SAILOR MOON: R. E.
Por: Escarlata
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Por fortuna,
la puerta por la que salieron era reforzada, aquellos monstruos tardarían mucho
en traspasarla, y el Némesis que apareció no tenía arma alguna.
Minako guió a
sus amigas por los pasillos que ya habían recorrido ella y Makoto, mas no
tardaron en llegar a una enorme puerta metálica que sólo podía abrirse con una
clave. No había más puertas ni nada que les sirviera en cuartos anteriores.
- Déjenme
esto, chicas – dijo una animada Ami – mi computadora encontrará la clave en
segundos, sólo debo conectarla al panel.
- Bien –
respondió Venus.
- Podemos
tomar un respiro mientras – suspiró Makoto – No sé ustedes, pero yo siento que
mis energías se están acabando muy rápido.
- Es que
nunca habíamos usado nuestros ataques tantas veces en menos de una hora... –
explicó Rei – Yo también estoy cansada, Mako... y aún nos falta mucho camino.
- Lo sé...
por eso me esforzaré todo lo que pueda.
- También
está la posibilidad de encontrar primero el cuarto de controles – intervino
Minako – De ser así, podemos destruir el sitio e irnos. Por ahora, nuestro
principal propósito es encontrar la vacuna... Nunca se sabe...
El rápido
tecleo de Ami les hizo voltear a verle... Sin su amiga estarían muertas a esas
alturas, quizá ya transformadas en zombis y camino a su siguiente comida. La
peliazul sintió los tres pares de miradas sobre ella y sonrió.
- Ya casi –
dijo – Sólo debo dar algunas instrucciones a la computadora.
- Tómate tu
tiempo – murmuró Rei – no hay prisa.
De pronto,
una fuerte explosión no muy lejos de ahí las sobresaltó. Uno de los Némesis
armados había volado la puerta que les impedía el paso en mil pedazos.
Escucharon gruñidos y gemidos mezclados con graves gemidos.
- Sí hay
prisa ahora – dijo Rei, un tanto nerviosa – Mejor apúrate.
- Puedo
detenerlos con la niebla... – sugirió Ami, pero Mina le miró duramente,
cortando sus palabras.
- ¡Ni
siquiera se te ocurra, Sailor Mercury!... ¡Tú concéntrate en abrir esa puerta,
nosotras haremos trizas a esos monstruos!...
- Pero,
Mina...
- ¡Sólo
obedéceme, maldición! – le gritó – ¡Entiende que no quiero perderte, Sailor
Mercury, eres nuestro mejor elemento!
- Nuestros ataques
son más fuertes – dijo Makoto – déjanos hacernos cargo de esto...
- Confía en
nosotras, Ami, si matamos a algunos Némesis podremos respirar un poco mejor –
finalizó Rei.
Dos Némesis,
uno de ellos armados con una bazooka, hicieron acto de aparición. Los fuertes
rugidos de los Némesis fueron el arranque de la pelea. Sailor Mercury miró a
sus tres amigas con los ojos muy abiertos. Pronto comprendió las palabras de
Minako y se dedicó a abrir aquella puerta... Nunca había reflexionado sobre su
importancia dentro del grupo, siempre creyó que por su poco nivel de ataque y
fuerza sólo pertenecía a un nivel meramente defensivo... Y su líder acababa de
gritarle que era su mejor elemento. No podía fallar a la confianza de su líder
y sus dos valientes compañeras.
Adoptó su
mejor modalidad de concentración y se dedicó a lo suyo.
Minako,
Makoto y Rei atacaban al par de Némesis con todo lo que tenían, pero éstos
parecían indestructibles. Nada les afectaba. Habían logrado destruir la
bazooka, pero eran igualmente peligrosos sin ella.
- ¡Ataquemos
al de la derecha al mismo tiempo! – ordenó Minako – ¡Beso de Amor y Belleza!
- ¡Ataque de
hojas de Roble!
- ¡Saeta
llameante!
Las tres
técnicas combinadas sí funcionaron, pero el otro Némesis aprovechó para correr
hacia ellas; golpeando a Makoto y estrellándola contra un muro.
- ¡Jupiter! –
gritó Venus – ¡Maldito engendro!... ¡Rayo Creciente!
- ¡Mándala
Ardiente!
Entre Venus y
Mars acabaron con el Némesis restante, aunque les costó más trabajo sin la
ayuda de la poderosa Jupiter. Los zombis que llegaron fueron pan comido.
- ¡Vámonos,
chicas! – exclamó Mercury, que ya tenía sujeta a una desorientada Makoto – Ya
está abierta ésta puerta.
