Por: Escarlata
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- Hola, chicas – saludó Mamoru en cuanto llegó al
campamento de Ami y Rei.
- Buenas tardes, joven Mamoru – respondió Ami enseguida,
inclinándose educadamente.
- Hola... – respondió una sonrojada Rei.
El par no tardó en notar la enorme sonrisa que Mamoru tenía
en el rostro. Era obvio que él estaba contento por alguna razón. Intercambiaron
una fugaz mirada y se sonrieron. Ami ya sabía qué hacer.
- Iré por algunos víveres a la ciudad – dijo Ami – Joven
Mamoru, usted puede decirle a Rei los detalles de nuestro próximo trabajo
mientras regreso. Quizá quiera quedarse a comer con nosotras.
- Claro que
me quedo – contestó Mamoru – Entonces te esperaremos aquí.
Al retirarse,
Ami le guiñó un ojo a Rei y pasó junto a Mamoru.
- Parece que
el día de hoy usted está muy contento – murmuró Ami al caminar junto al joven –
Su sonrisa lo dice todo...
La peliazul
desapareció de escena como por arte de magia, dejando a Mamoru con un profundo
pero discreto rubor en su rostro. Aquel comentario sólo le hizo recordar
aquella limpia sonrisa que tanta alegría le había causado.
Perdido en el
reciente recuerdo, había olvidado de pronto que estaba solo con Rei... la chica
que estaba enamorada de él. Regresó a la realidad cuando escuchó que Rei
aclaraba su garganta en un intento de llamar su atención. El joven pronto
dirigió su mirada hacia ella, sintiéndose un poco mal de repente.
Rei sentía
que el corazón le latía en la garganta. Por fin estaba sola con él. Por fin
podría terminar su plática. Le declararía su amor sin importar qué se
interpusiera.
- Mamoru... –
murmuró al principio – yo...
Mamoru tragó
saliva e igualmente se sintió nervioso... Pero ver el gesto sonrojado de Rei ya
no le produjo la misma sensación que la última vez... sólo podía pensar en la
sonrisa de Usagi Tsukino.
- ¿Está bien
si terminamos la plática del otro día? – preguntó, por demás ruborizada.
- Eh...
claro...
- Mamoru...
yo... yo...
Las palabras
eran articuladas con mucho esfuerzo... Tenía la frase completa en su mente,
pero se estaba atascando en su lengua y se negaba a salir... El nerviosismo y
el calor en su rostro tampoco eran de gran ayuda. Seguía sosteniendo su mirada
con la de un ruborizado Mamoru, lo que le llevó a pensar que él ya sabía de qué
se trataba todo eso.
- Mamoru...
tú... tú... me...
Se estaba
comportando como una perfecta tonta, no era posible que ella, la gran Rei Hino,
se mostrara así ante él.
- ¡Mamoru, tú
me gustas! – gritó en un arranque de coraje, sintiendo que su espíritu se
liberaba con la confesión.
Mamoru ya
sabía que eso era lo que Rei iba a decirle... Pero se sentía muy extraño...
incómodo hasta cierto punto... La culpabilidad le impidió seguir sosteniendo la
mirada azabache de Rei... ¿Cómo era posible que no sintiera lo mismo por Rei, a
quien conocía desde hace mucho tiempo, y sí estuviera suspirando por alguien
con quien sólo platicó cinco minutos?
Se gritó en
sus pensamientos lo tonto que era por no sentir lo mismo por Rei... pero no
lograba olvidar el rostro de Usagi... a pesar de saber que, quizá, no la vería
de nuevo. Se dio cuenta que, lo más probable, era que nunca la volvería a
ver... de nada serviría seguir pensando en ella cuando Rei estaba a su lado.
Lo mejor era
darle una oportunidad al cariño que Rei le ofrecía y aprender a quererla,
dándose a la tarea de olvidar a la chica de la que sólo conocía el nombre.
Rei notó lo
callado que había permanecido Mamoru y le dio miedo aquella reacción. Temió que
él tal vez no le quería igual... quiso llorar de pronto... pero resistió las
ganas y esperó la respuesta.
- Rei... –
dijo, esbozando una sonrisa – yo...
Rei se inundó
de alegría al verlo sonreír... su mente ya había anticipado la respuesta.
Algunas lágrimas escaparon de su rostro y se lanzó a los brazos del joven.
- No hables,
– dijo, contenta – ya sé lo que vas a decirme... y gracias...
Mamoru
correspondió el abrazo y se sintió un poco más aliviado. La calidez de Rei era
increíble... pero no pudo evitar pensar que no era la misma que sintió la tomar
la mano de Usagi... Sacudió su cabeza para sacar ese nombre de su mente... No
debía pensar en esa extraña cuando tenía a una gran chica como Rei entre sus
brazos...
Para terminar
de convencerse, se inclinó un poco y unió sus labios a los de Rei,
sorprendiéndola con un beso que ella pronto correspondió.
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Ami regresaba
de sus compras, tratando de imaginar qué era lo que estaba pasando en esos
momentos entre su amiga Rei y el joven Mamoru. Sonrió al pensar que su
compañera ya le había declarado su amor a Mamoru. Rei era una chica decidida,
así que no podía equivocarse en sus especulaciones. Su azulado Golduck le
ayudaba con un par de bolsas de víveres.
