- La doctora Mizuno también
me dio éstas instrucciones – dijo Usagi, entregándole a Rei una hoja – es el
horario de los medicamentos y...
- Sé leer, Usagi, deja de
molestar – contestó con fingido disgusto, arrebatándole el papel.
- ¡WAAA... ERES MUY MALA,
REI! – lloriqueó la rubia princesa.
Makoto y Minako pusieron un
gracioso gesto sin decir nada. Esas dos nunca cambiarían. Usagi se olvidó del
berrinche a los pocos segundos y enseguida se asomó por una ventana.
- Ami aún no viene... –
musitó, tal vez debí acompañarla.
- Habrá que esperarla para
terminar de arreglar a Makoto en el cuarto – dijo Minako, situándose al lado de
su rubia amiga – además, ¿ella tiene las medicinas, o no?
- Iré a preparar algo de té,
tampoco podemos esperarla sin hacer nada – suspiró la sacerdotisa, alzándose de
hombros, y salió del dormitorio.
Las tres siguieron con la
vista a Rei hasta que abandonó el cuarto. Casi enseguida, el par de rubias
volcaron su hacia Makoto. La alta joven aún estaba algo pálida y visiblemente
cansada. El plan era, una vez que llegara Ami, que las cuatro dieran de su
energía a Makoto para ayudarle a reponerse un poco.
- ¿Todavía te duele, Makoto?
– preguntó Usagi de forma dulce, sentándose al lado de la guerrera de Júpiter.
- Sí, un poco, pero pronto
estaré mejor, ya verán – contestó Makoto con animado tono.
- Mientras, no te preocupes,
que Rei cuidará muy bien de ti – agregó Minako con el dedo índice derecho
señalando al cielo, mejor dicho, al techo.
- Ya lo creo – rió Makoto.
Makoto se hallaba
ligeramente confundida por la actitud tan extraña de Rei, pero podía apostar a
que cambiaría cuando estuviesen a solas. Conociendo a la sacerdotisa, le era
más sencillo expresarse ante menos público, incluso a solas, era seguro que a
la chica le costaba sincerarse abiertamente. Como fuera, Makoto no quería que
Rei siguiera sintiéndose, quizá, culpable, por el incidente con el monstruo.
Ya podría hablar mejor con
ella cuando quedaran solo las dos en el templo.
Mientras, Rei esperaba a que
el agua hirviera. Estaba en silencio aparentemente contemplando el vapor que
comenzaba a salir. Realmente no estaba pensando en nada, le daba miedo pensar
demasiado las cosas. En cuanto la tetera comenzó a chillar, salió de aquel
trance de forma algo violenta.
- Mejor dejo de pensar
tonterías – dijo en voz baja y comenzó a preparar el té en vistosas tazas
adornadas.
Estaba a mitad de proceso
cuando sonó el timbre. Ya sabía que era Ami con la ropa de Makoto. Dejó que las
chicas abrieran la puerta a ellas les quedaba más cerca. Escuchó las siempre
audibles voces del par de rubias dándole la bienvenida a la recién llegada.
Sólo era cuestión de darle a Makoto algo de sus poderes y, por fin, el templo
quedaría en santa paz nuevamente... era obvio que pensaba más en el par de
escandalosas rubias que en la tímida Ami o la convaleciente Makoto.
- También traje un par de
toallas y éste shampoo – decía Ami, mostrándole a la alta chica todo lo que
llevaba en un par de mochilas.
- Con eso será suficiente,
Ami, muchas gracias – musitó Makoto con una sonrisa... que pronto se borró al
ver que la chica genio le mostraba unos libros y libretas – ¿Y eso?
- No podemos dejar que te
retrases en las clases, tendrás mucho tiempo para estudiar y todas las tardes
te traeré la tarea y te explicaré lo que hallamos visto – expuso de forma
graciosamente serie, provocando un desmayo en el par de rubias y una enorme
gota de sudor en Makoto.
- Ami, se supone que debe
descansar, no seas así – dijo Rei, que llegó al momento del discurso de la
peliazul.
- Rei, ya sabes que no es
bueno retrasarse en los estudios – alegó la chica, ayudando a Rei con la
charola del té y los bocadillos.
- Lo sé, pero Makoto se
recuperará en poco tiempo, tampoco tienes que exagerar – apuntó la sacerdotisa.
Makoto, Minako y Usagi sólo
las escuchaban, esperando a que Rei lograra convencer a Ami de llevarse esos
libros. La joven sacerdotisa era la única con la habilidad de “negociar” con la
chica genio, las demás no podían protestar y, si lo hacían, la peliazul se
hacía de oídos sordos.
- Además, sabes que no
perderá gran cosa, ya casi es fin de semana... – Rei sonrió al ver que ya casi
convencía a Ami.
