La Casa del Terror

 

 

(un cuento de miedo... ñaca, ñaca... ^O^)

(Sí, cómo no... ¬_¬)

(Y de amor... ^_^)

 

 

Por: Escarlata

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Marcó el teléfono por más de diez minutos, sin recibir respuesta alguna al otro lado de la línea. Seguramente, no había nadie en casa... Continuó sus intentos por media hora más, pero no pasó nada.

 

Suspiró, resignada, y salió de la caseta telefónica.

 

Era muy noche, ya pasaban de las doce.

 

“¿Hubo suerte?” le preguntó una aterciopelada voz, que estaba sentada a unos cuantos pasos de ella, en un banco de madera vieja.

“No, nadie contesta” respondió. “Tal vez hayan salido”

“Puede que nos estén esperando en la estación”

“Tal vez... ¿sabes el número del celular de Mamoru?”

“No, ni tampoco del de Makoto, ni de Minako” explicó, apenada. “Eran nuevos y ni siquiera nos han dado los números”

“Rayos. Para colmo, olvidamos los comunicadores”

“Y no hay ninguna computadora cerca, sino, podría mandar un correo electrónico al buscador de Mamoru-san”

 

La chica que estuvo al teléfono, Rei, se sentó al lado de su compañera y soltó otro largo suspiro. Ami le imitó y recargó su cabeza hacia atrás. Mantuvieron un prolongado silencio.

 

“¿Qué podemos hacer?” preguntó Rei con cierto tono malhumorado.

“Aún no lo sé” respondió su compañera con desgano y resignación.

“Se supone que eres el genio aquí... piensa en algo” murmuró la guerrera de fuego con gesto burlón, lo que hizo sonreír a su amiga.

                “Ummm... je”

 

Ami se levantó con un salto y recogió su mochila del suelo. Parecía de mejor ánimo. Rei le miró, un poco extrañada, pero se sonrió al adivinar que su amiga ya tenía una buena idea en mente. Imitó su movimiento y caminó tras ella, que se dirigía a una casa de huéspedes que estaba cruzando la avenida.

 

“Pasaremos la noche ahí” explicó Ami, sonriente.

“Pero no creo que podamos solventar los gastos del hospedaje” alegó Rei. “Si nos quedamos, mañana tendremos que irnos caminando treinta kilómetros por que no tendremos para los boletos del pasaje” agregó con cierta molestia.

                “Por eso no te preocupes” contestó Ami, “yo pagaré el hospedaje, mamá me prestó su tarjeta de crédito para emergencias como ésta”

 

Rei, sorprendida, no tardó en sonreírle.

 

                “Si lo pones así, de acuerdo” dijo Rei finalmente.

                “No creo que sea buena idea quedarnos a esperar el autobús que pasa a las tres de la mañana, sería muy peligroso”

                “Cierto”

                “Mejor nos quedamos ahí ésta noche, y nos levantamos temprano para alcanzar el autobús de las seis de la mañana... ¿cuánto podrán cobrarnos por menos de cinco horas de hospedaje, eh?”

 

Rei le sonrió de nuevo y corrió a la posada, dejando atrás a su amiga.

 

                “La última paga la propina” le gritó mientras corría.

                “Y esa serás tú” contestó Ami igualmente divertida y pronto le dio alcance a Rei.

 

Después de años de batallas, las dos se habían vuelto muy unidas y literalmente inseparables. Les gustaba estar juntas, pero después de varios meses, ambas sabían que, entre ellas, estaba creciendo algo más. Calladas como eran, no tocaban el tema desde ningún ángulo, apenas si se daban pequeñas señales de atracción mutua, pero nada revelador en sí. Simplemente dejaban que las cosas corrieran su curso y aceptar lo que llegara a pasar entre ellas. Ese fue un silencioso acuerdo mutuo, después de una ocasión en la que casi se dan un beso.

 

***** ***** ***** ***** *****

 

Fue durante una pijamada organizada por Usagi en casa de Mina. Estuvieron jugando premio o castigo y a Ami, como castigo, le encerraron en un closet junto con una muy molesta Rei. La pasaron calladas varios minutos, hasta que se dieron cuenta de que las tres chifladas aquellas se habían olvidado de ellas.

 

- No creo que sea tan malo estar aquí un rato – murmuró Rei, ya menos molesta – Podríamos conversar un rato, por lo menos hasta que alguna de esas locas se acuerde nosotras.

- De acuerdo.

 

Primero fue del clima, después de música, cine... por un largo rato hablaron de todos los temas posibles, hasta que, por un inocente comentario de Ami acerca de los besos, ambas comenzaron a sentirse incómodas por la cercana presencia que tenían entre sí. Rei, por demás sonrojada, le había preguntado a Ami si ya había besado a alguien antes. La chica respondió que no. Rei le confesó lo mismo.

 

Guardaron silencio unos segundos y, sin saber por qué, sus manos se tocaban y jugaban entre ellas. Sus dedos se enredaban, sus palmas se rozaban con un placentero cosquilleo y de vez en cuando se tomaban con fuerza; era Rei quien hacía casi todo el movimiento, Ami sólo se dejaba hacer.

 

- Ami...

- ¿Uh?

- Yo... bueno... es que... – balbuceó, sonrojada.

 

No pudo decir nada más, sólo inclinó su cabeza hacia delante y acercó su rostro al de Ami, movida por un súbito impulso. Automáticamente, Ami cerró los ojos y esperó lo obvio. Apenas pudo sentir que su frente y su nariz tocaban las de Rei, pues las risas de sus amigas rompieron el hechizo. En menos de cinco segundos, Mina abrió el closet y se disculpó con ambas por haberlas olvidado ahí dentro. Ya ninguna de las dos dijo nada al respecto, sólo se sintieron algo frustradas...

 

... Desde esa noche, únicamente se mostraban leves coqueteos...

