Parte 1

 

 

 

- Lo siento, hoy no habrá reunión en mi casa.

- ¿Porqué?

- Pasaré a la biblioteca para hacer una tarea de última hora.

- Pero, ya casi son vacaciones...

- Eso mismo dije yo, pero, a la hermana le pareció una maravillosa idea dejarnos una extensa tarea antes de salir.

- Bueno, está bien, yo le avisaré a Makoto y a Usagui.

- Gracias, Minako.

- Oh, no te preocupes, Rei, tú dedícate a tu tarea y nosotras nos divertiremos por ti...

- En lugar de decirme que me ayudarás...

- No quieres reprobar, créeme... ¡Nos vemos luego!

- Adiós.

Rei lanzó un largo suspiro después de que su rubia amiga se perdiera de vista en la calle; resignada, se encaminó a la biblioteca pública que estaba no muy lejos de ahí. Quería apurarse con ese trabajo y descansar, últimamente había estado muy estresada. Entre sus deberes de la escuela y sus quehaceres del templo apenas si podía dedicarle tiempo a sus amigas, y el rato que se daba ella misma se limitaba a la noche.

Además, últimamente había sentido una extraña sensación de vacío... como si le faltara algo... pero aún no tenía idea de qué era.

Llegó a la biblioteca y buscó los libros que necesitaba para su tarea. Durante su búsqueda, se topó con un extraño libro de cubiertas azul zafiro, en la portada tenía un signo que no logró reconocer, y estaba sellado por un cerrojo metálico.

Pero, lo más llamativo de ese libro, es que despedía una extraña energía; energía que Rei claramente identificaba. Lo tomó y trató de abrirlo, cosa que no logró.

- Rayos...

Sin que nadie la viera, se escondió el libro entre sus ropas y continuó la búsqueda de los textos que necesitaba para sus deberes escolares. Pidió el préstamo de los libros y regresó a su casa; se dio cuenta de que ese libro no estaba en los registros de la biblioteca. De alguna manera había llegado ahí. Pero ya después pensaría en él, tenía demasiada tarea como para dedicarse a revisar ese libro.

Definitivamente necesitaba ayuda... pero Usagui, Makoto y/o Minako no serían de gran ayuda... y no sabía a quién acudir...

- Reprobaré año... eso es seguro...

... podría apostarlo...

Resignada, fue a la cocina por un bocadillo, sintiendo una molesta y dolorosa punzada en las sienes. Una jaqueca... qué bien. Tomó té y comió algunas galletas de arroz, dispuesta a revisar ese libro. Volvió a su dormitorio y agarró el libro, que seguía despidiendo aquella extraña y... reconfortante energía... al tenerlo entre sus manos percibía que la jaqueca disminuía de intensidad.

- Veamos... no eres maligno – se dijo en voz baja - ¿Qué eres, eh?

De pronto, el libro brilló en un aura azulada y fría; Rei se sorprendió, pero no estaba asustada.

- Si me sacas te lo diré – murmuró una suave a aterciopelada voz en su mente – Sólo toca el cerrojo, con eso bastará.

- O.K.

Obedeció la petición y tocó el cierre de metal, que cedió al instante del contacto. Aún asombrada, abrió el libro y una luz azul la deslumbró por un par de segundos. En cuanto normalizó su visión, su sorpresa sería inmensa al descubrir a una azulada chica flotando en el aire. La chica se sentó en la cama y le sonrió tímidamente a Rei.

- ¿Eres un espíritu? – le preguntó Rei, depositando el libro en la mesa de noche.

Fenómenos como ese no le eran ajenos, ya estaba acostumbrada a sentir espíritus y manifestaciones espectrales de todo tipo. Pero ese ser, cualquiera que fuera su origen, despedía una energía tranquila y amistosa... muy pacífica. Refrescante hasta cierto punto, como si fuera agua.

La chica siguió callada, observando detenidamente a Rei. Azulada era la mejor palabra para describirla... sus ojos y su sedoso cabello corto tenían ese color, incluso su piel parecía teñida de zafiro. Vestía ropas árabes o algo por el estilo, pero se veía muy bien: era un pantalón bastante holgado, azul claro, que le ajustaba en la cadera y dejaba al descubierto su vientre y su estómago, sus senos eran cubiertos por un topo blanco, azul también, dejando su pecho y sus largos brazos al descubierto.

- Aún no respondes – dijo Rei, correspondiendo la sonrisa - ¿Qué eres?

- No soy un espíritu ni nada parecido – respondió ella.

- ¿Entonces?

- Bueno... podríamos decir que soy... un genio – dijo, tranquila.

- ¿Un genio? – le cuestionó Rei, un tanto incrédula - ¿De esos que cumplen deseos?

- Algo así... cumplo deseos, pero sólo de los que me necesitan... – explicó – Es decir que no aparezco ante cualquiera...

Rei se sujetó la sien y negó con la cabeza.

- Espera... no te entiendo bien – murmuró – primero dime cómo te llamas, ¿de acuerdo?

- Bien. Me llamo Ami.

- Bien – asintió – Yo soy Rei.

Volvieron a sonreírse. Rei se sentó a su lado y lanzó un largo suspiro, antes de dejarse caer sobre el colchón.

- Ahora sí, explícame qué quieres decir con eso de que sólo apareces a quienes te necesitan.

- Um... fui creada para ayudar a la gente que necesita algo...

- ¿Algo?

- Sí. Algo que no puedan conseguir y que les haga mucha falta. Estoy aquí por que me necesitas... hay una cosa que te hace falta y yo te ayudaré a encontrarla.

