Parte 5

 

 

 

“Yo... yo quería saber si... eh...” de pronto se puso nerviosa sin saber porqué, sintió que el corazón bombeaba más sangre de la normal a todo su cuerpo, sintió el latido hasta en su garganta... No sabía si era por miedo o por nerviosismo el que su lengua se hallara paralizada.

 

“Rei-chan...” musitó la joven peliazul, sintiendo que igualmente el corazón rebotaba con demasiada fuerza dentro de su pecho. Notó que Rei estaba demasiado nerviosa como para hablar, algo raro en una chica tan decidida como ella. Decidió retomar valor y responder a la obvia pregunta.

 

Rei abrió grandes sus ojos al sentir que Ami estrechaba con más fuerza sus manos y se acercaba a ella. Su respiración se volvió tan errática que sintió que el aire no le era suficiente. Nunca había experimentado eso, nunca... mucho menos aquella sensación de los labios de Ami sobre los suyos. La joven peliazul permaneció quieta, como si hubiese titubeado un poco de repente. Rei cerró los ojos y, de golpe, soltó las manos de Ami y la abrazó, dando comienzo a aquel beso.

 

Percibió a Ami suspirar entre el beso y abrazarle también, pero por la cintura.

 

Supo que ya no necesitaba preguntar nada, ya no había razón para ello. Se sintió inmensamente feliz al saber que Ami sentía lo mismo que ella.

 

“Me gustas... mucho...” alcanzó a decir entre labios.

 

“Tú también me gustas, Rei-chan...” respondió, tímida. Y no pudo decir más cuando Rei selló sus labios de nuevo con un ansioso beso.

 

El gesto se alargó y volvió más intenso a cada segundo transcurrido. Y ya no sólo eran besos, sino caricias, el roce entre sus torsos desnudos, ligeros gemidos repletos de placer. Parecieron olvidarse de todo en ese momento...

 

“¡Chicas!... ¡¿Ya salieron de bañarse?!” se escuchó la voz del abuelo desde el pasillo.

 

Las dos se despegaron de golpe mientras sus rostros alcanzaban el límite del rojo. Sus respiraciones seguían igualmente agitadas y ninguna de las dos supo qué responder al momento.

 

Dando un largo suspiro, Rei alcanzó a articular algunas palabras.

 

“¡Ya, abuelo, ya casi salimos!” respondió, aparentando normalidad en su voz. Miró a Ami y ésta tenía la mirada baja, bastante apenada. Sonrió. “Anda, salgamos... todavía tenemos que estudiar, ¿o no?”

 

Ami le miró, todavía tímida y esbozando una ligera sonrisa.

 

Salieron del cuarto de baño y cada quien fue a su respectivo dormitorio a vestirse. Y ya en soledad, cada una comenzó a analizar más tranquilamente todo lo ocurrido.

 

Rei se sentía demasiado feliz, tanto que no podía borrar aquella sonrisa de sus labios. Aquello era demasiado bueno para ser verdad. Era la primera vez que se sentía enamorada de alguien. Ami le gustaba mucho y, lo mejor de todo, es que el sentimiento era mutuo. Desde que tenía memoria, nunca había experimentado tal aprecio y cariño con alguien que no fuera su difunta madre o su abuelo. Sólo había conocido en los demás la hipocresía, el cinismo, la envidia, la mala fe... en cambio, esa chica, Ami, era todo lo contrario: linda, tierna, preocupada, amable, muy tímida... cualidades que no creyó, por ese entonces, encontrar en alguna persona.

 

Pero la había encontrado... y su nombre era Ami Mizuno.

 

Ami cepillaba su cabello y, casi sin darse cuenta, tocó sus labios con las puntas de sus dedos, como tratando de convencerse de que todo lo ocurrido en el baño fue real, pues aún no podía creerlo. Sus mejillas se tiñeron con un tono carmín mientras esbozaba una aún tímida sonrisa. Entrecerró los ojos, recreando el beso y la confesión una y otra vez. A pesar de que nunca había tenido planes de estar así con alguien, mucho menos con una chica, se sentía muy feliz de que todo eso hubiese pasado. Sí, Rei le gustaba... Tal vez aún no había en ellas un amor más profundo, pero al menos la atracción era mutua y sincera. Esas cosas se daban con el tiempo, pero, por el momento, eso estaba bien.

