Parte 4

 

 

 

“Un placer conocerle, Mizuno-san” dijo Rei de manera humilde mientras hacía una leve inclinación. “Soy Rei Hino.” Finalizó, encontrándose con aquella madura y afable mirada azul.

 

La madre de Ami era una mujer muy hermosa, de eso no había duda. Era alta, cabello igualmente azulado y corto, sólo que con un estilo más elegante y conservador. Ahora veía de dónde había heredado Ami su delicada belleza, su madre era una mujer realmente hermosa.

 

“Tu abuelo me había platicado mucho de ti, Rei-chan, y Ami también. Ya tenía ganas de conocerte...” respondió la doctora con aquella maternal sonrisa. Era la primera vez, al menos a casi un mes de su llegada al templo que conocía a la doctora Mizuno. Sabía que Ami constantemente iba a verle al hospital, o frecuentemente se quedaba en el departamento con ella.

 

Ami se veía muy contenta por el encuentro, su sonrisa era demasiado obvia.

 

Una vez hecha la cortesía, todas entraron al templo, donde el viejo sacerdote les esperaba con té y bocadillos para acompañar la charla vespertina. Rei estaba maravillada con la presencia de aquella mujer, era elegante y bella, además de destilar su profesionalismo con cada palabra y movimiento. Una mujer, además de todo, muy simpática y dulce.

 

Ami guardaba silencio y se contentaba con asentir a los comentarios de los demás o responder con sencillas frases. Los sonrojos eran cosa aparte cuando la doctora anunciaba a grandes voces lo orgullosa que estaba de su pequeña, o cuando el sacerdote le informaba a la doctora lo útil que era Ami en el templo. Rei guardaba sus risas al verla así, tan apenada y vulnerable a los comentarios lanzados por el par de adultos en la sala.

 

“Los exámenes serán pronto, ¿verdad, Ami?” preguntó la doctora de pronto, dirigiéndose solamente a su niña. Ami miró a su mamá con una enorme sonrisa.

 

“Sí, serán la semana entrante...” contestó son borrar aún su sonrisa.

 

“Estudien mucho las dos” dijo, ahora dirigiéndose a ambas chicas. “Tienen que dar su mejor esfuerzo, pronto serán vacaciones y qué mejor que salgan bien en los exámenes para que puedan descansar un poco” continuó, dándole un pequeño sorbo a su té.

 

“Ya hemos comenzado a estudiar” informó la peliazul con visibles ánimos. Rei asintió a eso con una cara de claro desagrado. “Estamos repasando todo y haciendo ejercicios para practicar.” Rei volvió a asentir a eso.

 

“Me alegra saberlo...” sonrió la doctora. De pronto, pareció perderse en un repentino pensamiento y se quedó en silencio, observando el techo de manera un tanto ausente.

 

“¿Ocurre algo malo, mamá?” preguntó Ami, preocupado por el súbito comportamiento de la mujer.

 

“Sólo pensaba... bueno...” pronto, miró a ambas chicas, “¿qué tal si vamos a una pequeña cabaña de fin de semana que tengo cerca de las montañas?” propuso la doctora. “Pediré unos días de descanso en las vacaciones, podremos ir a pasar un fin de semana, ¿qué dicen?”

 

Ami y Rei se miraron momentáneamente y pronto parecieron de acuerdo. Dirigieron su atención a la doctora y asintieron. La doctora sencillamente sonrió.

 

“Me encantaría ir con ustedes, pero no puedo descuidar el templo en esas fechas...” se disculpó el abuelo de inmediato.

 

La plática duró otro par de horas platicando de anécdotas en el templo y el hospital, de futuros planes y de las noticias actuales. Pronto anocheció y era hora de que la doctora se retirara, cortesía de una llamada inesperada a su teléfono celular. Una emergencia que requería de su experiencia y conocimientos.

 

“Al menos pasé un buen rato...” suspiró la doctora, “debo irme...” Enseguida, abrazó a su hija y le besó la frente. “Pórtate bien, Ami-chan... y, cualquier cosa que necesites, sólo llámame.”

 

“Sí, mamá.”

 

“Rei-chan, por favor, cuida de Ami, no dejes que se meta en líos” bromeó enseguida.