- ¿Y puedes decirme qué es eso que necesito? – le preguntó Rei, no muy convencida.

- No lo sé.

Rei se malhumoró con esa respuesta.

- Nunca lo sé. Por eso me quedaré contigo hasta que lo descubramos – continuó Ami – Y, mientras tanto, cumpliré cualquier cosa que me pidas.

- ¿Cualquiera? – cuestionó, incrédula.

- Lo que sea.

- Muy bien, demuéstramelo – le retó – Haz mi tarea.

- Hecha – sonrió.

La sacerdotisa puso mala cara y se incorporó, molesta.

- ¿Cómo que ‘hecha’?

- Ya está. Revísala si quieres.

Corrió hasta su libreta y, tal como lo dijo ella, la tarea estaba completa, inmaculada y bien hecha. Incluso esa letra parecía la suya propia, como si ella misma la hubiera elaborado.

- Wow – murmuró, cerrando la libreta.

- ¿Ahora me crees?

- Sí.

- Sólo debo aclarar algunos puntos: generalmente no cumplo éste tipo de cosas, sólo lo hice para convencerte; no aparezco dinero ni nada por el estilo, no puedo dañar a terceras personas y tampoco me puede ver ni oír nadie con excepción de ti.

- ¿Entonces, qué haces? – le preguntó en una divertida risa.

- De ahí en adelante, lo que sea... para empezar, puedo quitarte ese dolor de cabeza y ese estrés que traes encima.

- Bien... hazlo...

Ami suspiró y tronó los dedos. Al instante, Rei se sintió extraña... muy ligera... y se debía a que estaba desnuda...

- ¡Ahhhh... pervertida! – gritó, jalando la colcha de su cama para cubrirse - ¡¿Qué pretendes?!

Ami sonrió penosamente y forzó a Rei a recostarse boca abajo en la cama. La sacerdotisa se resistió, pero una extraña fuerza pudo más que ella.

- No necesito magia para esto – dijo Ami, cubriendo a Rei hasta la cadera con la colcha – Un buen masaje bastará – apareció un frasco con aceite aromático, mientras reprochaba con un fuerte sonrojo - ¡y no soy ninguna pervertida!

- ¿Entonces, porqué me desvestiste? – le preguntó, sintiendo que Ami se montaba en sus glúteos. Casi no pesaba.

- No es igual de efectivo sobre la ropa, es mejor sin ella... y algo de éste aceite.

- Bien... haz lo que quieras, me rindo – finalizó Rei, resignada.

Colocó sus brazos a sus costados, cerró los ojos y relajó sus músculos; un suspiro suyo fue el banderazo de salida para Ami.

Untó sus manos con el aceite para después frotar sus frescas palmas sobre la espalda y los hombros de Rei, masajeando los tensos músculos. Sonrió cuando Rei soltó un gemido casi involuntario a los pocos minutos. Se inclinó hacia delante y acercó su boca al oído de Rei.

- ¿Funciona? – le preguntó en un susurro.

- Si – respondió con un placentero tono de voz – se siente bien...

- Me alegra.

- Cuéntame algo por lo mientras, Ami... ¿Cómo sabes cuando alguien te necesita?

- Es difícil de explicar, pero el libro en el que viajo está diseñado para ser visto sólo por esas personas... no sé cómo funciona... Yo permanezco en una especie de sueño. Lo que me despierta es la energía de la persona cuando toma posesión del libro.

- Oh... ¿y qué hay sobre ti?... um... ¿quién te creó?

- Discúlpame, pero no te puedo responder eso... sólo que me hicieron de agua y hielo, me dieron un corazón, sentimientos y bastante poder. Sé reconocer un corazón puro... y el tuyo el es, Rei...

La sacerdotisa se limitó a sonreír. Sentía las manos de Ami recorrer cada tramo de espalda, cuello y brazos, provocándole una placentera sensación de descanso. Incluso se ruborizó al sentir que Ami le habló al oído. Diez minutos más tarde, se quedó profundamente dormida; ya sin ese estrés y el dolor de cabeza.

Ami esbozó una sonrisa, cubrió la espalda de Rei y se recostó a su lado, contemplando el relajado rostro de la chica. Era muy diferente a otras personas... ella tenía fuego en las venas, lo supo desde que tocó el libro. Ella era especial. Inconsciente a lo que hacía, la abrazó por la cintura y se dispuso a descansar, después de apagar la luz de la habitación con sus poderes. Por alguna extraña razón, se sentía feliz a su lado. Nunca había conocido a alguien que despidiera tanta calidez como ella, o que fuera capaz de expresar todo sin decir nada.

- Rei... – murmuró con una sonrisa, acurrucando su rostro en el cuello de su nueva protegida.

Y no se equivocó... ella despedía un reconfortante calor por cada poro de su morena piel. El aceite impregnado en su cuello aún perfumaba suavemente su alrededor.

- Yo te daré lo que necesitas, lo juro.

Lo más curioso, es que Rei era la primer mujer que le tocaba desde que inició su trabajo como genio... y era un genio muy joven... no llevaba más de cuatro protegidos, con Rei eran cinco.

El primero fue un chico enamorado que no podía declarársele a su amada. El segundo, un hombre alcohólico que no podía dejar la bebida. El tercero fue un nadador lisiado que había perdido la esperanza de regresar a la natación. Y, el cuarto, fue un artista necesitado de una musa.

Rei era la quinta persona, y la primera mujer... y tan diferente a cualquier otro humano que conociera antes con sus otros protegidos.

- Que duermas bien – susurró, cediendo al sueño.

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