 

***** ***** ***** ***** *****

 

El viento entre los arboles era fresco y agradable, pero sabían que no tardaría en volverse más frío conforme avanzara la madrugada. Las montañas eran muy frías de noche, por suerte estaban bien abrigadas.

 

Se detuvieron, jadeantes, ante la entrada principal del lugar. Ami tocó el timbre, mientras Rei admiraba la construcción desde el pequeño patio. Era de estilo muy conservador y tradicional. Muy bonito y adornado... y tenía aguas termales. Rei se alegró al descubrirlo, tal vez le daría tiempo de disfrutarlas antes de dormir.

 

Después de unos minutos de espera, por fin les abrieron la puerta. Era una anciana de edad no muy avanzada, quizá sesenta años. Ambas se inclinaron ante la anciana de forma educada y cortés.

 

                “Buenas noches, señora” le saludó Ami.

 

La pareja de chicas estaba consciente de que la guerrera de agua era la más formal y educada de las dos.

 

                “Buenas noches, jovencitas” respondió la anciana, correspondiendo el saludo. “¿Puedo ayudarlas en algo?”

                “Deseamos quedarnos aquí sólo hasta el amanecer” continuó Ami. “Espero que no seamos ninguna molestia... Por los precios no hay problema”

 

La anciana les analizó con su mirada nublada por los años. Después de escrutarlas en silencio, les permitió pasar, haciéndose a un lado y mostrándoles el camino por el pasillo. La pareja pasó, admirando el interior del lugar, que era casi tan bonito como su exterior.

 

                “Por favor, pasen a registrarse” dijo la anciana, al detenerse en el recibidor principal.

                “Yo voy, Rei, tú siéntate si quieres”

                “Bueno”

 

Rei se desparramó en uno de los cómodos sillones de paja tejida y miró el techo. También pasó su vista alrededor de todo el recibidor. Notó que las ventanas no tenía pasador, no podían abrirse desde ningún lado. Se sentía algo cansada y tensa. De reojo, miró a su amiga anotarlas en una libreta enorme y azul y pagar por adelantado una parte de la cuota de hospedaje. Después de unos minutos de deliberar con la anciana, Ami recibió una llave por parte de ésta y volvió con Rei.

 

                “Un poco vacío el lugar, eh” comentó Rei en voz baja. “Tal vez no sea muy popular”

                “De hecho, estamos solas aquí” aclaró Ami con una ligera sonrisa. “Vamos a nuestra habitación, nos llevará algo de comer en unos minutos”

                “Perfecto” murmuró Rei, levantándose con algo de desgano del sillón. “No hemos comido nada desde la tarde. Estoy hambrienta”

                “Y yo... Espero que no te moleste que haya ordenado por ti”

                “Claro que no, vamos a nuestro cuarto”

 

Tomaron sus cosas y caminaron a lo largo de un estrecho pasillo. Al final de éste se hallaba su habitación, según Ami. La chica genio notó que a Rei casi se le iban los ojos al ver la entrada a las aguas termales. Sonrió y la tomó por un hombro, lo que hizo que Rei volteara a verla.

 

                “Espero que estés de humor como para tomar un baño conmigo en las aguas termales” dijo Ami con una inmensa sonrisa y un pequeño sonrojo.

 

Rei le contempló con sorpresa, antes de sonreírle y abrazarle brevemente con un brazo. Al soltarla, corrió a la puerta de su habitación y le miró con visible contento. Ami sólo se sonrojó. Le gustaba tener a Rei cerca y hacerla sonreír; lo cual era verdaderamente difícil para las demás, mas no para ella.

 

                “Me encantaría. ¿Vamos primero a las aguas y después cenamos?”

                “¿Para qué ir a esas?” le preguntó Ami, muy sonriente. Abrió la puerta y le señaló una pequeña entrada a un estanque privado que tenía la habitación. “Si tenemos éstas”

 

Abrió los ojos como platos, antes de estallar de alegría y abrazar a Ami con fuerza.

 

                “Debió costarte una fortuna” razonó Rei, soltándola.

                “No tanto como crees, ésta habitación es matrimonial y es más económica que una doble. Además, esas aguas son públicas, todos los cuartos tienen estanques privados” explicó, mostrándole el único futón, por cierto, grande, que tenía el cuarto. “¿No te molesta dormir junto a mi, verdad?”

 

Rei sonrió ante la pregunta y dejó su mochila en el suelo, antes de tumbarse en el grueso y cómodo futón y extenderse tanto en él como se lo permitieron sus brazos y piernas.

 

                “No sé, Ami, aquí nada más quepo yo” dijo con malicia “además, recuerdo que me dijeron que roncas muy fuerte”

 

Ami se sonrojó ante la obvia broma y le aventó su mochila a Rei, mientras ésta rompía en risas y le regresaba el ataque con las almohadas del futón. También su sonrojo se debió a que se bañaría con Rei, lo cual le emocionaba demasiado.

 

Después de terminar su guerra de almohadas, Rei fue la primera en ir a las aguas termales. En el camino se quitó la blusa y miró por encima de su hombro un profundo rubor en Ami, lo que le sacó una sonrisa de satisfacción. Tiró la prenda antes de entrar al pequeño cuarto del estanque y encaró a Ami con un gesto un tanto sensual y provocativo.

 

                “¿No vienes?” le preguntó, mientras comenzaba a desabrocharse el pantalón “Recuerda que hay que lavarnos antes de entrar”

                “Ya voy, tú adelántate si quieres” respondió una sonrojada Ami.

                “Bien, pero no tardes”

 

Le echó una última mirada antes de dar media vuelta y entrar al cuarto. Su movimiento había funcionado tal como lo esperaba. Coquetearle a Ami era muy divertido, ya que la chica se sonrojaba y apenaba con una increíble facilidad. Y se veía realmente hermosa cuando estaba apenada y sonrojada. A veces se preguntaba cómo una chica como Ami no tenía novio, pero agradeció que no lo tuviera y que esos tontos hombres estuvieran ciegos como no para ver al ángel que dejaban pasar de largo.