 

“Por ella no se preocupe, yo la cuido...” dijo Rei con una risilla que hizo sonrojar a Ami.

 

La doctora se retiró en un veloz taxi. Gajes del oficio, no podía estar mucho tiempo relajada por culpa del trabajo, tampoco podía estar con su hija por un día completo, pues, al parecer, los doctores nunca eran suficientes. Al parecer, y por lo que lograron escuchar, se trataba de un chico que había intentado matarse lanzándose de un último piso. El problema: sobrevivió a la caída y tenía fractura en la cadera y ambas piernas, además de un posible derrame interno.

 

Esos casos no eran tan raros como podría sonar, al menos no en un lugar como Tokio.

 

Todos en el templo se retiraron a dormir, era algo tarde, nada conveniente en una noche entre semana. Sin embargo, ambas jóvenes siempre se levantaban a buena hora y, hasta ese momento, nunca habían llegado tarde a clases.

 

La mañana llegó con la normalidad de siempre. Ami y Rei iban camino a la escuela, platicaban sobre la doctora y los planes del prometido fin de semana en las montañas. Ambas estaban emocionadas, tanto, que Ami no dejaba de hablar de eso. Rei notó lo contenta que Ami se ponía cada que veía a su mamá; no era lo mismo cuando sólo hablaban por teléfono o contestaban esporádicos correos electrónicos.

 

“Tendré que comprarme ropa adecuada, porque no tengo alguna cómoda como para poder pasear en las montañas...” dijo Rei con pensativo gesto. “Podemos ir éste fin de semana de comprar, ¿qué dices?”

 

“Bien... pero tendremos que ir rápido, porque, para poder ir, necesitamos pasar bien todos los exámenes” recordó Ami con una sonrisa más tranquila.

 

“No recuerdo que la doctora nos diera esa condición” musitó Rei con el suficiente volumen como para que Ami le escuchase.

 

“No era necesario que lo dijera, es obvio...” le sonrió Ami con la misma tranquilidad.

 

“Bueno...” suspiró, “supongo que no tengo opción...” murmuró, “bien, tú ganas... pondré mucho empeño en los exámenes para que dejes de molestarme...” bromeó, guiñándole un ojo a su compañera.

 

Ami sencillamente sonrió.

 

Tanta era la felicidad de la joven, que ni siquiera los eternos comentarios negativos en su contra parecían afectarle, al contrario... daba la sensación de haberse olvidado de ellos. Rei notaba eso en ella y le alegraba mucho saberlo. Por su parte, la joven de negra cabellera también parecía haberse olvidado de aquello que tanto le amargaba la existencia: su papá. Estaba tan relajada, tan tranquila, que ni siquiera se acordaba de su papá.

 

La mañana dio paso a la tarde y, pronto, ambas estaban de regreso al templo. Era temprano y tenían que atender el puesto de amuletos y limpiar algunas cosas antes de ponerse a estudiar.

 

Ami ya se encontraba limpiando los pasillos del templo, Rei se encargaba de barrer la hojarasca en todo o amplio del patio. Más de la mitad de los ayudantes tenían el día libre y, de los restantes, su trabajo ya había terminado desde hacía rato.

 

Ciertamente, los quehaceres no era algo que incomodara al par, ya que, aún entre esos deberes diarios, ambas la pasaban bien platicando de ninguna cosa en especial.

 

“Oye, Ami-chan... ¿qué tal si nos bañamos antes de ponernos a estudiar?” propuso Rei mientras barría un pequeño espacio al lado de un pasillo que Ami limpiaba afanosamente.

 

“Buena idea... nos dolerá un poco el cuerpo después de todo esto” dijo, deteniéndose un momento para secar el sudor que bañaba su rostro de manera leve.

 

“Entonces, hay que terminar pronto.”

 

Les tomó otra hora terminar toda la limpieza del templo. Entraron al cuarto de baño y, como acostumbraban a hacerlo desde hacía algunos días, se bañaron juntas. En el baño tampoco faltaban las pláticas, así que, mientras Rei tallaba la espalda de Ami, repasaban verbalmente algunas lecciones que no necesariamente requerían la presencia de libros o apuntes.

