“Rei-san, ¿está lista?” sonó la voz de Ami no muy
fuerte por fuera de la habitación.
Rei terminaba de recoger su cabello con un sencillo
listón, llevaba puesta una blusa delgada sin mangas, falda larga y sandalias,
pues el clima había amanecido de muy buen humor al igual que Rei y se
demostraba con el formidable y abrazante calor que reinaba en Juuban.
“¡Ahora salgo!” contestó Rei. Una vez que su cabello
quedó totalmente recogido, y vaya que era largo, le sonrió a su imagen del
espejo y salió del cuarto. Ami esperaba en el pasillo con un pequeño bolso en
sus manos. “Siento haberte hecho esperar...” se disculpó Rei con una mano en la
nuca.
“No se preocupe, estamos a buena hora de salir,
tampoco hay tanta prisa” le sonrió Ami en respuesta. “¿Nos vamos?”
“¡Vamos!”
Efectivamente, el calor abrazaba la zona... lo
descubrieron al salir del templo y sentir los penetrantes rayos de sol sobre la
piel. Pese a eso, el aire era benevolente y les regalaba a los habitantes de la
ciudad algo de frescura. El cielo estaba despejado hasta donde los ojos
alcanzaban a ver y sólo un par de aviones hacían mella en la monocromía
celeste.
“Lindo día” murmuró Ami, colocando su mano un poco
por encima de los ojos para poder ver el cielo.
“Estoy de acuerdo” sonrió Rei, demasiado feliz como
para ocultarlo.
Bajaban las escaleras sin tanta prisa, a sabiendas
que tenían todo el día y el resto de la tarde para que Ami le mostrara muchas
cosas a Rei. Juuban, pese a ser un distrito no muy grande, tenía muchas cosas
para ver y disfrutar. Cosas de las que Rei ya se había olvidado, o también
cosas nuevas que surgieron durante su larga ausencia.
“¿Quiere que vayamos primero a comprar algo de
ropa?” preguntó Ami, “lo digo, por que si vamos más tarde habrá mucha gente.”
“Mmmm... tienes razón, pero... no me gustaría estar
cargando bolsas el resto del día” contestó Rei con una mano en el mentón. “No
importa que tardemos en la tienda, al fin que no pienso comprar mucho.”
Ami pareció de acuerdo y se lo dio a entender con
una sencilla sonrisa. Prefirieron ir a pie hasta el Centro y aprovechar el
tiempo y la tranquilidad que otorga una caminata. Rei tenía mucho qué ponerse
al corriente sobre lo nuevo en la ciudad, además, Ami parecía conocer muchos
lugares. Cada sitio o establecimiento al que la llevaba era increíble. Ami se
limitaba a sonreír ante los gestos de admiración de la nieta del sacerdote.
“Apuesto a que sales mucho con tus amistades”
comentó Rei con sus ojos puestos en el pequeño puesto de comida rápida.
Pequeño, pero muy llamativo a la vez. A causa de esto, no notó la desencantada
sonrisa que se dibujó en la boca de Ami.
“No exactamente” respondió la chica con la cabeza
baja, “no tengo amistades, Rei-san” ya a esas alturas se habían sacudido la
mayor parte de las formalidades. Ami tampoco notó cuando Rei le miró con un
gesto igualmente desencantado. “A decir verdad, casi nadie me habla en el
colegio fuera de lo que concierne a la escuela.”
“No entiendo porqué” dijo Rei más para sí misma,
“eres una chica muy agradable y gentil, pude verlo a pesar de tener poco de
conocerte.”
“No podría explicarte...” contestó la chica
ligeramente sonrojada por las palabras de Rei, pero no tardó en recuperar aquel
gesto de desencanto. “Es que, a decir verdad, no suelo hablar mucho con las
demás personas... y creo que, por eso, las demás chicas del colegio no me toman
muy en cuenta...”
“Ah, entiendo...” musitó en respuesta con cierto
dejo de pena. “Bueno... si en algo te consuela...” enseguida miró a la peliazul
con una recuperada sonrisa. “... ya estoy contigo... ya no estás tan sola...”
“Cierto... ya no estoy sola...” sonrió Ami, para
alegría de su acompañante.
“Y yo tampoco, así que... no hay nada de qué
quejarse... ¿no crees?”
“Supongo que podría ser peor...” bromeó Ami con una
sonrisa más amplia, ganándose una maliciosa y divertida mirada de Rei.
“Supongo que tienes razón...” murmuró en el mismo
tono.
Y se contentaron con compartir una mirada de
complicidad.
Comieron okonomiyaki hasta quedar totalmente
satisfechas, pues aún les quedaba mucho camino por recorrer en la ciudad y era
seguro que un día no sería suficiente para ver todo. Rei optó por ir de compras
de una vez, necesitaba un poco más de ropa o dentro de poco parecería retrato
de seguir usando la misma. Caminaron sin prisa por las calles repletas de
gente, pero el habitual bullicio les pasaba de largo entre las animadas
pláticas sin aparente sentido... era sólo el hecho de conocerse poco a poco, de
no saberse tan lejanas entre sí.
