PARTE 4

 

 

 

 

 

- Rei, ¿me escuchas? – sonó la voz de Ami del otro lado del comunicador.

- Fuerte y claro... estoy con Makoto en mi habitación – contestó la sacerdotisa, permitiendo que su alta compañera escuchara también lo que se decía en su comunicador.

 

Hubo una breve pausa y ambas guerreras se miraron con extrañado gesto. Casi enseguida miraron el comunicador y no tardó en sonar de nueva cuenta la voz de Ami. El par pareció aliviado... al menos hasta el sorprendido y casi horrorizado comentario de la chica genio.

 

- ¿No fuiste a la escuela, Rei? – preguntó la alarmada voz de Ami, como si aquello fuese un crimen.

- Pues... éste... no – contestó la sacerdotisa de forma un tanto nerviosa y tono gracioso – Tenía que cuidar a Makoto, lo sabes... puede necesitar algo y... – se excusó de inmediato antes de dejar que Ami dijese otra cosa.

- ¿Y porqué me agarras a mi de excusa? – preguntó Makoto entre dientes con una sonrisa nerviosa, Rei le hizo cómicas señas de que guardara silencio.

- Bueno, ya nada se puede hacer, así que... – suspiró la chica al otro lado del comunicador – Escucha, encontré lo que puede ser el posible foco de los demonios...

 

En ese momento, las guerreras de Júpiter y Marte pusieron seria atención.

 

- ¿Dónde? – preguntó Rei con seria voz.

- Cerca del centro, en la plaza comercial – continuó – Nosotras iremos a investigar por si las dudas... Rei, por favor consulta la flama sagrada para corroborar lo que dice mi computadora.

- Lo haré, no te preocupes... si encuentro algo, te lo diré de inmediato – contestó, resuelta, la sacerdotisa.

- Tengan cuidado cuando vayan allá – dijo Makoto con voz alta, a manera que Ami le escuchara.

- Tranquila, estaremos bien, sólo vamos a revisar... por cierto, ¿cómo te sientes?

- Mucho mejor, gracias... ya puedo sentarme sola... – avisó Makoto con una sonrisa que sólo Rei pudo ver.

- Me alegra saber eso... – contestó la voz de Ami – en cuanto terminemos de revisar el sitio, iremos al templo.

 

El par pareció de acuerdo con la resolución de Ami y, después de intercambiar algunas palabras más, cortaron la comunicación. Makoto y Rei compartieron una seria mirada por algunos segundos. Enseguida, la sacerdotisa se puso de pie.

 

- Iré a consultar la flama sagrada, no tardo... – anunció con aquellos aires de misterio que siempre le eran característicos.

- Ah, claro...

 

Rei salió del cuarto. Makoto se mantuvo mirando la puerta por unos instantes más. Siempre que Rei tomaba aquella pose y actitud, era imposible no sentirse amedrentada por su mirada seria, transparente y fría a la vez. Soltó un suspiro y se recostó. Aún le dolían las costillas, pero al menos ya no le molestaba respirar.

 

Estaba casi segura que en dos o tres días más estaría mucho mejor. Un bostezo escapó de entre sus labios y optó con recostarse de nuevo, Rei pasaría un largo rato consultando la flama sagrada y sólo lograría aburrirse de esperar ahí contemplando las paredes. Hubiese preferido acompañar a Rei y ver cómo entraba en contacto con el fuego... era algo tan fascinante que se le podía ir el tiempo sin que se diese cuenta.

 

Pero estaba atada a la cama, así que debía aguantarse.

 

Cerró los ojos y pronto se quedó dormida.

 

Mientras, Rei meditaba ante la llama, le pedía mediante rezos que le abriera las puertas de aquello que nadie más podía ver, de aquello de lo que nadie sabía. Sentía su alma arder con el fuego, sentía comunicarse con éste mediante un silencioso lenguaje que sólo los dos conocían.

 

Pasados algunos minutos, el fuego le dio la respuesta que buscaba: efectivamente, los demonios salían de aquella puerta, pero, por decirlo de una manera, aquella puerta era tan estrecha y débil, que sólo un demonio a la vez podía pasar por ahí. De inmediato agradeció a la flama el haberle contestado y pensó en comunicarse con Ami, Minako y Usagi para comentarles todo. Ya sólo era cuestión de ver porqué se había abierto esa puerta, pero de eso se encargarían las demás.

 

El problema no era tan grave después de todo...

 

Se puso de pie y contempló la llama una vez más antes de salir de la habitación.

 

- Ah, olvidé el comunicador en el cuarto – le dijo a nadie en especial. Soltó un pequeño suspiro de cansancio y fue directo a su dormitorio.

 

Lo primero que vio al entrar fue a una Makoto profundamente dormida. Esbozó una ligera sonrisa que ni ella misma percibió. Encontró su comunicador sobre la cómoda al lado de la cama y, cuando se proponía a llamar a Ami y a las chicas, pronto se quedó absorta, contemplando las rosas que anteriormente le había obsequiado a Makoto.

 

Se quedó mirando largo rato aquellas rosas que aún conservaban su fresco colorido... hasta que percibió un leve calor en su rostro. Sorprendida, salió del trance y descubrió que se había sonrojado. Sacudió su cabeza enérgicamente, a manera de quitarse de encima pensamientos raros, pero sólo logró sonrojarse más y ponerse aún más nerviosa.

 

¿Acaso Makoto le...