Cerraron la
enorme puerta después de pasarla, solo para encontrarse con una numerosa jauría
de perros zombi. Minako y Rei estaban agotadas, Makoto aún desorientada, así
que Ami tuvo que hacer uso de sus ataques normales. Quizá no podría matarlos,
pero sí congelarlos.
- ¡Rapsodia
Acuática de Mercurio!
Todos los
perros quedaron hechos hielo, incluyendo algunos zombis. Había descargado un
mapa del sitio en su visor, y supo que había una enfermería cerca. Quizá
encontraría algo ahí para revitalizarlas un poco... el problema era que estaba
un poco retirado y tendrían que caminar bastante. Eso le daba una
responsabilidad extra: atacar a cuanta criatura tuviera enfrente mientras sus
amigas se recuperaban.
- Ami...
Makoto es un poco pesada para ti – le dijo Rei – Yo la sostendré... tú sujeta a
Minako.
- Bien –
contestó un tanto nerviosa – Mas adelante hay una enfermería, ahí las
revisaré...
- Entonces
vamos – murmuró una agotada Mina.
- Sólo
esperen un par de minutos... con tantos zombis en el camino sólo seremos presa
fácil.
- ¿Qué
planeas, Ami?
- Me desharé
de todos los que pueda, Minako... es lo menos que puedo hacer por ustedes...
pero...
- ¿Pero qué?
- Rei,
necesito que cubras a Mina y a Mako con tu aura, por que congelaré toda ésta
sección para llegar a la enfermería sin problemas.
- Cuenta con
eso, amiga.
- Bien.
Rei encendió
su ardiente aura y cubrió a sus otras dos amigas para evitar que se congelaran.
El cuerpo de Ami comenzó a desprender una niebla tan helada que algunos zombis
que venían acercándose se congelaron al instante. Las paredes se cubrieron con
una gruesa capa de hielo. Sailor Mercury tenía un gesto de total concentración,
pero su rostro también denotaba un enorme cansancio. Rei calculó que Ami ya
había abarcado unos treinta metros a la redonda... y seguía avanzando.
- Ami, ya es
suficiente – le dijo Rei, preocupada – No abuses de tu cuerpo así... con esto
que has hecho podremos llegar a la enfermería.
Pero la chica
no lograba escucharla, soltó a Makoto y a Minako y corrió hasta Mercury.
- ¡Por los
dioses, detente ya! – le gritó Mars, sacudiéndola; lo que detuvo la niebla completamente
– ¡Ami, puedes morir si sigues abusando de esa manera de tu poder!
Ami le miró,
pero lloraba. La angustia tomó el lugar del miedo en el rostro de Rei, que sólo
atinó a abrazarla.
- Si enemigos
anteriores no nos mataron – murmuró Ami en el oído de Rei – estos sí lo harán
si no tenemos cuidado... No siempre vamos a depender del Cristal de Plata para
recuperar energías, así que tenemos que ser más fuertes...
- Eso lo
entiendo bien... – contestó Rei en un susurro.
- Por eso
hago mi mayor esfuerzo. Éste lugar es más grande de lo que imaginas, y está
infestado de monstruos... Sólo nos queda recuperar energías e ir tan rápido
como podamos.
- No sé cómo
vamos a hacer eso... yo estoy demasiado cansada.
- Buscaré la
manera, lo prometo.
- Bien,
entonces sigamos nuestro camino.
Rei sujetó a
Makoto, aún semiconsciente, y Ami a Minako. Conforme avanzaban, se encontraban
con cuerpos congelados de zombis, perros y algunas otras criaturas extrañas.
Les tomó un par de minutos llegar a la enfermería, por fortuna no había ningún
monstruo ahí adentro, puesto que la sala se salía del área congelada.
Makoto tenía
una pequeña herida en la cabeza, pero nada grave. Bebieron un poco de agua
embotellada que encontraron en una vitrina de medicinas. Pero el cansancio aún
residía en sus cuerpos.
- Ami –
murmuró Minako – ¿Cuánto crees que nos tome llegar al cuarto de controles?
- No lo sé...
Tengo un mapa del lugar, pero no dice cuál es el cuarto que buscamos... Éste
sitio es gigantesco y puede tomarnos horas enteras encontrarlo.
- No creo que
resistamos tanto – dijo Mina para sí misma – No hemos avanzado casi nada y ya
estamos cansadas... ¿Aquí hay algo que nos ayude, Ami?
- Déjame
ver...
- Lo que sea
será bueno... tenemos que terminar ésta misión...
Continuará...
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