PARTE 3

 

 

 

 

 

- La doctora Mizuno también me dio éstas instrucciones – dijo Usagi, entregándole a Rei una hoja – es el horario de los medicamentos y...

- Sé leer, Usagi, deja de molestar – contestó con fingido disgusto, arrebatándole el papel.

- ¡WAAA... ERES MUY MALA, REI! – lloriqueó la rubia princesa.

 

Makoto y Minako pusieron un gracioso gesto sin decir nada. Esas dos nunca cambiarían. Usagi se olvidó del berrinche a los pocos segundos y enseguida se asomó por una ventana.

 

- Ami aún no viene... – musitó, tal vez debí acompañarla.

- Habrá que esperarla para terminar de arreglar a Makoto en el cuarto – dijo Minako, situándose al lado de su rubia amiga – además, ¿ella tiene las medicinas, o no?

- Iré a preparar algo de té, tampoco podemos esperarla sin hacer nada – suspiró la sacerdotisa, alzándose de hombros, y salió del dormitorio.

 

Las tres siguieron con la vista a Rei hasta que abandonó el cuarto. Casi enseguida, el par de rubias volcaron su hacia Makoto. La alta joven aún estaba algo pálida y visiblemente cansada. El plan era, una vez que llegara Ami, que las cuatro dieran de su energía a Makoto para ayudarle a reponerse un poco.

 

- ¿Todavía te duele, Makoto? – preguntó Usagi de forma dulce, sentándose al lado de la guerrera de Júpiter.

- Sí, un poco, pero pronto estaré mejor, ya verán – contestó Makoto con animado tono.

- Mientras, no te preocupes, que Rei cuidará muy bien de ti – agregó Minako con el dedo índice derecho señalando al cielo, mejor dicho, al techo.

- Ya lo creo – rió Makoto.

 

Makoto se hallaba ligeramente confundida por la actitud tan extraña de Rei, pero podía apostar a que cambiaría cuando estuviesen a solas. Conociendo a la sacerdotisa, le era más sencillo expresarse ante menos público, incluso a solas, era seguro que a la chica le costaba sincerarse abiertamente. Como fuera, Makoto no quería que Rei siguiera sintiéndose, quizá, culpable, por el incidente con el monstruo.

 

Ya podría hablar mejor con ella cuando quedaran solo las dos en el templo.

 

Mientras, Rei esperaba a que el agua hirviera. Estaba en silencio aparentemente contemplando el vapor que comenzaba a salir. Realmente no estaba pensando en nada, le daba miedo pensar demasiado las cosas. En cuanto la tetera comenzó a chillar, salió de aquel trance de forma algo violenta.

 

- Mejor dejo de pensar tonterías – dijo en voz baja y comenzó a preparar el té en vistosas tazas adornadas.

 

Estaba a mitad de proceso cuando sonó el timbre. Ya sabía que era Ami con la ropa de Makoto. Dejó que las chicas abrieran la puerta a ellas les quedaba más cerca. Escuchó las siempre audibles voces del par de rubias dándole la bienvenida a la recién llegada. Sólo era cuestión de darle a Makoto algo de sus poderes y, por fin, el templo quedaría en santa paz nuevamente... era obvio que pensaba más en el par de escandalosas rubias que en la tímida Ami o la convaleciente Makoto.

 

- También traje un par de toallas y éste shampoo – decía Ami, mostrándole a la alta chica todo lo que llevaba en un par de mochilas.

- Con eso será suficiente, Ami, muchas gracias – musitó Makoto con una sonrisa... que pronto se borró al ver que la chica genio le mostraba unos libros y libretas – ¿Y eso?

- No podemos dejar que te retrases en las clases, tendrás mucho tiempo para estudiar y todas las tardes te traeré la tarea y te explicaré lo que hallamos visto – expuso de forma graciosamente serie, provocando un desmayo en el par de rubias y una enorme gota de sudor en Makoto.

- Ami, se supone que debe descansar, no seas así – dijo Rei, que llegó al momento del discurso de la peliazul.

- Rei, ya sabes que no es bueno retrasarse en los estudios – alegó la chica, ayudando a Rei con la charola del té y los bocadillos.

- Lo sé, pero Makoto se recuperará en poco tiempo, tampoco tienes que exagerar – apuntó la sacerdotisa.

 

Makoto, Minako y Usagi sólo las escuchaban, esperando a que Rei lograra convencer a Ami de llevarse esos libros. La joven sacerdotisa era la única con la habilidad de “negociar” con la chica genio, las demás no podían protestar y, si lo hacían, la peliazul se hacía de oídos sordos.

 

- Además, sabes que no perderá gran cosa, ya casi es fin de semana... – Rei sonrió al ver que ya casi convencía a Ami.

