común y bajo el efecto de quién sabe qué sustancias desconocidas.

 

“Linda noche...”

 

“Lo sé...”

 

“... Haruka...”

 

“Dime...”

 

“Cuando lleguemos a casa, ¿podrías cocinar algo para mi?”

 

“¿Acaso tengo cara de chef?... Si quieres, le llamo a Makoto.”

 

“Sí, claro, ella vendrá corriendo en pijamas a las dos de la mañana...”

 

“Tú eres la que quieres comer a las dos de la mañana...”

 

Todo iba bien, perfecto, hasta el momento de notar un par de luces acercándose a la curva que estaban por tomar. Un auto en el otro carril, nada fuera de lo común, pese a que la autopista a esa hora era menos concurrida. Al no llevar tanta prisa, Haruka bajó un poco la velocidad para tomar a curva, pero, no previno un segundo auto que venía en sentido contrario justo frente a ellas. Los sujetos estaban jugando carreras...

 

“¡Maldición!”

 

“¡Cuidado!”

 

Pisó el acelerador, haciendo uso de sus grandes cualidades como conductora, y esquivó maravillosamente ese segundo auto sin peligro a salirse de la autopista... Sin embargo, apenas librado ese peligro, abrió los ojos como platos al ver otros dos autos enfrente a una monstruosa velocidad, uno en cada carril. Fue demasiado como para esquivarlos... Solamente sintieron un golpe como nunca antes, ni en todas sus batallas, habían experimentado. Lo último que vieron antes de caer por una pendiente, fue el enajenado rostro de uno de los conductores.

 

Todo pasó rápido, incluso sin dolor.

 

Para cuando Haruka abrió los ojos, el auto estaba en llamas. No se miró, sino que sus ojos buscaron a Michiru. También había salido expulsada del auto por culpa del impacto, pues estaba tirada a pocos pasos de ahí. Se arrastró hasta ella sin notar el camino de sangre que dejaba tras de sí, no podía mover una de sus piernas y realmente no parecía importarle tener vidrios incrustados en todo el cuerpo. Se hincó ante la yaciente figura de Michiru y descubrió que aún respiraba, lo que le dibujó una leve sonrisa en el rostro.

 

“Michiru... ¿me escuchas?”

 

“Ha-Haruka... por eso... te dije que no... que no saliéramos hoy... je...”

 

“La próxima vez te haré caso, lo prometo... Deja llamo a una ambulancia, no te muevas de tu lugar...”

 

“Tonta... ¿y acaso... piensas que... –cof-... puedo moverme?”

 

Haruka, con una graciosa sonrisa, buscó el teléfono bajo su chaqueta, por lo menos él se había salvado del golpe, estaba de una sola pieza. Presionaba los botones con dedos temblorosos, pero tampoco parecía tomarle importancia a su deplorable estado.

 

“Haruka...”

 

“Dime...”

 

“Te... amo...”

 

Viró lentamente el rostro, como esperando ver lo obvio, lo que le quiso decir ese “te amo” en un suspiro ahogado. El teléfono resbaló de sus manos y de inmediato tomó a la chica en sus brazos. No hubo ninguna reacción por parte de ella. Ya la vida se le había escapado de la piel... Las lágrimas brotaron en respuesta de los ojos de la rubia.

 

Pasó quién sabe cuánto tiempo antes de que Haruka reaccionara. Sabía que no podía concebir una vida sin ella, sin su Michiru. Ya sabía qué hacer y realmente no le importaban las consecuencias. Tomó su comunicador del bolsillo de su pantalón y dejó un mensaje para su Princesa, que a esa hora debía seguir en brazos de Morfeo; sin saber que estaba a punto de perder a dos de sus guerreras.

 

“Adiós, mi Princesa... Perdónanos, no pudimos con ésta pelea...”

 

Tiró el comunicador al lado del teléfono y tomó un cristal roto del suelo. Lo apretó, sacando más sangre de sus dedos al aire. En ningún momento dejó de mirar a Michiru.

 

“Soy muy cobarde... no me atrevo a seguir otro camino sin ti... por eso seguiré el tuyo... espérame, por favor...”

 

Al amanecer, la policía descubrió un accidente más para las estadísticas: un auto destrozado y dos víctimas. Una de ellas muerta a causa de los golpes de la caída, y la otra, abrazada a la primera, fallecida por desangramiento de una mortal cortada en el cuello...

 

 

FIN

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