- Rei, ¿me escuchas? – sonó
la voz de Ami del otro lado del comunicador.
- Fuerte y claro... estoy
con Makoto en mi habitación – contestó la sacerdotisa, permitiendo que su alta
compañera escuchara también lo que se decía en su comunicador.
Hubo una breve pausa y ambas
guerreras se miraron con extrañado gesto. Casi enseguida miraron el comunicador
y no tardó en sonar de nueva cuenta la voz de Ami. El par pareció aliviado...
al menos hasta el sorprendido y casi horrorizado comentario de la chica genio.
- ¿No fuiste a la escuela,
Rei? – preguntó la alarmada voz de Ami, como si aquello fuese un crimen.
- Pues... éste... no –
contestó la sacerdotisa de forma un tanto nerviosa y tono gracioso – Tenía que
cuidar a Makoto, lo sabes... puede necesitar algo y... – se excusó de inmediato
antes de dejar que Ami dijese otra cosa.
- ¿Y porqué me agarras a mi
de excusa? – preguntó Makoto entre dientes con una sonrisa nerviosa, Rei le
hizo cómicas señas de que guardara silencio.
- Bueno, ya nada se puede
hacer, así que... – suspiró la chica al otro lado del comunicador – Escucha,
encontré lo que puede ser el posible foco de los demonios...
En ese momento, las
guerreras de Júpiter y Marte pusieron seria atención.
- ¿Dónde? – preguntó Rei con
seria voz.
- Cerca del centro, en la
plaza comercial – continuó – Nosotras iremos a investigar por si las dudas...
Rei, por favor consulta la flama sagrada para corroborar lo que dice mi
computadora.
- Lo haré, no te
preocupes... si encuentro algo, te lo diré de inmediato – contestó, resuelta,
la sacerdotisa.
- Tengan cuidado cuando
vayan allá – dijo Makoto con voz alta, a manera que Ami le escuchara.
- Tranquila, estaremos bien,
sólo vamos a revisar... por cierto, ¿cómo te sientes?
- Mucho mejor, gracias... ya
puedo sentarme sola... – avisó Makoto con una sonrisa que sólo Rei pudo ver.
- Me alegra saber eso... –
contestó la voz de Ami – en cuanto terminemos de revisar el sitio, iremos al
templo.
El par pareció de acuerdo
con la resolución de Ami y, después de intercambiar algunas palabras más,
cortaron la comunicación. Makoto y Rei compartieron una seria mirada por
algunos segundos. Enseguida, la sacerdotisa se puso de pie.
- Iré a consultar la flama
sagrada, no tardo... – anunció con aquellos aires de misterio que siempre le
eran característicos.
- Ah, claro...
Rei salió del cuarto. Makoto
se mantuvo mirando la puerta por unos instantes más. Siempre que Rei tomaba
aquella pose y actitud, era imposible no sentirse amedrentada por su mirada
seria, transparente y fría a la vez. Soltó un suspiro y se recostó. Aún le
dolían las costillas, pero al menos ya no le molestaba respirar.
Estaba casi segura que en
dos o tres días más estaría mucho mejor. Un bostezo escapó de entre sus labios
y optó con recostarse de nuevo, Rei pasaría un largo rato consultando la flama
sagrada y sólo lograría aburrirse de esperar ahí contemplando las paredes.
Hubiese preferido acompañar a Rei y ver cómo entraba en contacto con el
fuego... era algo tan fascinante que se le podía ir el tiempo sin que se diese
cuenta.
Pero estaba atada a la cama,
así que debía aguantarse.
Cerró los ojos y pronto se
quedó dormida.
Mientras, Rei meditaba ante
la llama, le pedía mediante rezos que le abriera las puertas de aquello que
nadie más podía ver, de aquello de lo que nadie sabía. Sentía su alma arder con
el fuego, sentía comunicarse con éste mediante un silencioso lenguaje que sólo
los dos conocían.
Pasados algunos minutos, el
fuego le dio la respuesta que buscaba: efectivamente, los demonios salían de
aquella puerta, pero, por decirlo de una manera, aquella puerta era tan
estrecha y débil, que sólo un demonio a la vez podía pasar por ahí. De
inmediato agradeció a la flama el haberle contestado y pensó en comunicarse con
Ami, Minako y Usagi para comentarles todo. Ya sólo era cuestión de ver porqué
se había abierto esa puerta, pero de eso se encargarían las demás.
El problema no era tan grave
después de todo...
Se puso de pie y contempló
la llama una vez más antes de salir de la habitación.
- Ah, olvidé el comunicador
en el cuarto – le dijo a nadie en especial. Soltó un pequeño suspiro de
cansancio y fue directo a su dormitorio.
Lo primero que vio al entrar
fue a una Makoto profundamente dormida. Esbozó una ligera sonrisa que ni ella
misma percibió. Encontró su comunicador sobre la cómoda al lado de la cama y,
cuando se proponía a llamar a Ami y a las chicas, pronto se quedó absorta,
contemplando las rosas que anteriormente le había obsequiado a Makoto.
Se quedó mirando largo rato
aquellas rosas que aún conservaban su fresco colorido... hasta que percibió un
leve calor en su rostro. Sorprendida, salió del trance y descubrió que se había
sonrojado. Sacudió su cabeza enérgicamente, a manera de quitarse de encima
pensamientos raros, pero sólo logró sonrojarse más y ponerse aún más nerviosa.
¿Acaso Makoto le...
Ni siquiera quiso pensar qué
sentimiento le causaba Makoto. Por alguna razón le asustó saberlo. Apretó el
comunicador en su palma y salió de la habitación con un súbito gesto furioso.
