SAILOR MOON: R. E.
Por: Escarlata
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Venus y
Jupiter, además de interminables zombis, encontraron cuartos con criaturas muy
extrañas en estado de animación suspendida. Algunas parecían ranas gigantescas,
otras eran serpientes bastante grotescas, pero otros eran simplemente
indescriptibles.
- Te dije que
ésta casa me gustaba para película de terror – murmuró Jupiter – Aquí ya están
los monstruos...
- ¿Crees que
estén vivos?
- No sé, pero
tampoco quiero saberlo.
- Vámonos
entonces. Regresemos con Ami y Rei, seguro que ya encontraron algo sobre el
virus.
- Bien.
Dieron media
vuelta y algunos pasos, pero un extraño burbujeo en los contenedores con
monstruos les hizo voltear la mirada.
- ¿Qué pasa?
– se preguntó Makoto, viendo fijamente las burbujas que cada vez se hacían más
rápidas y numerosas.
- No... no
sé... ¡mejor vámonos de aquí!
Al momento de
correo, un par de contenedores se rompieron. Liberando a dos de aquellas ranas
mutantes. Con veloces y ágiles saltos, los monstruos se interpusieron entre
ellas y la puerta de salida.
- ¡Maldición!
– exclamó una nerviosa Makoto – ¡Trueno de Júpiter!
- ¡Rayo
Creciente de Venus!
Cada ataque
dio a un monstruo, pero estos se recuperaron rápido, lanzando una especie de
rugido, antes de lanzarse de nuevo sobre ellas.
- ¡Otra
vez!... ¡Rayo Creciente... Fulmina!
- ¡Trueno de
Júpiter!
Varias
repeticiones fueron necesarias para acabar con aquellos monstruos. Terminaron
algo agotadas gracias al esfuerzo.
- Ahora sí
vámonos – murmuró Minako.
Ambas fueron
a la puerta y, al abrirla, Sailor Mars estaba ahí de pie. Se sorprendieron de
verla, pero se asustaron cuando ella hizo su pose de ataque.
- ¡Agáchense!
– ordenó Rei.
El par
obedeció al instante.
- ¡Fuego de
Marte!
El ataque fue
directo a un tercer monstruo que se había liberado sin que ellas lo notaran.
Pero, como un ataque no bastaba, Makoto y Minako tuvieron que darle una mano
para matarlo.
- ¿Están bien
las dos? – les preguntó Rei.
- Sí, gracias
por venir – respondió Minako.
- Nos
salvaste, amiga.
- Ami notó
una extraña lectura en las computadoras y supo que algo se había liberado justo
aquí donde estamos. Por eso vine.
- Volvamos
con Ami, no es bueno que esté sola – dijo Makoto.
Las tres
regresaron al cuarto de computadoras, donde Ami terminaba de procesar y
organizar la información. Por el gesto en su rostro supieron que había
descubierto cosas muy interesantes.
- Mejor
siéntense donde puedan – dijo Ami, quitándose el visor y guardando su
computadora – Esto va a ser un poco difícil de creer.
Hicieron caso
a la recomendación y se sentaron en unos bancos alrededor de Ami, que sólo
estaba recargada en una consola apagada. La peliazul lanzó un largo suspiro
antes de comenzar a explicarles todo.
- Éstas
instalaciones son de UMBRELLA CORP. – empezó a decir – una poderosa y
escandalosa empresa norteamericana. Usaban un disfraz de benefactores para
ocultar una serie de experimentos clandestinos para la creación de armas
biológicas.
- ¡¿Armas
biológicas?!
- Sí. Uno de
sus mayores proyectos fue la creación del virus T... cuyos efectos hemos podido
ver aquí.
- Entonces –
interrumpió Minako – Todos esos zombis están infestados con ese virus.
Ami asintió.
- Éste virus
T se desarrolló por primera vez en una ciudad norteamericana, Racoon, que
estaba totalmente controlada por UMBRELLA. El primer incidente de zombis
ocurrió en una mansión en las afueras de la ciudad. Un grupo especial de la
policía, STARS, se encargaron de ese caso, pero las autoridades no hicieron
nada contra la corporación. Después, la ciudad de Racoon quedó infestada de
zombis por culpa de disputas internas en UMBRELLA y las ratas que propagaron el
virus. La ciudad tuvo que ser destruida. El siguiente incidente ocurrió en las
instalaciones de la empresa en Europa, donde nuevamente el grupo STARS
intervino...
- ¿Y ahora
están aquí en Japón, verdad? – preguntó Minako.
- Aja. Pero
hay un virus más avanzado que el T, es el G-virus, que fue desarrollado poco
antes de que la ciudad de Racoon fuera borrada del mapa. Buena parte de los
monstruos están hechos con el virus G... lo más grandes, los de forma humana,
se llaman Némesis.
- ¿Némesis?
- Sí. Son la
cúspide de sus experimentos. Las armas definitivas. Son demasiado difíciles de
matar con armas convencionales.
- ¿Quieres
decir que allá arriba nos hubieran matado? – le preguntó Makoto.
- Me temo que
sí. Eran demasiados.
- ¿Es toda la
información que tienes?
- Si, Mina,
es toda... No, espera... hay algo más...
- ¿Qué?
- Mientras
estemos aquí, corremos el peligro de contagiarnos con alguno de los virus, y
ustedes ya sabrán las consecuencias. Debemos evitar que los Némesis con
tentáculos nos hieran... ellos son los encargados de propagar el virus.
Se quedaron
calladas algunos minutos. Más arriba escuchaban que los zombis y Némesis hacían
barullo dentro de la casa.
- Me temo que llegamos a ésta casa justo en el momento programado para que nuestros amigos se liberaran – dijo Ami con una triste sonrisa – ¿Qué haremos, Minako?... Sabes que respetaremos cualquier decisión que tomes.
Makoto y Rei
sólo reafirmaron las palabras de Ami con un sencillo movimiento de cabeza y un
gesto fiero. Minako les miró, antes de tomar una posición pensativa y seria.
- Después de
todo lo que nos has dicho – dijo primero en voz baja – es obvio que no podemos
irnos de aquí así como así. Nuestro país estará en peligro si esas cosas se
liberan. Es nuestro aroma a carne viva lo que aún los concentra aquí. Como
guerreras, es natural que debamos hacer algo al respecto.
Esto último
era dicho en voz alta y orgullosa.
- ¿Qué hay de
los Némesis que pueden contagiarnos? – preguntó una no muy convencida Rei.
- Si es un
virus – murmuró Minako – debe haber una vacuna... ¿Crees poder encontrarla,
Ami?
- Por
supuesto.
- Entonces,
primero vayamos por esa vacuna, nos protegemos y después podremos destruir
éstas instalaciones.
- Aquí hay un
sistema de autodestrucción – intervino Ami – Sería cuestión de encontrar el
centro de controles y activar el sistema. Si ahorramos energías, podremos usar
la teletransportación para salir rápido.
- Me parece
perfecto – sonrió Minako y después miró a las guerreras de Marte y Júpiter –
¿Ustedes qué dicen?
- De acuerdo
– dijo Rei.
- Digo lo
mismo.
- ¡Muy
bien!... ¡Vayamos por la vacuna!
De pronto, un
zombi cayó desde la escalera, sacándoles un buen susto. Varios más hicieron
acto de aparición, acompañados por un feroz Némesis.
- ¡Rayos! –
gritó Venus – ¡Mercury, usa tu niebla... el resto, cubrámosla!
- ¡A la orden!
- ¡Niebla de
Mercurio!
Continuará...
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