SAILOR MOON: R. E.
Por: Escarlata
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Tras recorrer
toda esa planta a gran velocidad, y revisar cada cuarto y puerta, no encontraban
nada que les diera alguna pista sobre la vacuna. Mataban a toda criatura,
viviente o no, que se les cruzara enfrente. Makoto, por su parte, no tenía
mucho problema en moverse con Ami a cuestas. Casi no pesaba, y ella era muy
fuerte.
Bajaron a la
siguiente planta, pero descubrieron, con una mezcla de sorpresa y alegría, que
todo ese piso era un enorme laboratorio lleno de pipetas y frascos con
soluciones y líquidos desconocidos; también había más Némesis, pero en
contenedores y en un estado de animación suspendida. Otros tantos contendores
ya estaban rotos, lo que les quería decir que aquellos monstruos que les
perseguían antes estaban ahí.
Conforme
pasaba el tiempo, Ami iba perdiendo color de su ya blanca piel, de repente no
escuchaba lo que le decía Makoto, o dormitaba algunos instantes... mala
señal...
Dado que ahí
debería estar la vacuna, Makoto recostó a Mercury en una mesa y se dedicó a
ayudar al resto de sus amigas.
- Jupiter,
encárgate de destruir a esos Némesis antes de que despierten... pero ten
cuidado o podría ocurrir algún incendio.
- Entendido.
- Mars,
busquemos esa vacuna... estoy segura que debe ser fácil de reconocer.
- Chicas –
murmuró Ami – ya han pasado un poco más de dos horas... ¿No están cansadas aún?
- No... –
contestaron, contentas de ver que aún estaba en sus cinco sentidos.
- Bien, sólo
usen la droga cuando comiencen a cansarse, ¿vale?
Las tres
asintieron y se dedicaron a lo suyo.
Makoto tenía
cuidado al matar a los Némesis. Eran alrededor de ocho, sin contar a otras
criaturas tanto o más feas que los Némesis. Mientras ella se deshacía de
aquellos monstruos, Rei y Minako continuaban la búsqueda de la escurridiza
vacuna. Ami les había puesto en la computadora el nombre aproximado que debía
tener la etiqueta. Pero no encontraban nada. Comenzaban a desesperarse.
No tardaron
en escuchar los gemidos de los zombis acercarse. Por fin les habían dado
alcance, por otro lado, también escuchaban los rugidos de los Némesis que
también venían.
- Rei...
Makoto... vayan a matar a esos malditos – ordenó Mina con un gesto serio y
frío, pero a la vez tenso y nervioso. – Pero tengan cuidado. Yo seguiré
buscando esa vacuna del demonio.
El par
asintió y corrió a la entrada principal del laboratorio para recibir a esos
monstruos como se debía. Aún no pasaba el efecto de la droga, por lo que tenían
energía para otro buen rato.
Minako, en su
desesperación, comenzó a revolver cajones y vitrinas, ninguno de esos nombres
impronunciables parecía ser la vacuna. Comenzó a imaginar que tal vez no
existía tal vacuna y que sólo perdía el tiempo buscando. Por su mente pasó el
fugaz pensamiento de que perdería a una amiga.
En tanto, la
respiración de Ami era profunda y prolongada, como si estuviera relajada y
descansando sin preocupación alguna. Parecía dormir tranquilamente. Tal como lo
había dicho, no sentía dolor, ni frío, ni calor... nada. Ella misma iba
perdiendo la conciencia y miraba a una borrosa Sailor Venus buscar dentro de
gavetas, cajones y vitrinas la vacuna; revolvía y tiraba cosas a su paso. Lucía
desesperada.
A manera de
mantenerse consciente, prendió su visor en busca de nada en especial. Algo en
su interior le había hecho resignarse. De pronto, tras un cuadro de arte
moderno, descubrió una caja fuerte... Abrió los ojos como platos al pensar que
ahí podría estar la vacuna.
- Mi...
Minako... – murmuró, intentando incorporarse.
- ¿Uh?...
¿Qué pasa, Ami?
- Fíjate
detrás de ese cuadro – contestó, señalando al susodicho.
Mina
encontró, efectivamente, una pequeña puerta metálica, estaba abierta, por
fortuna. Para alivio suyo, había un frasco como de 600 ml con una solución
espesa y transparente que apenas si llenaba el fondo. Había un par de jeringas
y algo de dinero. Minako revisó la etiqueta y, con un grito de alegría, supo
que era la vacuna.
- ¡La
encontramos, Ami! – exclamó, llena de felicidad.
