SAILOR MOON: R. E.
Por: Escarlata
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Un par de
horas habían pasado desde que se acostaron. Sin saberlo, decenas de torpes y
lentos pasos subían trabajosamente la escalera que daba a las habitaciones.
Otros tantos bajaban de la planta superior. Todos despiertos y llamados por el
aroma a carne viva y fresca. Su alimento. Sin latidos ni respiración; sólo algo
extraño que les obligaba a ir donde su alimento. Sin conciencia ni sentidos.
Iban donde
las guerreras con un único propósito: comérselas.
Sus gemidos y
demás sonidos guturales hacían eco en los pasillos, pero las dormidas guerreras
no parecían escuchar los ruidos. Y, dada la naturaleza muerta de aquellos
seres, no despedían ninguna energía ni nada parecido como para que Rei los
sintiera, por lo menos.
No tardaron
en aglomerarse peligrosamente frente a las puertas de los dormitorios. Fueron
los golpes y rasguños sobre la madera lo que las despertó.
- ¡O.K.!...
¿Quién es la graciosa que toca así? – preguntó Rei malhumorada y semidormida,
pero pronto puso atención a los extraños alaridos – Maldición... ¡¿Quién está
ahí?!
En respuesta,
la puerta se abrió abruptamente, dando paso a casi diez de aquellos muertos
andantes.
- Por los
dioses... – murmuró horrorizada al ver que se abalanzaban sobre ella. Tomó su
pluma, la cual siempre tenía a la mano – ¡Por el poder estelar de Marte...
transformación!
Sailor Mars
tomó el lugar de Rei y no tardó en atacar a aquellas cosas con su siempre
infalible “Fuego de Marte”. Acabó con ellos al instante y salió del cuarto,
sólo para ver más de ellos en el pasillo. Los gritos de sus amigas la
alarmaron.
- ¡Chicas! –
exclamó, acabando con cuanto muerto se le cruzaba enfrente.
- ¡Por el
poder estelar de Júpiter... transformación!
Ahora fue
Makoto la siguiente en transformarse y acabar con una docena de esas cosas. Rei
fue a auxiliar a Minako, mientras Makoto iba con Ami. Ni ella ni Mina se habían
transformado y estaban acorraladas.
Después de
deshacerse de los monstruos se reunieron en uno de los dormitorios para
deliberar sobre la extraña situación.
- ¿Qué
demonios son éstas cosas? – preguntó Rei, señalando uno de los tantos cadáveres
en el suelo.
- Bueno, es
obvio que no están vivos – respondió Ami, usando su siempre fiel
mini-computadora – Si desean llamarles de alguna forma, entonces usen la
palabra “zombis”.
- ¿Zombis? –
murmuró la rubia – ¿Quieres decir que son algo así como ‘muertos vivientes’?
La peliazul
asintió con la cabeza, mientras seguía analizando uno de los cadáveres.
- ¿Se trata
de magia o algo así? – cuestionó Makoto.
- No –
contestó Rei de inmediato – De haber sido así, lo hubiera sentido desde que
entramos.
- Es algo más
grave – intervino Ami después de un veloz examen – Es un virus artificial.
- ¿Un virus?
- Permítanme
explicarles lo que descubrí...
Gracias a la
avanzadísima tecnología de su computadora y su visor digital, Ami localizó un
extraño virus que infestaba a los cuerpos. Era un virus con la capacidad de
reanimar el sistema nervioso en un cuerpo sin vida, o alterar el mismo sistema
en un ser vivo, destruyendo los otros. Había una única instrucción dentro del
virus: nutrirse con carne viva.
Una vez que
Ami terminó de exponer su descubrimiento, sus amigas quedaron boquiabiertas.
Era algo abominable. Seguramente se trataban de experimentos clandestinos o
armas biológicas.
- Es seguro
que ésta mansión esté infestada de zombis – dijo Minako – Tenemos la opción de
salir y destruir la casa, o quedarnos a investigar el asunto. Aunque algo así
le concierne más al Gobierno que a nosotras. ¿Qué opinan?
- Estoy de
acuerdo con irnos – dijo Ami – Lo más seguro que el Gobierno ya esté
investigando. Les echaríamos una mano destruyendo ésta mansión.
- De acuerdo
– continuó Rei – Salgamos de aquí.
