Parte 4

 

 

 

- Sí te escucho, Rei – susurró Ami – Y yo también deseo quedarme contigo...

Estaba en aquel universo dentro del libro, un jardín de agua con paredes y pilares de hielo. Una niebla helada flotaba en el ambiente. Convirtiendo ese santuario en una sucursal del Polo Norte.

Se encontraba recostada en el piso, igualmente hecho de hielo, pero con una fina película de agua que apenas si le cubría hasta la oreja. Tenía los ojos cerrados, esperando a que sus energías terminaran de recargarse. Aún faltaban varias horas para eso.

Una lágrima se escapó de sus ojos. Se incorporó hasta quedar sentada y miró, con un gesto suplicante, una esfera brillante que flotaba en el centro de una especie de tragaluz.

- Por favor, déjame estar un poco más con ella – rogó a la esfera que, en respuesta, se oscureció un poco.

Era un "no".

- Por favor – continuó, soltando otra lágrima.

Y se oscureció más.

- No quiero alejarme de Rei... no quiero dejarla sola...

La esfera emitió una tenue y parpadeante luz, lenguaje que Ami entendía a la perfección.

- Lo sé... otras personas me necesitan... pero... yo la necesito a ella...

Nuevamente más palabras echas de luz, pero ahora eran más deslumbrantes. Ami supo que aquel ser que se comunicaba con ella, estaba molesto.

- No es que vaya contra las reglas... es sólo que aún no sé qué es lo que le di, que ya está completa... déjame quedar con ella, por favor.

La respuesta que le dio la esfera hizo que su corazón se encogiera de tristeza y sus ojos azules se llenaran de lágrimas.

- No es justo – sollozó, escondiendo su rostro entre sus rodillas – ¡No es justo! ¡No quiero separarme de ella! ¡No quiero!

Pero la esfera ya no dijo más, y sólo miraba al genio que se ahogaba en lágrimas. Lloró largo rato, pero ya no hubo ninguna señal de vida de la esfera.

Dentro del libro, el tiempo transcurría bastante rápido, así que, al despertar, después de dormirse como producto de tanto llanto, descubrió que ya estaba por salir. No sabía cómo decirle a Rei que... no tardaría en irse de su lado.

Miró el tragaluz en la cima de su santuario, de donde provino un rayo de luz que la hizo desaparecer al instante. Al darse cuenta, ya estaba en el dormitorio de Rei... y con Rei esperándola ahí con gesto impaciente.

- ¿Qué tal tu descanso, eh? – le preguntó Rei, invitándola a sentarse en la cama junto a ella.

Ami borró totalmente cualquier seña de tristeza en su rostro y le sonrió. Decidió disfrutar sus últimos momentos a su lado, ya buscaría la manera de despedirse de ella... aunque le doliera en el alma tener que hacerlo.

- Me siento mejor – respondió con su sereno tono de voz.

- Bien. ¿Quieres que salgamos? Tengo unas cosas que decirte.

- ¿Uh?

¿Qué cosas podrían ser?

El gesto de Rei no le decía nada. Lucía tan normal como siempre... pero, sus ojos brillaban de forma especial... ¿qué quería decirle con tantos deseos?

- Me encantaría... ¿adónde vamos a ir?

- Tú sólo sígueme.

- Bueno.

Rei sonrió y dio media vuelta en dirección a la puerta del cuarto. Sólo pudo suspirar al sentir que Ami le abrazó por la cintura y se hundió en su cabello. Se quedaron en esa posición por largo rato. La sacerdotisa tomó las manos sobre su estómago.

- ¿Podemos irnos? – le preguntó Ami al oído.

- No me dejas mover – respondió.

- Eres tú la que no se quiere mover.

- ¿Sabes que odio cuando tienes razón?

- Sí.

Con Ami colgando de su cuello, salió del templo hacia la fuente de sodas a la que Makoto le llevara un día antes. Le compraría ese helado sin importar que la gente le mirara extraño.

"Ya casi llegamos"

"¿Adónde?"

Pero ya no respondió. Y ya no le cuestionó más. Cuando Rei guardaba silencio, ya nada la hacía hablar sino hasta que quisiera.

Se sorprendió un poco cuando entraron al establecimiento.

"Te pediré uno de chocolate, estoy segura que te gustará"

"¿De qué hablas?"

Y, otra vez, no respondió.

Rei compró dos helados y salió del lugar, sin siquiera notar las miradas e la gente. Caminó hasta el claro del bosque en el había estado el día anterior y tomó asiento, con Ami a su lado.

- Ten – le dijo, extendiéndole uno de los helados – Cómelo antes de que se derrita.

- Uh... oh, gracias – tartamudeó, tomando el cono con extrañeza.

Primero vio a Rei probarlo. Su gesto le dijo que sabía bien. Decidió imitarla, sólo para comprobar que estaba delicioso... y frío.

- Mmm...

- ¿Te gustó?

- Sí, sabe bien.

- Me alegra.

Literalmente devoraron sus helados, y lo hicieron tan rápido que ni siquiera tuvieron tiempo de hablar.

