Las clases pasaron sin tantos contratiempos, aunque
no sin que Rei descubriera el increíble genio que poseía Ami. Era una chica en
demasía inteligente, incluso más de lo que su abuelo se lo había mencionado.
Aunque la joven se sabía lista, aunque no un genio, jamás pensó conocer a
alguien con aquel increíble intelecto. Rei estaba admirada, pero pronto notó
que el resto de las chicas de la escuela no compartía ese sentimiento; al
contrario, todas miraban a Ami Mizuno como con coraje. No era que Ami mostrara
con alevosía sus conocimientos, sino que eran los profesores los que siempre
preguntaban primero a Ami y siempre pedían su opinión sobre el tema que
estuviesen viendo.
La joven se veía obligada a responder a todo,
ganándose sin querer la apatía de sus compañeras. Rei se sintió algo molesta al
ver esas reacciones, después de todo, había escuchado murmullos a sus espaldas
diciendo lo presumida que era Ami Mizuno. Tuvo que reprimir sus deseos de
voltear y contradecir a esas chicas... juzgar sin siquiera conocerla.
Pronto llegó la hora del almuerzo. Ambas salieron a
un lugar algo apartado del patio, un sitio tranquilo en el que Ami acostumbraba
comer lejos del resto de las chicas. Rei notó que Ami, ya estando en privado,
dejaba de lado los murmullos molestos y recuperaba su dulce semblante. Era de
admirarse aquella fortaleza. Sonrió para sus adentros y se puso la firme
enmienda de no dejar sola a esa chica, después de todo, ella también fue una
persona solitaria mientras estuvo en la otra ciudad.
“Oye, Ami-chan... ¿qué tan si vamos al cine después
de clases?” propuso Rei con una ligera sonrisa. Vio que Ami estaba a punto de
negarse y siguió hablando antes de que ella pudiera hacerlo. “Ves que no nos
dejaron mucha tarea, podemos ir y, saliendo, haremos la tarea después de cenar,
¿qué dices?” insistió con una sonrisa.
“Pues...” la joven peliazul ya no tuvo oportunidad
de negarse, los ojos de Rei le miraban de forma suplicantemente graciosa.
“Bien... de-de acuerdo...”
“Perfecto, veremos una película, aunque, si no hay
ninguna buena, podemos ir a otro lado y...” las palabras de Rei fueron
interrumpidas al escuchar unos fuertes pasos que se acercaban. Se trataba de un
grupo de tres chicas de mirada altiva.
Ami palideció de manera brusca al verlas, pues esas
chicas solían molestarla a diario de la forma más cruel posible. Rei notó la
palidez de Ami y las malvadas sonrisas de las recién llegadas. Frunció el
entrecejo y miró al trío de manera poco amigable, mientras se ponía de pie y
cubría a Ami con su cuerpo.
“¿Qué desean?” preguntó Rei con demandante tono en
su voz.
“Increíble que Mizuno tenga una amiga...” musitó una
de esas chicas con los brazos cruzados y una mirada burlona, “debe ser una
rareza igual que ella...”
“Ciertamente...” contestó una segunda, “nomás
mírala, la nueva se cree demasiado...”
“Hay que enseñarle quién manda aquí...” musitó la
última.
Rei rechinó sus dientes y, de manera instantánea,
les dirigió una mirada torva y amenazante, tan fuerte era ésta, que de
inmediato el trío se sintió amedrentado con aquellos ojos oscuros. Todas
retrocedieron un paso a la vez que Rei avanzaba uno. Ami pareció sorprendida
por lo que veía.
“Sí, alguien manda aquí y soy yo... recuerden mi
nombre... soy Rei Hino... y más vale que dejen de molestar a Ami-chan,
¿entendieron?” amenazó con sombrío tono y enfurecido semblante. “Si las veo
cerca de ella... no respondo...”
Aunque Ami no pudo ver el gesto de Rei, el tono con
el que ésta habló le hizo abrir los ojos con mucha sorpresa. Vio la palidez de
las chicas y agradeció no ver lo que ellas veían en ese momento. Agradeció
tener la simpatía de aquella chica de cabello negro. De pronto, el trío
retrocedió más y se retiró sin decir absolutamente nada.