 

Pronto, la peliazul miró su mochila sobre la mesa. Era cierto, aún debía hacer la tarea.

 

Rei escuchó el tímido tocar en la puerta. Era Ami, ya le era fácil reconocerle. Terminó de abrochar su camisón para dormir y liberó un largo, profundo y silencioso suspiro.

 

“Adelante” respondió la voz de Rei. La joven peliazul entró al dormitorio, útiles escolares en mano, y se sentó en el suelo, frente a la pequeña mesa del centro. “Lo bueno, es que no es mucha tarea...” musitó Rei, sonriéndole graciosamente.

 

Ami bajó la mirada. El sonrojo era obvio en sus mejillas y Rei sólo se limitó a soltar una risilla.

 

“Mejor... comencemos...” alcanzó a musitar Ami.

 

Y mientras hacían la tarea, fueron inevitable los roces entre sus dedos, sus palmas, sus miradas. Apenas y estaban concentradas en lo que estaban haciendo. Se trataban de ejercicios matemáticos, nada que Ami no pudiese manejar, pero Rei siempre encontraba la manera de distraerle con ayuda de aquella penetradora mirada azabache. Así estuviera con su atención fija en los ejercicios, le era imposible no sentir encima los ojos de Rei.

 

La chica parecía muy divertida jugando de esa manera. La tarea era sencilla, pero encontraba más urgente buscar un contacto visual con Ami que en rellenar los cuadros de las respuestas. Aún no lograba su propósito, pero era divertido hacer que Ami se intimidara. Ya antes le habían mencionado lo penetrante que era su mirada, pero era la primera vez que veía los efectos de ésta en una persona sensible como Ami. Y vaya que estaba entretenida y Ami distraída. No llevaban más que tres de los diez ejercicios matemáticos.

 

En determinado momento, Ami logró concentrarse en el cuarto de los ejercicios. Por un momento le pasó desapercibida la mirada de Rei... pero sólo por un momento, al levantar la mirada para comentarle un dato sobre el ejercicio en cuestión, su compañera le recibió con un sorpresivo beso.

 

Los ojos de Ami se abrieron como platos, pero sólo por la sorpresa. No pudo corresponder el beso por los nervios, pero Rei no le reprochó nada al romper el contacto, al contrario, le miró de manera juguetona y divertida.

 

“Relájate un poco...” dijo la chica, regresando su atención a la libreta de Ami para copiar la respuesta del cuarto ejercicio. “Prometo dejarte en paz hasta que terminemos la tarea...” agregó, mirándole de reojo con coqueto gesto.

 

Ami asintió, sonrisa nerviosa y rubor incluidos. No le fue difícil volver a concentrarse, ya sin el acoso de Rei, y terminaron el resto de la tarea en menos de diez minutos.

 

“¡Acabamos!” fue el pequeño anuncio de Ami, acompañado de un cansado suspiro. Parecía haber olvidado su nerviosismo inicial, pues le mandó a Rei una tranquila y dulce mirada.

 

“Bueno, será mejor que vayamos a dormir, ya es algo tarde” dijo Rei entre bostezos. Se sentía algo cansada. Sin embargo, no dejaría ir a Ami tan fácilmente. Miró de reojo cómo su compañera guardaba sus libretas, lucía tranquila. Sonrió por lo bajo y pronto armó un veloz plan que le permitiría poner a su disposición a la chica.

 

Ami nada parecía sospechar, pues acomodaba holgadamente sus cosas de manera ordenada. Pronto iría a su cama y descansaría bien. Repasaba mentalmente sus deberes y esperaba no olvidar nada. Al terminar de acomodar todo, concluyó que nada faltaba por hacer. Un repentino toque la sobresaltó...

 

Un par de manos comenzaban a tomarle por la cintura desde atrás. Se sonrojó de sobremanera y sólo atinó a bajar la mirada de manera tímida.

 

“Dije que te relajaras un poco...” susurró Rei a su oído. Sintió a Ami asentir con algo de nerviosismo y sonrió de nuevo. Abrazó bien a la chica y se recargó ligeramente en ella. “¿Acaso aún no estás segura?” preguntó, aún sonriendo.

 

“Eh, ¡No, nada de eso!... es que...” seguía nerviosa, pues aquello le sonó a reproche.