 

De inmediato se lavó el cuerpo para poder entrar al estanque. Se lavó tan rápido, que ya había terminado para cuando Ami entró unos minutos después.

 

                “¿Porqué no me esperaste?” le preguntó Ami, mientras Rei envolvía su cabello con la toalla para evitar que se mojara más con el agua del estanque.

                “Lo siento...” se disculpó con un extraño gesto inocente, “mejor apúrate a lavarte”

 

Ami asintió y se despojó de la toalla, no sin sonrojarse por estar desnuda con Rei, y que ésta también estaba libre de ropa por que acababa de lavarse.

 

                “Entra primero, si quieres” dijo Ami al sentir el peso de los ojos de Rei.

                “Mejor te ayudo” murmuró la chica de cabellera negra, comenzando a enjabonar de inmediato la espalda de Ami.

 

La chica genio se sonrojó al extremo, pero trató de disimular, mientras miraba por el espejo que tenía enfrente la tranquila expresión de Rei. Pasaron algunos minutos y, justo cuando Rei había terminado de lavar a Ami, alguien, la anciana obviamente, tocó la puerta del cuarto. Les llevaba la comida.

 

                “Bueno, nena, ¿qué tal si comemos mientras estamos en el agua?” le preguntó la sacerdotisa a su amiga, llevando la charola de la comida consigo.

                “No creo que sea mala idea...”

 

Comieron bastante rápido, pues el cansancio les estaba ganando, y después de una pequeña guerra con agua, se decidieron a dormir...

 

Mientras ellas se entregaban al sueño más profundo, afuera, la noche se vestía con un manto frío y desolado...

 

***** ***** ***** ***** *****

 

Ami abrió los ojos, presa de un súbito caso de insomnio. De repente ya no pudo dormir. Se giró y miró a Rei, que seguía en brazos de Morfeo; se le había ocurrido despertarla y platicar, pero le dio pena al verla dormida. Así que se quedó recostada mirando el techo. Su cuerpo estaba cansado, pero no conseguía volver a cerrar los ojos. Miró un reloj. Eran las 2:30 de la mañana. Fantástico, ahora ya no podría volver a conciliar el sueño.

 

Por debajo de la puerta descubrió que las luces del pasillo seguían encendidas, quizá la anciana estaría despierta aún.

 

Sin nada qué perder, se levantó y arropó bien a Rei, que tenía medio cuerpo descubierto. Hacía algo de frío y no quería que se enfermara; la yukata que llevaba puesta no era muy cálida. Miró el pacífico rostro de Rei durmiendo y se sonrió. Rei era una chica muy hermosa. Aprovechando que ella dormía, le dio un beso en la mejilla.

 

Pensó que un té le ayudaría a recuperar el sueño.

 

Salió del cuarto y caminó el recibidor principal, pero no había ni un rastro de la anciana.

 

Suspiró, resignada, y decidió regresar al cuarto. Mejor leería uno de los libros que traía en su mochila. Al dar media vuelta, se fue la luz, dejando toda la casa a oscuras.

 

Aunque no podía ver nada, llegaría a su dormitorio sin problemas. Caminó con cuidado para no tropezar con nada. La oscuridad nunca le había causado temor alguno, la encontraba bastante relajante.

 

<TOC... TOC... TOC>

 

Escuchó unos leves golpes en una de las varias puertas que le rodeaban.

 

“¿Uh?”

 

<TOC... TOC... TOC>

 

Se detuvo en seco y trató de aguzar su oído en busca de algún otro sonido. Afuera, el viento soplaba como nunca antes lo había escuchado; parecía aullar... Sintió escalofríos y siguió su camino al dormitorio. No dormir le hacía pensar cosas extrañas y descabelladas. Sacudió su cabeza mientras caminaba a lo largo del pasillo.

 

“Mejor me voy a dormir...”

 

Entonces...

 

Los golpes que había escuchado hacía unos segundos se hicieron más fuertes.

 

<¡TOC!... ¡TOC!... ¡TOC!>

 

Dio un respingo y de inmediato trató de buscar la causa de aquellos golpes. No podía adivinar si venían de la puerta principal o alguna otra entrada a la Casa, pero sí le pegaron un buen susto. Pensó                 que la anciana no tardaría en aparecer con alguna vela o lámpara, pero se encontraba sola entre la estancia y el pasillo.

 

Comenzó a sentir un extraño miedo mezclado con nerviosismo.

 

Decidió ignorar el asunto y continuó su camino al cuarto...

 

Fuera, el viento rugía con furia animal entre los arboles de la montaña, dándole a la atmósfera que rodeaba a Ami un tinte macabro.

 

“Estoy imaginando cosas” pensó, tratando de controlar un súbito temblor que le había dominado los músculos. “Debe ser por que estoy cansada”

 

Su lado racional le hizo olvidar pronto aquellos extraños ruidos, pero...

 

De pronto, unos sonidos de pisadas le hicieron saltar... pisadas que se dirigían a ella...

 

“¿Rei?” preguntó en voz lo suficientemente alta, pero nadie respondió. “¿Señora?”

 

Sin respuesta, tampoco.

 

Los pasos fueron más fuertes y claramente audibles para la asustada chica. Tragó saliva y sintió que una gota fría le recorría la espina dorsal por todo lo largo.

 

“¿Rei?... ¿Eres tú?...”

 

Una helada brisa le llegó por detrás, provocándole escalofríos en toda la piel...

 

A pesar de la completa oscuridad que le rodeaba, instintivamente miró hacia atrás por encima de su hombro...

