(Secuela de
“De lluvia, amor y otras cosas”)
Por: Escarlata
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<<Templo
Hikawa. Martes, 6:00 PM>>
“Argh... esa
tonta de Usagi no vino a estudiar” se quejó Rei con molestia, “y todo por salir
con Mamoru-kun.”
“Oh, vamos,
Rei-chan, ya la conoces... además, debemos disfrutar de ésta merecida paz”
comentó Mina, alegre como siempre. “No hemos tenido enemigos desde hace tiempo.
Es justo que nos divirtamos un poco.”
“¿Y porqué,
en lugar de divertirnos, estamos estudiando como enajenadas, eh? Preguntó
Makoto, mirando de reojo a Ami.
La aludida,
sin apartar su atención del libro que leía, sonrió.
“Recuerden
que son exámenes finales. Pronto pasaremos a tercero de preparatoria y debemos
esforzarnos más” dijo con toda la tranquilidad del mundo.
Las demás
sonrieron con nerviosismo. Ami nunca cambiaría...
“Ami-chan,
hemos estudiado mucho ésta última semana” alegó Mina, quitándole el libro de
forma poco amable. “¿No podrías tenernos un poco de piedad... al menos por
hoy?”
Todas le
miraron, suplicantes. Ami sonrió con resignación y soltó un sonoro suspiro.
“De
acuerdo... por hoy hemos terminado” dijo con otro suspiro, notando la alegría y
el alivio de sus amigas. “Pero sólo por hoy” advirtió enseguida.
Guardaron sus
útiles escolares y libros de texto, para poder llenar la mesa con té, dulces y
toda clase de bocadillos. Decidieron conversar un rato. El tema: amor... o, en
su caso, desamor.
“¡No puedo
creerlo!” exclamaba Minako con tono melodramático, “¿Cómo es posible que la
Gran Diosa del Amor, o sea yo, aún no tenga novio?”
“Eh,
tranquila, que no eres la única” dijo Makoto, resignada.
“Eso no es
bueno. Debemos salir más seguido y buscar a alguien” propuso Rei con gesto
serio y decidido. “¿Quién está conmigo?”
“¡YO!”
contestaron Makoto y Minako al mismo tiempo, levantando sus brazos en clara
señal de acuerdo.
“¿Y cuál es
la prisa?” preguntó Ami en voz baja, pero con el suficiente volumen para que
sus eufóricas amigas le escucharan. “Somos jóvenes, pero viviremos eternamente
en Tokio de Cristal y quién sabe cuántas reencarnaciones más... el encontrar a
alguien o no, es algo que no nos debería preocupar.”
El trío
guardó silencio, meditando las palabras de su amiga. Ami en ningún momento
levantó la mirada, sólo contemplaba su taza de té. Parecía triste.
“Tienes
razón” dijo Rei, rompiendo el silencio y llamando la atención de sus amigas, en
especial la de Ami, “pero sólo en parte” aclaró. “El que seamos lo que somos,
no quiere decir que debamos quedarnos con los brazos cruzados, esperando a ver
quién viene a nosotras. Y si, como dices, somos eternas, entonces con más razón
hay que buscar a alguien. No vamos a pasar tanto tiempo solas, ¿o sí?”
Makoto y
Minako sonrieron en completo acuerdo. Ami sólo volvió a bajar el rostro, con un
gesto apenado y sus mejillas ligeramente rojas. Rei también sonrió. Se puso de
pie y se volvió a sentar, ahora al lado de la chica genio. Puso una mano sobre
el hombro de Ami y, con la otra, la obligó a levantar el rostro y mirarla.
“¿Qué
tienes?” le preguntó con un extraño tono dulce. “Te siento triste.”
“Rei tiene
razón” intervino Mina, “¿qué pasa, Ami?”
“No, nada...”
respondió, nerviosa, alejando su mirada de la de Rei.
“Oh, vamos...
todas sabemos que eres mala para mentir” dijo Makoto con una risilla. “Puedes
decirnos con confianza lo que te sucede...”
“En serio, no
es nada” repitió, “es sólo que recordé algo que pasó hace mucho tiempo.”
