Por: Escarlata
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A pesar de que esas chicas del equipo Rocket les habían
derrotado de forma francamente humillante, el trío no se dejó vencer en
espíritu y fue directo al gimnasio de la ciudad para retar al líder.
Igual que en ocasiones anteriores, ganaron la Medalla
Trueno sin tanto problema.
Sus pokemon también habían superado ese difícil momento,
pues parecían ser los mismos de siempre. Sólo les quedaba entrenar aún más duro
para poder hacerles frente a esas chicas y convencer a Ami de dejar al Equipo
Rocket, argumentando lo triste que se pondría su madre al enterarse de esto.
Quizá eso serviría para ayudarla a abrir los ojos.
El trío se encontraba en las afueras de la ciudad, en su
campamento, para descansar después de la batalla y preparar sus siguientes
sesiones de entrenamiento.
- Es probable que nos las encontremos camino al siguiente
gimnasio, es como si nos estuvieran siguiendo – dijo Makoto.
- Podemos decir que eso es bastante conveniente – comentó
Minako – Pero... Usagi...
- ¿Uh?
- Creo que ella no te recuerda...
- Eso me temo...
- En todo caso – le interrumpió Makoto – Si ellas son las
que van a seguirnos, será mejor concentrarnos en nuestras siguientes batallas,
quizá los líderes de gimnasio de las demás ciudades sean más rudos. Antes que
nada, debemos recordar nuestro sueño de ser Maestras Pokemon.
Las
alentadoras palabras de Makoto bastaron para terminar de levantarles el ánimo a
sus amigas. La alta chica tenía razón, su deber era conquistar el título máximo
al que aspiraban miles de personas como ellas, y no podían distraerse con algo
como el Equipo Rocket.
Un par de
horas después, una vez terminada su sesión de entrenamiento, Usagi se ofreció a
ir a la ciudad por algunos víveres... aunque su verdadera intención era comprar
dulces y algunas historietas con el cambio que sobrara... Minako y Makoto se
quedaron a preparar algo de comer con los ingredientes que aún les quedaban,
confiando en que la rubia de las coletas regresaría pronto con algo de carne.
Usagi, tal
cual los planes, compró toda la lista hecha por Makoto, y sus golosinas y
revistas, y se decidió a regresar al campamento.
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Mamoru
acababa de llevar otra carga de pokemon a su padre. Sabía que Ami y Rei estaban
en el bosque acampando, pero a esa hora solían bañarse en algún río (o creaban
un lago de agua termal usando los poderes de sus pokemon) Prefirió darles esa
privacidad y esperar al menos otra hora para poder ir a verlas.
Aún vagaba
por su mente su pequeña plática con Rei.
Presintió que
la chica deseaba decirle algo... algo importante obviamente. Le urgía volver a
hablar con ella a solas y saber qué era aquello que quería decirle. El anterior
sonrojo de la chica más o menos le daba una idea sobre el tema, pero era mejor
que Rei se lo dijera directamente.
Paseaba por
la ciudad en busca de un buen libro, que era una de sus actividades favoritas.
De pronto, al
doblar una esquina, y perdido en sus pensamientos sobre Rei, chocó con alguien
sin querer y sintió que la otra persona cayó al suelo.
- Por favor,
disculpa, no me fije, estaba distraído – se disculpó Mamoru al instante con
aquella chica rubia que parecía querer llorar por el golpe.
- No hay
problema, las bolsas no me dejaban ver – dijo la rubia de inmediato, tratando
de ocultar sus lagrimillas de dolor.
Mamoru le
ayudó a levantar sus bolsas y se las entregó.
- De verdad
lo siento, fue un accidente – se disculpó de nuevo el joven.
- Ya te dije
que no hay problema – repitió la chica – Ya lo has dicho, fue un simple
accidente.
- Pero la
caída debió dolerte.
- Bueno – rió
– en eso sí tienes razón... me dolió...