 

... Sólo para quedar de una pieza, presa del miedo y la sorpresa, al encontrar un par de esferas brillantes que flotaban lado a lado a la altura de su frente, como asimilando la mirada de alguien... Era como si alguien le estuviera mirando...

 

Contuvo la respiración, pero sin lograr despegar su mirada de aquella extraña visión...

 

... de pronto, sintió que algo le sujetaba por la cintura, provocándole dolor...

 

“¡AAAAHHHHHHHH!... ¡REEEIIIIIIIII!”

 

***** ***** ***** ***** *****

 

La chica morena despertó de repente. En primer lugar, por que ya no sintió a Ami a su lado, y en segundo, por que había percibido una extraña energía maligna en la casa.

 

Efectivamente, Ami ya no se encontraba en la habitación. Tocó el lado del futón donde ella estuvo recostada y sintió el lugar frío. Quería decir que hacía largo rato que se había levantado. Tuvo un mal presentimiento y se incorporó, un tanto asustada. Obviamente no se encontraba en el baño o las aguas.

 

Miró el reloj, eran 3:00 AM.

 

“¡¿Sólo he dormido una hora?!” pensó, sorprendida.

 

Se levantó de la cama y, antes de salir, notó que las luces del pasillo estaban prendidas. ¿Acaso esa ancianita había olvidado apagarlas?... Dejó esa tonta pregunta de lado y abandonó la habitación para buscar a Ami.

 

Estaba descalza y sintió el piso helado. Hacía mucho frío, demasiado.

 

Siguió caminando por el pasillo en dirección al vestíbulo principal, mientras se frotaba sus brazos para calentarlos un poco. Ahí tampoco encontró a nadie, ni a la anciana ni a Ami. Se asustó un poco, pero pensó que Ami se había levantado por algo y buscado a la anciana. A lo mejor ella estaba en el dormitorio de la anciana.

 

No se le ocurrió otra razón para que Ami no estuviera.

 

Caminó a la cocina, con la remota idea de que, quizá, encontraría a la anciana o a su amiga.

 

De pronto, sintió algo tibio y húmedo debajo de su pie. Había pisado algún liquido derramado en el suelo. Bajó la vista y se aterró al descubrir que era un pequeño charco de sangre... Sangre que iba precisamente a la cocina.

 

Asustada como nunca, se apresuró a seguir el rastro de sangre, sólo para encontrar a nadie en la cocina-comedor...

 

El sitio estaba limpio e impecable, pero Rei podía sentir una extraña y maligna presencia ahí.

 

Se concentró.

 

Efectivamente, había una presencia agresiva que le causó mala espina. Temía que aquella presencia hubiera lastimado a Ami o a la anciana. Sacó algunos de sus pergaminos y amuletos de su yukata (N de A: Rei siempre carga con esas cosas) y se preparó para encarar a la presencia.

 

Su estado de concentración ni siquiera se rompió por el aire frío que le había llegado desde atrás. Sí le provocó escalofríos, pero no podía mostrarse temerosa ante la presencia. De lo único que tenía miedo era de que Ami estuviera lastimada. Ver esa sangre en el piso no le gustó nada, menos que estuviera cálida aún, eso sólo quería decir que había sido derramada hacía pocos instantes de que ella se levantara.

 

Escuchó al viento rugir entre los arboles, como un coro infernal entonando un oscuro himno.

 

Mas eso tampoco le sacó de concentración.

 

“Anda, muéstrate” ordenó entre dientes, mientras una gota de sudor le corría por la sien.

 

Una nueva ráfaga de helado viento le golpeó por detrás. Rei en tanto seguía concentrada, aunque ese viento le provocaron severos escalofríos en todo el cuerpo.

 

De pronto, sintió que alguien le miraba desde atrás.

 

Con los músculos tensos, lentamente se giró... Antes de que ella pudiera voltear por completo, se fue la luz de toda la casa.

 

“Maldición” masculló con furia, terminando de girarse. “Oh, demonios...”

 

Entonces se encontró con las mismas esferas rojas que había visto Ami... grandes, rojas, como asemejando la mirada de alguien... como si alguien le estuviera observando.

 

Su sorpresa fue inmensa, pero trató de no mostrar temor a aquello que le miraba. Esas esferas rojas parecían ser un par de ojos de algún ser demoniaco. Infundían tanto miedo que nadie dudaría que eran reales... o, mejor dicho, nadie creería que pertenecieran a ese mundo.

 

Rei sentía el enorme poder agresivo que salían de aquellos ojos.

 

“¡Vete, espíritu maligno!” exclamó, lanzándole uno de sus pergaminos a, lo que suponía, era la frente de la presencia.

 

Pero, casi de inmediato, las esferas desaparecieron y el pergamino cayó al suelo.

 

“¡Dime dónde está Ami!” ordenó Rei a la presencia, pues sentía claramente que aún no se iba.

 

Sólo el viento le contestó.

 

“¡Dímelo!”

 

De pronto, Rei sintió un extraño siseo en el aire... como si algo le fuera a caer encima... levantó la vista y vio que un bulto negro iba a caer sobre ella. Al momento pensó en quitarse, pero no lo hizo al ver que el bulto era el cuerpo de Ami.

 

Lo atrapó con sus brazos y cayó junto con ella al suelo.

 

En ese momento la electricidad volvió a la casa.

 

“¡Ami!” gritó Rei, asustada al ver a la chica herida de muchos lados de su cuerpo “Ami... Oh, dioses, que esté bien... Ami, por favor, contéstame”

 

La peliazul tardó varios minutos en reaccionar. Por suerte, sus heridas no eran de gravedad, como Rei lo temía en un principio. En cambio, la pobre parecía ida, aterrada... Rei se preocupó de verla así, se asustó.

 

“Ami... nena, ¿estás bien?” le preguntó gentilmente, abrazándole con fuerza “Ami, cariño, respóndeme, por favor”

 

Después de un largo rato, Ami comenzó a pronunciar algunas palabras... nada entendible al principio, pero poco a poco se aclaraba la voz de la chica.