- Eh... pues...
- Ah, y, teniendo ese yeso
en el torso, no podrá estar en buena posición para escribir, además de que le
resultaría muy cansando leer – continuó Rei, haciendo énfasis en sus palabras.
Las demás esperaban con
ansias la respuesta de la peliazul.
- Tienes razón, no me había
puesto a pensar en eso – musitó Ami con una mano en el mentón – mejor que se
dedique 100% a descansar, además, éstas medicinas con casi sedantes...
- Mejor ayúdale a ponerse al
corriente cuando esté mejor y... – la sacerdotisa envió una maliciosa mirada al
par de rubias – mejor mete algo de inteligencia en ese par de rubias que están
por allá...
Ami giró para ver a las
susodichas y sonrió ampliamente, ante el gesto de nerviosismo... y dirigiéndole
a Rei una mala mirada por traidora. La guerrera de Júpiter se sintió bastante
aliviada y le sonrió a Rei de manera agradecida.
- Eh, chicas, la líder dice
que Makoto debe descansar y que tenemos que darle nuestra energía ahora mismo –
intervino Minako antes de que Ami abriese la boca.
- Errr... sí, sí, hay que
darle energía a Makoto – repitió Usagi de forma automática – Es una orden de la
princesa.
- Y después podrán beber un
poco de té antes de irse a casa – finalizó Rei.
Pronto, las cuatro rodearon
a Makoto. Esta ponía su mejor cara pese a que le dolía respirar o moverse
siquiera un poco, el dolor nunca le había sido un obstáculo, pero nunca había
sufrido tales lesiones y en verdad que se sentía mal. Sabía lo preocupadas que
estaban sus amigas, así que pondría todo de su parte para recuperarse... y si
eso requería descansar, entonces...
- ¡Adelante, chicas!...
¡Poder estelar de Venus!
- ¡Poder estelar de Marte!
- ¡Poder estelar de
Mercurio!
- ¡Poder del Cristal Lunar!
Cuatro auras se
mezclaron y volvieron una sola,
cubriendo el convaleciente cuerpo de Makoto. La joven guerrera de Júpiter
sintió el calor en aquella energía, un calor que le abrazaba de pies a cabeza,
que le hacía sentir segura, tranquila, sin dolor... Pasados algunos minutos se
perdió en aquella aura, quedando completamente dormida. Sus amigas vieron
aquello y, una vez terminada la sesión, se sonrieron con satisfacción.
Tomaron el té en silencio y,
pronto, Usagi, Ami y Minako abandonaron el templo, ya tranquilas de ver a
Makoto descansar. Sabían que Rei se encargaría de todo. Ami iba a dedicar todo
el tiempo posible a localizar de dónde salía tanto demonio. Minako y Usagi
harían investigación de campo en base a lo que Ami fuera descubriendo.
Rei llevaba largos minutos
contemplando a Makoto dormir. Lucía muy tranquila... aquel rostro fiero en
batalla era sustituido por uno lleno de quietud y serenidad. Se preguntó si, de
haber sido ella la que recibiera el ataque, hubiera resistido de igual manera.
Rápidamente adivinó que
no... no era tan fuerte como Makoto, al menos no físicamente. En cuanto a
temperamento ella se sabía fuerte, pero en cuerpo... Desde que conoció a Makoto
le causó impresión su imponente presencia física, capaz de hacer retroceder a
cualquiera si ésta se decidía a lucir intimidante. Sin embargo, Rei sabía que
podía hacer lo mismo que Makoto, pero no con su cuerpo, sino con su presencia,
con aquella presencia misteriosa.
Por otro lado, Makoto tenía
un encanto único, instinto maternal y unos aires humildes... mismos de los que,
Rei estaba consciente, carecía. Siempre echaba chispas y lo sabía, siempre
altivo su espíritu, su mirada... hasta su andar. Esa era la diferencia entre el
poderoso trueno, el que destruye de un golpe, el imparable, el hermoso... y el
fuego, peligroso, altanero, ser de dos caras que produce miedo... Esas eran las
diferencias entre ambas. O, mejor dicho, ambas podían causar temor, Makoto con
su fuerza, Rei con su temperamento. Ahora que lo pensaba, no tenían tantas
diferencias. Además, Makoto era más llevadera, era algo irrefutable, mientras
que Rei se sabía indomable.
Dejó tantos pensamientos de
lado por culpa de un bostezo. Al lado de la cama había colocado un futón,
pasaría bien la noche pese a no estar en su cómoda cama. Casi enseguida del
bostezo, Rei sintió que su estómago pedía comida al son de rugidos que
resonaban en sus entrañas. Lo mejor era cenar un poco antes de dormir.
Salió del cuarto, cuidando
de no hacer ruido.