“¿Y qué
pasó?” insistió Mina, curiosa.
“Bueno... es
demasiado personal... así que las dejaré con las ganas de saberlo...” respondió
Ami, sonriendo... ya había recuperado el ánimo.
“¡Qué mala
eres!” le reclamó Mina con graciosas lágrimas, “por tu culpa no podré dormir
hoy.”
“¿Qué, acaso
no tengo derecho a guardarme algunos secretos?” preguntó a sus amigas con un
gesto dulce e inocente.
“Sí... pero a
ti te gusta dejarnos a medias” le recriminó Makoto. “Siempre haces lo mismo.”
Rei se limitó
a sonreír. También recordó algo, obvio que no lo mencionó. A su mente volvió
aquella vez que Ami le ayudó a desahogarse cuando terminó su relación con
Mamoru. Aún no le pagaba ese favor, y era por que no había encontrado la
oportunidad adecuada para hacerlo. Sin querer, también recordó ese beso que
había soñado esa misma noche... Se debía, fundamentalmente, a que la sensación
que le produjo fue demasiado real, muy alejada de cualquier sueño.
“No se
preocupen. Si algo llegara a molestarme o lastimarme, no dudaré en decírselos”
dijo Ami para calmarlas.
“De
acuerdo... ¡pero cúmplelo!” le advirtió Minako en tono amenazante.
El tema
cambió a los pocos segundos, yéndose el resto de la tarde en aquella charla. En
un momento de esos, Ami y Rei fueron a la cocina para preparar unos bocadillos.
“Ami-chan...”
“Dime...”
“¿Te importaría
quedarte un rato más después de que ‘el dúo maravilla’ se vaya?... Necesito
hablar contigo.”
“Claro.”
Ami se mostró
un poco confundida, Rei más misteriosa de lo normal... ¿qué querría?
Las primeras
en irse fueron Mina y Mako (o sea, el ‘dúo maravilla’) Insistieron en acompañar
a su casa a Ami, pero ésta se negó, alegando que ayudaría a Rei con su tarea de
verano. Sabiendo que sería inútil discutir con ella, el dúo maravilla se retiró
sin sospechar nada más.
“¿De qué
quieres hablarme?” le preguntó Ami a su amiga, en cuanto se quedaron solas en
el dormitorio.
“Ami-chan,
¿recuerdas aquella vez que...” murmuró Rei, un poco nerviosa, “... la vez que
me ayudaste a olvidar a Mamoru-san?”
Ami se
sonrojó un poco y guardó silencio. De hecho, en la tarde recordó esa misma
escena... pero ella recordaba algo más: el beso. Un beso que no podía olvidar y
cuya existencia no podía revelarle a nadie... ni siquiera a la ‘afectada’. De
hecho, aquella noche era un secreto que Ami y Rei compartían, nadie más lo sabía.
“Ami-chan...
si necesitas hablar o desahogarte o lo que sea... sabes que puedes contar
conmigo” continuó Rei, sonriéndole. “Recuerda que aún te debo una...”
La chica
genio también sonrió, pero con tristeza. Aquel recuerdo seguía vivo en su
corazón y había sembrado un sentimiento hacia Rei que consideraba incorrecto.
De alguna manera, se sentía atraída por Rei, no estaba segura de que fuera
amor, pero no podía dejar de pensar en ella y aquel beso. En sueños fantaseaba
decenas de escenas entre ella y Rei, haciendo todo tipo de locuras... pero, la
que se estaba volviendo loca era ella. Gracias a las batallas ocultó aquel
deseo hacia Rei, pero la paz lo trajo consigo nuevamente.
“¿Qué te
pasa?” le preguntó Rei al verla tan callada.
Ya no podía
soportarlo. Estar sola con Rei era algo difícil de sobrellevar... No sabía
cuánto más podría contener sus sentimientos.
El asunto se
puso más difícil cuando Rei la abrazó con la clara intención de reconfortarla,
tal y como ella lo hizo tres años atrás. Ami temblaba, sus ideas estaban
revueltas y su mente le ordenaba confesarle todo explotaría. No sólo era eso,
los brazos de Rei eran tan cálidos y cómodos.