La química fue buena entre las dos chicas, eran opuestas
y eso las complementaba mutuamente. Pese a ser Ami la guía turística en éste
caso, era Rei quien dirigía los caminos, a veces sin saber por dónde ir, pero
era natural en ella ese talento de líder. Ami, por otro lado, con su pasiva
actitud, era una chica muy llevadera y dócil, perfecta para aquella actitud un
tanto posesiva de Rei.
Ya en una modesta tienda de ropa, Rei comenzó la
nada sencilla tarea de escoger prendas... la joven gustaba de estar a la moda y
vestir bien, así que, ante un público de una sola persona, Rei hizo las veces
de modelo, vistiendo tal o cuál pieza y dándola a lucir como verdadera
profesional. Ami se encontraba de lo más divertida, hacía mucho tiempo que no
reía tanto... y Rei estaba en lo mismo, nunca se había divertido así desde que
tenía memoria, al menos no desde que su madre murió.
Una vez acabado el desfile de modas, el par de
chicas salieron sólo con tres conjuntos de ropa, después de que Rei se probara
la mitad de la tienda...
“¿Hay algún sitio al que podamos ir antes de
regresar a casa?” preguntó Rei con incontenible entusiasmo.
“Creo que...” Ami puso un dedo en su mentón a manera
de pose reflexiva. “Creo que... podríamos ir a...” miró a todos lados, como
buscando la respuesta en algún otro sitio. “Ah, ya sé... vamos al Parque No.
10... es uno de los lugares más concurridos y un buen lugar de reunión...”
“Entonces, vamos...”
Aún no atardecía para cuando llegaron al lugar. Rei
quedó fascinada al ver ese trozo de bosque en medio de una ciudad tan
concurrida como esa, era increíble. Caminar entre los árboles le hacía olvidar
los edificios que estaban afuera, ver a los niños jugar y las parejas pasear
del brazo le puso de muy buen humor. En verdad extrañaba esa sensación de
alegría, pues estar en casa de su padre le llenaba de angustia, molestia y
demás sentimientos grises... incluso creía que estaba olvidando cómo sonreír.
Pero no fue así, afortunadamente, sus labios aún
eran capaces de dibujar una sonrisa sincera.
Su acompañante y guía parecía tan feliz como ella,
era difícil creer que una chica como Ami no tenía amigas, pero pareció muy
sincera en sus palabras. Bien era cierto que Rei estaba, o, mejor dicho, estuvo
en una situación similar antes de llegar a Juuban. Ninguna chica de su escuela
se tomaba la molestia de acercársele, y menos si se le veía de mal humor...
algo realmente visible en una persona como Rei. Ese era el punto, no se le
acercaban a Rei porque provocaba miedo en las demás personas. Ami, por otro
lado, y por lo que podía deducir, pasaba indiferente ante todos.
Pero, eso estaba por terminar, definitivamente.
El día terminó bien y se dedicaron a descansar el
resto de la noche, Rei tenía que encarar su nueva escuela al amanecer...
“Lindo uniforme...” musitó la nieta del sacerdote
observándose un espejo de cuerpo entero. Era un atuendo gris con el clásico
corte marinero en el cuello y líneas rojas en éste y las mangas. La falda era
corta y entablada. No lucía mal, de hecho, ayudaba a exaltar sus encantos
femeninos.
“Hora de irnos...” le llamó Ami desde fuera del
cuarto.
“¡Voy...!”
El camino al Instituto AT para Señoritas era corto,
por lo que caminaron con tranquilidad gracias a que también tenían tiempo de
sobra por haberse levantado temprano. Ami ponía al tanto a su acompañante del
temario visto hasta el momento, pero Rei no pareció tan preocupada, ya todo lo
sabía, incluso un poco más gracias a que estudió en un instituto privado, no
tendría problema en acoplarse.
Al penetrar por la puerta del recinto escolar, Rei
notó que Ami automáticamente bajaba la cabeza al sentir las miradas de las
otras chicas sobre ella. Aquello no le gustó, así que, un tanto altiva y a la
vez burlona, mantuvo su mirada en alto y saludaba con una mueca parecida a una
sonrisa a las que cruzaban la mirada con ella.
“Eh, vamos, ¿cómo puedes caminar sin ver el camino?”
preguntó Rei de forma graciosa, levantando el rostro de Ami por el mentón con
dos de sus dedos.
“Ah... yo...” Ami pareció apenada y esbozó una
tímida sonrisa.
“Anda, se hará tarde y no quiero que sensei me
regañe siendo mi primer día de clases...”
Continuará...
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