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“En serio, Ami-chan, puedes confiar en mí y decirme qué es lo que te
pasa.” insistió Minako por enésima vez en la tarde.
“Pero no tengo nada,
Minako-chan, no sé de dónde sacaste esa idea de que algo malo me pasa.”
contestó Ami con toda la tranquilidad del mundo, sin apartar la atención de su
libro.
“¿Cómo que de dónde?...
Ami-chan, desde que llegaste al templo a la sesión de estudio estuviste muy
distraída y te comportabas torpemente, y ahora que estamos afuera regresas a la
normalidad, ¿qué tienes?”
Ami y Minako iban camino a casa de ésta última, pues la rubia olvidó
unas cosas que quería mostrarles a sus amigas y necesitaba ayuda para
llevarlas; lo más extraño, es que Ami fue la primera en ofrecerse para
acompañarla. Dado que a Mina no se le escapaba ningún detalle, de inmediato
notó el cambio de comportamiento en su compañera y, curiosa como era, no dudó
en preguntarle qué tenía.
Pero Ami era dura de pelar en ese aspecto, de alguna manera sabía que
sería un verdadero triunfo que ella le dijera qué tanto ocurría dentro de su
corazón... Estaba segura de que eran penas de amor, su instinto se lo decía;
claro, como era la diosa del amor, cosas como esas no podían pasarle de largo.
La chica genio se detuvo de repente y miró a su rubia amiga con un gesto
triste y preocupado. Minako también se detuvo y la tomó por los hombros,
mirándole dulcemente.
“¿Ves que no puedes engañar a la
gran Minako Aino? dijo en voz baja. “Vamos a casa y ahí puedes decirme lo que
quieras antes de que regresemos al templo.”
Ella asintió sin decir nada y colocó su libro bajo su brazo, dirigiendo
sus ojos al suelo, mientras su mente se perdía en recuerdos recientes que no se
atrevió a mencionarle a su amiga.
<<“Rei-chan, ¿para qué
querías verme?” le preguntó Ami a la sacerdotisa, al ver que ella no se decidía
a hablar.
Rei le había pedido por teléfono que fuera al templo lo más rápido
posible, su voz denotaba urgencia y algo de esperanza, no dudó en ir, sin saber
exactamente qué era lo que pasaba.
Al llegar, notó a Rei muy nerviosa y torpe, cosa que le sorprendió un
poco, pues ese no era su comportamiento normal. Además, ella no se decidía a
decir nada, abría la boca sólo para cerrarla de nuevo. Se la pasó dando rodeos
por más de media hora, hasta que la misma Ami le obligó a hablar.
La tomó por los hombros y le miró con ternura, notando que Rei se
sonrojaba fuertemente.
“Anda, dime lo que vayas a
decirme” susurró Ami con su habitual tono amable, “y haré lo que esté a mi
alcance para ayudarte.”>>
“No es nada grave, Minako-chan”
dijo Ami en cuanto las dos llegaron a casa de la rubia. “Sólo estoy algo
confundida.”
“¿Confundida porqué?” le
preguntó Minako con un tono de voz que pedía más detalles.
“Bueno... tal vez a ti sí pueda
preguntarte esto.”
“¿Qué es, Ami?”
“¿Cómo puedo saber si en
realidad amo a alguien?
La pregunta sorprendió a Mina, que miró a Ami con gesto de sorpresa...
La chica genio bajó el rostro, apenada, pero la rubia, para tranquilizarla, le
sonrió dulcemente y la tomó por los hombros.
“¿Puedo saber quién es?”
preguntó en voz baja.
Ami negó con la cabeza. Mina comprendió y ya no insistió en saber la
identidad de la persona. La rubia suspiró y volvió a cuestionar a Ami.
“Cuando estás cerca de ésta
persona, ¿qué sientes?”
“Felicidad... paz... calor...”
respondió Ami, cerrando los ojos.
“¿Te ha dicho que te quiere, ó
sólo tú sientes esto?”
“Me lo dijo, pero no sé qué
responderle... nunca antes pensé en... ésta persona mas que como una amistad
muy cercana... Y, al decírmelo, me despertó sentimientos que no conocía. Por
eso estoy confundida”
“Ah, ya veo”
<<“Te lo diré, Ami-chan, pero con una condición” dijo Rei al fin,
sin abandonar su sonrojo.
“¿Cuál?”
“Cierra los ojos.”
“¿Que qué?”
Ami se puso nerviosa por lo que Rei le puso como condición, algo iba a
pasar, de alguna manera lo presintió. Pero, pese a su corazonada, hizo lo que
Rei le pidió y cerró sus ojos.
“No los abras por ningún motivo,
¿de acuerdo?”
“De acuerdo.”
Pasaron algunos segundos sin que nada pasara, pero Ami se quedó quieta,
esperando ansiosamente lo que Rei fuera a decirle...
Pero Rei no dijo nada...
Ami se sobresaltó un poco al
sentir que un par de cálidas manos la tomaban por los hombros. Tembló de pronto
y quiso abrir los ojos, pero alcanzó a escuchar que Rei murmuraba un ‘no’ con
un tono de voz que jamás había escuchado en ella. Simplemente no pudo
desobedecer la petición. Sintió que las manos subían hasta su cuello y lo
acariciaban con una ternura y una suavidad que la estremeció hasta la punta de
sus cabellos.
Las manos subieron a las
mejillas y también las acariciaron. Ami suprimió un suspiró cuando las manos se
quedaron estacionadas en cara. Pasaron algunos instantes antes de que sintiera
una brisa cálida con aroma a pasta dental cerca de su nariz...
Era el aliento de Rei el que
tenía a pocos centímetros de su rostro.
De nuevo hubo algunos segundos
de ausencia, hasta que sintió que el cálido aliento se acercaba. Se asustó de
repente y, al sentir unos labios sobre los suyos, abrió los ojos como platos...
sólo para ver el rostro de Rei pegado al suyo...
Pese a la sorpresa y al susto,
Ami volvió a cerrar sus ojos y correspondió el beso de manera automática. Pero
no pasaron ni tres segundos para darse cuenta de lo que estaba haciendo.
“¡Basta!” exclamó y se apartó de
Rei bruscamente.
Rei le miró con sorpresa y
después con cierto miedo.
“Ami... yo... yo te amo...”
“Tú amas a esa persona, Ami” le
dijo Minako con dulzura, tomando sus manos. “Es sólo que tienes miedo de
decírselo.”
“Tienes razón” murmuró Ami con
un tono triste. “Lo que pasa es que me huí después de que me dijo que me amaba
y no sé cómo acercarme de nuevo.”
“Aprovecha cuando se encuentren
y estén a solas... si quieres responderle... sólo dale un beso y ya...”
Ami se sonrojó profundamente,
pero asintió en silencio y soltó un suspiro. Se notaba más tranquila y relajada
que hacía rato. Minako sonrió. Había ayudado a su amiga y eso la hacía sentirse
feliz y satisfecha consigo misma.
“Bueno... será mejor que vaya
por las cosas y regresemos al templo” dijo Minako finalmente y fue a su
habitación, dejando que Ami ordenara bien sus pensamientos a solas. En cuanto
la rubia estuvo en privado en su cuarto, puso un raro gesto de felicidad, sacó
las cosas que pensaba llevar mientras murmuraba algo... “Rei es una chica
afortunada...”
Minako ya sabía la conclusión de aquella historia de amor...