“Ya... ya no
los soporto, Rei-chan” murmuró Ami, derramando unas lágrimas y correspondiendo
el abrazo.
“Ami-chan...
dime qué te pasa... tal vez pueda ayudarte...”
El sentir que
ella le acariciaba el cabello la estremecía por completo. Estaba confundida,
pero ya no podía quedarse callada.
“Rei-chan...
¿alguna vez has besado al alguien?” le preguntó al oído, abrazándola más
fuerte.
“Pues... no
en la boca... ¿porqué?”
“Yo sí...”
Esa confesión
sorprendió a Rei... Cielos... Ami ya había besado a alguien, pero... ¿porqué
eso la tenía tan triste?... Imaginó que, tal vez, ese alguien era Urawa-kun, ¿o
no?...
“¿A quién?”
No respondió,
cosa que preocupó a la sacerdotisa. La escuchó sollozar más fuerte...
Confundida, no insistió en saber la identidad de ese alguien.
“¿Y qué
pasó?... ¿Porqué estás así?”
“Por que...
después de que besé a esa persona... creo que me enamoré de ella... aún
sabiendo que jamás me correspondería...”
“Ami-chan...”
“Y lo peor”
continuó ella, “es que ésta persona ni siquiera supo que le besé.”
Ahora sí
estaba confundida.
“¿Cómo es que
no se dio cuenta?” le preguntó.
Ami sentía su
pecho a punto de estallar. No quería contestar... no deseaba hacerlo, pero sus
labios se movieron solos, ignorando sus órdenes.
“Porque...
estaba dormida” susurró, “besé a ésta persona mientras dormía.”
“¿Uh?”
Mandando al
diablo sus principios, sus inhibiciones y su miedo, soltó a Rei y le miró
directo a los ojos; confundiéndola más de lo que ya lo estaba. La tomó por las
mejillas y, reuniendo todo su coraje y su tristeza, unió sus labios a los de
Rei en un desesperado beso.
Rei estaba en
shock... sus brazos cayeron a sus costados, sus ojos estaban desorbitados...
esos labios... ese beso... No... No era posible... Esa sensación dulce, suave y
cálida era la misma que sintió hacía tres años, en esa noche de lluvia...
Entonces...
¿fue Ami quien la besó?
La misma Ami
rompió el contacto unos segundos después. Rei no reaccionaba. La chica genio,
con un gesto serio en su rostro, aún bañado en lágrimas; se retiró de la
habitación sin articular palabra alguna.
“Lo hecho,
hecho está” pensó para sí misma al abandonar el templo. “Probablemente ya no
quiera volver a verme... lo comprendo.”
Se secó las
lágrimas y sonrió... al menos ya se había desahogado. Suspiró con fuerza y miró
el cielo, que estaba salpicado de estrellas y de una luna enorme y brillante.
Se había quitado un peso de encima, pero terminó echándose otro. Al parecer,
esa misma carga ahora la compartiría con Rei.
“Rei-chan...
perdóname... pero ya no podía resistirlo...”
Decidió
caminar, su casa no estaba tan lejos. Quería que el fresco nocturno le
despejara las ideas.
“Dios... ella
debe odiarme... ¿y ahora qué vas a hacer, Ami?... Estás metida en un buen
lío...”
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¿Cómo es que
no se dio cuenta?... ¿Porqué no lo sospechó antes?... Ami fue la única que
estuvo con ella esa noche. Ahora se explicaba porqué se había ido tan rápido y,
porqué por teléfono, le dijo que ya le había pagado el favor.
Entonces, el
abrazo que sintió también fue de Ami...
“Demonios...
¿porqué?”
Comenzó a
llorar sobre su almohada, sobre su cama; sobre la misma cama donde ella le besó
la primera vez. Diablos... durante esos años, se sintió enamorada de ese beso y
de ese abrazo, pensando que, aunque irreales, eran de Mamoru... pero no... era
reales y eran de Ami...
“Ami-chan...
debió ser muy duro para ti...” pensó, “y yo sin saber lo que sentías.”