- Tendremos que
preguntarle los detalles a Rei – musitó Ami a su pokemon, sonriente.
- Golduck...
- Aunque
apuesto que me lo dirá mientras intenta golpearme... – río – No lo parece, pero
le da pena hablar de esas cosas y la única manera de sacarle la verdad es dejar
que ella lo diga a su manera.
- Gold...
duck...
De pronto,
unas risas lejanas le hicieron detenerse unos segundos. Aguzó su oído y calculó
que las risas provenían de unos cincuenta metros hacia su derecha. Dejó las
bolsas entre unos arbustos y, junto con su pokemon, fueron a ver de quienes se
trataban.
Le sorprendió
ver que era el trío en su campamento. Reían y platicaban de lo más contentas.
Ami decidió retirarse, pues no estaba acostumbrada a actuar sin Rei. Pero la
plática de las chicas llamó su atención.
- Juro que él
es realmente guapo – decía Usagi entre risas – Y tan caballeroso y amable...
- Eso me
suena a amor a primera vista – musitó Makoto – ¿No estás de acuerdo, Mina?
- Sí. Pero
dinos cómo es físicamente, Usa, no logro imaginarlo con sólo saber que es
amable.
- Es más alto
que tú, Mako, y moreno, de ojos azules y cabello negro...
Ami contuvo
la respiración al darse cuenta que esas eran las primeras características del
joven Mamoru. Pero quizá sólo era una coincidencia, el joven Mamoru no era el único
chico alto de ojos azules en toda la ciudad.
Ahora sí
decidió retirarse, mejor era ir por Rei y hablarle de ellas para planear algo.
Sólo esperaba llegar y no interrumpir nada... o Rei la mataría...
Sin querer,
una rama se rompió bajo su pie e hizo que el trío se pudiera alerta.
- ¡¿Quién
está ahí?! – exclamó Makoto, sacando de inmediato a su Pikachu – ¡Ve, amigo,
fíjate quién es!
El Pikachu
corrió a los arbustos y acorraló a Ami, pero el Golduck reaccionó rápido y
mandó a volar al Pikachu con un solo ataque de ‘Chorro de Agua’.
- Mejor no se
acerquen – dijo Ami, escondiéndose tras un árbol para evitar que vieran su
rostro – No deseo pelear.
El trío no
tardó en reconocer la suave e inconfundible voz de Ami. Usagi fue la primera en
intentar acercarse, pero el Golduck le cerró el paso.
- Ami Mizuno,
sé que eres tú – dijo la rubia – No es necesario que te escondas.
La peliazul
casi se infarta de oír su propio nombre de labios de aquella chica. ¿Cómo era
posible que ella supiera su nombre?
- Sal, por
favor – pidió Usagi – Dices que no quieres pelear, y te creo.
Ami dudó unos
segundos... Pero si aquella chica conocía su identidad, esconderse ya era
absurdo. Salió de su escondite y encaró al trío. Notó en ellas un gesto de
sorpresa... ¿Porqué la conocían?
- Ami... –
murmuró Usagi, pero fue interrumpida por una confundida Ami.
- ¿Cómo es
que me conoces? – preguntó.
- ¿No me
recuerdas, Ami?... Éramos amigas... – dijo la rubia.
- ¿Amigas?
- Quizá no me
recuerdes, por que han pasado diez años desde la última vez que nos vimos... –
explicó.
- ¿Diez años?
Los mismos
que llevaba sin ver a su madre... entonces... quizá esa chica era de su ciudad
natal, Juuban.
- Conozco a
tu madre, la doctora Mizuno. Fuimos amigas hasta que te fuiste con tu padre
después del divorcio.
Ami se quedó
como en estado de shock... El divorcio de sus padres... Había sido una
experiencia tan cruel que ella mismo bloqueó sus recuerdos sobre eso. No
recordaba mucho de su vida en Juuban, por que también había bloqueado esa parte
de su memoria. Miró detenidamente a Usagi y creyó recordar esas facciones
alegres.
- ¿Usagi? –
se preguntó, aún ensimismada.
- Sí, Ami,
soy yo.
Usagi intento
acercarse de nuevo, pero Ami, con una simple seña, hizo que Golduck de nuevo le
cerrara el paso.
- ¡No te
acerques! – exclamó.
- Pero,
Ami... ¿qué haces con el Equipo Rocket?... Tú eres buena, sé que no te gustan
estas cosas... ¿Porqué lo haces?
- Calla, por
favor... – rogó, soltando algunas lágrimas.
- ¿Qué crees
que pensaría la doctora Mizuno de esto?... ¿Qué hay de tu padre?
- ¡Cállate!
- Ami, por
favor, escúchala – dijo Makoto – Tu madre te extraña mucho...
- ¡No metan a
mamá en esto!... ¡Déjenme en paz! – gritó, echándose a correr – ¡Vámonos,
Golduck!
- ¡Ami,
espera!
Pero Ami fue
más rápida y pronto le perdieron el rastro.
Continuará...
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