 

“Je, sigues siendo demasiado tímida...” dijo Rei entre risillas. Logró acomodarse frente a frente con ella y de nueva cuenta buscó un contacto visual. Al lograrlo, vio aquellos ojos azules casi como hielo, y sin embargo tan cálidos y tímidos. Sonrió y se contentó al ver un gesto similar en Ami.

 

Sus labios no tardaron en encontrarse de nuevo.

 

El beso se prolongó por largo rato, hasta que unos pasos en el pasillo les sacó de trance y les obligó a romper el gesto que, poco a poco, estuvo ganando intensidad. Se miraron, una sonriente y la otra tímida, y Ami por fin se retiró a su cuarto para poder descansar.

 

Al día siguiente, mientras desayunaban junto con el abuelo, ambas aparentaban la normalidad de siempre. El abuelo preguntaba cosas sobre la escuela, sobre lo que pensaban hacer en la tarde y detalles acerca del templo y la tienda de talismanes.

 

Ami y Rei contestaban a todo y el abuelo, al parecer, no notaba las confidentes miradas que se mandaban una a la otra.

 

Fueron a la escuela y Rei notó que las chicas que habían intentado molestar a Ami la última vez, ahora bajaban la mirada cada que hacían contacto visual. Seguramente aquello se volvería a repetir con otras alumnas, pero no permitiría que le volvieran a molestar. Ami parecía menos inhibida ahora, sonreía más seguido y contestaba con más entusiasmo durante las clases... Rei se sintió feliz por eso... y de que tenía a la chica más lista de toda la escuela a su lado para ayudarle con las tareas.

 

Ya era de tarde y la doctora Mizuno logró escabullirse del hospital, estaba en su auto camino a la secundaria para recoger a Ami y a Rei. Ya extrañaba platicar con su pequeña, pues sentía, muchas veces, eternas las horas de vigilancia en emergencias cuando no había ningún paciente. Agradaba mucho de platicar con su hija y saber qué cosas nuevas hacía.

 

Eran un par de calles las que la separaban de su destino, lo sabía al ver a varias alumnas vestidas de gris dispersándose a todas direcciones, sólo esperaba que la luz roja del semáforo desapareciera y le permitiera seguir su camino.

 

“Tenemos que pasar por las compras, recuérdalo” comentó Ami, sacando la lista hecha por el abuelo para un rápido chequeo.

 

“Ah, cierto... ya se acabó el azúcar y el té... bien, vayamos...” suspiró Rei con algo de cansancio, masajeando su cuello un poco a manera de relajarse. Lanzó un suspiro y caminó al lado de Ami hasta la salida del recinto. Y mientras terminaba de liberar el aire de su pecho, una pequeña idea cruzó por su mente...

 

Ya casi no había alumnas... habían salido casi al último por culpa de una profesora que les retuvo con la excusa de una exposición que tendrían que dar en unos días acerca de cultura y sociedad.

 

Miró a todos lados y sonrió al no ver a nadie en los alrededores. Ami seguía distraída con la lista de compras y, tomándola por sorpresa, le sujetó por la cintura y la puso contra la pared. La joven peliazul abrió sus ojos con sorpresa al sentir un ligero beso en sus labios, pero la sorpresa no duró mucho y no se resistió al gesto. Abrazó ligeramente a Rei...

 

“¡Ami Mizuno!... ¿Qué crees que estás haciendo?”

 

La pareja se despegó con rapidez al escuchar la enfurecida voz. La madre de Ami les miraba desde el auto, con sus ojos desorbitados y un gesto que claramente denotaba sorpresa. Ami se sintió palidecer y no logró decir nada. Rei de pronto tuvo deseos de desmayarse o de que la tierra se le tragara en ese momento. Ninguna supo que responder, solo atinando a dar unos pasos atrás al ver que la doctora descendía del vehículo y caminaba furtivamente hasta ellas.

 

“¡Vienes conmigo ahora!” gritó la doctora, jalando consigo a Ami.

 

Rei intento abrir la boca, pero la mujer le dirigió una gélida mirada que la hizo paralizarse. Ami seguía ida por la sorpresa y el miedo.

 

“¡No vuelvas a acercarte a mi hija!” le gritó la doctora con el mismo tono de voz y pronto subió a Ami al auto, tomó el volante y arrancó a la velocidad que da la furia.

 

Rei nuevamente no pudo abrir la boca, se quedó quieta, viendo cómo el vehículo se alejaba...

 

 

Continuará...

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