 

“Rei...”

“Por los dioses, ¿qué te pasó, Ami?”

“Una bestia...”

“¿Bestia?”

“Una bestia me atrapó... y me tenía... colgada del techo... con algo parecido a una... telaraña...”

“¿Cómo era?”

“No lo sé... sólo vi sus ojos...”

“Eran rojos y grandes, ¿verdad?”

“Sí...”

 

Ami supo que Rei también había visto esos ojos en la oscuridad.

 

“¿No te hizo nada?”

“No. Sólo me herí al tratar de escapar, pero siento un dolor muy fuerte en el costado”

 

Rei se preocupó y chequeó el lugar que le señalaba Ami, justo bajo su costilla izquierda. Se asustó al ver una herida sangrante.

 

“Vamos al cuarto. Voy a curarte y saldremos de aquí” dijo Rei, ayudando a su amiga a levantarse y andar “No me importa lo que sea esa cosa, tenemos que irnos”

 

Ami asintió.

 

“Gracias, Rei...”

“No hay porqué”

“Y lo siento”

 

Rei se sorprendió con esa disculpa.

 

“Fue mi idea venir aquí... de haber sabido que había algo maligno...”

“No, no... no digas eso, Ami... no podías saberlo. De hecho, yo debí sentir primero cualquier presencia extraña, pero no lo hice”

“Rei...”

“Deja de disculparte por algo que no fue tu culpa”

“De acuerdo”

 

Llegaron al cuarto y entraron. Rei recostó a Ami en el futón, le descubrió el torso y encontró una herida de consideración en su costado. No sangraba tanto, pero podía infectarse. Claramente daba la impresión de haber sido hecha por... garras. Eran cuatro líneas paralelas de no más de diez centímetros de largo, profundas, pero no tanto como para considerarse peligrosa.

 

Limpió la herida lo más rápido que pudo y le ayudó a Ami a cambiarse de ropa. Después ella se cambió y recogió las cosas de ambas.

 

“Voy a sacarte de aquí y veré si la anciana está bien...”

“La anciana no está en la casa, ya la busqué y no hay ninguna señal de ella...”

“Entonces, vámonos”

 

Sujetó a Ami por la cintura, pasando un brazo de ella por encima de sus hombros y sujetándola con fuerza para asegurarla a su cuerpo. Echó un último vistazo al cuarto para asegurarse de no olvidar nada, y de inmediato salió del cuarto junto con su amiga. Rei aún podía sentir que aquella presencia seguía en el aire, vigilándoles.

 

Tenían que salir de ahí lo antes posible, pues ni siquiera podrían defenderse en su identidad de guerreras. Luna les había recogido sus plumas de transformación hacía unos meses, debido a que ya no había enemigos por el momento. Dudaba que sus habilidades como sacerdotisa le ayudaran contra aquella extraña presencia. Y con Ami herida, debía ser doblemente cuidadosa.

 

Por desgracia, la puerta principal se negaba a ceder.

 

                “¡Maldición!” masculló Rei, pateando la puerta con furia. “No puedo abrirla”

                “¿Porqué no intentamos romper una ventana?” sugirió Ami, tratando de calmar a su amiga.

                “De acuerdo, espera aquí sentada, yo lo haré”

 

Rei tomó una silla que tenía cerca y la lanzó contra un vidrio, pero su sorpresa sería inmensa al descubrir que la silla sólo rebotó, sin hacer el más mínimo daño al cristal. Lo intentó varias veces, pero nada pasaba.

 

                “Demonios...” maldecía la sacerdotisa, frustrada y asustada. “Estamos atrapadas”

                “Debe haber otra salida, no te preocupes, Rei” dijo Ami, masajeándole un hombro a la chica.

 

Rei suspiró y sostuvo su frente con sus palmas unos segundos, tratando de conservar la calma. Ami, entonces, sólo atinó a abrazarla y recargar su cabeza en el hombro de su amiga.

 

                “Shhhh... tranquila, saldremos de aquí” le susurró Ami al oído.

                “¿Cómo?” preguntó Rei con su voz casi apagada.

                “Primero que nada, tranquilízate y después veremos como salir, ¿de acuerdo?”

 

Rei suspiró de nuevo y correspondió el abrazo, descansó su rostro en el hombro de su compañera hasta que se sintió un poco más relajada...

 

                “¿Estás mejor?” preguntó Ami, rompiendo el abrazo y tomando el rostro de Rei entre sus manos.

 

La chica asintió, sonriendo.

 

Entonces, ocurrió algo que Rei no se esperaba... Ami no soltó su rostro, sino que se inclinó un poco hacia delante y depositó un ligero y fugaz beso en los labios de Rei. Después de eso, la soltó y se puso de pie, ya sin resentir tanto el dolor de su costado. Rei se quedó estática algunos segundos, tratando de digerir lo que acababa de pasar. Tocó sus labios con sus dedos y después miró a Ami con un rostro repleto de sorpresa. Ésta sólo le sonrió con un gesto inocente y apenado, mientras su cara se teñía de un precioso rubor que Rei siempre encontraba adorable.

 

                “¿Nos vamos?” preguntó Ami, aparentando total tranquilidad.

 

Rei asintió de nuevo y se puso de pie, sin dejar de mirar a Ami. La chica genio le extendió la mano a su amiga y ésta la tomó.

 

                “Vayamos atrás” sugirió Ami. “Quizá haya otra salida”

                “Eso espero... sino, tendremos que romper las paredes o incendiar la casa” comentó Rei, recuperando su comportamiento normal y decidido.

 

Para mala suerte suya, ninguna de las puertas  pudo ser abierta. Estaban atrapadas...

 

Rei estaba bastante preocupada de sentir aún esa extraña presencia en la casa.