 

Rei terminaba de explicarle, con lujo de detalles, los puntos importantes de la Era Meiji y sus repercusiones en la vida actual del Japón. Ami estaba fascinada, no sólo por los conocimientos de Rei, sino por ese gesto concentrado que adoptaba al hablar seria o concentradamente. Y tanta era su fascinación, que no se dio cuenta de que se le había quedado viendo por demasiado tiempo.

 

Salió del trance hasta que Rei terminó con su explicación y dirigió su mirada a Ami, notando que ni siquiera estaba parpadeando.

 

“Uh... Ami-chan... ¿estás bien?” preguntó de pronto, haciendo que Ami saltara por la sorpresa. “Oye... ¿no me pusiste atención o qué?” reprochó con sus manos en la cintura.

 

“Ah, no eso, disculpa...” dijo de inmediato, sonrojándose de manera leve y apenada. “Creo que estaba poniendo demasiada atención...” agregó, bajando la mirada.

 

Rei mantuvo su gesto de reproche unos instantes más y pronto sonrió, jalando a Ami consigo a la tina de agua caliente. Ami se sonrojó más. Realmente se veía linda con ese gesto... y, ante ese pensamiento, Rei se sonrojó también. Una vez dentro del agua, Rei notó que no lograba soltar la mano de Ami, mientras que Ami no parecía molesta o siquiera incómoda ante el poco discreto toque.

 

“Podemos... estudiar en tu cuarto, si quieres...” propuso Rei mientras, con ligereza y más cuidada discreción, jugaba sus dedos con los de Ami.

 

“Ah, bien... si tú quieres...” contestó Ami con cierto nerviosismo, correspondiendo al toque de su amiga y tratando de no ponerse más nerviosa de lo que ya estaba.

 

Sus dedos se entrelazaban, jugaban entre sí, mostraban contento de sentirse y conocerse. La jóvenes sentían el ligero cosquilleo en la piel, pequeños escalofríos que les recorrían la espalda el mirarse, saber lo que hacían, y no detenerse.

 

No se dijeron nada en los siguientes minutos, parecían concentradas en el agua caliente y en sus manos que no se soltaban, que no querían soltarse.

 

Rei sentía un cosquilleo muy similar a aquella vez que fueron al cine. Hasta ese día, aún no volvían a ir, ninguna lo había mencionado siquiera pese a haber más variedad en la cartelera. ¿Miedo, quizá?... Probablemente. No era la primera vez que buscaban tocarse de esa manera, ya fuera en sencillos abrazos o simples roces. Lo hacían de manera consciente, con alevosía, incluso, podría decirse, que con premeditación.

 

Y, sin embargo, ninguna decía nada. No hablaban mientras aquellos toques se daban... ni siquiera hablaban de estos, era como si nunca hubiesen sucedido.

 

Ami tragó saliva y, en un arranque de valor, estrechó la mano de Rei de manera gentil y a la vez urgente. Rei sintió temblar un poco y correspondió el gesto. Y, de manera escondida, la chica de larga cabellera buscó con su otra mano la de Ami que aún estaba libre y escondida debajo del agua.

 

Encontró la suave mano escondida bajo una rodilla y pronto la atrapó, soltando un ligero suspiro en el proceso.

 

Ami respingó un poco por el repentino toque, pero no se notó tanto la sorpresa en su rostro.

 

“Ami-chan...”

 

La aludida volvió a brincar al escuchar su nombre en un tono entre ronco, profundo y a la vez nervioso. Sintió que sus manos eran estrechadas un poco más fuerte y miró al frente de manera tímida. Rei tenía sus ojos en ella, estaba sonrojada de una manera que no conocía en ella, había decisión en sus pupilas negras.

 

Rei estaba decidida a aclarar todo eso de una buena vez... quería saber qué sentimiento era el que la orillaba a buscar a Ami de esa manera y, también, saber si éste sentimiento era mutuo.

 

“Rei-chan...”

 

“Hay algo que... quisiera preguntarte...”

 

Ami sintió sus mejillas arder más y esperó a que Rei abriera la boca de nuevo.

 

 

Continuará...

***** ***** ***** ***** *****

Hosted by www.Geocities.ws

1