- Entonces no
sé qué esperamos para irnos – rió Makoto colgándose su mochila a la espalda –
Ami puede comunicarse con Haruka para que venga por nosotras.
Todas tomaron
sus mochilas y salieron del cuarto. En el pasillo y las plantas alta y baja
había más zombis que sólo Dios sabía de dónde habían salido.
Las cuatro
estaban transformadas, así que sólo se dedicaron a deshacerse de los que les
estorbaban en el camino. Rápidamente descendieron a la planta baja y corrieron
a la puerta principal... Sólo para toparse de frente con una enorme silueta de
forma humana... Ese sí parecía un monstruo...
- Rayos... –
murmuró Sailor Jupiter – ¡Trueno de Júpiter!
- ¡Buena
idea!... ¡Fuego de Marte!
Ambos ataques
tumbaron al monstruo. Sailor Mercury y Venus se encargaron de los zombis que
poco a poco les rodeaban desde la retaguardia.
- ¡Corramos!
– ordenó Venus.
Todas
obedecieron la orden de su líder, pero, en el patio de la mansión había tres
más de esos monstruos, dos de ellos estaban armados. Los monstruos rugieron y
se lanzaron sobre las guerreras. Éstas apenas se habían puesto en guardia
cuando el primer monstruo que habían atacado recuperó el conocimiento.
- ¡¿Qué
hacemos?! – gritó una asustada Venus.
- ¡Niebla de
Mercurio! – exclamó Ami al usar su siempre útil técnica.
Los monstruos
quedaron ciegos y desorientados. Mercury, gracias a su visor, se dio cuenta del
abominable número de zombis y demás criaturas extrañas que quedaban alrededor.
Tomó a sus amigas y sólo se le ocurrió llevarlas de nuevo al interior de la
casa.
- Es más
fácil deshacerse de los zombis – dijo Mercury – ¡Rapsodia Acuática de Mercurio!
Ami congeló
tanto a zombis como la puerta, con una gruesa capa de hielo, para evitar que
los monstruos entraran.
Las cuatro se
dejaron caer al suelo con un suspiro de alivio momentáneo.
- Buen
trabajo, Ami, nos salvaste – le felicitó Venus.
- Nada de eso
– negó la aludida – Lo único que hice fue encerrarnos aquí adentro... Lo
siento...
Mars abrazó a
Mercury por la espalda en agradecimiento.
- Nos
salvaste, amiga, no digas esas cosas – le dijo en voz baja, pero audible.
- Rei tiene
razón, no te pongas así – continuó Makoto, tomándole las manos.
Ami sonrió y
asintió con la cabeza. Todas se pusieron de pie y contemplaron el interior de
la casa en busca de otra salida.
- ¿Puedes
usar tus aparatos para chequear la casa, Ami? – le preguntó Venus.
- Por
supuesto.
Pasaron
algunos minutos mientras Ami tecleaba su computadora. El resto miraba por las
ventanas a aquellos extraños monstruos y a los zombis. Seguían confundidos por
la niebla. Jupiter fue a revisar el patio trasero. Más zombis venían, pero
atrancó la puerta con algunos muebles. Estaban rodeadas.
- Vayamos al
sótano, ahí hay una escalera que conecta con la mansión con una instalación
subterránea. Quizá podamos escapar por ahí.
- ¿No hay más
opción, verdad? – le preguntó Minako.
- Me temo que
no. Los zombis vienen desde dentro y fuera de la casa. Las montañas están muy
obscuras y nos será difícil movernos entre los árboles. Y los monstruos grandes
son más avanzados y peligrosos que los zombis.
- Entonces,
vayamos al sótano – finalizó Venus – ¿Por dónde, Ami?
- En el
estudio.
Encontraron
una puerta escondida tras un librero falso. Una larga escalera les llevó hasta
una habitación grande repleta de computadoras. También había algunos zombis,
con los que acabaron rápido.
- Creo que de
aquí podré sacar información más detallada sobre el virus – dijo Ami – Denme
unos minutos, por favor.
- Claro –
respondió Mina – Mientras, iré a explorar un poco el lugar... ¿quién viene
conmigo?
- Yo –
contestó Makoto de inmediato.
- Entonces me
toca cuidar a nuestro genio – murmuró Rei – Bien. Sólo no se alejen demasiado.
No nos conviene perdernos.
- No te
preocupes. Vamos, Jupiter.
- Vamos.
Continuará...
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