 

Ni siquiera quiso pensar qué sentimiento le causaba Makoto. Por alguna razón le asustó saberlo. Apretó el comunicador en su palma y salió de la habitación con un súbito gesto furioso. No sabía a qué podía deberse tan repentino enojo. Volvió a sacudir su cabeza, ésta vez volviendo en sí y encendió el comunicador.

 

Usagi, Minako y Ami caminaban por el centro comercial aunque, ciertamente, Usagi, y a veces Minako, se distraían viendo las novedades de los aparadores de cada tienda. Ami era quien quitaba a ambas de enfrente de las tiendas y las llevaba casi arrastrando a seguir su camino. La sofisticada computadora le indicaba al trío qué camino seguir. Solo esperaban no encontrarse con alguna sorpresa.

 

- ¡Usagi, mira ese vestido! – exclamó Minako con brillantes ojos, señalando el artículo en cuestión.

- Es... hermoso... – contestó la otra rubia, absorta en la belleza de seda y nylon de la prenda.

 

Ami soltó un suspiro y estaba a punto de ir por ellas cuando su comunicador sonó. Ahora sí, el par de rubias atendieron a la seriedad y esperaron a que Ami contestara.

 

- ¿Rei?

- Ami, encontré algo interesante.

- Dime.

- La puerta por la que entran los demonios es pequeña y un poco débil, sólo puede salir uno a la vez.

 

El trío se miró y no tardó en sonreír.

 

- No tengo del todo la localización exacta, pero creo que eso lo pueden descubrir ustedes, ¿verdad? – preguntó la antes seria voz con un tono cómico.

- Nosotras nos encargaremos, Rei, no te preocupes – contestó Minako de decidida manera – Tú sigue cuidando de Makoto – agregó, ahora con un tono curioso de voz.

 

Usagi no comprendió del todo, Ami guardó silencio y miró a su líder de manera seria. Rei tardó en contestar.

 

- Yo la cuidaré... ustedes encárguense de lo demás... – dijo, por fin – me llaman cuando hayan encontrado la puerta, adiós.

 

Apenas digerían la despedida cuando se apagó el comunicador. Usagi se quedó con un “adiós” en la boca, Minako sonrió escondida y malévolamente, y Ami permaneció seria.

 

- Bien, ahora que sabemos que no es tan grave, busquemos esa puerta – dijo Minako con sus mejores aires de líder. Sus compañeras asintieron, serias también – Ami, ¿cuánto falta para que encontremos la puerta?

 

Ami se guardó sus recriminaciones, que ella y Usagi estuvieron viendo aparadores, y atendió la pregunta de su líder.

 

- Tenemos que ir más hacia allá – señaló a su derecha – Pero con tanta gente, será un poco difícil actuar – agregó, mirando a su alrededor.

- Tranquila, podemos venir en la noche, sólo debemos encontrar la puerta.

- ¡Vamos! – exclamó Usagi de repente, encaminándose en la dirección contraria a la que Ami había señalado.

- ¡Espera, Usagi, es por acá! – gritó la otra rubia, dando alcance a su princesa.

 

Ami sencillamente sonrió con nerviosismo.

 

Mientras, Rei contemplaba a Makoto desde la puerta del dormitorio. Se mantenía contra el marco de la entrada y con los brazos cruzados. Su mirada era severa y dura, cualquiera podría decir que la chica estaba enfadada, pero no... sólo estaba confundida... y mucho.

 

- Mejor dejo de pensar en tonterías – se regañó en voz baja – iré a preparar la comida.

 

Dio media vuelta, pero no pudo dar ni un paso... se había paralizado de pronto... la confusión ya no le permitía concentrarse correctamente. Algo debía hacer o era capaz de cometer alguna tontería. Optó por rezar ante el fuego un rato para tranquilizarse.

 

- Ungh...

 

Un ligero quejido de Makoto le hizo voltear de inmediato. El rostro de la chica se desfiguraba un poco por el dolor, la incomodidad y demás sensaciones desagradables. Se acercó a ella y pasó por aquel rostro una tela húmeda, a manera de reconfortarla un poco. Makoto relajó su gesto al contacto y sus facciones se suavizaron con lentitud. Rei sencillamente sonrió.

 

La joven sacerdotisa soltó un ligero suspiro y decidió reiniciar su camino al cuarto de la llama, pero antes de dar un paso atrás, se quedó contemplando a Makoto otro rato.

 

Le miró largamente sin saber cuánto tiempo. Y entre más minutos pasaban, sentía más calor en sus mejillas. Ya le era imposible dejar de mirarla... comenzó a sentir temor en su pecho, un temor que nunca antes había experimentado. Pero no sabía a qué le tenía miedo, si a la sensación de que mirar a su amiga fuese algo prohibido, o a la espera de ser descubierta en algún tipo de crimen. Como fuera, no podía pensar correctamente.

 

Su cuerpo comenzó a temblar, mientras una solitaria gota de sudor corría por su sien, clara prueba del repentino miedo que experimentaba. Por más que trataba, sus piernas no respondían a la orden de moverse, había quedado paralizada.

 

Sintió pasar la eternidad frente a sus ojos, hasta que por fin sus extremidades obedecieron la urgente orden de moverse... sólo que lo hicieron en la dirección equivocada.

 

- No... puedo más... lo... siento... Makoto... lo siento... mucho – alcanzó a murmurar al inclinarse junto a la cama.

 

Observó a Makoto. Seguía dormida, vulnerable, despreocupada. No pudo resistirlo más... necesitaba hacer algo... y necesitaba hacerlo ya.

 

Y apenas fue plenamente consciente de sus verdaderos actos, vio sus labios y los de Makoto unidos en el inicio de un beso...

 

 

Continuará...

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