Por: Escarlata
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El trío acababa de llegar a Arco iris. Tenían pensado ir
directo al centro pokemon para que sus pokemon se repusieran totalmente de su
batalla contra el Equipo Rocket. También curarían al resto de sus pokemon que,
por fortuna, no habían peleado contra ellas, pero habían tenido un intenso
entrenamiento en el bosque.
La enfermera del centro les informó que sus pokemon se
encontrarían repuestos en 24 horas, que mientras podrían ir a descansar ellas
también. El trío obedeció. Se encontraban comiendo en una cafetería de la
ciudad, cuando Usagi decidió contarles a sus amigas lo que le tenía tan
pensativa desde su encuentro con el Equipo Rocket.
- ¿Alguna de ustedes vio el rostro de la chica de azul
cuando Machoke le quitó el antifaz? – preguntó un poco seria.
- Yo la
alcancé a ver – respondió Mina primero.
- Yo casi no
– dijo Makoto – ¿Porqué preguntas eso?
- Ya he visto
a esa chica antes... en algún otro lugar, pero no recuerdo dónde – confesó,
confundida.
- Quizá sea
de tu ciudad – supuso Minako, sosteniendo su mentón con una mano.
- Eso debe
ser, Usagi, no te preocupes por eso.
- Está bien.
Me olvidaré del asunto... Pero mejor le aviso a la doctora Mizuno sobre nuestra
pelea con esas Rocket. Puede que nos dé un consejo.
Terminaron de
comer y regresaron al centro pokemon para comunicarse con la doctora por el
video-teléfono. La mujer se encontraba haciendo unos escritos a computadora cuando
recibió la llamada de Usagi. En la pantalla apareció el rubio rostro de la
chica, tras ellas se asomaban sus amigas, a quienes ya conocía por anteriores
llamadas.
- Hola,
Usagi, ¿cómo has estado?
- Muy bien,
doctora, gracias – respondió – Estamos en Ciudad Arco iris, llegamos anoche.
- Me alegra
mucho – pronto notó el gesto un tanto preocupado del trío – ¿Pasa algo, chicas?
Usagi le
explicó, con lujo de detalles, aunque sin mencionar que una de esas jóvenes le
resultaba familiar; su pelea contra el Equipo Rocket. Makoto y Minako sólo
enriquecían la explicación con actuaciones y señas y comentarios.
- ¿No les
hicieron daño? – preguntó, preocupada – ¿No les robaron a sus pokemon?
- Por suerte
no, doctora – contesto Usagi.
De repente,
Usagi alcanzó a notar un portarretratos a espaldas de la doctora, sobre una
vitrina llena de artesanías y fotos. Estaba la doctora, algunos años más joven,
y una pequeña niña como de cuatro o cinco años. La pequeña en el retrato tenía
cabello corto azulado y ojos igualmente azules.
Esa pequeña
niña y la joven del Equipo Rocket eran muy parecidas.
- No puede
ser – musitó Usagi, sorprendida.
- ¿Hay algo
mal Usagi? – le cuestionó una extrañada Makoto – ¿No le vas a comentar a la
doctora sobre...
Usagi de
inmediato le tapó a boca a Makoto. La doctora pareció confundida con ese
comportamiento. Minako entendió lo que Usagi quería y le ayudó a salir del
embrollo.
- No es nada
importante, doctora, no le haga caso a Makoto – exclamó Mina aparentando total
normalidad – Es algo sin importancia... Bueno, le hablamos después.
- Adiós,
doctora – se despidió Usagi, apagando el teléfono después de que la doctora se
despidiera.
Makoto se
destapó la boca y de inmediato le recriminó a la rubia su acción.
- ¿Porqué
hiciste eso, Usagi?
- Es que...
acabo de recordar que la chica de ayer es la hija de la doctora Mizuno –
explicó lentamente.
- ¡¿Qué?!
- Vamos a
otro lugar y les cuento todo bien. Vamos al parque.
Abandonaron
el centro y fueron al parque que se encontraba justo enfrente del lugar. Un
sitio con bancas, juegos para niños y una enorme fuente en el centro. Las
chicas se sentaron en el borde de la fuente, donde Usagi les contó la historia
del divorcio de la doctora Mizuno. Makoto y Minako supieron que el ex-esposo de
la doctora le había ganado la custodia de la niña, para llevarla con él en sus
viajes. Hacía diez años que ni madre ni hija se encontraban. Ella tendría como
15 o 16 años actualmente...
