SAILOR MOON: R. E.

 

 

 

 

Por: Escarlata

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Parte 2 “Muertos que caminan”

 

 

 

 

Un par de horas habían pasado desde que se acostaron. Sin saberlo, decenas de torpes y lentos pasos subían trabajosamente la escalera que daba a las habitaciones. Otros tantos bajaban de la planta superior. Todos despiertos y llamados por el aroma a carne viva y fresca. Su alimento. Sin latidos ni respiración; sólo algo extraño que les obligaba a ir donde su alimento. Sin conciencia ni sentidos.

 

Iban donde las guerreras con un único propósito: comérselas.

 

Sus gemidos y demás sonidos guturales hacían eco en los pasillos, pero las dormidas guerreras no parecían escuchar los ruidos. Y, dada la naturaleza muerta de aquellos seres, no despedían ninguna energía ni nada parecido como para que Rei los sintiera, por lo menos.

 

No tardaron en aglomerarse peligrosamente frente a las puertas de los dormitorios. Fueron los golpes y rasguños sobre la madera lo que las despertó.

 

- ¡O.K.!... ¿Quién es la graciosa que toca así? – preguntó Rei malhumorada y semidormida, pero pronto puso atención a los extraños alaridos – Maldición... ¡¿Quién está ahí?!

 

En respuesta, la puerta se abrió abruptamente, dando paso a casi diez de aquellos muertos andantes.

 

- Por los dioses... – murmuró horrorizada al ver que se abalanzaban sobre ella. Tomó su pluma, la cual siempre tenía a la mano – ¡Por el poder estelar de Marte... transformación!

 

Sailor Mars tomó el lugar de Rei y no tardó en atacar a aquellas cosas con su siempre infalible “Fuego de Marte”. Acabó con ellos al instante y salió del cuarto, sólo para ver más de ellos en el pasillo. Los gritos de sus amigas la alarmaron.

 

- ¡Chicas! – exclamó, acabando con cuanto muerto se le cruzaba enfrente.

- ¡Por el poder estelar de Júpiter... transformación!

 

Ahora fue Makoto la siguiente en transformarse y acabar con una docena de esas cosas. Rei fue a auxiliar a Minako, mientras Makoto iba con Ami. Ni ella ni Mina se habían transformado y estaban acorraladas.

 

Después de deshacerse de los monstruos se reunieron en uno de los dormitorios para deliberar sobre la extraña situación.

 

- ¿Qué demonios son éstas cosas? – preguntó Rei, señalando uno de los tantos cadáveres en el suelo.

- Bueno, es obvio que no están vivos – respondió Ami, usando su siempre fiel mini-computadora – Si desean llamarles de alguna forma, entonces usen la palabra “zombis”.

- ¿Zombis? – murmuró la rubia – ¿Quieres decir que son algo así como ‘muertos vivientes’?

 

La peliazul asintió con la cabeza, mientras seguía analizando uno de los cadáveres.

 

- ¿Se trata de magia o algo así? – cuestionó Makoto.

- No – contestó Rei de inmediato – De haber sido así, lo hubiera sentido desde que entramos.

- Es algo más grave – intervino Ami después de un veloz examen – Es un virus artificial.

- ¿Un virus?

- Permítanme explicarles lo que descubrí...

 

Gracias a la avanzadísima tecnología de su computadora y su visor digital, Ami localizó un extraño virus que infestaba a los cuerpos. Era un virus con la capacidad de reanimar el sistema nervioso en un cuerpo sin vida, o alterar el mismo sistema en un ser vivo, destruyendo los otros. Había una única instrucción dentro del virus: nutrirse con carne viva.

 

Una vez que Ami terminó de exponer su descubrimiento, sus amigas quedaron boquiabiertas. Era algo abominable. Seguramente se trataban de experimentos clandestinos o armas biológicas.

 

- Es seguro que ésta mansión esté infestada de zombis – dijo Minako – Tenemos la opción de salir y destruir la casa, o quedarnos a investigar el asunto. Aunque algo así le concierne más al Gobierno que a nosotras. ¿Qué opinan?

- Estoy de acuerdo con irnos – dijo Ami – Lo más seguro que el Gobierno ya esté investigando. Les echaríamos una mano destruyendo ésta mansión.

- De acuerdo – continuó Rei – Salgamos de aquí.