Recobrando
coraje, se secó las lágrimas y sacó su pluma de transformación de un mueble
junto a la cama. Tenía que enfrentar a Ami y saber si lo que ella sentía era
ese mismo sentimiento que guardaba en su corazón. Si era así, entonces había estado
enamorada de Ami esos tres años.
“¡Por el
poder estelar de Marte... transformación!”
Era la
primera vez en meses que se transformaba. Estaba decidida a enfrentar a Ami.
Sintió que, como Sailor Mars, sería más sencillo.
Para llegar a
su casa más rápido tenía que cruzar forzosamente el Parque No. 10, así que le
esperó ahí escondida entre las sombras. No tardó en ver a Ami. Llevaba sus
libros y cuadernos bajo el brazo y frecuentemente miraba el cielo y suspiraba.
Sonrió. En su
identidad civil, Ami no podía siquiera sospechar que la vigilaba. Sabía que
ella sí tenía a la mano su pluma de transformación, por lo que puso en marcha
su plan. En cuanto Ami pasó cerca de ella, salió a su encuentro.
“¡Ami,
prepárate para luchar!” le gritó, asustándola.
“Re-Rei-chan...
yo...” balbuceó Ami, tirando sus cosas. Jamás imaginó que Rei reaccionaría de
esa manera. Lucía furiosa. “Rei-chan... eh...”
“¡Transfórmate
y pelea!” le ordenó con dureza.
“¡¿Porqué?!”
“¡Sólo
hazlo!”
Pero Ami
dudó. Sailor Mars dio un gran salto en el aire y le lanzó su “Fuego de Marte”.
Al darse cuenta de que el asunto era en serio, Ami esquivó el ataque y se
transformó lo más rápido que pudo.
“¿Porqué,
Rei-chan?” le volvió a preguntar, pero ella no contestó. “Perdóname por lo de
hace rato... no pensé que fueras a ofenderte, pero... ya no podía ocultártelo.
Si deseas desquitarte, adelante, no te atacaré.”
Tomándole la
palabra, volvió a atacarla, pero con la “Saeta llameante”. Por instinto, Ami de
nueva cuenta esquivó el ataque, no quería pelear. Rei, con un veloz movimiento,
quedó cara a cara con Ami y se dispuso a soltarle un puñetazo. Sailor Mercury
sólo cerró los ojos... pero el golpe jamás vino, en cambio, sintió que Rei la
empujaba. Cayó al suelo y percibió cuando ella le sujetó por las muñecas.
Abrió los
ojos y encontró una mirada diferente en Rei. Ya no lucía molesta, pero no sabía
qué pensar; su gesto no decía nada.
“¿Tienes idea
se lo que has hecho pasar estos tres años?” le preguntó con tono serio.
“Rei-chan...”
“Una ilusión”
le interrumpió, “todo éste tiempo tuve una ilusión que creí que jamás se
cumpliría... hasta ahora...”
“¿De qué
hablas?”
“Te lo diré
en dos palabras, Ami-chan: te amo.”
Fue el turno
de Ami para quedar en shock.
“¿Qué?”
“Ya oíste...
te amo... y hace rato confesaste que también estabas enamorada de mi...”
La vio
callar... incluso dudar... se asustó...
“Dime que es
verdad lo que me confesaste... dímelo...”
“Sí... es
verdad... te amo, Rei-chan.”
Sonrió y se
inclinó para besarla... Ami correspondió el gesto y liberó sus manos para poder
abrazarla... Había esperado tanto por eso, había soñado tantas veces ese
momento. Pero los labios de Rei le produjeron una extraña y agradable
sensación... un calor indescriptible, como si tuviera fuego en los labios...
era increíble. En tanto, Rei ahora podía sentir algo más, no sólo esa suavidad
y esa dulzura, también una especie de frescura, algo que no pudo percibir
antes... era como agua...
Rei no
resistió mucho y le abrió paso a su lengua para jugar con la de Ami. Ella no se
negó al gesto... le estaba gustando.
Liberándose
del hechizo de aquel beso, tomaron un respiro.
Sólo atinaron
a mirarse... y enseguida reanudaron el beso...
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