... Y la
joven que se encontraron tendría más o menos esa edad...
No había
duda, ella era la hija de la doctora Mizuno.
- ¿Cuál es el
nombre de la joven, Usagi?
- Ami... Ami
Mizuno. Jugábamos juntas cuando éramos niñas, ella es buena. Y estuve presente
cuando su padre se la llevó después del divorcio.
- ¿No tienes
idea de cuál sea la identidad de su compañera? – le preguntó Mina.
- No. A ella
no la conozco...
- Bueno... no
te preocupes por eso, Usagi... Cuando la volvamos a encontrar hablaremos con
ella. Quizá puedas convencer a Ami y a su amiga de abandonar al Equipo Rocket.
- Cierto.
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Rei preparaba
algo de desayunar mientras Ami se bañaba en el río. Suspiraba cada que
recordaba esos minutos que estuvo con Mamoru, minutos en los que casi le
confiesa su amor, pero el destino no lo quiso así.
Sin querer,
en ese momento también recordó cómo había terminado en las filas del Equipo
Rocket junto Ami...
Tendría como
catorce años en ese entonces. Vivía en Niban, en un templo dedicado al mítico
pokemon de fuego: Moltres. Era nieta del sacerdote, un sabio viejo que conocía
todo sobre los pokemon del tipo fuego y que bendecía a todos aquellos
entrenadores que sólo trabajaban con ese tipo de pokemon.
Desde pequeña
había mostrado una enorme afección con sus pokemon, el primero de ellos, un
pequeño Flareon que su abuelo había evolucionado sólo para ella. Era en extremo
talentosa y siempre resultó ganadora en
los campeonatos pokemon de los templos circundantes.
Un día,
llegaron a su templo un hombre junto con su hija, una niña de la misma edad que
Rei, pero que lucía un aspecto mucho más tranquilo y pacífico que ésta última.
El padre era un artista en todo el sentido de la palabra. Escritor, pintor y
músico. Le pidieron al sacerdote que les permitiera quedarse unos días, a lo
que el viejo aceptó.
Rei pronto
había trabado amistad Ami, la hija del artista. El primer pokemon de Ami,
Vaporeon, era el único recuerdo que tenía de su madre. Desde su primera
batalla, que terminó en empate, sabían que ambas eran peleadoras muy
talentosas. Se volvieron buenas amigas y una imparable pareja en cuanto a
batallas pokemon se trataba.
Después de
varias semanas, el padre de Ami decidió continuar con su viaje, pero la pequeña
no quería irse de ahí... y, mientras su padre y el sacerdote acordaban que Ami
se quedara una temporada en el templo, un extraño hombre se encontró con ellos.
El hombre era Giovanni, quien les exigió le entregaran a sus hijas; ya que las
había estado observando por mucho tiempo y quería tenerlas en su equipo.
Naturalmente
que se negaron. Ami y Rei le presentaron batalla y casi lo derrotan, pero
Giovanni atacó al sacerdote y al artista, amenazando con matarlos si no se
unían a él.
No teniendo
más remedio, terminaron portando el uniforme del equipo Rocket.
Giovanni
había acordado con ellas que, si le entregaban un determinado número de
pokemon, las dejaría libres junto con sus familiares. Pero al ver que el par
era una verdadera mina de oro, faltó al trato y ya no les dio oportunidad de
irse.
Desde ese
entonces estaban con los Rocket.
A las pocas
semanas de haberse unido a Giovanni, Rei y Ami conocieron a Mamoru, el
primogénito del jefe. Un joven de buen corazón que, por “amor y respeto” a su
padre era su segundo al mando. Mamoru era todo lo contrario a su padre: Amable,
respetuoso, caballeroso, guapo, atento con sus pokemon... Y Rei quedó prendada
de él al instante.
Gracias a él
habían podido sobrellevar un poco de esa mala vida de robo que llevaban.
Y, mientras
Ami dedicaba todo el tiempo posible a su investigación, Rei cada vez más se
enamoraba de Mamoru. Claro que le preocupaba la situación en la que estaban,
pero le era imposible no pensar en él. Se prometió a sí misma ayudar a Ami a
rescatar a sus familiares y hacer lo posible por conquistar el amor de
Mamoru... Por los dioses que iba a lograrlo, sin importar qué o quién se
interpusiera.
Continuará...
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