SAILOR MOON: R. E.

 

 

 

 

Por: Escarlata

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Parte 1 “La mansión”

 

 

 

 

Era ya muy tarde, el sol tenía más de dos horas de haberse retirado. Hacía mucho frío y no era para más, pues se encontraban entre montañas repletas de árboles, donde el viento acostumbraba a bajar mucho su temperatura y soplar con intensidad. No habían visto a ningún otro ser humano desde la tarde, ni tampoco algún establecimiento o gasolinera. Les quedaba gasolina para media hora más, pero no le veían fin a las montañas.

 

Makoto iba al volante del auto de la madre de Ami, que se los había prestado para su viaje. Minako estaba como copiloto, y Ami y Rei en el asiento de atrás.

 

Habían planeado ir a un festival en el norte del país, pero todo indicaba que estaban perdidas en esas montañas heladas.

 

- Todo es tu culpa, Minako – reclamó Rei entre titiriteos -  Tú y tu tonta idea de buscar un atajo a la autopista.

- ¿Y porqué no me detuviste, eh? – preguntó enseguida la rubia – Si tú fuiste la primera en estar de acuerdo conmigo.

 

Rei apretó los dientes en señal de molestia y desvió su mirada a la ventana. Ami sonrió nerviosamente, al igual que Makoto. La chica genio, que claramente notó un dejo de culpa en el rostro de Rei, tomó a ésta por el hombro para tranquilizarla. Makoto sólo pasó su brazo unos instantes por los hombros de Mina, no podía distraerse del camino.

 

- Saldremos a la avenida de un momento a otro – dijo Ami- Ahí podremos pedir una grúa, por que no puedo llamar por celular entre las montañas.

- Trataré de ahorrar gasolina mientras llegamos – continuó Makoto.

 

Por fin, el par de chicas de cabello largo sonrió, más tranquilas que hacía unos segundos.

 

Sintieron que el frío calaba más en la piel, a pesar de que el auto tenía la calefacción encendida. Ami y Rei se abrazaron y taparon con la chamarra de la primera a fin de aminorar el frío. Makoto se abrazó al brazo de Makoto, que seguramente tenía el cuerpo entumecido.

 

De repente, una extraña silueta se atravesó en el camino. La sorpresa fue tan grande que Makoto giró todo el volante para evadir a la silueta. Las llantas chillaron al patinar sobre el húmedo asfalto. El auto dio un par de giros y finalmente se estampó contra un árbol.

 

Pasaron algunos minutos antes de que una de ellas, Ami, reaccionara. Al principio estaba mareada y fuera de sí, tenía una herida en la frente y de ésta chorreaba sangre que bañaba su cara. Rei estaba contra el asiento de adelante, Minako sobre el vidrio a su lado y Makoto sobre el volante, sus manos aún lo sostenían. Las heridas no parecían ser graves, gracias a los cinturones de seguridad. El auto estaba deshecho... si el choque no la mató, su madre iba a hacerlo.

 

Primero revisó a Rei, cuidando de no moverla mucho, para ver si no había alguna lesión grave. La chica de fuego sólo parecía inconsciente, afortunadamente. Lo mismo con sus dos amigas de adelante, nada de peligro. Aliviada, trató de despertarlas. La primera en reaccionar fue Minako, después Rei y al último Makoto.

 

Salieron del auto para orientarse y hacer un recuento de los daños del vehículo. Éste tenía destrozado el motor, sin contar los golpes y abolladuras. De puro milagro no explotó.

 

- Lo siento mucho, chicas, debí estar más atenta al camino – se disculpó Makoto al contemplar el choque.

- No fue tu culpa – dijo enseguida Ami – todas vimos que algo se atravesó de repente.

- Por cierto, ¿qué sería esa cosa? – preguntó Minako – ¿Sería algún animal?

- Es lo más seguro – respondió Rei – Pero, al menos, nos encontramos bien – mirando a Ami, agregó – Espero que tu mamá haya pagado el seguro del auto... Nos va a matar...

- Primero a mí y después a ustedes – rió la aludida – Olviden el auto, lo que importa es que estamos sanas y salvas...

 

Sacaron sus mochilas de la cajuela y, mientras decidían qué hacer, Minako alcanzó a ver algo entre las sombras y los espesos árboles. Era la silueta de algo grande, enorme. Miró un buen rato para tratar de encontrar la forma de aquella silueta extraña.