No sabía a qué podía deberse tan repentino enojo. Volvió a sacudir su cabeza,
ésta vez volviendo en sí y encendió el comunicador.
Usagi, Minako y Ami
caminaban por el centro comercial aunque, ciertamente, Usagi, y a veces Minako,
se distraían viendo las novedades de los aparadores de cada tienda. Ami era
quien quitaba a ambas de enfrente de las tiendas y las llevaba casi arrastrando
a seguir su camino. La sofisticada computadora le indicaba al trío qué camino
seguir. Solo esperaban no encontrarse con alguna sorpresa.
- ¡Usagi, mira ese vestido!
– exclamó Minako con brillantes ojos, señalando el artículo en cuestión.
- Es... hermoso... –
contestó la otra rubia, absorta en la belleza de seda y nylon de la prenda.
Ami soltó un suspiro y
estaba a punto de ir por ellas cuando su comunicador sonó. Ahora sí, el par de
rubias atendieron a la seriedad y esperaron a que Ami contestara.
- ¿Rei?
- Ami, encontré algo
interesante.
- Dime.
- La puerta por la que
entran los demonios es pequeña y un poco débil, sólo puede salir uno a la vez.
El trío se miró y no tardó
en sonreír.
- No tengo del todo la
localización exacta, pero creo que eso lo pueden descubrir ustedes, ¿verdad? –
preguntó la antes seria voz con un tono cómico.
- Nosotras nos encargaremos,
Rei, no te preocupes – contestó Minako de decidida manera – Tú sigue cuidando
de Makoto – agregó, ahora con un tono curioso de voz.
Usagi no comprendió del
todo, Ami guardó silencio y miró a su líder de manera seria. Rei tardó en
contestar.
- Yo la cuidaré... ustedes
encárguense de lo demás... – dijo, por fin – me llaman cuando hayan encontrado
la puerta, adiós.
Apenas digerían la despedida
cuando se apagó el comunicador. Usagi se quedó con un “adiós” en la boca,
Minako sonrió escondida y malévolamente, y Ami permaneció seria.
- Bien, ahora que sabemos
que no es tan grave, busquemos esa puerta – dijo Minako con sus mejores aires
de líder. Sus compañeras asintieron, serias también – Ami, ¿cuánto falta para
que encontremos la puerta?
Ami se guardó sus
recriminaciones, que ella y Usagi estuvieron viendo aparadores, y atendió la
pregunta de su líder.
- Tenemos que ir más hacia
allá – señaló a su derecha – Pero con tanta gente, será un poco difícil actuar
– agregó, mirando a su alrededor.
- Tranquila, podemos venir
en la noche, sólo debemos encontrar la puerta.
- ¡Vamos! – exclamó Usagi de
repente, encaminándose en la dirección contraria a la que Ami había señalado.
- ¡Espera, Usagi, es por
acá! – gritó la otra rubia, dando alcance a su princesa.
Ami sencillamente sonrió con
nerviosismo.
Mientras, Rei contemplaba a
Makoto desde la puerta del dormitorio. Se mantenía contra el marco de la
entrada y con los brazos cruzados. Su mirada era severa y dura, cualquiera
podría decir que la chica estaba enfadada, pero no... sólo estaba confundida...
y mucho.
- Mejor dejo de pensar en
tonterías – se regañó en voz baja – iré a preparar la comida.
Dio media vuelta, pero no
pudo dar ni un paso... se había paralizado de pronto... la confusión ya no le
permitía concentrarse correctamente. Algo debía hacer o era capaz de cometer
alguna tontería. Optó por rezar ante el fuego un rato para tranquilizarse.
- Ungh...
Un ligero quejido de Makoto
le hizo voltear de inmediato. El rostro de la chica se desfiguraba un poco por
el dolor, la incomodidad y demás sensaciones desagradables. Se acercó a ella y
pasó por aquel rostro una tela húmeda, a manera de reconfortarla un poco.
Makoto relajó su gesto al contacto y sus facciones se suavizaron con lentitud.
Rei sencillamente sonrió.
La joven sacerdotisa soltó
un ligero suspiro y decidió reiniciar su camino al cuarto de la llama, pero
antes de dar un paso atrás, se quedó contemplando a Makoto otro rato.
Le miró largamente sin saber
cuánto tiempo. Y entre más minutos pasaban, sentía más calor en sus mejillas.
Ya le era imposible dejar de mirarla... comenzó a sentir temor en su pecho, un
temor que nunca antes había experimentado. Pero no sabía a qué le tenía miedo,
si a la sensación de que mirar a su amiga fuese algo prohibido, o a la espera
de ser descubierta en algún tipo de crimen. Como fuera, no podía pensar
correctamente.
Su cuerpo comenzó a temblar,
mientras una solitaria gota de sudor corría por su sien, clara prueba del
repentino miedo que experimentaba. Por más que trataba, sus piernas no
respondían a la orden de moverse, había quedado paralizada.
Sintió pasar la eternidad
frente a sus ojos, hasta que por fin sus extremidades obedecieron la urgente
orden de moverse... sólo que lo hicieron en la dirección equivocada.
- No... puedo más... lo...
siento... Makoto... lo siento... mucho – alcanzó a murmurar al inclinarse junto
a la cama.
Observó a Makoto. Seguía
dormida, vulnerable, despreocupada. No pudo resistirlo más... necesitaba hacer
algo... y necesitaba hacerlo ya.
Y apenas fue plenamente
consciente de sus verdaderos actos, vio sus labios y los de Makoto unidos en el
inicio de un beso...
Continuará...