SAILOR MOON: R. E.

 

 

 

 

Por: Escarlata

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Parte 6 “La Vacuna (El Escape)”

 

 

 

 

Tras recorrer toda esa planta a gran velocidad, y revisar cada cuarto y puerta, no encontraban nada que les diera alguna pista sobre la vacuna. Mataban a toda criatura, viviente o no, que se les cruzara enfrente. Makoto, por su parte, no tenía mucho problema en moverse con Ami a cuestas. Casi no pesaba, y ella era muy fuerte.

 

Bajaron a la siguiente planta, pero descubrieron, con una mezcla de sorpresa y alegría, que todo ese piso era un enorme laboratorio lleno de pipetas y frascos con soluciones y líquidos desconocidos; también había más Némesis, pero en contenedores y en un estado de animación suspendida. Otros tantos contendores ya estaban rotos, lo que les quería decir que aquellos monstruos que les perseguían antes estaban ahí.

 

Conforme pasaba el tiempo, Ami iba perdiendo color de su ya blanca piel, de repente no escuchaba lo que le decía Makoto, o dormitaba algunos instantes... mala señal...

 

Dado que ahí debería estar la vacuna, Makoto recostó a Mercury en una mesa y se dedicó a ayudar al resto de sus amigas.

 

- Jupiter, encárgate de destruir a esos Némesis antes de que despierten... pero ten cuidado o podría ocurrir algún incendio.

- Entendido.

- Mars, busquemos esa vacuna... estoy segura que debe ser fácil de reconocer.

- Chicas – murmuró Ami – ya han pasado un poco más de dos horas... ¿No están cansadas aún?

- No... – contestaron, contentas de ver que aún estaba en sus cinco sentidos.

- Bien, sólo usen la droga cuando comiencen a cansarse, ¿vale?

 

Las tres asintieron y se dedicaron a lo suyo.

 

Makoto tenía cuidado al matar a los Némesis. Eran alrededor de ocho, sin contar a otras criaturas tanto o más feas que los Némesis. Mientras ella se deshacía de aquellos monstruos, Rei y Minako continuaban la búsqueda de la escurridiza vacuna. Ami les había puesto en la computadora el nombre aproximado que debía tener la etiqueta. Pero no encontraban nada. Comenzaban a desesperarse.

 

No tardaron en escuchar los gemidos de los zombis acercarse. Por fin les habían dado alcance, por otro lado, también escuchaban los rugidos de los Némesis que también venían.

 

- Rei... Makoto... vayan a matar a esos malditos – ordenó Mina con un gesto serio y frío, pero a la vez tenso y nervioso. – Pero tengan cuidado. Yo seguiré buscando esa vacuna del demonio.

 

El par asintió y corrió a la entrada principal del laboratorio para recibir a esos monstruos como se debía. Aún no pasaba el efecto de la droga, por lo que tenían energía para otro buen rato.

 

Minako, en su desesperación, comenzó a revolver cajones y vitrinas, ninguno de esos nombres impronunciables parecía ser la vacuna. Comenzó a imaginar que tal vez no existía tal vacuna y que sólo perdía el tiempo buscando. Por su mente pasó el fugaz pensamiento de que perdería a una amiga.

 

En tanto, la respiración de Ami era profunda y prolongada, como si estuviera relajada y descansando sin preocupación alguna. Parecía dormir tranquilamente. Tal como lo había dicho, no sentía dolor, ni frío, ni calor... nada. Ella misma iba perdiendo la conciencia y miraba a una borrosa Sailor Venus buscar dentro de gavetas, cajones y vitrinas la vacuna; revolvía y tiraba cosas a su paso. Lucía desesperada.

 

A manera de mantenerse consciente, prendió su visor en busca de nada en especial. Algo en su interior le había hecho resignarse. De pronto, tras un cuadro de arte moderno, descubrió una caja fuerte... Abrió los ojos como platos al pensar que ahí podría estar la vacuna.

 

- Mi... Minako... – murmuró, intentando incorporarse.

- ¿Uh?... ¿Qué pasa, Ami?

- Fíjate detrás de ese cuadro – contestó, señalando al susodicho.

 

Mina encontró, efectivamente, una pequeña puerta metálica, estaba abierta, por fortuna. Para alivio suyo, había un frasco como de 600 ml con una solución espesa y transparente que apenas si llenaba el fondo. Había un par de jeringas y algo de dinero. Minako revisó la etiqueta y, con un grito de alegría, supo que era la vacuna.

 

- ¡La encontramos, Ami! – exclamó, llena de felicidad.