La joven de cabello negro sonrió maliciosamente por su victoria... con eso,
esas chicas no se atreverían a molestar a Ami mientras ella estuviese cerca.
Pensaba darle algunas lecciones a Ami de cómo deshacerse de ese tipo de
personas. Pronto, volvió a su lugar con una recuperada sonrisa, aunque sin
perder del todo aquel dejo de enojo.
“No te preocupes, Ami-chan, si esas chicas se te
acercan de nuevo, se las verán conmigo...” le dijo Rei con tranquilo tono.
“Um...” Ami aún no despertaba de la sorpresa, pero
le bastó contemplar aquellos ojos para sentirse mejor. Rei le hacía sentir muy
segura. No tardó en esbozarle una sonrojada sonrisa a la chica. “Muchas
gracias, Rei-chan... no tenías porqué hacerlo...”
“¿Qué no?... ¡Bah!... nadie se va a meter contigo
mientras yo esté por aquí, eso te lo aseguro...” dijo, algo seria. Tomó su
almuerzo y siguió comiendo.
Ami le miró largamente, sin lograr borrar el rubor
de sus mejillas. No podía creer que le preocupara tanto a Rei, aunque, a decir
verdad, la simpatía mutua era evidente. De pronto, Rei alzó la mirada e hizo
contacto visual con ella, haciéndole sonrojar más. Rei sonrió de forma
graciosa.
“Anda, termina tu almuerzo, ya casi termina la hora
de descanso” le dijo Rei, aún sonriente y volviendo su atención a la comida.
“Eh... sí, Rei-chan...” murmuró la joven, aún sonrojada
y tomando de inmediato los palillos entre sus dedos.
La escuela terminó sin mayores contratiempos y,
pronto, ambas se veían caminando rumbo al centro. Platicaban animadamente de
variados temas y, uno de estos, fue sobre los constantes problemas que Ami
tenía con esas chicas. Al principio, Ami se mostró algo reticente a hablar de
asunto, pero Rei le insistió tanto, que Ami tuvo que abrir la boca.
“Desde siempre me han molestado...” dijo Ami en un
principio. “Los profesores siempre me mencionan y dicen cosas como: si
fueran como Mizuno-san ó Mizuno-san es un buen ejemplo, todos deberían
imitarla... Y sólo logran que las demás chicas se molesten conmigo...”
“Entiendo... entonces los profesores tienen la
culpa...” musitó Rei, comprendiendo a las perfección lo que Ami decía.
“En un principio nadie me decía nada, ni siquiera me
hablaban, pero, con el paso del tiempo, los profesores me mencionaban tanto que
eso molestó a las demás...” continuó Ami, “pero tampoco me agradaría dejar de
estudiar a propósito para que dejen de molestarme... quiero ser una doctora
como mamá y debo dar mi mejor esfuerzo...” finalizó con una triste sonrisa, una
que indicaba que estaba feliz de dar su esfuerzo, y triste por que eso
incomodaba a las demás.
“No es tu culpa que esas chicas tengan envidia... si
quisieran, y si estudiaran como tú, seguramente tendrían un buen promedio como
el tuyo...” dijo Rei, seria... y casi enseguida esbozó una mueca de aparente
disgusto, “aunque habemos personas a las que las cosas no se nos pegan ni con
cinta adhesiva...” ciertamente, el promedio de Rei rayaba entre los setenta y,
cuando le iba bien, en los ochenta puntos... era lista, sí, pero, nunca lograba
el promedio perfecto mas que en la materia de Historia. De todos modos, nunca
se quejó de eso ni sentía envidia de la mala por aquellos que le superaban en
calificaciones.
Ami esbozó una graciosa sonrisa y comprendió sus
palabras. Ya estaban frente a uno de los concurridos cines. Ir a sitios como
ese era algo caro, pero Rei tenía ahorros y no le importaba gastarlos con Ami.
Ambas entraron al cine y, lo único interesante, además de las películas
norteamericanas del momento, era una de terror hecha netamente en Japón. Nada
mal, la publicidad era interesante y, también, daba escalofríos.
Entraron a ver esa película y, por ser lunes y, algo
temprano, no había mucha gente en la sala. Compraron sólo palomitas y un par de
refrescos y esperaron media hora en lo que comenzaba la película, pues llegaron
con tiempo para la función de las cuatro.