Rei se recostó en el césped e invitó a Ami a acostarse a su lado. Ella solo obedeció, pero recargó si cabeza en el vientre de Rei, un poco ladeada para poder mirarla a los ojos. La sacerdotisa lucía muy feliz, lo decían sus pupilas negras y ardientes. Ella también estaba feliz, pero aún tenía aquella tristeza que le produjo la orden de su superior.

- Ami...

- ¿Qué pasa?

- Tú... tú ya has dado lo que necesitaba, pero no me di cuenta de que era...

- Yo tampoco.

Quiso llorar, pero se limitó a sujetarle de la blusa y mirarla con dulzura.

- Quiero saber qué es – murmuró Rei, acariciando el cabello de la frente de su genio.

- Yo... ya también – respondió con su voz quebrada, incorporándose ligeramente.

Trepó por el cuerpo de Rei hasta acercarse a su rostro, no sin cierto miedo, y se abrazó a su cuello; sintiendo que el corazón le latía con fuerza. Rei rodeó su cintura con inmensa suavidad. Pero, en un movimiento bastante sorpresivo, la morena se giró para quedar encima de Ami.

- En este momento deseo algo – susurró Rei, acariciando la mejilla de Ami – y quiero que me lo cumplas.

- Lo que sea, dímelo – dijo Ami, adivinando de inmediato qué era.

- Primero que nada... bésame – le ordenó con un gracioso gesto serio teñido de carmín.

- Tus deseos, son ordenes para mi.

Con pausados movimientos, Rei inclinó su rostro para lograr el contacto con los labios de Ami, quien se limitó a cerrar los ojos y sujetarla por las mejillas. El mínimo roce de sus bocas las hizo suspirar, pero sin consumar el beso aún, sólo sintieron sus corazones aumentar la velocidad de sus latidos.

Bastó con que Ami alzara el rostro, víctima del deseo, para que la unión fuera completa.

Sus labios se masajeaban entre sí, siendo el beso más dulce que Rei había sentido en su vida. Para Ami era el primero, pero igualmente dulce y cálido.

Tímida y ansiosa, Rei tocó los labios de Ami con la punta de su lengua, pidiendo permiso para entrar. La genio accedió a la petición y abrió la boca, sólo para sentir que la lengua de Rei se enredaba y mezclaba con la suya con tremenda cadencia.

Pero Rei quería más.

Profundizó el beso y liberó sus manos, acariciando la desnuda cintura de Ami. La genio gimió dentro del beso, temblando por las suaves, y a la vez ardientes, caricias sobre su piel. Era algo indescriptible, maravilloso. Para corresponder el gesto, acarició el rostro de Rei con las puntas de sus dedos, provocando un placentero cosquilleo en la sacerdotisa que también la hizo gemir.

Para cuando dejaron de besarse, mucho rato después, Rei sentía su cuerpo arder de ansias.

Aún quería más... deseaba más...

Respirando con fuerza, Ami no podía creer que estaba haciendo algo así. Pero se sentía tan bien... incluso le hizo olvidar aquella orden que le llenó de tristeza.

- Rei... – murmuró, sólo para ser interrumpida por otro hambriento beso, casi tan largo como el primero.

Cuando, por fin, estuvo libre de hablar de nuevo, no pudo decir nada. Sólo se sonrojó como nunca antes lo había hecho, mientras Rei sonreía de forma extraña. Ver esos ojos negros no le permitía pensar en nada, más que en la dueña de estos.

- Ami... yo...

- Rei...

- Te amo.

Ante la confesión, Ami puso un asombrado gesto. Soltó unas lágrimas sin querer y abrazó a Rei con todas sus fuerzas, confundiendo un poco a la sacerdotisa.

- ¿Ami, qué pasa? – le preguntó, abrazándola y besando su cabeza.

- Nada... no es nada – respondió entre sollozos.

- ¿Entonces?

- Sólo... estoy feliz... Y, es que, yo también te amo, Rei... Te amo...

Ésta vez, Ami le besó primero, pero con una ternura y una suavidad que Rei jamás había sentido. Ese beso, aunque no tenía la misma pasión que el anterior, le produjo un efecto afrodisíaco en la sangre.

- Vamos a casa – le pidió Rei en cuanto sus labios estuvieron libres – Deseo que me lleves a casa... Deseo pasar ésta noche contigo...

Ami sonrió ligeramente y comenzó a darle pequeños besos en las mejillas a su protegida. Rei sólo se dejó hacer, disfrutando esos labios en su rostro. Los besos bajaron y jugaron en su mentón, sacándole suspiros a la sacerdotisa.

- Pero... aún no es de noche – comentó Ami con una traviesa sonrisa que hizo reír a Rei.

- Lo sé... y no importa – respondió con tono provocador y maligno – ¿Acaso no eres mi genio?... Tienes que obedecerme...

- Oh, es verdad – murmuró, siguiendo el juego – ¿Y qué es lo que desea, ama? – preguntó, poniendo especial énfasis en la última palabra.

- Bueno... tal vez tengas razón, aún es temprano... podemos quedarnos aquí hasta que anochezca... ¿Qué dices?

- Deseo concedido – finalizó, besándola nuevamente.

Hosted by www.Geocities.ws

1