 

                “No quiere que nos vayamos” dijo Rei, después de sus infructuosos intentos de escape. “Sólo nos queda enfrentarnos a esa cosa... sino, no podremos salir de aquí”

                “Estoy de acuerdo”

 

Entonces, la luz se fue de nuevo, dejando todo el ambiente a oscuras. El frío se intensificó en cuestión de segundos y el aire afuera rugía de forma aterradora.

 

Ambas sabían lo que pasaba... Aquella presencia había aceptado el reto.

 

                “Hay que estar atentas” murmuró Ami, tomando y apretando la mano de Rei.

                “Déjamelo a mí, mis pergaminos podrán hacer algo contra esa cosa”

 

Se colocaron espalda con espalda, sin soltarse las manos, trataron de aguzar sus cuatro sentidos restantes y concentrarlos en aquella oscuridad que dominaba la casa. También contaban con ese famoso sexto sentido, y ese les ayudaba a saber que eran rodeadas y vigiladas por aquel ente maligno.

 

                “Deja que vea a Luna y voy a patearla” mascullaba Rei con una sonrisa, mientras apretaba la mano de Ami con fuerza. “Ella y su tonta idea de recogernos las plumas de transformación”

                “Sólo me dejó la computadora...” dijo Ami enseguida, “pero dudo que sirva en éste momento... ¿o sí?” dudó un poco... “tengo que ver si logro algo”

                “Entonces apresúrate, nena, por que ésta presencia no tarda en atacar”

 

Ami instintivamente asintió con la cabeza y liberó una de sus manos para buscar su computadora en la mochila. Rápido la encontró. De inmediato hizo uso de ella y lo que descubrió la dejó anonadada.

 

                “Tal cómo lo sospechábamos, no hay ninguna salida” explicó Ami, mientras la luz del pequeño monitor le iluminaba el rostro.

                “Dime algo que no sepa” le interrumpió Rei, riendo con cierta malicia.

                “Estamos atrapadas en la dimensión de éste ente... de hecho, toda la casa es el ente mismo” aclaró, sudando de sorpresa.

                “¿Qué?”

                “Siento como si quisiera comernos”

 

De pronto, Rei sintió una punzada en su cabeza que le obligó a apretar la mano de Ami con demasiada fuerza. Lanzó un pequeño quejido y cayó de rodillas. Ami de inmediato se giró para saber qué pasaba.

 

                “Su presencia... su poder en demasiado agresivo... Ami, no sé si podamos con esa cosa” dijo con algo de tristeza mezclada con dolor.

                “No creo que sea necesario que lo destruyamos, Rei, bastará con que lo debilitemos un poco para crear una salida” explicó, “desde afuera será más fácil pelear”

                “Eso espero, nena...”

 

De pronto... un sonido retumbó en la casa y sucedió algo que ninguna se esperaba...

 

La computadora portátil cayó al suelo...

 

Se escuchó un gritó ahogado...

 

Sonó una especie de rugido...

 

Sobre el suelo cayó un cálido chorro de líquido espeso...

 

Y después todo quedó en silencio...

 

                “¡¡¡¡AMIIIIIII!!!!”

 

Rei se había quedado sola en la oscuridad... algo le había arrebatado a Ami... Estaba aterrada por el repentino ataque y no lograba que sus músculos respondieran o que su cerebro hilara algunas ideas... Estaba en estado de shock. Sentía sobre su mano la calidez de algo líquido. Sabía lo que era. Sangre. Pero lo que le tenía el rostro desencajado era que esa sangre no era la suya... sino de su querida Ami...

 

A su lado, tirada en el suelo, aún parpadeaba el pequeño monitor de la computadora. En ella se mostraban lecturas distorsionadas y confusas, producto del ataque.

 

                “Ami...” murmuró aún en shock.

 

Su vista logró enfocarse en la pequeña computadora y pausadamente la tomó entre sus manos... Al mirar la pantalla, otra sorpresa le devolvió a la realidad... En el monitor había un pequeño mapa de la casa, un mapa donde mostraba su posición... y la de Ami.

 

                “¡Idiota!” se gritó a sí misma, incorporándose de un salto, “¡tengo que ir por ella!”

 

Guiada por la computadora y su poder, recorrió lo que le parecieron interminables pasillos y habitaciones. Un viento helado recorría cada rincón de la casa y le golpeaba el rostro a la sacerdotisa como con pequeñas dagas de hielo, cortándole la piel, provocándola un agudo dolor en la cara.

 

                “Voy a encontrarte, Ami” pensaba Rei, mientras seguía la señal de la computadora de bolsillo. Ya estaba cerca de otro pequeño parpadeo que indicaba la posición de Ami.

 

*** *** *** *** ***

 

En tanto, la peliazul se encontraba en un extraño universo donde la oscuridad y el silencio predominaban. No podía verse a sí misma, no podía oír ni los propios latidos de su corazón. Se angustió al pensar que ya estaba muerta, pero no era así, aún conservaba su sentido del tacto y podía sentir que estaba fuertemente sujeta contra algo sólido y escarpado que le lastimaba la espalda. Sentía algo líquido y caliente correr por su costado y su pierna. Sabía que era su sangre y que salía de la herida que le hiciera la bestia la primera vez que se encontraron. Sentía un agudo dolor en esa herida en otras partes de su cuerpo.

 

Pasó lo que sintió fue una eternidad y, entonces, pudo notar que los ojos de la bestia le miraban desde algún rincón desconocido de ese universo. Por el diminuto tamaño supo que estaban lejos, pero, para terror suyo, vio que el par de esferas se acercaba a ella.

 

                “¿Qué quieres de nosotras?” le preguntó, un tanto aliviada de poder oír su propia voz. “¡Contesta!”