Rápidamente,
Sailor Venus inyectó a Ami la vacuna. La peliazul pronto sintió los efectos...
ahora sí comenzó a dolerle la pierna, empezando por que el efecto de la droga
ya había pasado en ella desde hacía largo rato. La droga hasta ese momento
había luchado contra el efecto del virus. El dolor y el cansancio se hicieron
generales en su cuerpo, también un poco de fiebre.
Minako
repitió la dosis de droga en ella y en Ami, también se aplicó la vacuna.
Afuera,
Makoto y Rei ya habían acabado con todos los monstruos y zombis. Tuvieron que
inyectarse de nuevo la droga, pues ya se habían gastado todas sus energías. Al
regresar, con enorme alegría descubrieron que Ami ya estaba mejor. Minako
curaba la herida de su pierna.
- Podemos
seguir – dijo Minako, cerrando el nudo de la venda – Ami despertará de un
momento a otro... ¿Puedes llevarla, Jupiter?
- Seguro.
- Bien...
pero antes, debo vacunarlas...
Una vez
protegidas y revitalizadas, y completamente seguras de que en la última planta
a revisar estaría el cuarto de controles, siguieron su camino. Ahora podrían
escapar de ahí y destruir el sitio sin problemas. Ami despertó en el elevador,
completamente repuesta del cansancio y el dolor. La peliazul bajó de la fuerte
espalda de Makoto, disculpándose por la molestia que le causó.
- Esto es
tuyo – dijo Sailor Venus, regresándole su computadora – Te dije claramente que
yo no sé usar esas cosas... así que no me reclames la descompostura.
- Gracias,
Mina – contestó una conmovida Ami – Gracias, amigas, les debo la vida.
- No nos
debes nada – se apresuró a responder Makoto – Al contrario, tú nos vienes
salvando la vida desde allá arriba.
Rei sólo
asintió y le sonrió a Ami, ésta le devolvió el gesto y también asintió.
Las puertas
del elevador se abrieron automáticamente, dando paso a unas enorme maquinarias,
gigantescas turbinas y una planta eléctrica... y a algunos zombis...
- Yo buscaré
el controlador principal – dijo Ami – Ustedes diviértanse con esos zombis, si
quieren...
- Bien, me
agrada la idea – respondió Rei – ¡Fuego de Marte! – exclamó atacando a los
muertos vivientes.
- Los perros
son míos – rió Minako – ¡Cadena de Amor!
Un familiar
rugido llamó la atención de Makoto. Era su buen amigo Némesis... que apareció
detrás de una planta eléctrica.
- Entonces me
toca a mí el Némesis... – murmuró Makoto con una sádica sonrisa.
Un rugido del
Némesis antecedió un poderoso Trueno de Júpiter que le dio de lleno y lo tumbó
a la primera. Pero aquellos monstruos eran la cúspide de las armas biológicas
por dos buenas razones: resistencia y fuerza. Pero esas eran también las
grandes cualidades de Makoto.
Mercury,
mientras, manejaba una enorme computadora, programando la secuencia de
autodestrucción de las instalaciones. La explosión destruiría toda la montaña,
lo cual evitaría que algún monstruo o zombi escapara. Sólo esperaba que el
incendio no se extendiera por las montañas aledañas... o se provocaría un
enorme desastre ecológico... Pero era un precio bajo tomando en cuenta lo que
pudo haber pasado.
Terminó la
programación y llamó a sus amigas, que golpeaban a los últimos monstruos.
- Hora de
irnos – dijo, señalando la cuenta regresiva en el enorme monitor. Tenían menos
de un minuto.
Una voz por
las bocinas anunciaba la inminente destrucción.
“Advertencia.
Advertencia: secuencia de autodestrucción iniciada. Favor de evacuar las
instalaciones por las salidas de emergencia. Cuenta regresiva menos 50
segundos... 49... 48...”
Las cuatro
formaron un círculo, tomándose fuertemente de las manos.
Contemplaron
por última vez las instalaciones de UMBRELLA Corp contentas por haber destruido
sus malvados planes de atacar Japón con semejante virus. Deseaban que aquel
grupo STARS detuviera a esos sujetos y los hicieran pagar sus crímenes.
Se aseguraron
de guardar la vacuna, por si algo malo llegaba a ocurrir en el futuro...
“30, 29, 28,
27, 26...”
- ¡Sailor
Teletransportación!
Un cegador
haz de luz las envolvió, las hizo flotar y posteriormente desaparecer...
“10, 9, 8, 7,
6, 5, 4, 3, 2...”
Una enorme
explosión cimbró la tierra varios kilómetros a la redonda. Furiosas llamas se
tragaron toda la montaña, con todos los monstruos restantes incluidos.
Las cuatro
guerreras contemplaban el incendio.
Misión
cumplida.
Continuará...
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