- Eh... pues...

- Ah, y, teniendo ese yeso en el torso, no podrá estar en buena posición para escribir, además de que le resultaría muy cansando leer – continuó Rei, haciendo énfasis en sus palabras.

 

Las demás esperaban con ansias la respuesta de la peliazul.

 

- Tienes razón, no me había puesto a pensar en eso – musitó Ami con una mano en el mentón – mejor que se dedique 100% a descansar, además, éstas medicinas con casi sedantes...

- Mejor ayúdale a ponerse al corriente cuando esté mejor y... – la sacerdotisa envió una maliciosa mirada al par de rubias – mejor mete algo de inteligencia en ese par de rubias que están por allá...

 

Ami giró para ver a las susodichas y sonrió ampliamente, ante el gesto de nerviosismo... y dirigiéndole a Rei una mala mirada por traidora. La guerrera de Júpiter se sintió bastante aliviada y le sonrió a Rei de manera agradecida.

 

- Eh, chicas, la líder dice que Makoto debe descansar y que tenemos que darle nuestra energía ahora mismo – intervino Minako antes de que Ami abriese la boca.

- Errr... sí, sí, hay que darle energía a Makoto – repitió Usagi de forma automática – Es una orden de la princesa.

- Y después podrán beber un poco de té antes de irse a casa – finalizó Rei.

 

Pronto, las cuatro rodearon a Makoto. Esta ponía su mejor cara pese a que le dolía respirar o moverse siquiera un poco, el dolor nunca le había sido un obstáculo, pero nunca había sufrido tales lesiones y en verdad que se sentía mal. Sabía lo preocupadas que estaban sus amigas, así que pondría todo de su parte para recuperarse... y si eso requería descansar, entonces...

 

- ¡Adelante, chicas!... ¡Poder estelar de Venus!

- ¡Poder estelar de Marte!

- ¡Poder estelar de Mercurio!

- ¡Poder del Cristal Lunar!

 

Cuatro auras se mezclaron  y volvieron una sola, cubriendo el convaleciente cuerpo de Makoto. La joven guerrera de Júpiter sintió el calor en aquella energía, un calor que le abrazaba de pies a cabeza, que le hacía sentir segura, tranquila, sin dolor... Pasados algunos minutos se perdió en aquella aura, quedando completamente dormida. Sus amigas vieron aquello y, una vez terminada la sesión, se sonrieron con satisfacción.

 

Tomaron el té en silencio y, pronto, Usagi, Ami y Minako abandonaron el templo, ya tranquilas de ver a Makoto descansar. Sabían que Rei se encargaría de todo. Ami iba a dedicar todo el tiempo posible a localizar de dónde salía tanto demonio. Minako y Usagi harían investigación de campo en base a lo que Ami fuera descubriendo.

 

Rei llevaba largos minutos contemplando a Makoto dormir. Lucía muy tranquila... aquel rostro fiero en batalla era sustituido por uno lleno de quietud y serenidad. Se preguntó si, de haber sido ella la que recibiera el ataque, hubiera resistido de igual manera.

 

Rápidamente adivinó que no... no era tan fuerte como Makoto, al menos no físicamente. En cuanto a temperamento ella se sabía fuerte, pero en cuerpo... Desde que conoció a Makoto le causó impresión su imponente presencia física, capaz de hacer retroceder a cualquiera si ésta se decidía a lucir intimidante. Sin embargo, Rei sabía que podía hacer lo mismo que Makoto, pero no con su cuerpo, sino con su presencia, con aquella presencia misteriosa.

 

Por otro lado, Makoto tenía un encanto único, instinto maternal y unos aires humildes... mismos de los que, Rei estaba consciente, carecía. Siempre echaba chispas y lo sabía, siempre altivo su espíritu, su mirada... hasta su andar. Esa era la diferencia entre el poderoso trueno, el que destruye de un golpe, el imparable, el hermoso... y el fuego, peligroso, altanero, ser de dos caras que produce miedo... Esas eran las diferencias entre ambas. O, mejor dicho, ambas podían causar temor, Makoto con su fuerza, Rei con su temperamento. Ahora que lo pensaba, no tenían tantas diferencias. Además, Makoto era más llevadera, era algo irrefutable, mientras que Rei se sabía indomable.

 

Dejó tantos pensamientos de lado por culpa de un bostezo. Al lado de la cama había colocado un futón, pasaría bien la noche pese a no estar en su cómoda cama. Casi enseguida del bostezo, Rei sintió que su estómago pedía comida al son de rugidos que resonaban en sus entrañas. Lo mejor era cenar un poco antes de dormir.

 

Salió del cuarto, cuidando de no hacer ruido.