El lugar sí parecía un
templo cuando no estaba el inquieto de su abuelo y ese holgazán de Yuiichiro.
Suspiró ante aquella relajante paz y fue a la cocina. Se preparó algo de ramen
instantáneo, extrañando por unos segundos los deliciosos guisos de Makoto, y
bebió un poco más de té. Un buen descanso le ayudaría a quitarse tantos
pensamientos extraños de la cabeza. Habían pasado muchas cosas en tan poco
tiempo que, seguramente, por eso se sentía ansiosa y confundida.
Regresó al dormitorio.
Makoto seguía durmiendo en la misma posición. En verdad debía estar cansada la
pobre, lo comprendía. Unas costillas rotas no eran algo fácil de soportar,
inclusive para unas guerreras legendarias como ellas.
- Buenas noches, Makoto –
musitó Rei, sin importar que la alta chica estuviese profundamente dormida. Se
recostó en el futón y casi de inmediato cayó dormida.
***** ***** ***** *****
*****
- ¿Ya estás dormida, Minako?
- Oh, no, Ami, tranquila,
veía un poco de televisión... ¿qué sucede?
- Comencé a buscar con mi
computadora y encontré un punto el oeste de la ciudad donde se concentra mucha
energía maligna...
- ¡¿En serio?!
- Sí, el punto se mantiene
estable, pero a veces da la impresión de crecer.
- Entiendo... bueno... mira,
mañana saliendo de la escuela, tú, yo y Usagi nos veremos en la plaza del
centro comercial. ¿Es cerca de donde señala tu computadora?
- Sí.
- Perfecto, iremos a
investigar. Le avisaremos a Rei y a Makoto, pero sólo para que estén al
tanto... Buen trabajo, Ami... eres la mejor...
- Sólo hago lo que puedo...
bueno, nos vemos mañana, descansa, le avisaré a Usagi.
- De acuerdo... cambio y
fuera...
Minako apagó su comunicador
y decidió dormir de una vez. Esperaba que pudieran arreglárselas sin dos de sus
compañeras. De todos modos, planeaba investigar un poco y evitar peleas
innecesarias aunque, si de daba el caso, esperaba no tener muchos problemas.
Ami era una excelente estratega y Usagi la carnada, es decir, la distracción
perfecta.
- Espero que no sea nada
grave...
***** ***** ***** *****
*****
- Buenos días, Makoto, ¿cómo
dormiste? – le saludó Rei al entrar al dormitorio y descubrirle despierta.
- Muy bien, gracias –
contestó Makoto con una sonrisa – Ya me duele menos el cuerpo, puedo sentarme
sin problemas, mira...
Makoto se recargó en sus
brazos y se sentó, pero aún inclinada en la cabecera y la almohada. Rei sonrió
con visible contento y se acercó.
- Trata de no esforzarte de
más o podrías lastimarte – le advirtió con graciosa seriedad – ¿Quieres
desayunar de una vez?
- Oye, pero es tarde... ¿no
irás a la escuela? – preguntó al darse cuenta que vestía sus ropas sacerdotales
y no el uniforme.
- Ah, por eso no te
preocupes, es viernes, no iré a la escuela, llamé por teléfono diciendo que
tenía algo importante que atender en el templo y no podía asistir.
Rei lucía tranquila... y
Makoto bastante sorprendida.
- Rei, no tenías porqué...
- Ya lo hice, ni modo, ahora
iré a preparar algo de desayunar para darte el medicamento, ¿de acuerdo? –
preguntó Rei, recuperando su seriedad habitual.
- De acuerdo...
- Bien, no tardo... – se
retiró esbozando una pequeña sonrisa.
Makoto se quedó aún
sorprendida. No creyó necesario que Rei faltara a la escuela por cuidar de
ella. Suspiró y no tardó en sonreír de manera tierna. Rei en verdad era una
persona amable y preocupada por los otros. Hasta donde sabía, con la única que
se portaba un tanto sobre protectora, en cierta manera, era con Usagi... le
hizo sentir bien que ahora se preocupara así por ella.
Pasaron veinte minutos antes
del regreso de la sacerdotisa, con una bandeja de comida. Supo que desayunarían
juntas al ver dos platos con arroz y mucha carne para acompañar. Había té
recién hecho y algunos dulces.
- Sabes que no soy buena
cocinando, así que no acepto reclamos – musitó Rei, dejando la charola en la
cama y sentándose en una silla al lado de Makoto.
- Mientras se pueda comer...
– murmuró la alta chica de manera graciosa.
- ¡Oye!
El desayuno pasó tranquilo
hasta que, alrededor de mediodía, sonó el comunicador de Rei. Se trataba de Ami,
que iba a darle su informe de lo que descubrió en el centro.
Continuará...