“Estaremos en casa antes de las siete, cenaremos y
terminaremos la tarea antes de las diez de la noche...” dijo Rei con tremenda
seguridad, “así que quita esa cara de apurada, Ami-chan” agregó con una
risilla.
Ami se sonrojó ante el comentario y bajó la
mirada... Rei era una chica muy perspicaz y nada parecía escapársele. Esa chica
tenía una imponente presencia, de eso no había duda.
“Lo siento, Rei-chan...”
“Oh, vamos, tampoco lo dije para que te sintieras
mal... sólo relájate y esperemos a que comience la película” dijo Rei con un
tono que tranquilizó a su compañera. “Mira, vamos a formarnos, ya no tardan en
comenzar la función...”
Ami sencillamente asintió y siguió el paso de la
joven de cabello negro...
La película dio comienzo... tenía una trama, aunque
obvia, bastante decente... y las escenas que buscaban provocar miedo a los
espectadores cumplían a las mil maravillas con su función... pues Ami estaba
fuertemente abrazada de Rei y continuamente escondía su rostro en el cuello de
ésta. Rei fingía valentía, aunque también cerraba los ojos en momentos clave y
pegaba su cara al cabello de la peliazul. Ya casi al final de la película,
ambas estaban abrazadas y con los pelos de punta.
Hubiese sido mejor ver otra película... pues las dos
chicas salieron con una clara palidez. Ami seguía buscando protección en Rei y
aún permanecía sujeta del brazo de ésta. Rei, hasta el momento, trataba de
borrar algunas escenas de su mente y no se había percatado de la cerrada
cercanía.
“Um... tal
vez no fue muy buena idea ver esa película...” logró articular Rei a medio
camino.
“La próxima vez yo la escojo...” dijo Ami, pegándose
más, sin querer, al cuerpo de Rei.
Pronto, ambas notaron la sugestiva posición y, de
manera discreta, tomaron sus distancias; sonrojo incluido. Ami bajó el rostro y
Rei miraba a otro lado con fingida concentración a sus alrededores.
“¿Quieres que compremos algo para la cena?” preguntó
Rei, sin cambiar su posición en lo absoluto.
“Yo... no tengo hambre, me llene con lo que comimos
en el cine...” contestó Ami con media voz.
“Bien...”
Mantuvieron silencio hasta que las escaleras del
humilde templo se dibujaron ante ellas. Ya la oscuridad predominaba en el
ambiente y el frío era un poco penetrante en la piel, causando escalofríos a
los que no tuvieran el abrigo adecuado. Ami fue víctima del frío. Su cuerpo se
estremeció de pies a cabeza cuando una brisa de helado viento le abrazó de
repente. Aquello llamó la atención de Rei.
“Te dije que trajeras un suéter...” murmuró Rei,
mirándole de reojo.
“Tú tampoco trajiste...” debatió la joven.
Subieron las escaleras rápidamente y entraron al
templo, que las recibió con aquel calor de hogar. El abuelo Hino estaba en el
pasillo contestando una llamada telefónica cuando las vio llegar.
“Bienvenidas” dijo, apenas desatendiendo a la
persona al otro lado de la línea. “Ami-chan, tu mamá está al teléfono, quería
hablar contigo” le informó.
“Ah, gracias, Hino-sama” la joven tomó el auricular
y se dirigió a Rei, diciéndole a señas que en un momento la alcanzaba para
hacer la tarea. “¡Mamá, hola...!” Ami pareció automáticamente feliz al escuchar
la voz de su progenitora.
Rei se adelantó a la sala y sacó libros y cuadernos.
La tarea era realmente poca y no había tanta prisa por terminarla. Ami, por lo
que notó, podía ser algo exagerada en cosas de la escuela, demasiado
responsable para ser verdad... pero, ese era otro de los encantos de Ami.
Sonrió felizmente hasta que, al recordar aquel abrazo, su sonrisa se borró y
fue sustituida por un fuerte rubor.
¿Cómo fue posible que no notara lo ‘pegadas’ que
estaban sino hasta mucho después?
Continuará...
***** ***** ***** ***** *****