- Entonces no sé qué esperamos para irnos – rió Makoto colgándose su mochila a la espalda – Ami puede comunicarse con Haruka para que venga por nosotras.

 

Todas tomaron sus mochilas y salieron del cuarto. En el pasillo y las plantas alta y baja había más zombis que sólo Dios sabía de dónde habían salido.

 

Las cuatro estaban transformadas, así que sólo se dedicaron a deshacerse de los que les estorbaban en el camino. Rápidamente descendieron a la planta baja y corrieron a la puerta principal... Sólo para toparse de frente con una enorme silueta de forma humana... Ese sí parecía un monstruo...

 

- Rayos... – murmuró Sailor Jupiter – ¡Trueno de Júpiter!

- ¡Buena idea!... ¡Fuego de Marte!

 

Ambos ataques tumbaron al monstruo. Sailor Mercury y Venus se encargaron de los zombis que poco a poco les rodeaban desde la retaguardia.

 

- ¡Corramos! – ordenó Venus.

 

Todas obedecieron la orden de su líder, pero, en el patio de la mansión había tres más de esos monstruos, dos de ellos estaban armados. Los monstruos rugieron y se lanzaron sobre las guerreras. Éstas apenas se habían puesto en guardia cuando el primer monstruo que habían atacado recuperó el conocimiento.

 

- ¡¿Qué hacemos?! – gritó una asustada Venus.

- ¡Niebla de Mercurio! – exclamó Ami al usar su siempre útil técnica.

 

Los monstruos quedaron ciegos y desorientados. Mercury, gracias a su visor, se dio cuenta del abominable número de zombis y demás criaturas extrañas que quedaban alrededor. Tomó a sus amigas y sólo se le ocurrió llevarlas de nuevo al interior de la casa.

 

- Es más fácil deshacerse de los zombis – dijo Mercury – ¡Rapsodia Acuática de Mercurio!

 

Ami congeló tanto a zombis como la puerta, con una gruesa capa de hielo, para evitar que los monstruos entraran.

 

Las cuatro se dejaron caer al suelo con un suspiro de alivio momentáneo.

 

- Buen trabajo, Ami, nos salvaste – le felicitó Venus.

- Nada de eso – negó la aludida – Lo único que hice fue encerrarnos aquí adentro... Lo siento...

 

Mars abrazó a Mercury por la espalda en agradecimiento.

 

- Nos salvaste, amiga, no digas esas cosas – le dijo en voz baja, pero audible.

- Rei tiene razón, no te pongas así – continuó Makoto, tomándole las manos.

 

Ami sonrió y asintió con la cabeza. Todas se pusieron de pie y contemplaron el interior de la casa en busca de otra salida.

 

- ¿Puedes usar tus aparatos para chequear la casa, Ami? – le preguntó Venus.

- Por supuesto.

 

Pasaron algunos minutos mientras Ami tecleaba su computadora. El resto miraba por las ventanas a aquellos extraños monstruos y a los zombis. Seguían confundidos por la niebla. Jupiter fue a revisar el patio trasero. Más zombis venían, pero atrancó la puerta con algunos muebles. Estaban rodeadas.

 

- Vayamos al sótano, ahí hay una escalera que conecta con la mansión con una instalación subterránea. Quizá podamos escapar por ahí.

- ¿No hay más opción, verdad? – le preguntó Minako.

- Me temo que no. Los zombis vienen desde dentro y fuera de la casa. Las montañas están muy obscuras y nos será difícil movernos entre los árboles. Y los monstruos grandes son más avanzados y peligrosos que los zombis.

- Entonces, vayamos al sótano – finalizó Venus – ¿Por dónde, Ami?

- En el estudio.

 

Encontraron una puerta escondida tras un librero falso. Una larga escalera les llevó hasta una habitación grande repleta de computadoras. También había algunos zombis, con los que acabaron rápido.

 

- Creo que de aquí podré sacar información más detallada sobre el virus – dijo Ami – Denme unos minutos, por favor.

- Claro – respondió Mina – Mientras, iré a explorar un poco el lugar... ¿quién viene conmigo?

- Yo – contestó Makoto de inmediato.

- Entonces me toca cuidar a nuestro genio – murmuró Rei – Bien. Sólo no se alejen demasiado. No nos conviene perdernos.

- No te preocupes. Vamos, Jupiter.

- Vamos.

 

 

Continuará...

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