 

- ¿Qué ves, Minako? – le preguntó Makoto al notar que estaba callada contemplando algo entre los árboles.

- Hay algo enorme por allá, pero no logro distinguir su forma – explicó sin apartar su vista de la silueta – Mira.

 

Makoto igualmente vio algo, mas tampoco le hallaba forma definida.

 

- ¿Será alguna casa? – se preguntó Minako.

- Bueno, sólo hay una manera de saberlo – sonrió Makoto – ¿Vamos?

- Vamos.

 

La pareja miró a Ami y a Rei, ésta última curando la herida en la frente de la primera.

 

- Parece que hay una casa mas allá – les dijo Makoto – ¿Nos acompañan o prefieren esperar aquí?

 

Las guerreras de Marte y Mercurio intercambiaron una veloz mirada. No necesitaron hablar para quedar en un acuerdo.

 

- Las esperaremos – respondió Rei, siguiendo con su labor de curar la frente de Ami – Si algo pasa, llamen por el comunicador.

- De acuerdo – contestó Minako – Vamos, Makoto.

 

La pareja caminó entre los árboles cubiertos de noche que apenas si permitían ver por donde se caminaba. Tuvieron que sujetarse de la mano para evitar caer entre las raíces enmarañadas. La gran silueta parecía estar a cincuenta metros más de distancia. Poco a poco tomaba la forma de una enorme construcción con dos torres laterales. Puertas y ventanas eran identificadas a cada paso que avanzaban. Daba la impresión de estar abandonada. Lucía descuidada.

 

En minutos, ambas estuvieron frente a la enorme mansión.

 

- Éste sitio me gusta para una película de terror – comentó Makoto, que apenas le bastaban los ojos para contemplar la casa.

- Estoy de acuerdo – dijo la rubia – No creo que nadie viva aquí.

- Ni yo.

- Pero... por si acaso...

 

Minako tomó la enorme argolla de una de las alas de la puerta doble, la chocó varias veces contra su placa de metal. Los fuertes ruidos sonaron en cada rincón de la casa, asustando a los ratones y los pájaros. Nadie ni nada contestó al llamado.

 

- No hay nadie – suspiró Makoto – Ve por Ami y Rei, yo trataré de abrir la puerta.

- Claro.

 

Con una agilidad digna de una bailarina de ballet, la rubia volvió con sus amigas y les informó sobre la situación de la mansión. Después, las tres fueron con Makoto, quien ya había abierto la pesada puerta y les esperaba sin entrar aún.

 

- Podremos pasar aquí la noche – dijo Ami, contemplando el sitio

- Sólo espero que algún servicio sirva – murmuró Rei – Por lo menos el agua.

 

Las cuatro entraron al amplio recibidor, apenas alumbrado por la luna en el cielo.

 

Palpando las paredes, Rei encontró los interruptores de la luz. Decenas de lámparas se encendieron en toda la planta baja, revelando polvo y telarañas por todos lados. Los muebles estaban cubiertos por grandes trozos de hule que asemejaban fantasmas de sábanas grises.

 

Fuera del polvo, el interior de la mansión estaba en perfecto estado. Descubrieron del hule a dos amplios sillones, no sin levantar una densa nube de polvo que las hizo toser.

 

- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Minako para iniciar la conversación – El auto está destrozado y nosotras perdidas.

- Primero averigüemos si todos los servicios de la casa funcionan – dijo Ami – Si hay algún teléfono, podemos llamar a mamá, sino, llamaremos a Usagi o a las demás por los comunicadores. Mañana regresaremos a la carretera a esperar a que algún auto pase.

 

La idea pareció complacer a las demás.

 

- Entonces chequeemos la casa – exclamó Minako – Vamos, Mako.

- Yo también voy – dijo Rei.

- Entonces yo iré a ver qué dormitorios podemos ocupar – finalizó Ami.

 

Todo funcionaba, menos el teléfono. Los comunicadores tenían algunos fallos, pero quizá se debía al choque o a la escondida ubicación de la casa que no permitía que la señal fluyera bien. La chica genio se encargaría de revisar los comunicadores, pero sería después de dormir algunas horas.

 

Estaban cansadas y hambrientas.

 

Makoto había encontrado algo de alimento en conserva en la despensa de la cocina. Al terminar de comer, fueron a ocupar las cuatro habitaciones que Ami había preparado.

 

Era medianoche cuando fueron a dormir.

 

 

Continuará...

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