Ambos
compartieron una risa que terminó de romper el hielo. Mamoru se dio cuenta que
era la primera vez que experimentaba una risa así de genuina después de mucho
tiempo. Fue raro, y también lo hizo sentir bien.
Su risa paró
primero y contempló a aquella graciosa niña de coletas rubias que reía de forma
limpia y divertida. Sintió que su rostro apenas bronceado le era familiar, pero
quizá sólo era su imaginación, la chica era linda y eso nadie podía negarlo.
Usagi, al
aplacar su risa unos segundos después, se percató de la intensa mirada que
aquel chico le mandaba, lo que le obligó a bajar su rostro sonrojado. Mamoru
igualmente se percató de aquello y desvió su mirada y un súbito rubor en sus
mejillas.
- Disculpa –
murmuró el joven – no era mi...
Pero Usagi le
interrumpió con una radiante sonrisa.
- Soy Usagi
Tsukino, entrenadora pokemon – se presentó alegremente – Mucho gusto en
conocerte.
- Soy
Mamoru... – de pronto dudó en dar el apellido de su padre, por lo que
rápidamente usó el de su difunta madre – Mamoru Chiba, y también soy un
entrenador pokemon... el gusto es mío.
Enseguida se
dieron la mano, y Mamoru pudo sentir la enorme calidez que emanaba de Usagi...
la misma calidez que ésta percibía en Mamoru. De nuevo se quedaron perdidos en
sus pensamientos, hasta darse cuenta que sus manos llevaban ya demasiado tiempo
sujetadas.
Se soltaron
al instante, sin lograr reprimir un nuevo rubor en sus rostros.
- Será mejor
que me vaya, Mamoru, me están esperando – dijo Usagi en tono de despedida – De
verdad me ha encantado conocerte... y si eres entrenador, seguramente nos
volveremos a ver.
- Estoy de
acuerdo – contestó, sin poder borrar una súbita sonrisa que apareció en su
rostro – Y de verdad deseo que nos volvamos a encontrar.
- Entonces –
agregó, comenzando a alejarse – esto no será un adiós... ¡Hasta luego, Mamoru!
- ¡Hasta luego!
La vio correr
hasta perderse de vista por entre las calles, obviamente en dirección al
bosque.
Seguía sin
explicarse qué era lo que acababa de pasar, que de repente se sentía
extrañamente feliz. Quizá fue por ver esa sonrisa limpia y esa risa sincera.
Quizá fue por que hacía tiempo que no se topaba con alguien así. Quién sabe, el
punto era que de pronto se encontraba muy feliz y no dejaba de pensar en ella.
Una súbita
idea le llegó a la mente...
¿Amor a
primera vista?
Sacudió su
cabeza de semejante pensamiento y siguió su paseo por la ciudad en busca de su
libro.
Por otro
lado, Usagi corría con prisa, pero con la misma felicidad inundándola en su
corazón. Nunca había pensado siquiera en la posibilidad de tener un amigo,
refiriéndose claramente a uno del sexo masculino. Entre su sueño de ser maestra
pokemon y sus dos grandes amigas, jamás se le habría ocurrido fijarse en algún
muchacho...
Tuvo que
confesárselo a sí misma: ese joven le inmediato le gustó... y no sabía
porqué...
Apretó el
paso para llegar con sus amigas, que seguramente esperaban la carne que le
habían encargado para el guisado. Tenía hambre y su plan de comer sus dulces en
el camino no pudo llevarse a cabo, pero... ¿cómo quejarse después de tan lindo
encuentro?
No sabía si
contar su experiencia a sus amigas... pero no dudaba en que ellas la notarían
más contenta de lo normal y no dudarían en someterla a su particular
interrogatorio.
Viéndolo de
ese modo, era preferible contarles todo... además, eso la libraría de una
reprenda por parte de Makoto debido al retardo.
Y, lo primero
que hizo al llegar, fue contarles todo a sus amigas...
Continuará...
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