 

Rápidamente, Sailor Venus inyectó a Ami la vacuna. La peliazul pronto sintió los efectos... ahora sí comenzó a dolerle la pierna, empezando por que el efecto de la droga ya había pasado en ella desde hacía largo rato. La droga hasta ese momento había luchado contra el efecto del virus. El dolor y el cansancio se hicieron generales en su cuerpo, también un poco de fiebre.

 

Minako repitió la dosis de droga en ella y en Ami, también se aplicó la vacuna.

 

Afuera, Makoto y Rei ya habían acabado con todos los monstruos y zombis. Tuvieron que inyectarse de nuevo la droga, pues ya se habían gastado todas sus energías. Al regresar, con enorme alegría descubrieron que Ami ya estaba mejor. Minako curaba la herida de su pierna.

 

- Podemos seguir – dijo Minako, cerrando el nudo de la venda – Ami despertará de un momento a otro... ¿Puedes llevarla, Jupiter?

- Seguro.

- Bien... pero antes, debo vacunarlas...

 

Una vez protegidas y revitalizadas, y completamente seguras de que en la última planta a revisar estaría el cuarto de controles, siguieron su camino. Ahora podrían escapar de ahí y destruir el sitio sin problemas. Ami despertó en el elevador, completamente repuesta del cansancio y el dolor. La peliazul bajó de la fuerte espalda de Makoto, disculpándose por la molestia que le causó.

 

- Esto es tuyo – dijo Sailor Venus, regresándole su computadora – Te dije claramente que yo no sé usar esas cosas... así que no me reclames la descompostura.

- Gracias, Mina – contestó una conmovida Ami – Gracias, amigas, les debo la vida.

- No nos debes nada – se apresuró a responder Makoto – Al contrario, tú nos vienes salvando la vida desde allá arriba.

 

Rei sólo asintió y le sonrió a Ami, ésta le devolvió el gesto y también asintió.

 

Las puertas del elevador se abrieron automáticamente, dando paso a unas enorme maquinarias, gigantescas turbinas y una planta eléctrica... y a algunos zombis...

 

- Yo buscaré el controlador principal – dijo Ami – Ustedes diviértanse con esos zombis, si quieren...

- Bien, me agrada la idea – respondió Rei – ¡Fuego de Marte! – exclamó atacando a los muertos vivientes.

- Los perros son míos – rió Minako – ¡Cadena de Amor!

 

Un familiar rugido llamó la atención de Makoto. Era su buen amigo Némesis... que apareció detrás de una planta eléctrica.

 

- Entonces me toca a mí el Némesis... – murmuró Makoto con una sádica sonrisa.

 

Un rugido del Némesis antecedió un poderoso Trueno de Júpiter que le dio de lleno y lo tumbó a la primera. Pero aquellos monstruos eran la cúspide de las armas biológicas por dos buenas razones: resistencia y fuerza. Pero esas eran también las grandes cualidades de Makoto.

 

Mercury, mientras, manejaba una enorme computadora, programando la secuencia de autodestrucción de las instalaciones. La explosión destruiría toda la montaña, lo cual evitaría que algún monstruo o zombi escapara. Sólo esperaba que el incendio no se extendiera por las montañas aledañas... o se provocaría un enorme desastre ecológico... Pero era un precio bajo tomando en cuenta lo que pudo haber pasado.

 

Terminó la programación y llamó a sus amigas, que golpeaban a los últimos monstruos.

 

- Hora de irnos – dijo, señalando la cuenta regresiva en el enorme monitor. Tenían menos de un minuto.

 

Una voz por las bocinas anunciaba la inminente destrucción.

 

“Advertencia. Advertencia: secuencia de autodestrucción iniciada. Favor de evacuar las instalaciones por las salidas de emergencia. Cuenta regresiva menos 50 segundos... 49... 48...”

 

Las cuatro formaron un círculo, tomándose fuertemente de las manos.

 

Contemplaron por última vez las instalaciones de UMBRELLA Corp contentas por haber destruido sus malvados planes de atacar Japón con semejante virus. Deseaban que aquel grupo STARS detuviera a esos sujetos y los hicieran pagar sus crímenes.

 

Se aseguraron de guardar la vacuna, por si algo malo llegaba a ocurrir en el futuro...

 

“30, 29, 28, 27, 26...”

 

- ¡Sailor Teletransportación!

 

Un cegador haz de luz las envolvió, las hizo flotar y posteriormente desaparecer...

 

“10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2...”

 

Una enorme explosión cimbró la tierra varios kilómetros a la redonda. Furiosas llamas se tragaron toda la montaña, con todos los monstruos restantes incluidos.

 

Las cuatro guerreras contemplaban el incendio.

 

Misión cumplida.

 

 

Continuará...

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