 

El lugar sí parecía un templo cuando no estaba el inquieto de su abuelo y ese holgazán de Yuiichiro. Suspiró ante aquella relajante paz y fue a la cocina. Se preparó algo de ramen instantáneo, extrañando por unos segundos los deliciosos guisos de Makoto, y bebió un poco más de té. Un buen descanso le ayudaría a quitarse tantos pensamientos extraños de la cabeza. Habían pasado muchas cosas en tan poco tiempo que, seguramente, por eso se sentía ansiosa y confundida.

 

Regresó al dormitorio. Makoto seguía durmiendo en la misma posición. En verdad debía estar cansada la pobre, lo comprendía. Unas costillas rotas no eran algo fácil de soportar, inclusive para unas guerreras legendarias como ellas.

 

- Buenas noches, Makoto – musitó Rei, sin importar que la alta chica estuviese profundamente dormida. Se recostó en el futón y casi de inmediato cayó dormida.

 

***** ***** ***** ***** *****

 

- ¿Ya estás dormida, Minako?

- Oh, no, Ami, tranquila, veía un poco de televisión... ¿qué sucede?

- Comencé a buscar con mi computadora y encontré un punto el oeste de la ciudad donde se concentra mucha energía maligna...

- ¡¿En serio?!

- Sí, el punto se mantiene estable, pero a veces da la impresión de crecer.

- Entiendo... bueno... mira, mañana saliendo de la escuela, tú, yo y Usagi nos veremos en la plaza del centro comercial. ¿Es cerca de donde señala tu computadora?

- Sí.

- Perfecto, iremos a investigar. Le avisaremos a Rei y a Makoto, pero sólo para que estén al tanto... Buen trabajo, Ami... eres la mejor...

- Sólo hago lo que puedo... bueno, nos vemos mañana, descansa, le avisaré a Usagi.

- De acuerdo... cambio y fuera...

 

Minako apagó su comunicador y decidió dormir de una vez. Esperaba que pudieran arreglárselas sin dos de sus compañeras. De todos modos, planeaba investigar un poco y evitar peleas innecesarias aunque, si de daba el caso, esperaba no tener muchos problemas. Ami era una excelente estratega y Usagi la carnada, es decir, la distracción perfecta.

 

- Espero que no sea nada grave...

 

***** ***** ***** ***** *****

 

- Buenos días, Makoto, ¿cómo dormiste? – le saludó Rei al entrar al dormitorio y descubrirle despierta.

- Muy bien, gracias – contestó Makoto con una sonrisa – Ya me duele menos el cuerpo, puedo sentarme sin problemas, mira...

 

Makoto se recargó en sus brazos y se sentó, pero aún inclinada en la cabecera y la almohada. Rei sonrió con visible contento y se acercó.

 

- Trata de no esforzarte de más o podrías lastimarte – le advirtió con graciosa seriedad – ¿Quieres desayunar de una vez?

- Oye, pero es tarde... ¿no irás a la escuela? – preguntó al darse cuenta que vestía sus ropas sacerdotales y no el uniforme.

- Ah, por eso no te preocupes, es viernes, no iré a la escuela, llamé por teléfono diciendo que tenía algo importante que atender en el templo y no podía asistir.

 

Rei lucía tranquila... y Makoto bastante sorprendida.

 

- Rei, no tenías porqué...

- Ya lo hice, ni modo, ahora iré a preparar algo de desayunar para darte el medicamento, ¿de acuerdo? – preguntó Rei, recuperando su seriedad habitual.

- De acuerdo...

- Bien, no tardo... – se retiró esbozando una pequeña sonrisa.

 

Makoto se quedó aún sorprendida. No creyó necesario que Rei faltara a la escuela por cuidar de ella. Suspiró y no tardó en sonreír de manera tierna. Rei en verdad era una persona amable y preocupada por los otros. Hasta donde sabía, con la única que se portaba un tanto sobre protectora, en cierta manera, era con Usagi... le hizo sentir bien que ahora se preocupara así por ella.

 

Pasaron veinte minutos antes del regreso de la sacerdotisa, con una bandeja de comida. Supo que desayunarían juntas al ver dos platos con arroz y mucha carne para acompañar. Había té recién hecho y algunos dulces.

 

- Sabes que no soy buena cocinando, así que no acepto reclamos – musitó Rei, dejando la charola en la cama y sentándose en una silla al lado de Makoto.

- Mientras se pueda comer... – murmuró la alta chica de manera graciosa.

- ¡Oye!

 

El desayuno pasó tranquilo hasta que, alrededor de mediodía, sonó el comunicador de Rei. Se trataba de Ami, que iba a darle su informe de lo que descubrió en el centro.

 

 

 

Continuará...

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