 

Escuchó un rugido que le obligó a cerrar los ojos de miedo y apretar los dientes. No logró contener un grito cuando sintió que algo le lastimaba en el costado herido, algo puntiagudo. Por su pierna corría más sangre caliente, pero la chica logró distinguir un extraño ruido después de ahogar el grito que escapó de su garganta... un ruido gutural, como de algo alimentándose... La bestia se estaba alimentando con su sangre.

 

No podía moverse, tenía sus cuatro extremidades atadas con cadenas invisibles para ella. Las esferas rojas seguían mirándola, justo a la altura de su rostro. Los quejidos salían de su boca mientras el objeto puntiagudo seguía lastimándole el costado y la bestia bebía la sangre que caía a chorros.

 

Se sintió mareada gracias a la pérdida de su líquido vital.

 

                “Maldito” masculló Ami, apretando los dientes tanto como podía. “¡Contéstame!... ¡¿Qué quieres?!”

 

Escuchó un gruñido, como el de un perro, y después sintió un pinchazo más fuerte en su costado que casi le saca lágrimas.

 

                “Ustedes me darán más vida” murmuró una horrorosa voz que hizo eco en ese universo oscuro, “tú y tu amiga me darán el alimento que necesito...”

                “¡No dejaré que bebas de mi sangre!” gritó Ami, tratando de escapar de sus ataduras invisibles.

                “No podrás huir... y cuando acabe contigo, iré por tu noviecita”

                “¡A Rei no vas a ponerle un dedo encima!”

 

Cerró sus ojos y trató de concentrar sus poderes de senshi... Y lo logró...

 

*** *** *** *** ***

 

Rei se paró en seco al sentir el poder de Ami cerca de donde se encontraba. Sonrió de contento al saber que Ami seguía viva, pero estaba sorprendida por que ella había hecho uso de sus poderes de senshi sin la ayuda de su pluma de transformación.

 

                “¡Aguanta, Ami, ya voy!” exclamó, corriendo en dirección al foco de energía.

 

Ya no necesitaba la computadora, con sus habilidades normales podría localizar a Ami sin problemas. No tardó en sentir un aire fresco, casi frío, y familiar a pocos metros de ella; dentro de un cuarto.

 

*** *** *** *** ***

 

El signo de Mercurio brilló en su frente, iluminando ese oscuro universo. Pero, para sorpresa suya, estaba en un simple cuarto de la casa. Estaba sola... La única prueba que tenía era su herida en el costado y el charco de sangre en el suelo a sus pies.

 

Ya nada la sostenía y cayó al suelo, agotada y débil. Su signo, que aún brillaba, iluminaba la habitación vacía y le decía que la bestia le había dado un respiro. Suspiró. Con una de sus manos trató de cubrir la herida, pero ésta seguía sangrando copiosamente.

 

De pronto, escuchó que algo trataba de abrir la puerta. Se puso de pie con un brinco y tomó una pose de ataque, preparada para recibir a la bestia como debía. Logró concentrar uno de sus ataques en su mano derecha, mientras con la izquierda se cubría la herida.

 

La puerta se abrió y...

 

                “¿Ami?” preguntó una profunda voz que de inmediato reconoció.

                “Rei...”

 

La morena entró a la habitación y encontró a su amiga, cuyo signo planetario iluminaba la habitación cual foco azulado. Se sonrieron y Ami corrió a los brazos de Rei, llorando.

 

                “¿Estás bien, nena?” le preguntó Rei al oído, acariciándole el cabello.

 

La chica asintió, pegando su rostro contra el cuello de Rei. Poco a poco, el signo se apagó y dejó el cuarto en penumbras, apenas alumbrado por la luz de la luna a través de una ventana.

 

                “Me asusté mucho” confesó la sacerdotisa, abrazándola con más fuerza, “pensé que esa bestia te había matado. Pero estás viva...”

 

Entonces, Rei sintió lo húmeda que estaba la blusa de Ami. Se aterró al descubrir que la herida se había hecho más grande y que sangraba mucho. Ami le explicó lo que había pasado a manos del monstruo y que éste pensaba secarlas para seguir viviendo. Pero que, al encender el brillo de su signo, el monstruo ya no estaba.

 

                “Le tiene miedo a la luz...” sentenció Ami, mientras Rei improvisaba un vendaje con una blusa de su mochila”

                “Entonces deberé encender mi signo también para repeler al monstruo” respondió la sacerdotisa, haciendo unos últimos nudos al vendaje. “Listo. Con esto estarás más cómoda”

                “Gracias, Rei”

                “No hay de qué... Ahora sabemos que el monstruo le tiene miedo a la luz” dijo rápidamente, agradeciendo que la oscuridad ocultara el sonrojo de sus mejillas. “Deja trato de encender mi signo también, con eso será suficiente para salir de aquí”

                “Si yo pude, para ti será muy fácil” murmuró Ami, sonriente.

 

En menos de dos minutos, Rei ya tenía el signo de su frente brillando con intensidad.

 

                “Ahora sí me las va a pagar esa cosa” musitó la sacerdotisa, ayudando a Ami a levantarse, “nadie te lastima y se libera de mi furia. Tú déjamelo a mí”

 

Ami se sonrió y le dio un beso en la mejilla a Rei, haciéndola sonrojar.

 

                “Todo tuyo” respondió en una fina risa.

 

A pesar de saber que estaban atrapadas dentro de un monstruo, quien deseaba dejarlas más secas que un desierto, Rei sentía una enorme felicidad creciendo en su pecho. Y todo por la chica que tenía a su lado, una chica a la que amaba más que a otra cosa, una chica que le amaba como si no existiera nada más.

 

De pronto, un viento helado que les caló hasta los huesos, sopló por toda la casa con un rugido como acompañante. La bestia estaba lista para la pelea.

 

Una serie de gemidos, que parecían sacados de ultratumba, inundaron la casa e hicieron eco en cada esquina de la misma. El viento se hizo más helado y literalmente las estaba congelando. Rei encendió su aura tanto como pudo para evitar que el viento hiciera cubos de hielo con ellas.

 

                “¡Rei, cuidado!” gritó Ami, soltándose del firme abrazo de Rei y lanzando a su amiga lejos de ella.

 

Una docena de brazos mitad carne y mitad hueso salieron del suelo y sujetaron a Ami por las piernas. El suelo a sus pies se volvió gelatinoso y poco a poco la chica genio era hundida por esos brazos.

 

                “¡Ami!”

                “¡La bestia está detrás de ti!” le advirtió Ami, que estaba más preocupada por Rei que por su actual posición. “¡Concentra tu energía!”

 

Un feroz gruñido obligó a Rei a voltear y encarar el par de esferas que asemejaban los ojos del monstruo. De inmediato condenso su poder en su frente, pero antes de que el signo lograra su brillo máximo, un siseo en el aire obligó a Rei a salir de concentración. A ciegas esquivó un zarpazo de la bestia dando un formidable salto. De nuevo trató de concentrar su poder y de nuevo la bestia se lo impidió.

 

                “¡Yo lo distraigo!” exclamó Ami, que ya estaba enterrada hasta la cintura y luchaba contra el dolor de su costado y esos brazos que planeaban llevarla con ellos. “¡Burbujas de Mercurio!”

 

Una aglomeración de burbujas golpearon lo que parecía ser el cuerpo de la bestia. Al parecer quedó ligeramente congelada, pues en las tinieblas se escuchó una especie de alarido y se adivinaba una figura amorfa casi inmóvil cerca de la sacerdotisa. Rei, que no estaba dispuesta a echar a perder el esfuerzo de Ami, por fin pudo concentrar su energía de manera adecuada y el signo en su frente brilló de manera formidable.

 

Cuando la luz roja apuntó a dónde se encontraba la bestia, en su lugar sólo había un montón de hielo despedazado.

 

                “¡Viene a tu izquierda!” le advirtió Ami, que por posición podía apreciar todo muy bien.

                “¡Ahora sí me las paga!” gritó la chica, “¡Fuego de Marte!”

 

Se escuchó un claro alarido de dolor cuando el fuego chocó contra la bestia entre las tinieblas. Al comenzar a quemarse, Rei de nuevo apreció un poco su figura amorfa. En tanto, los brazos en el suelo no tardaron en quemarse y hacerse cenizas alrededor de Ami.

 

La chica genio quedó sin sentido en el piso.

 

Rei vio que la bestia desaparecía en las tinieblas, mientras la oscuridad y el viento helado desaparecían junto con la casa.

 

Pronto, ambas chicas quedaron a la intemperie. Rei pronto recordó a su amiga y la encontró tirada en el suelo.

 

                “¡Ami!”

 

La tomó en sus brazos y trataba de reanimarla con leves palmadas en sus mejillas. Entonces se acordó que tenía una botella con agua en su mochila. Rápido la sacó y le dio a beber un poco de agua a su amiga. Estaba consciente de que ella había perdido demasiada sangre y eso podía poner en riesgo su vida.

 

Ami abrió los ojos y lo primero que vio fue a su querida Rei...

 

                “Soy una Sailor Senshi... heridas como ésta no me tirarán tan fácilmente” murmuró de forma sonriente.

                “Tonta” le dijo, soltando algunas lágrimas, “ya ni Usagi me provoca tantas preocupaciones como tú”

 

Ami rió y abrazó a Rei con la poca fuerza que tenía. Acercó su boca a su oído, no sin antes darle un ligero beso en la mejilla, y le susurró algunas palabras que hicieron enrojecer a Rei de forma violenta.

 

                “Ami...”

                “Setsuna me contó que todas tenemos poderes curativos” explicó, “¿quieres intentarlo?”

 

Rei asintió, enrojeciendo todavía más, inclinó su cabeza y acercó sus labios a los de Ami. Ésta sólo cerró los ojos, recordando aquel beso frustrado en el closet de Minako.

 

Y la noche, la luna y las montañas fueron testigos de un beso largo y apasionado entre las dos guerreras.

 

El aura de Rei creció y cubrió el cuerpo de Ami, curándolo poco a poco...

 

Después de algunos minutos, rompieron el beso y la chica genio ya estaba completamente recuperada de sus heridas. Pero se quedaron abrazadas otro buen rato.

 

                “¿Acaso tienes idea de cuánto te amo, Ami Mizuno?” le preguntó al oído con un tono dulce.

                “Lo mismo te pregunto a ti, Rei Hino” respondió, sonriéndole de forma tímida.

 

Y más palabras no fueron necesarias.

 

*** *** *** *** ***

 

Ya había salido el sol y ambas chicas estaban en el autobús camino a su destino. Habían pasado el resto de la madrugada en la parada del autobús, esperando a que pasara el de las seis de la mañana. Y ciertamente no pasaron frío...

 

Rei estaba del lado de la ventana, dormida, recargada contra el vidrio y con una Ami igualmente dormida en sus piernas. Estaban tomadas de la mano y agotadas después de la eternidad que significaron ese par de horas en esa casa extraña. Ami se había desecho de su ropa rasgada y lucía como nueva después de su sesión de curación con Rei.

 

El único recuerdo de su aventura era una pequeña cicatriz en el costado de Ami y el hecho de ya no depender de sus plumas de transformación para invocar sus poderes. Acordaron guardar en secreto su amor y su aventura, pues era demasiado pronto como para que sus amigas se enteraran de todo.

 

Y, mientras ellas dormían, totalmente aliviadas de haber salido con vida ésta vez...

 

... en medio de las montañas, un grupo de personas había decidido pasar un rato en una pequeña casa de huéspedes tradicional con aguas termales... y con una amable ancianita atendiéndoles...

 

...

 

...

 

 

*** *** *** *** ***

 

FIN

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